Retos ante el 500 aniversario de las apariciones del Tepeyac
Hace algún tiempo me hice de algunos materiales sobre la Virgen de Guadalupe para mis hijas, de esos cuentos infantiles que tienen en su colección miles de vidas ejemplares y que seguramente todos conocen; con ilustraciones, escritos con sencillez, y con su respectivo nihil obstat e imprimatur. Me llevé una amarga sorpresa con el contenido, o mejor dicho, con el enfoque de su contenido; no es la primera vez que el relato y la divulgación de la devoción a Santa María de Guadalupe es utilizado como un pretexto para atizarle a la leyenda negra; pero si es la primera vez que lo vi en materiales de “formación cristiana” infantiles. Sin importar el público del que se trate, compaginar el hecho guadalupano con interpretaciones ideológicas, por muy buena intención que haya, deforma el mensaje de la Virgen del Tepeyac.
Las meditaciones y reflexiones en torno a Nuestra Madre Santísima pueden ser amplísimas, resumiendo arbitrariamente podríamos decir que Ella tiene un único mensaje principal: Cristo, en el centro de la imagen; en Su virginal vientre, Sagrario viviente; quiere un templo para adorar al Verdadero Dios por Quien se vive. Así mismo, es toda una catequesis no solo en la tilma sino en el tiempo, lugar y modo de las apariciones. Si bien es cierto que la simbología le explica muchas cosas a los indígenas, hay alusiones también para los españoles. Por último y no menos importante, está el “apapacho” de Nuestra Madre del Cielo. Monseñor Chávez lo dice con exquisita dulzura, Santa María de Guadalupe verbaliza aquél otro fiat, el de ser madre nuestra, que al pie de la Cruz, junto a otro Juan aceptó silenciosamente en su corazón inmaculado. Y como buena madre, la Virgen de Guadalupe nos llama a ser hermanos y fundirnos en un mestizaje único en el mundo y la historia.
Analicemos algunos fragmentos de esos libritos, que como he dicho antes, no son una rara excepción. La crónica inicia con inexactitudes tales como que Hernán Cortés llegó en 1500 a Tenochtitlan; o que conquistó a Toltecas y Aztecas. No debería, pero quizás estas son licencias “inocentes” con el afán de hacerlo asequible para niños, tal como un folleto peruano que dice que San Juan Diego era un niño muy obediente con su tío; pero dejemos estos errores porque no son el tema. Continua el relato diciendo que –Cortés y los españoles destruyeron los templos– paganos de los indígenas –los maltrataban porque querían hacerse ricos rápidamente– y que tanto las –autoridades como los soldados eran muy mal ejemplo para los indígenas–. También dice que los misioneros no podían evangelizarlos por la –brutalidad de los invasores–, entonces la Madre de Dios –tuvo compasión de estos indios oprimidos–. Mas adelante, el libro dice que Juan Diego le tenía miedo a los españoles y que nunca había hablado con ellos. El libro termina diciendo que los indígenas se hicieron devotos de la Virgen porque Ella si entendía sus necesidades y sufrimientos .
¿Esas afirmaciones son falsas? No y sí. Aquí no se trata de inventarnos una leyenda rosa diciendo que todo fue miel en hojuelas; pero se vuelven tramposas cuando se machaca el tema de la destrucción masiva, se omite el contexto, se recurre al presentismo, o se ignora parte de la información. El tema da para mucho, concentrémonos en solo 3 ideas-mito: La destrucción-depresión de los indígenas; el fracaso evangelizador de los misioneros previo a las apariciones; y la ambición desmedida de soldados y autoridades.
Hernán Cortés y los conquistadores no eran soldados, eran empresarios que financiaron sus propias expediciones y como hombres de su época, sabían de armas. Así que evidentemente querían hacer negocio, pero antes que eso, se sabían hijos de Dios y súbditos del rey. Su celo misionero es incuestionable. ¿Eran santos? Absolutamente no, pero Cortés es quien solicita el envío de los misioneros, lo mas virtuosos, aclara en sus cartas. De esos conquistadores, 17 abandonan las armas y se vuelven frailes . En sus cartas de relación no se pueden pasar por alto dos prioridades: evangelizar y engrandecer el reino. No solamente enriquecerlo, que si, sino civilizar todo aquello para integrarlo a los reinos españoles; por eso insiste una y otra vez en la importancia de evitar el desastre del Caribe. Por eso le llama Nueva España. Las crónicas del propio Cortés, de los misioneros, del primer Obispo Fray Juan de Zumárraga; todos tienen como meta construir una nueva España, y para ello tiene que funcionar idílicamente en lo terrenal y en lo espiritual. Ese relato sobre la destrucción y la ambición de todos los españoles, omitiendo las otras cosas buenas que si pasaron, está conectado con una interpretación colonialista que aquí nunca hubo y menos bajo los Austrias.
