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Ser fieles a la Iglesia

por | Religión

El mundo vive momentos sumamente difíciles en todos los aspectos. Las guerras, la crisis antropológica, el relativismo, el subjetivismo y la pérdida del sentido del bien y del mal, provocan que la incertidumbre, la duda y el pesimismo, imperen por doquier. Parece que más allá de egoísmos personales y sociales, no hay sentido de trascendencia.

El sentido religioso se ha perdido e, incluso, donde aun permanece, muchas de las verdades que lo sostienen son puestas en duda o deformadas.

La Iglesia católica no es ajena a este clima. No es la primera vez que ocurre. Después del Concilio Vaticano se vivieron tiempos difíciles de polarización, de extremos que se apartaban de una forma u otra del magisterio. Pese a todo, la Iglesia ha seguido su curso y la mayoría de los laicos que viven su fe, permanecen fieles. Los pontificados de san Juan Pablo II y de Benedicto XVI no fueron fáciles, pero ambos papas siguieron dictando sus enseñanzas y abundando en la enseñanza de las verdades del Evangelio.

El papado de Francisco no ha sido ajeno a esta problemática. Los extremos del posconcilio, siguen vigentes, aunque no necesariamente con los mismos temas o enfoques. Como en el pasado, intérpretes de uno y otro lado ponen objeciones a sus enseñanzas o se elaboran dubias, que siendo legítimas como un método de diálogo al interior de la Iglesia, ahora han adquirido una dinámica tal, que pareciera poner en entredicho lo que enseña el Papa.

Ciertamente los estilos de los papas siempre han sido distintos, incluso las escuelas teológicas en que se han formado y a las que se han adherido de manera preferente, como parte de la pluralidad teológica que ha existido desde siempre, sin que ello implique necesariamente enseñanzas distintas o contradictorias, aunque quizá en ocasiones hayan sido deficientes en algún aspecto, o asumidas de acuerdo a circunstancias del momento que han llevado a buscar los signos de los tiempos y a interpretarlos y buscar el camino para darles la respuesta pertinente y la acción pastoral que pueda ayudar a los fieles a seguir su itinerario de fe y atraer a otros a Jesucristo, para extender su reino.

Uno de los grandes desafíos de la evangelización es lograr que el mensaje penetre en las personas, en las distintas circunstancias de la problemática del momento y en las condiciones culturales donde se predica.

San Pablo ha sido mostrado como el ejemplo claro de predicación, cunado tomó de la cultura griega elementos que favorecieran la comprensión del mensaje. Eso no significa que todos lo aceptaran, aunque otros si lo hicieron. La diferencia es la disposición del corazón y el deseo de encontrar la verdad.

Pulsar aquí y allá, mediante la escucha, es el sentido del Sínodo de la Sinodalidad. Es la mejor forma de conocer qué hay en el corazón de la Iglesia en todo el mundo, donde las percepciones sobre los problemas y las respuestas que se pretenden dar tienen que ser conocidas para poder dar una respuesta que asegure la unidad en la diversidad, pero siempre en la fidelidad a la Verdad revelada.

La tarea es enorme y los obstáculos para lograrlo múltiples, pero eso no impide que se intente dar una respuesta lo más acetada posible desde los criterio y capacidades humanas, pero confiando siempre en que aunque la barca sea golpeada por las olas, el Señor va en ella y la guía en medio de la tempestad.

Al Papa le dio Cristo la facultad de guiar la barca en su nombre. Quienes conozcan la historia de la Iglesia y de los papas, saben perfectamente de los problemas y crisis del pasado, con sus costos. Pero Dios ha permitido esos problemas y de ello se ha valido para que se vea que Él la sostiene y se cumple la promesa de que las puertas del infierno no prevalezcan sobre ella.

Para superar esas situaciones Dios se ha valido de los santos, de quienes son fieles incondicionales, aunque para ello hayan tenido que ser críticos y pugnar por la prevalencia de la Verdad. Para esa fidelidad se requiere ser fieles al Papa y, como el Papa Francisco reitera, saber discernir.

Existe el peligro de precipitarse en el juicio y los miedos de lo que pueda surgir del Sínodo. Ya el Papa Francisco ha venido respondiendo y puntualizando algunos aspectos surgidos sobre el proceso, como ha ocurrido con el camino sinodal de Alemania, donde las advertencias del Pontífice no han sido atendidas, a pesar del diálogo establecido y el recurso a diversos interlocutores.

Ciertamente que las posiciones heterodoxas no son culpa del Papa Francisco y han estado presentes con Juan Pablo II y Benedicto XVI. Quizá sea positivo que con el proceso del Sínodo, hayan emergido estas posiciones para que se conozcan y en su momento sean clarificadas y rechazado el error, de donde quiera que venga. Nuestro deber es confiar en Dios y colaborar a la solución de los problemas mediante la oración.

 

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