La Civilización Occidental Católica es el resultado de la evangelización de la Iglesia Católica en Europa Occidental, Central y Oriental durante siglos, con una influencia transcendental en la filosofía, el arte, la política, la educación y la Moral. Esta magna obra perdura hasta nuestros días al haber establecido el Orden Social Cristiano que impregnó las estructuras de la persona, la familia, la sociedad y el gobierno.
El agrietamiento de la unidad en la fe, moral, y paz logradas por la Iglesia Católica en la Europa anterior al descubrimiento de América, tiene varios flancos, entre ellos la expansión territorial del Islam con sus poderosos ejércitos, su afán de esclavizar a los pueblos conquistados y el surgimiento del protestantismo, que cundió en varios países de Europa Central, con Inglaterra a la cabeza.
Nuestra Madre del Cielo tenía puesta su mirada compasiva y misericordiosa en México y en Hispanoamérica para cambiar definitivamente el curso de la historia al posar sus divinas plantas en el Cerro del Tepeyac, adquiriendo todo un continente –Hispanoamérica-, en donde se buscara vivir de acuerdo al orden establecido por Dios –el Orden Social Cristiano-, con la colaboración de la Iglesia Católica promoviendo la fe y la moral cristianas, y educado por España en los principios y valores de la Civilización Occidental Cristiana.
La Santísima Virgen de Guadalupe se dirige a Juan Diego en cuatro ocasiones –las cuatro apariciones-, para hacerle saber que Ella es Nuestra Madre, que está al pendiente de nosotros desde el Cielo y que no estamos solos. Y, revestida de la dignidad de reina del cielo, le dice que quiere una “casita sagrada” en el llano del Tepeyac donde Ella pueda mostrar a su Hijo amadísimo, y donde Ella misma pueda mostrarse como una madre amorosa, compasiva y misericordiosa con cada uno de nosotros, sus hijos. Para ello necesitó un mensajero –Juan Diego-, para llevar la petición al Sr. Obispo, ya que es indispensable su cooperación. Ante la negativa del obispo y el desánimo del mensajero, la Santísima Virgen le explica que es necesario que sea él -y no otro- quien logre este favor del Sr. obispo. Ante la insistencia de la Virgen, Juan Diego acude de nuevo al Sr. Obispo, quien dice que accederá a cumplir su petición a condición de conseguir una señal de la Reina del Cielo.
El desenlace final ocurre en la cuarta Aparición.
La Cultura Occidental Católica es el resultado de la evangelización
Durante siglos, la Iglesia Católica llevó a cabo la obra magna de la evangelización y culturización del mundo conocido hasta antes del descubrimiento de América, lo que hoy se entiende como Europa Occidental, Central y Oriental. Un sinnúmero de extraordinarios educadores, misioneros, santos y mártires –incluyendo a laicos y reyes-, fueron construyendo día a día y con enormes sacrificios, una nueva cultura impregnando filosofía, arte, política y educación, dando por resultado la Cultura Occidental Católica.
La gesta de evangelizar al mundo para vivir de acuerdo con el Evangelio dio grandes y maravillosos frutos que perduran hasta nuestros días: el Orden Social Cristiano. [1]
El Orden Social Cristiano pone a Dios en Primer Lugar y a la persona en el centro de la actividad humana, ya que este tiene una dignidad infinita al haber sido creado por Dios a su imagen y semejanza, y por tanto merece todo el respeto y el amor, sin importar edad, raza, origen, religión, color de piel, creencias, obras, salud o condición económica, social o educativa.
