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De la URSS a Rusia

por | Internacional

A la muerte de Konstantin Chernenko, en marzo de 1985, Mijaíl Gorbachov, fue nombrado secretario general del partido comunista, y en 1988 fue nombrado presidente de la Unión Soviética, terminando con el periodo llamado gerontocracia. Por primera vez alguien menor a 50 años llego a ser miembro del Politburó, a los 49 años.

Fue además el primero en llegar con un título universitario, y no como egresado de la Escuela Superior del Partido Comunista.

Sus primeras acciones como dirigente supremo se encaminaron a poner fin a la llamada Guerra Fría, y a tratar de consolidar le economía soviética, disminuyendo el enorme gasto militar que significaba la competencia con los Estados Unidos. Aplicó dos líneas de acción: Perestroika y Glasnost (reestructuración y transparencia, respectivamente), para mejorar el estado de la nación en su conjunto.

Al mismo tiempo, negoció diversos tratados con los Estados Unidos -la firma en 1987 del tratado sobre fuerzas nucleares con su homólogo norteamericano Ronald Reagan-; favoreció la salida de las tropas rusas de Afganistán, y más tarde la reunificación alemana, tras el derrumbe del muro de Berlín, que le valieron el Premio Nobel de la Paz, en 1990.

Para el pueblo ruso fue un tiempo de cambios dirigidos a conseguir mayor libertad y mejorar su nivel de vida. Pero no todo fue bien visto por las cupulas del aparato político, y los militares, que pretendieron dar un golpe de Estado, en 1991; que no prosperó, pero sí debilitó el liderazgo de Gorbachov, por lo que tuvo que renunciar ese mismo año, sin ver terminada la corrupción, sin una mejoría en el aparato del estado, sin una mejoría de los procesos democráticos.

La sucesión recayó en Boris Yeltsin, colaborador cercano de Gorbachov, quien rompió con él y con el Partido Comunista para lanzar su candidatura independiente a la presidencia, que gana en junio de 1991 con el 58% de los votos. Tras superar un intento de golpe de Estado y el desmembramiento de la Unión Soviética, impuso un modelo de economía de libre mercado, para lo que aplicó una terapia de choque económico, por la que por primera vez se liberaron los precios de los productos, se privatizaron las empresas del estado, y floreció una corrupción generadora de grandes fortunas, sin mejorar la participación democrática de los ciudadanos.

Tras la dimisión de Gorbachov su país dejó de existir, con lo cual Yeltsin quedó como dueño del poder; obtuvo más prerrogativas imponiendo un presidencialismo dictatorial; se reeligió en 1996, después de reprimir violentamente los intentos separatistas de Chechenia.

En 1999, nombró a Vladimir Putin como jefe de Estado, a partir del año 2000. Cuando este asumió la presidencia, el 7 de mayo, rápidamente consolido el poder controlando al ejército y a los oligarcas, cambiando leyes, construyendo alianzas y sin permitir ningún tipo de oposición.

En mayo de 2008 Dimitri Medvedev asume el cargo de jefe de Estado, y 4 años después devuelve el poder a Vladimir Putin, quien apoyado por la línea dura del partido y por los militares, modifica la Constitución, lo que le permitiría gobernar hasta 2036.

Con la guerra contra Ucrania obtiene poderes extraordinarios: control de los medios de comunicación y la represión a los opositores -de todos conocida-, por lo que no podemos hacernos ilusiones respecto al fin de la dictadura.

En Rusia desapareció el comunismo, pero la dictadura llegó para quedarse. Desde 1917, más de 100 años, los rusos no gozan de la democracia, aunque sí de una libertad muy acotada que en la vieja URSS no existía.

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