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La pandemia de la izquierda

por | Política

E l mundo está conmovido, paralizado y enlutado por la pandemia del COVID-19, proveniente, mientras no se demuestre lo contrario, de China. Es una enfermedad que ha sorprendido al mundo, que apenas pretende ser atajado con diversas vacunas cuya eficacia es limitada y sus consecuencias aún desconocidas.

Frente a ella, las respuestas han sido variadas: unos las aceptan como la solución posible por el momento, aquellos señalan que van a provocar cambios genéticos, estos afirman que tienen rastros de bebés abortados. Otros, extrañamente, niegan la existencia de un mal que ha provocado millones de muertes. Los críticos se niegan a vacunarse.

Muchas años antes, con la implantación del comunismo en la URSS y China, se consolidó una corriente filosófica y política que, si bien había surgido en el Siglo XIX con Carlos Marx, tuvo en Lenin su intérprete y aplicador en Rusia, y una nueva versión en Mao Tse Tung. Ambos, sin embargo, coincidieron en que este sistema debía implantarse en todo el mundo y, por tanto, debían exportarlo.

Para impulsar a los marxistas, la URSS se vio favorecida después de la Segunda Guerra Mundial al imponer gobiernos títeres en el centro de Europa. Al mismo tiempo inició campañas de adoctrinamiento y apoyo a los marxistas de Occidente buscando llevarlos al poder.

Ante esta amenaza, los hechos demuestran que esa ideología y estrategia política no se implantó la vacuna necesaria para contenerla. Particularmente fueron las universidades y los medios de comunicación los medios para expandir el virus. Posteriormente algunas corrientes dentro de la Iglesia generarían otro foco de infección, como en su tiempo fue el modernismo.

Para América Latina fue fundamental el triunfo de la guerrilla comandada por Fidel Castro Ruz, para que la URSS plantara cabeza de playa, justo frente a los Estados Unidos, y desde allí impulsara el movimiento.

El primer intento fue el patrocinio de movimientos guerrilleros. El líder fue el Ché Guevara, quien no logró crear, como se coreaba en los sesentas, muchos vietnams y murió en el intento. Sin embargo y pese a ello, se convirtió en un símbolo que, incluso muchos burgueses adoptan en carteles y camisolas.

Pero no fue el único, muchos otros lo intentaron en diversas latitudes, incluso el padre Camilo Torres, inspirado por la teología de la liberación, tomó las armas. Los movimientos de liberación nacional se multiplicaron y algunos sobreviven, como en Colombia.

El fracaso guerrillero, la aparición del Eurocomunismo, los socialismos de diverso tono e, incluso, algunos grupos de la democracia cristiana latinoamericana, adoptaron una estrategia electoral que parecía no augurar mucho futuro.

Sin embargo, la persistencia y los apoyos internacionales permitieron avances en distintos momentos. El primero de ellos de gran envergadura fue el “triunfo” de Salvador Allende en Chile, quien, sin obtener la mayoría electoral, llegó al poder electo por el Senado, con el apoyo de la Democracia Cristiana. El experimento fracasó primero en lo económico y social, y fue interrumpido por un golpe militar. Otros gobiernos de izquierda tuvieron igual fin.

Sin embargo, con falsas promesas y aprovechando las innegables desigualdades y pobreza que existen en América Latina, y aprovechando el mito de los logros cubanos, el virus prendió y poco a poco, por diversos caminos reivindicadores, la izquierda se ha instalado en varios países, y a pesar de los nuevos fracasos, más animados por resentimientos que por la razón, los electores van dando el triunfo a quienes ondean las mismas propuestas fracasadas una y otra vez.

Candidatos provenientes de grupos radicales, como el caso de Sendero Luminoso en Perú, logran obtener el triunfo sin ocultar sus propósitos, aunque algunos otros se valen del engaño para lo mismo.

Hoy la izquierda latinoamericana busca unirse para fortalecerse. Primero fue el Foro de Sao Paulo y luego el Grupo Puebla, quienes extienden la pandemia sin que, por el momento, aparezcan “vacunas” consolidadas y firmes como una opción no sólo de contención, sino de propuestas alternativas viables.

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  • Buscamos participar en el diálogo social contemporáneo para presentar nuestro pensamiento a toda la sociedad acerca de las preocupaciones esenciales para el desarrollo y la felicidad del ser humano. Abordamos la actualidad desde una mirada realista, ética y comprometida con el bien común, que se nutre en los valores culturales de Occidente y en el Pensamiento Social Cristiano, con apertura plural con quienes comparten la visión del humanismo integral y solidario.