Este Orden Social está cimentado en cuatro valores: verdad, justicia, libertad y caridad. Este orden surge naturalmente cuando se viven estos valores y se traducen en una cultura que impregna las estructuras de la persona, la familia, la sociedad, la política y el gobierno. [2]
Se resquebraja la Unidad en la Fe y la Moral en Europa
El agrietamiento de la unidad en la fe, moral, y paz, lograda por la Iglesia Católica en la Europa anterior al descubrimiento de América, tiene varios flancos, entre ellos la expansión territorial del Islam con sus poderosos ejércitos, su afán de esclavizar a los pueblos conquistados, y el surgimiento del protestantismo que cundió en varios países de Europa Central, con Inglaterra a la cabeza, país que se escinde definitivamente de la Iglesia Católica al crear una religión de Estado en donde el Rey es el “sumo pontífice”, -desconociendo al Papa como la máxima autoridad de la Iglesia-, cuyos máximos valores son “democracia, capitalismo y libertad”, creen en la supremacía de la cultura y de la raza, al grado de afirmar que los hijos predilectos de Dios –los predestinados al Cielo-, son los que tienen grandes éxitos económicos, políticos y militares, doctrina calvinista que se conocerá como el “destino manifiesto”. [3]
De esta forma le son arrebatados grandes territorios a la Civilización Occidental Cristiana, a la verdad, al bien, a la belleza, al amor, a la afinidad, a la proximidad, a la cercanía, y a la conexión de pueblos y personas, que son las primicias que surgen de abrigar una misma fe y moral para conseguir el Orden Social Cristiano, el Bien Común y la Civilización del Amor.
Hubo un país que no solo salió avante de la invasión musulmana, -gesta que le costó ocho siglos de intensas luchas-, sino que lo hizo como un verdadero baluarte de la Iglesia Católica y de la Civilización Occidental Católica: España.
La conquista llevada a cabo por España en los pueblos de América no solo respetó la vida de los naturales, sino que se mezcló con ellos para formar familias mestizas. Defendió a los oriundos en contra de los que querían declararlos animales para poder esclavizarlos. Favoreció a la Iglesia Católica para evangelizar en todo el territorio. Contribuyó poderosamente a forjar un orden social, civil y político, –Orden Social Cristiano-, en toda Hispanoamérica, que resultó ser una extensión de la Civilización Occidental Católica en el Nuevo Mundo.
La conquista llevada a cabo por Inglaterra en los pueblos de América no solo no se mezcló con los naturales, sino que los exterminó. A los sobrevivientes los confinaron a pequeños territorios denominados “reservas”. Estado Unidos es el claro resultado de la doctrina calvinista del “destino manifiesto”.
María Santísima es la Gran Evangelizadora de Hispanoamérica
Pero nuestra Madre del Cielo tenía puesta su mirada compasiva y misericordiosa en México y en Hispanoamérica para cambiar definitivamente el curso de la historia al posar sus divinas plantas en el Cerro del Tepeyac, adquiriendo todo un continente –Hispanoamérica-, en donde se buscara vivir de acuerdo al orden establecido por Dios –el Orden Social Cristiano-, con la colaboración de la Iglesia Católica promoviendo la fe y la moral cristianas, y educado por España en los principios y valores de la Civilización Occidental Cristiana.
Para entender mejor a Nuestra Madre del Cielo y al Acontecimiento Guadalupano copiaremos textualmente algunos de los diálogos de la Santísima Virgen con San Juan Diego tomados del Nican Mopohua [4], para contemplar de primera mano la belleza y la bondad del Corazón de madre compasiva y misericordiosa de la Santísima Virgen, sus palabras cargadas de delicadeza y de ternura, así como su determinación de enviar a Juan Diego a cumplir lo que quería para México e Hispanoamérica.
Al lector que desea comprender más a Nuestra Madre Santísima le vendría muy bien conocer las palabras que nos dirigió en las apariciones. Quizás de esta manera se alcancen a apreciar algunos rasgos de su personalidad y su carácter de Madre, con la que trató y educó al Niño Jesús, como cuando le dice a Juan Diego: “mucho te ruego, hijo mío el menor, y con rigor te mando…” Así, rogando y con rigor mandando: ¿quién podrá negarse?
¡Linda Nuestra Madre!
En estos diálogos también podemos advertir la fe de san Juan Diego, su profundo respeto y sumisión a la Iglesia y a los sacerdotes, su pasión por el Evangelio, la pureza y delicadeza de su alma, el amor al prójimo reflejado en sus cuidados a su tío Juan Bernardino, así como la obediencia y el amor de predilección a Dios y a la Reina del Cielo.
