Indígenas, mestizas, españolas… y conquistadoras

Maru Mondragón Cobos

Indígenas, mestizas, españolas… y conquistadoras
Historias trágicas o heroicas que nos dan los acordes del leitmotiv de la gran sinfonía del mestizaje en América, con rostro de mujer.

Historias trágicas o heroicas que nos dan los acordes del leitmotiv de la gran sinfonía del mestizaje en América, con rostro de mujer.

Juana de Ortiz de Zárate y Yupanqui nació en el Cusco en 1561; hija del conquistador vasco Juan Ortiz de Zárate y de la princesa inca Leonor Yupanqui. Educada como aristócrata noble, hereda de su padre a los 15 años el adelantazgo del Río de la Plata[1]. Además, Felipe II le ha otorgado el titulo de marqués a quien se case con ella. Tales privilegios despiertan la ambición de muchos, pues por su corta edad se sobreentiende que el marido que ella elija, ejercerá el adelantazgo en la aparente imposible conquista del Rio de la Plata.

Juana rechaza a todos los pretendientes, incluyendo al recomendado del Virrey Francisco de Toledo, o al del oidor de la Audiencia de Charcas; finalmente se decanta por Juan Torres de Vera y Aragón, hombre instruido en armas y leyes, pero sin respaldo de algún principal. El humillado virrey declara ilegal el enlace matrimonial; Juan Torres es oficial de justicia de Chuquisaca y la ley le prohibía contraer matrimonio, si estaba en funciones. Con las tropas virreinales encima, el esposo transfiere las responsabilidades del título a Juan Garay, albacea de confianza de Juana. Y ella, embarazada, es recluida en un convento, donde muere dos años después.

Juan Garay funda la ciudad de la Trinidad, en el puerto de Santa María de Buenos Aires. Años mas tarde, la princesa inca Leonor Yupanqui lleva a su nieto a la corte en España para recuperar sus derechos. La dramática historia de Juana no dista de otras intrigas palaciegas al otro lado del Atlántico; ella, su madre y su hijo disputan sus derechos en igualdad de rango con los peninsulares. Su hijo llegó a ser gobernador, impulsó la fundación de la Universidad de Córdoba y, aunque pasivamente, el nacimiento de Buenos Aires no puede entenderse sin la mestiza y noble, Doña Juana de Ortiz de Zárate y Yupanqui.

Hubo quiénes sí tuvieron participación directa en la conquista, como Inés Suárez, la “conquistadora” de Chile. Nació en 1507, tuvo la infancia precaria que una malagueña ilegítima de la época podía esperar.

Se empleó como costurera y siendo muy joven contrajo nupcias con Juan de Málaga, quien no tenía mejor ventura que ella. Juan viajó a América con Pizarro en busca de mejor fortuna; e Inés, tras esperar 10 años su regreso y sin noticias, decide ir a buscarlo. Su Juan no la había abandonado; había fallecido. Afortunadamente, como viuda de conquistador, le correspondía recibir las mercedes por su servicio: una encomienda de indias y tierras cultivables.

Conoció a Pedro de Valdivia y se enamoraron, pero con un gran impedimento, pues él sí había dejado a su esposa en España. En medio de un escándalo social por la situación irregular de ambos, el extremeño decide integrar la expedición de conquista de Chile y así poner tierra de por medio. Inés convence a Pizarro de permitirle unirse a la expedición de mil indígenas, 8 españoles y Valdivia como capitán. La incursión resulta en la fundación de la ciudad de Santiago en 1541. Con una guarnición de 50 hombres, Inés se queda al mando del puesto mientras Pedro de Valdivia sigue avanzando hacia el sur.

Un día, el incipiente pueblo es atacado por 8 mil indígenas dispuestos a todo para liberar a 7 de sus caciques que se encuentran cautivos. En medio del ataque sangriento y ante la inminente derrota, Inés sale en malla de cota a la plaza a pelear y a alentar a los soldados disminuidos de ánimos y fuerzas. A los cronistas de la época no dejó de sorprenderles su valentía y arrojo. La relación de Pedro e Inés no tenía futuro, Pedro tuvo un trágico final y ella se casaría tiempo después con Rodrigo de Quiroga.

Hubo otras mujeres de armas y gobierno como Beatriz de la Cueva o Isabel de Guevara, empresarias como Mencía Ortiz, navegantes como Isabel Barreto, de quienes hablaremos en otra ocasión. Pero si de actos heroicos y valientes se trata, no deberíamos dejar de recordar a otra extraordinaria mujer: Mencía de Calderón. Esposa de Juan de Sanabria, también nombrado adelantado del Rio de la Plata, preparaba el viaje a América con toda su familia. Semanas antes de zarpar enviudó, viéndose con toda su hacienda invertida en el viaje y sin capitán, decide liderar ella misma la expedición. Le acompañan un centenar de mujeres hidalgas, familiares y amistades.