Es evidente que una conquista es violenta, pero no todos la vivieron de la misma forma. Los mexicas perdieron la guerra contra españoles y contra zempoltecas, cholultecas, tlaxcaltecas, etc. Así que los Tenochcas podían estar derrumbados, pero ellos no representan a todos los indígenas del altiplano; de hecho, estos aliados llenos de gozo y frenesí recorrían los mercados de Tlatelolco. ¿Fue solo por un momento? No, los tlaxcaltecas conquistaron y fundaron muchísimas ciudades en el norte de México, en Guatemala, Filipinas, etc. Aun siendo perdedores, los mexicas fueron incorporados en la nueva vida. Isabel Moctezuma llego a tener la encomienda mas grande de la Ciudad de México. Los nobles indígenas fueron tratados como nobles, los caciques siguieron siéndolo. Sostener que estaban sumidos en la depresión es como decir que la Fe que iban recibiendo no les alegraba el alma. ¿En serio creen que una madre prefería ver a su hijo pequeño en engorda para luego ser torturado, ofrecido y comido en honor a Tláloc en vez de tener a los españoles que les libraban de aquello? Hubo abusos, y muchos; hubo muertes y muchas, y muchas se debieron a factores como las enfermedades.
Con fuentes primarias en mano y hasta con nuestros propios ojos podemos constatar algunas realidades. En las Cartas de Relación cortesianas o en la Verdadera Historia de Bernal Díaz del Castillo no queda duda de su selo apostólico, en cada pueblo van haciendo –lo mejor que supieron en informar la fe católica –. Se describen innumerables templos visitados en su camino hacia Tenochtitlan, una vez limpios de restos humanos y encalados, se entronizaba en ellos a la Virgen. Inclusive se relata que parte de los acuerdos y alianzas con los indígenas que se les unían en tal trayecto, implicaba custodiar el nuevo estado de las pirámides. También las fuentes primarias nos dicen que al calor de la batalla (la de la noche triste) se prendió fuego a muchos cues, en realidad los que ardieron fueron los adoratorios que estaban sobre las pirámides. De hecho, según el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) hay cerca de 6,000 pirámides (y contando), las cuales muestran que no hubo una destrucción sistemática; eso si casi todas sin adoratorio. Luego después de la conquista, por ejemplo Fray Toribio de Benavente (Motolinia), relata que se destruyeron ídolos (porque se practicaban sacrificios humanos clandestinos) y también casas de indígenas; pero, agreguemos el contexto, él dice que había demasiada gente (claro, 500 españoles necesitaban casa, y también mas de 100,000 indígenas aliados) era una emergencia de reurbanización . Dos puntualizaciones mas en torno a la destrucción de templos. Si bien es cierto que algunos fueron derruidos, muchos siguieron en pie. Para acabar pronto, la Catedral de la Ciudad de México, fue construida en los solares que cerraban el antiguo complejo mexica. El trazo de la ciudad de México no pudo ser del todo reticular para esquivar canales y pirámides. De hecho las excavaciones del templo mayor están a un lado de Catedral, bajo el nivel de calle, ¿los españoles construyeron la ciudad sobre la antigua Tenochtitlan? No. Las inundaciones y los rellenos para elevar el terreno hicieron de las suyas, por eso donde escabas, encuentras. En todo caso, desde la perspectiva indígena no hubiera sido extraordinario que se construyeran edificios sobre sus pirámides, esa era la costumbre; solo por mencionar un caso, el templo mayor tiene 6 estructuras previas abajo.