Aprendizajes de la Primera Aparición
En la primera aparición de la Santísima Virgen, ocurrida en la madrugada del sábado 9 de diciembre de 1531, nuestra madre del cielo irrumpe por voluntad propia no solo en la vida de Juan Diego, sino en el porvenir de todo el continente Hispanoamericano. Hay hermosas enseñanzas escondidas en esta su primera aparición [5]
La Virgen Santísima inicia todo. Dios y Ella nos amaron primero y están al pendiente de nosotros desde el Cielo. No estamos solos.
- Viene revestida de la dignidad que es propia de la reina del cielo, atrayéndonos con el hermoso canto de unos pajaritos y con unas flores encantadoras que despedían una deliciosa fragancia.
- Ella se presenta como la Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, y se honra de ser nuestra madre compasiva.
- Ella nos llama por nuestro nombre: “Juanito, Juan Dieguito” para invitarnos a estar cerca de ella para enviarnos a la misión de interceder para que acudamos todos a su casita sagrada para que “allí nos muestre a su amadísimo Hijo Jesús, y para mostrarse nuestra madre compasiva de sus amadísimos hijos los hombres”.
- Ella nos dice que para lograr lo que su mirada compasiva y misericordiosa desea es necesario el concurso de nuestra voluntad. Pide acudir al Obispo, la autoridad de la Iglesia, que es la institución establecida por su Hijo para llevar el Evangelio, los sacramentos, la salvación a todo el orbe, para obtener su anuencia.
- Ella nos dice que todo lo que hagamos por cumplir su voluntad, “mucho lo agradeceré y lo pagaré, que, por ello, en verdad, te enriqueceré, te glorificaré; y mucho de allí merecerás con que yo retribuya tu cansancio, tu servicio con que vas a solicitar el asunto al que te envío”.
- La misión a la que la Virgen nos envía en muchas ocasiones no es miel sobre hojuelas. Ante las dificultades y contradicciones de la vida pueden surgir la tristeza y el desánimo, pero deben ser superadas con esfuerzo y la confianza total en ella.
La Segunda Aparición, al anochecer del sábado 9 de diciembre de 1531
Juan Diego, aunque salió triste de la escena con el Sr. obispo, fue al anochecer del mismo sábado 9 de diciembre al encuentro de la Virgen para reportar el hecho, considerado por él como un total fracaso ya que pensaba que el Sr. Obispo no le creyó pues el mensajero que ella envió era indigno:
“En verdad yo soy un hombre del campo, soy la cuerda de los cargadores, en verdad soy parihuela, sólo soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido, llevado a cuestas” [6]
Por ello le pide que envíe a otra persona, “a alguno de los estimados nobles, que sea conocido, respetado, honrado, le encargues que conduzca, que lleve tu venerable aliento, tu venerable palabra para que le crean” [7]
La Santísima Virgen nos ruega y con rigor nos manda, cumplir su encargo, su voluntad, nuestra misión:
Ante tal petición, la virgen santísima le insiste y aclara que, a pesar de las dificultades, su mensajero debe ser él, Juan Diego. “Ten por cierto que no son escasos mis servidores, mis mensajeros, a quien encargue que lleven mi aliento, mi palabra, para que efectúen mi voluntad, pero es necesario que tú, personalmente, vayas, ruegues, que por tu intercesión se realice, se lleve a efecto mi querer, mi voluntad”.[8]
“Y mucho te ruego, hijo mío el menor, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana a ver al obispo y de mi parte hazle saber, hazle oír mi querer, mi voluntad, para que realice, edifique mi casa sagrada que le pido, y dile de qué modo yo, personalmente, la siempre Virgen Santa María, yo, que soy la Madre de Dios, te envío a ti como mi mensajero”
Juan Diego, a pesar de que sigue creyéndose un mensajero indigno e inadecuado, obedece y pone su confianza en la Virgen: “de ninguna manera lo dejaré de hacer, ni tengo por molesto el camino. Iré ya, a cumplir tu voluntad, pero tal vez no seré oído y, si fuere escuchado, quizá no seré creído. Pero en verdad, mañana en la tarde, cuando se meta el sol, vendré a devolver a tu venerable aliento, a tu venerable palabra, lo que me responda el Gobernante Sacerdote.” [9]
Juan Diego busca de nuevo al Sr. Obispo
Al día siguiente, domingo 10 de diciembre, muy de madrugada salió Juan Diego rumbo a Tlatelolco al catecismo, a oír misa y a ver al Sr. Obispo.