La primera parte del viaje navegó caboteando la costa africana, tras una tormenta los barcos se dispersaron y fueron fácil presa de piratas franceses. Con 80 mujeres tan solo en su navío, el destino que les espera es terrible. Mencía logra salvarlas negociando un altísimo rescate.

Al reanudar su viaje topan con la Isla Santa Catalina, desde la cual los portugueses trafican esclavos -ilegalmente-, pues desde que el rey de España lo era también de Portugal (de 1581 a 1640), éstos debían adoptar la legislación en la materia que prácticamente anulaba el comercio de esclavos. Escandalizada, Catalina escribe a la Casa de Contratación de Sevilla para denunciar el hecho, pero el gobernador portugués intercepta la carta.

Mientras tanto las embarcaciones de Mencía han llegado a América, a territorio portugués. Ya fuera por vengarse de la denuncia, o para frenar el poblamiento de españoles en zonas a las que el gobernador lusitano aspiraba expandirse, retiene a toda la tripulación en un penal en condiciones deplorables por dos años. Gracias a las gestiones de unos sacerdotes jesuitas lograron escapar y no hubo otro remedio que hacerlo a pie. La comitiva camina mil 500 kilómetros entre selvas, ríos y montañas. 50 de aquellas mujeres sobreviven a una empresa que les costó 6 años, para llegar a su nuevo hogar y hacer Patria.

El mestizaje en América no solo resultó de las uniones matrimoniales incentivadas por la corona desde tiempos de Isabel I de Castilla. Como puede entenderse, el mestizaje cultural fue un proceso lento, bordándose a detalle al interior de los hogares y familias donde las mujeres llevaron la batuta.

Miles de mujeres europeas fundaron conventos, obras de beneficencia e invirtieron su genio femenino, humanizando el proceso de conquista, que como todos los de su tipo, fue cruenta. Por ello, vale la pena recordar una historia más, la de Catalina Bustamante.

Llegó a Santo Domingo en 1514 junto con su familia, se convirtió en maestra de las hijas de capitanes e hidalgos tras la muerte de su marido. En la Nueva España, se vuelca en la misión de educar a las hijas de caciques; siendo mas que una maestra, casi como una madre, se involucra en sus vidas.

Junto con Fray Juan de Zumárraga, cómplices en la caridad, denuncia y lucha contra el abuso de los propios padres de las chicas que las usan como moneda de cambio. También juntos, luchan contra el abuso de peninsulares hacia éstas. Catalina hace gestiones con la emperatriz, quien le envía materiales y mas personal para atender a sus niñas, que para ese entonces, ya no son solo las hijas de los caciques; también, niñas pobres y huérfanas. Bajo su supervisión, se fundaron 10 colegios, donde las alumnas aprendían náhuatl, español, matemáticas, oficios y la doctrina.

Catalina murió de viruela en Texcoco, rodeada de sus hijas adoptivas; mujeres cultas, madres de una primera generación que aprendieron el arte del mestizaje, rico, único e inigualable, de una excepcional maestra; la primera de América.

 


Referencias:

[1] Este título otorgaba el permiso para conquistar, fundar ciudades y repoblar; esto último no significaba movilizar personas a tierras baldías, ni tampoco sustituir unas comunidades por otras; el término repoblar es de orden jurídico y consistía en estandarizar la estructura administrativa de los pueblos, villas o municipios recién fundados.

GARMENDIA, José Ignacio (1916) El casamiento de Doña Juana Ortiz de Zárate. Buenos Aires: Imprenta argentina Jacobo Peuser. Disponible en https://archive.org/details/elcasamientodedo00garm consultado en Abril, 2024

VIVAR, Gerónimo de (1966) Crónica y relación copiosa y verdadera de los reynos de Chile hecha por Gerónimo de Bibar natural de Burgos 1558. Santiago de Chile: Edición facsimilar y a plana del Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio Medina disponible en https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-8175.html consultado en Abril, 2024

GÓMEZ-LUCENA, Eloísa (2004) Expedición al paraíso. Sevilla: Editorial Renacimiento

RUIZ, Banderas Julián (2013) Catalina de Bustamante. Primera educadora de América. En: España, el Atlántico y el Pacífico: y otros estudios sobre Extremadura / coord. por Felipe Lorenzana de la Puente, 2013, ISBN 978-84-616-9829-5, págs. 155-168 disponible en https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4763789 consultado en Abril,  2024.

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