A pesar de que la destrucción no fue en absoluto institucional ni sistemática ni intencional, el sueño idílico que se lee en tantos de la época está lejos de alcanzarse en su plenitud. De hecho, como toda empresa humana, está llamada a la imperfección. El Obispo Zumárraga estaba particularmente preocupado y ocupado en mitigar el paso de Nuño de Guzmán, uno de esos que sí encajan en el estereotipo de la leyenda negra. De hecho, el Obispo franciscano casi es asesinado cuando trata de meterle en cintura. Después de ese episodio Fray Juan se retira para hacer oración y penitencia en ayuda de un milagro. Y Dios atiende a su suplica enviando a Su Madre.
Desglosemos las angustias de este santo hombre. Para empezar es pastor de todas las almas de la ciudad, españoles e indígenas, así que le preocupa la falta de virtud de los unos y de los otros. Los unos que se llenan de ambición, los otros que se niegan a dejar la poligamia, por ejemplo. Pero no es del todo real que la evangelización había sido un fracaso hasta entonces. Lo que estaba en riesgo era (y sigue siendo), es que esta Fe no fuera auténtica. Las actas de consistorios, reuniones y concilios en América, reflejan la preocupación de los religiosos sobre la cantidad inaudita de indígenas solicitando el bautismo (antes de las apariciones de la Virgen); lo cual tiene una explicación muy sencilla; como los indios tenían sociedades teocráticas, donde lo político, social y religioso eran componentes de un mismo sistema, al aceptar al nuevo rey iba implícita la “obligación” de confesar la nueva fe; y ese era el meollo del problema.
Los historiadores de nuestros tiempos, tan secularizados y ajenos a la Fe, nos venden el discurso de la imposición del cristianismo a la fuerza; lo que no saben o no quieren reconocer, es que la necesidad de Dios y conocer la Verdad es inmanente a la naturaleza humana; que la Fe sin libertad no sirve, y que la Fe sin Caridad, no lo es. Así que a los españoles les preocupa y mucho, no la cantidad de conversiones, sino la calidad. El proceso era lento, endeble, incierto en su autenticidad o sostenibilidad en el tiempo y seguramente no fracasó por la intervención de Nuestra Madre Santísima. Pero no iban por mal camino. Los Santos niños tlaxcaltecas ya habían sido martirizados por sus propias familias antes de que Cortés lograra la conquista, mucho antes de la llegada de los 12 frailes. San Juan Diego, caminaba 20 kilómetros para ir a Misa y a la doctrina cruzando por el Tepeyac, lugar de las apariciones. Cuando el tío Bernardino sintió que moría, pidió a Juan Diego que le llevara un sacerdote para recibir los últimos sacramentos; pese a su incipiente catequesis, creía en la vida eterna y la acción salvífica de los Sacramentos de la Iglesia. Un último ejemplo, Conín, un otomí de Xilotepec, bautizado como Fernando de Tapia, se unió a la empresa de evangelización en Andamaxei; justo en 1531 solicitó autorización para fundar, junto a otomíes y chichimecas, lo que después sería Querétaro. Así que para ese año, había cristianos en toda la región, desde Tula hasta lo que hoy es Puebla, pasando por la Ciudad de México. Por cierto, dice el librito éste que San Juan Diego nunca había hablado con españoles porque le daban miedo… ¡pues no sé cómo habría recibido catequesis!, él y su esposa se convirtieron, se bautizaron y se casaron ante un sacerdote. A San Juan Diego lo que le daba temor, y mas por humildad y virtud, era la gran tarea que la Virgen le encomendaba a alguien tan menudo como él. Llevar un mensaje ante un Obispo era cosa grave y él se veía pequeño ante tal tarea .
Con todo ello, era indispensable la Guadalupana para lograr esa conversión profunda, para consolar a los que sufrían, para mostrar a Cristo Nuestro Señor quien libera de la opresión del pecado, de la idolatría, de la ambición. Y también, para alentar, dar esperanza y confirmar a los que estaban implicados en la expansión de la cristiandad. En efecto, confirmarles, darles confianza, corrigiendo y purificando, pero confirmándoles que todo aquello era querido y deseado por Dios. Es fácil encontrar recursos sobre el simbolismo en el códice del ayate para los indígenas, pero poco sobre lo que significó para los españoles. Y aquí es fundamental clarificar algo que también ronda entre los mitos, el nombre de la Virgen.