La actitud de Juan Diego.
Cuando llegó al Palacio del Sr. Obispo “puso todo su empeño para verlo y, con mucha dificultad, otra vez lo vio. A sus pies se arrodilló, lloró, se puso triste al hablarle, al descubrirle el venerable aliento, la venerable palabra, de la Reina del Cielo. Que ojalá fuera creída la embajada, la voluntad de la Perfecta Virgen, de hacerle, de erigirle, su casita sagrada, en donde Ella lo había dicho, en donde Ella la quería.” [10]
La actitud del Sr. Obispo.
“El gobernante Obispo muchísimas cosas le preguntó, le investigó, para poder cerciorarse, dónde la había visto, cómo era Ella. Todo, absolutamente, se lo refirió al Señor Obispo. Y aunque todo, absolutamente, se lo declaró y todo lo que vio, lo que admiró, que aparecía con toda claridad que Ella era la Perfecta Virgen, la Amable, Maravillosa Madre de Nuestro Salvador, Nuestro Señor Jesucristo.
Sin embargo, no luego se cumplió su deseo. Dijo el Obispo que no sólo por su palabra, su petición se haría, se realizaría lo que él pedía, que era muy necesaria alguna señal para que bien pudiera ser creído cómo a él lo enviaba como mensajero la Reina del Cielo en persona.” [11]
El Obispo manda a algunos de los de su casa, en los que tenía absoluta confianza, que lo vayan a seguir, que bien lo observaran a dónde iba, a quién veía, con quién hablaba.
La actitud de los enviados por el Sr. Obispo
Pero los que lo seguían lo perdieron de vista y se disgustaron grandemente, y “le fueron a contar al Señor Obispo, le metieron en la cabeza que no le creyera, le dijeron cómo nomás le contaba mentiras, que sólo inventaba lo que venía a decirle, o que sólo soñaba o imaginaba lo que le decía, lo que le pedía. Y bien así lo determinaron que, si otra vez venía, regresaba, allí lo agarrarían, y fuertemente lo castigarían, para que ya no volviera a decir mentiras ni a alborotar a la gente.” [12]
Tercera Aparición, domingo 10 de diciembre en la tarde
Esta es la más corta de las apariciones. Juan Diego regresó al anochecer al cerrito del Tepeyac a encontrar a la Santísima Virgen y le refirió la respuesta del Sr. Obispo.
Las palabras de la Santísima Virgen
Allí estaba ella, en la cumbre del cerrito, aguardando a Juan Diego. “Bien está hijito mío, volverás aquí mañana para que lleves al Obispo la señal que te ha pedido; con eso te creerá y acerca de esto ya no dudará ni de ti sospechará; y sábete, hijito mío, que yo te pagaré tu cuidado y el trabajo y cansancio que por mí has prodigado. Ea, vete ahora; que mañana aquí te aguardo.” [13]
La enfermedad de Juan Bernardino, tío de Juan Diego
Juan Diego no regresó al día siguiente, lunes 11 de diciembre, a ver a la santísima Virgen como lo acordó en la Tercera Aparición, debido a que su tío Juan Bernardino estaba enfermo de gravedad y agonizando. Pasó todo el día cuidándolo a su vera.
