La crisis venezolana no puede entenderse únicamente como un problema nacional; constituye un fallo sistémico de gobernanza, con implicaciones éticas, políticas y humanitarias en el sistema internacional.
Artículos seleccionados sobre esta temática, con enfoque académico y profesional
La crisis venezolana no puede entenderse únicamente como un problema nacional; constituye un fallo sistémico de gobernanza, con implicaciones éticas, políticas y humanitarias en el sistema internacional.
La defensa de la democracia -y su vigencia- se ha vuelto una discusión acérrima como si fuera la solución a todo. ¿Realmente lo es? Antes de evaluar si este modelo sigue funcionando para México y el mundo, conviene volver a la pregunta elemental: ¿para qué existe un gobierno?
Nuestro mundo es una esfera saturada de una belleza que muchas veces dejamos de ver, sumidos en la contemplación de la fealdad con firma humana. Nuestro mundo es paradoja: es fe y razón, razón y voluntad, voluntad y contingencia, contingencia y absoluto, absoluto y relatividad, relatividad y verdad, verdad y Verdad.
Es necesario que los ciudadanos actuemos con responsabilidad, generar un proceso de reconstrucción nacional apegados a principios y normas; exigir el cumplimiento de la ley; no transigir con las malas conductas; educar a nuestros hijos en la responsabilidad, en el diálogo y la construcción de la paz.
El fenómeno del desplazamiento forzado y el refugio no es solo una crisis humanitaria, sino una profunda herida en la dignidad humana.
El trabajo de Peter Turchin, pionero de la cliodinámica, se enfoca en la dinámica social y política de las civilizaciones y en cómo los factores económicos y sociales interactúan para generar inestabilidad.
En mi reciente viaje por Colombia pude percibir más de cerca la crisis en la que se encuentra el modelo del socialismo del Siglo XXI.
El mundo contemporáneo se encuentra sumido, desde hace tiempo, en una profunda crisis de lo que se conoce como Estado de Derecho.