Algunos niegan que la Virgen tomó el nombre Guadalupe, que en realidad el tío Bernardino escuchó y repitió el nombre Coatlaxopeuh y que los españoles mal-entendieron Guadalupe. Su argumento es que los hablantes del náhuatl no conocían la fonética de la G y la D. Pues quizás el tío no tuvo una perfecta pronunciación al repetir el nombre, pero dijo Santa María de Guadalupe. Por muy ajenos que fueran estos fonemas, Juan Diego, ya habría repetido muchas veces el sonido de la D y la G al decir su nombre. En ningún documento se habla de otro que no sea el de Guadalupe. Antonio Valeriano , que escribe en náhuatl el Nican Mopohua pocos años después (en la década de los 1540’s) tiene muy claro el nombre de la Virgen. Me parece bastante improbable que la Santísima Virgen eligiera un nombre que podría confundir a los indígenas con sus deidades paganas. Coatlaxopeuh significa “la que aplasta la serpiente”, suena muy mariano, es cierto; el problema es que la Virgen misma, en su imagen, pudiendo tener esa serpiente bajo sus pies, optó por la media luna, símbolo del mictlan, infierno; la serpiente en la cosmovisión indígena no representa el mal. Luego, parece contradictorio que Nuestra Señora tuviera muy claro que la luna es el símbolo “adecuado” pero en su nombre hiciera referencia a la serpiente. No, su nombre fue Guadalupe y fue providencial y simbólico para los españoles.
La imagen corresponde a una inmaculada concepción, aun no había sido definido como dogma, pero desde el año 1130 el Misal de Rito Latino de Santiago de Compostela incluye una fiesta litúrgica en su honor; para el siglo XV todas las diócesis de la península habían incorporado la fiesta , el 8 de diciembre . Además, en los continuos debates teológicos en esta materia, los franciscanos eran los apologetas de la Inmaculada Concepción por excelencia. Así que, de primera instancia al Obispo Zumárraga le dijo mucho la imagen. La tilma alude al Apocalipsis, tema que seguramente no se abordaba con los neófitos en la fe; ese código estaba dirigido a los castellanos. Pero el nombre es lo que quisiera rescatar.
La advocación extremeña de Guadalupe es centenaria, se llama así por el lugar donde se encontró. Se constituyó en símbolo de la defensa de la Fe ante los musulmanes desde el siglo VIII. Los reyes católicos, al igual que Fernando III, el Santo, encontraron en Guadalupe un oasis de paz y paño de lagrimas en su empresa, la de la unificación de España, la expulsión de los judíos, la conquista de granada. Todas esas acciones eran parte de un programa de expansión de la cristiandad que no continuó hacia África, como estaba previsto, porque se toparon con América . Pero ese proyecto, el de la hispanidad, estaba puesto a los pies de la Virgen de Guadalupe de Extremadura desde sus inicios: ahí peregrinó Isabel después de ser coronada reina de Castilla, ahí Fernando peregrinó cuando se salvó de un atentado, ahí los reyes refugiaron a sus hijos durante la toma de Granada, ahí fueron a agradecer a la Virgen tal triunfo. Ahí Isabel le autorizó dos barcos a Cristóbal Colón, ahí peregrinó el navegante después de casi naufragar en las Azores y ahí bautizó a los dos primeros indígenas que llevó al viejo mundo, ahí puso Fernando un crucifijo forjado con el primer oro que llegó de América, ahí quiso la reina que fuera llevado su testamento espiritual, ahí Fernando firmó el suyo y de hecho, ahí murió.
Así que llamarse Guadalupe fue un sí; adelante con la empresa; y era a la vez un “jalón de orejas” ¡miren que estos son tan dignos, que me tienen allá!. Casi podría imaginar a Isabel la Católica (si hubiera vivido para verlo) diciendo: ¡se los dije, estos son mis súbditos, tratadlos con amor y enseñarles la Fe!
No sé ustedes, pero si alguien me cuenta la historia de las apariciones de la Virgen, con estos matices, entonces sus preciosas manos mestizas no me están contando una historia de odio y división, sino una de hermanos en la Fe compartiendo un mismo anhelo, el de Cristo que es Vida Eterna. Si los historiadores tuvieran un poco de Fe, podrían entenderlo y si los hombres de iglesia indagaran mas en las fuentes históricas que en la retorica historiográfica oficial, podrían enseñarnos mejor de qué va esa pedagogía perfecta de inculturación del Evangelio -signo de promesa y reconciliación entre los pueblos– del mestizaje al que la Virgen nos llama en la tilma del Tepeyac.