La actitud del tío Juan Bernardino
Cuando Juan Bernardino sintió que estaba próximo su fin, “le rogó a Juan Diego que cuando aún fuere de madrugada, aún a oscuras, saliera hacia acá, viniera a llamar a Tlatelolco, a alguno de los sacerdotes para que fuera a confesarlo, para que fuera a prepararlo, porque eso ya estaba en su corazón, que en verdad ya era tiempo, que ya entonces moriría, porque ya no se levantaría, ya no se sanaría” [14]
La actitud de Juan Diego
“Y el martes, cuando todavía estaba muy oscuro, de allá vino a salir, de su casa, Juan Diego, a llamar al sacerdote a Tlatelolco, y cuando se acercó al lado del cerrito, al pie del Tepeyácac, terminación de la sierra, donde sale el camino, hacia donde se pone el sol, en donde antes él había salido, dijo: “Si sigo derecho el camino, no vaya a ser que me vea esta Noble Señora y seguro, como antes, me detendrá para que le lleve la señal al sacerdote que gobierna, como me lo mandó. Que primero nos deje nuestra aflicción; que antes yo llame de prisa al sacerdote religioso al que el pobre de mi tío no hace más que aguardarlo.”
En seguida rodeó al cerro, subió por en medio y de allí, atravesando, vino a pasar hacia donde sale el sol; para rápido ir a llegar a México, para que no lo detuviera la reina del cielo. Piensa que por donde dio la vuelta no lo podrá ver la que perfectamente a todas partes está mirando.”[15]
La Cuarta y última Aparición. Continuará.
Referencias:
[1] Dr. Marcelo Gullo Omodeo. “Lo que América le debe a España, el legado español en el Nuevo Mundo”, Editorial ESPASA, 4 octubre 2023.
[2] Pontificio Consejo Justicia y Paz, (2004). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Librería Editrice Vaticana.
[3] Entrevista “América y la herencia española”, Pablo Muñoz Iturrieta con Marcelo Gullo Omodeo”, https://www.youtube.com/watch?v=4Q_0hLyxGPY
[4] Nican Mopohua, Knights Of Columbus. https://www.kofc.org/es/resources/our-lady-of-guadalupe/nican-mopohua.pdf
[5] “Entendiendo el acontecimiento Guadalupano. Parte IV”, Alejandro Wiechers Rivero. Revista FORJA para el Bien Común, Año 5, Núm. 43, Abril 2025, Págs. 54-57
[6] Nican Mopohua, Knights Of Columbus. https://www.kofc.org/es/resources/our-lady-of-guadalupe/nican-mopohua.pdf, 55
[7] Nican Mopohua, Knights Of Columbus. https://www.kofc.org/es/resources/our-lady-of-guadalupe/nican-mopohua.pdf, 54
[8] Nican Mopohua, Knights Of Columbus. https://www.kofc.org/es/resources/our-lady-of-guadalupe/nican-mopohua.pdf, 58–62
[9] Nican Mopohua, Knights Of Columbus. https://www.kofc.org/es/resources/our-lady-of-guadalupe/nican-mopohua.pdf, 63-66
[10] Nican Mopohua, Knights Of Columbus. https://www.kofc.org/es/resources/our-lady-of-guadalupe/nican-mopohua.pdf, 71-73
[11] Nican Mopohua, Knights Of Columbus. https://www.kofc.org/es/resources/our-lady-of-guadalupe/nican-mopohua.pdf, 74–80
[12] Nican Mopohua, Knights Of Columbus. https://www.kofc.org/es/resources/our-lady-of-guadalupe/nican-mopohua.pdf, 84-87
[13] Nican Mopohua, Knights Of Columbus. https://www.kofc.org/es/resources/our-lady-of-guadalupe/nican-mopohua.pdf, 88–93
[14] Nican Mopohua, Knights Of Columbus. https://www.kofc.org/es/resources/our-lady-of-guadalupe/nican-mopohua.pdf, 97, 98
[15] Nican Mopohua, Knights Of Columbus. https://www.kofc.org/es/resources/our-lady-of-guadalupe/nican-mopohua.pdf, 99-104





