Después de la andanada de órdenes ejecutivas emitidas por Donald Trump enseguida de su investidura como presidente número 47 de los EEUU, todos los líderes de la 4T, desde la presidencia, líderes de las cámaras a nivel federal y estatal, dirigentes de Morena en distintos niveles, llamaron a la unidad nacional.
Es el mayor cinismo de la llamada cuarta transformación.
El segundo piso de la 4T, como insistentemente lo llama la presidenta de la República, es en realidad la continuación de seis años de López Obrador; de corrupción, ineficiencia, demagogia y destrucción de la Democracia.
No mentir, no traicionar y no robar fue el lema de López Obrador y la realidad fue todo lo contrario. Se irá conociendo que el sexenio de López Obrador fue mucho más corrupto que el de Peña Nieto. Prometió en campaña regresar a los cuarteles a militares y -por el contrario- los metió hasta la cocina en proyectos y acciones para los que no están preparados y donde ha habido una corrupción escandalosa.
Promovió proyectos costosísimos sin ningún estudio de factibilidad económica, ni social ni ambiental. Ordenó ejecutar la obra del Tren Maya sin saber siquiera el número potencial de usuarios ni la tarifa y subsidios requeridos.
Hoy se confirma que el Tren Maya será el elefante blanco más grande de su sexenio. Destruyeron la selva: más de 8 millones de árboles de la Reserva Maya, hábitat del Jaguar y de miles de especies; madera que -por cierto- no sabemos si la vendieron militares o familiares, simplemente desapareció; afectaron cientos de cenotes y cuerpos de agua, lo cual representa un ecocidio sin precedentes y un daño ambiental irreparable.
El Tren maya ha costado más de tres veces lo presupuestado. A nadie le interesa porque es más lento que un burro y en el PEF 2025 se confirma que el subsidio para la operación este año será por lo menos del 80% o sea un proyecto que no sirve para nada.
Esta realidad se repite -tristemente- en la refinería de Dos Bocas, en el AIFA, con Mexicana de Aviación, Gas Bienestar y muchos más proyectos inútiles ejecutados sin estudios ni planeación.
Es inconcebible el llamado a la unidad, después de la destrucción de los cimientos de la democracia.
Si quieren unidad primero deben reconsiderar todos los abusos que ellos mismos han infringido a la sociedad y a la misma oposición. Ni López Obrador, ni Sheinbaum han tenido reuniones con la oposición. Simplemente, para ellos no existe. Es lamentable seguir escuchando los mismos ataques sin fundamento, declarando traidores a la patria a quienes con argumentos y datos duros, denuncian sus abusos de poder.
Infringieron la Ley Electoral con campañas adelantadas y gastos exorbitantes. Con la excusa de un proceso interno de Morena -amañado desde el inicio, donde el resultado todos lo sabíamos-, gastaron cientos de millones de pesos sin que la autoridad electoral les exigiera cuentas.
La campaña dirigida por López Obrador se basó en el clientelismo electoral: los apoyos sociales se condicionaron al voto. Previamente, violando la ley, López Obrador desvió miles de millones de pesos -destinados a obras y servicios públicos- a la compra del voto mediante la entrega directa de recursos condicionados.
Dejó a los hospitales sin medicamentos ni servicios, no hubo obra de infraestructura prácticamente en nada, acabó con el apoyo a guarderías y escuelas. Causó el desabasto criminal de medicamentos, especialmente de tratamientos contra el cáncer. México, que llegó a ser ejemplo a nivel mundial en sus programas de vacunación, cayó a los últimos lugares. Muchos menores de edad se quedaron sin las vacunas del cuadro básico.
A pesar de todos los abusos en el proceso electoral, al final Morena, con la complicidad del INE y del Tribunal Electoral más corrupto de la historia, se hizo de una mayoría ficticia en ambas cámaras. Con esta excusa, la presidencia justificó las acciones legislativas del famoso Plan C de López Obrador.
El mayor daño, sin duda, consiste en acabar con la autonomía del Poder Judicial. Se afirma falsamente que el 2 de junio el “pueblo” ordenó con su voto la elección de jueces, magistrados y ministros. Es verdaderamente falsa y lamentable esta afirmación. La mentira más grande de este gobierno. Lo que pretenden es la concentración total de poder en el ejecutivo.
Esta reforma destruye el principio constitucional de la división de poderes y nos regresa a la época cuaternaria de la «presidencia imperial” del viejo sistema autoritario del “PRI–gobierno”. López Obrador nos lleva a sus propios orígenes retrógrados y autoritarios.
Y ahora, frente a los embates del presidente Trump, piden unidad.
No señores, de ninguna manera es válido ese llamado.
Si quieren unidad, primero restituyan el principio republicano de separación y autonomía de los poderes; cancelen la absurda reforma judicial y el costosísimo e inútil proceso de elección judicial; ábranse al diálogo y, entonces sí, habrá condiciones para la unidad.