Ante el cercano 500 aniversario de las apariciones de Santa María de Guadalupe se hace imprescindible enfocarnos en los matices. Como dice el Papa Francisco, –Hoy estamos ante la gran oportunidad de manifestar nuestra esencia fraterna, de ser otros buenos samaritanos que carguen sobre sí el dolor de los fracasos, en vez de acentuar odios y resentimientos … Solo desde la verdad histórica de los hechos podrán hacer el esfuerzo perseverante y largo de comprometerse mutuamente y de intentar una nueva síntesis para el bien de todos. Porque el riesgo es, como apunta el Santo Padre, las nuevas formas de colonización cultural florecen en sociedades –que desprecian la historia, que rechazan la riqueza espiritual y humana que se fue transmitiendo a lo largo de las generaciones, que ignoran todo lo que les ha precedido– . La reconciliación es la tierra fértil en la que las semillas del mensaje Guadalupano seguirán dando fruto.
Referencias:
M.I. Sr. Cango. Dr. Eduardo Chávez es director General del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos, postulador de la causa de canonización de San Juan Diego.
Cfr. LOVASIK, Father S.V.D. (1994) Nuestra Señora de Guadalupe. Colección. Saint Joseph Picture Books Nueva York: Catholic Book Publishing Corp.
DIAZ DEL CASTILLLO, Bernal (2024) Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. México: Porrúa, cap. 205.
CORTES, Hernán (2021) Cartas de Relación. México: Porrúa, p. 16 y ss.
…”apenas podía hombre romper por algunas calles y calzadas, aunque son bien anchas; y en las obras, a unos tomaban las vigas, y otros caían de alto, sobre otros caían los edificios que deshacían en una parte para hacer en otras…”
De Tulpetlac a Tlatelolco.
Lucia, quien ya había muerto al momento de las apariciones.
Y dicho sea de paso, seria interesante preguntar cuantos obispos recibirían a un recién bautizado que dice que vio a la Virgen. Zumárraga no creyó el relato de inmediato, pero no se cerró y le pidió pruebas.
No solo entre los indigenistas, muchos católicos incluyendo al Padre Rojas quien por algún tiempo encabezó la causa de San Juan Diego.
Indígena noble de Azcapotzalco, fue a la Universidad (fundada 5 años después de las apariciones) catedrático y rector de la misma institución años mas tarde.
Algunos estudiosos al ver que el termino Coatl (serpiente) era sumamente improbable, sugirieron que puedo ser Tlecuauhtlapeupeuh, lo que sería algo como “la que emerge de la región de la luz como el águila del fuego”, son especulaciones para dar cabida a la retorica indigenista, todas ellas inventadas en el siglo XX.
RAMBLA, Pascual O.F.M. (1954) Tratado popular sobre la Santísima Virgen; Parte III, Cap. V: Historia del dogma de la Inmaculada Concepción. Barcelona: Ed. Villamala pp. 192-210.
Idem… El librito dice que la fiesta era el 9, en la tradición Irlandesa, Escocesa e Inglesa, hubo una época previa a la era normanda en que celebraron el 9 de diciembre esta fiesta. Quizás por eso dice que las apariciones coincidieron con la Inmaculada Concepción, pero no fue así en España.
Et al. (2020) Isabel la Católica y la evangelización en América. Simposio Internacional. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, p. 251 y ss.
CHICO, Antonio Ramiro (2016) La última visita de Fernando el Católico a Guadalupe, en el V Centenario de su muerte (1516-2016) Revista de estudios extremeños, ISSN 0210-2854, Vol. 72, Nº 3, 2016, págs. 1739-1752 Consultado en Noviembre 2024. Disponible en https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5863359
Op. Cit Et al. (2020) Isabel la Católica…, p. 227
S.S.FRANCISCO (2020) Carta Encíclica Fratelli Tutti. Ciudad del Vaticano: Librería Editrice Vaticana. Num. 77
Ibidem Num. 226
Ibidem 13-14





