El Acontecimiento Guadalupano, ocurrido del 9 al 12 de diciembre de 1531, tuvo, y continúa teniendo, efectos, frutos y consecuencias que superan el furor del momento en que ocurrieron las Apariciones.
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El Acontecimiento Guadalupano, ocurrido del 9 al 12 de diciembre de 1531, tuvo, y continúa teniendo, efectos, frutos y consecuencias que superan el furor del momento en que ocurrieron las Apariciones.
Los primeros 300 años de vida de los países que conforman Hispanoamérica transcurrieron en paz, con un gran desarrollo humano, económico y social que englobó a todos los estratos, órdenes e instituciones sociales, cívicas y políticas.
En el instante en que la Divina Imagen de la Virgen de Guadalupe aparece asombrosamente “pintada” en el Ayate de Juan Diego, María Santísima inicia, desde su casita sagrada, la configuración de todo un país, México, y de toda una nación, Hispanoamérica.
Toca ahora el turno de narrar el acontecimiento más hermoso y conmovedor que tuvo lugar en México, cabeza de Hispanoamérica, el 12 de diciembre de 1531: el milagro del ayate.
Bienaventurado el pueblo que tiene al Señor por su Dios (Sal 143,15). Cuando en enero de 1979 San Juan Pablo II bajó del avión que lo transportó en su primera visita a México, realizó un gesto que impresionó a todos. Lo primero que hizo fue besar el suelo mexicano.
Lineamientos de acción social a la luz de la doctrina social de la iglesia: “No estamos simplemente ante una época de cambios, sino ante un cambio de época”
El domingo 10 de diciembre de 1531 Juan Diego salió muy temprano de su casa, todavía oscuro, para ir a Tlatelolco con la firme intención de cumplir la voluntad de la “Reina del Cielo”
La Redención llega a América. El Acontecimiento Guadalupano es un suceso extraordinario, fuera de lo común, único en la historia de la salvación, como no hubo nunca, y, posiblemente, no habrá jamás.
El Acontecimiento Guadalupano es absolutamente Cristocéntrico: Ella lleva a Jesús en el Sagrario de su Vientre, y ahora explica que quiere una casita sagrada para dar culto a Dios de tres maneras: Mostrarlo a Él; ensalzarlo al ponerlo de manifiesto; y entregarlo a las gentes con todo su amor.
Inglaterra -y posteriormente Estados Unidos-, quizás por envidia de los logros de España, y deseando someter a los pueblos de Hispanoamérica, tanto para evitar dejar crecer al gigante Hispanoamericano, como para usarlo para sus intereses de dominación global, ha inventado una historia apócrifa –la leyenda negra– acerca de España, la conquista, la Iglesia Católica y la Virgen de Guadalupe.
El núcleo, la esencia del acontecimiento Guadalupano es hacer llegar el Amor de Cristo y la misericordia de nuestra madre compasiva a todos los hombres desde su casita sagrada. En el Tepeyac la Virgen de Guadalupe inicia el más grande suceso de Evangelización en la historia de la cristiandad por el que adquiere para la Iglesia Católica un pueblo: Hispanoamérica. Su obra empezó en México, pero su destino final es el mundo entero: todos los hombres de todos los tiempos.
Al lector que desea comprender más a Nuestra Madre Santísima le vendría muy bien conocer las palabras que nos dirigió en las apariciones. Quizás de esta manera se alcancen a apreciar algunos rasgos de su personalidad y su carácter de Madre, con la que trató y educó al Niño Jesús, como cuando le dice a Juan Diego: “mucho te ruego, hijo mío el menor, y con rigor te mando…” Así, rogando y con rigor mandando: ¿quién podrá negarse?
¡No hizo cosa igual con ninguna otra nación! Con estas palabras expresa el Papa Benedicto XIV (1740–1758) su sorpresa y admiración cuando conoce la historia de las Apariciones de la Virgen de Guadalupe. A lo largo de la historia la Santísima Virgen María se ha manifestado a sus hijos, ¡pero nunca como lo hizo en México!
El origen sobrenatural de Hispanoamérica -con México a la cabeza- es el maravilloso resultado de la intervención directa de la Virgen de Guadalupe en nuestra historia.
El Novenario Continental representa uno de los acontecimientos más significativos en la articulación de la identidad hispanoamericana, donde la tradición católica española y las realidades del Nuevo Mundo convergieron para crear una expresión única de fe y cultura.