Sembrar procesos, no conquistar espacios: La visión política del Papa Francisco

Rafael Funes Díaz

Sembrar procesos, no conquistar espacios La visión política del Papa Francisco
Este artículo analiza el discurso del Papa Francisco en la 50ª Semana Social de los católicos en Italia, enfocándose en su visión de la democracia y la participación ciudadana en el siglo XXI.

Sembrar procesos, no conquistar espacios: La visión política del Papa Francisco

por | Religión

En un discurso trascendental pronunciado durante la 50ª Semana Social de los Católicos en Italia, el pasado 7 de julio del 2024 (https://www.vatican.va/content/francesco/it/speeches/2024/july/documents/20240707-trieste.html), el Papa Francisco abordó temas cruciales sobre la democracia y la participación ciudadana, entrelazando la tradición de la Doctrina Social de la Iglesia con perspectivas innovadoras para enfrentar los desafíos contemporáneos. El Pontífice comenzó contextualizando el evento de manera significativa: «Esta ha sido la 50ª Semana Social. La historia de las ‘Semanas’ se entrelaza con la historia de Italia, y esto ya dice mucho: habla de una Iglesia sensible a las transformaciones de la sociedad y dispuesta a contribuir al bien común.» Esta introducción no solo sitúa el discurso en su marco histórico, sino que también subraya la continuidad del compromiso de la Iglesia con las cuestiones sociales a lo largo del tiempo.

Francisco procedió a abordar la crisis actual de la democracia, un tema que resuena con preocupaciones expresadas por sus predecesores: «A la luz de esta definición, es evidente que, en el mundo de hoy la democracia, digamos la verdad, no goza de buena salud. Esto nos interesa y nos preocupa, porque está en juego el bien del hombre, y nada de lo que es humano puede sernos ajeno.» Esta declaración evoca las advertencias de Juan Pablo II en su encíclica «Centesimus Annus» (1991), donde analizaba los desafíos de la democracia en el mundo post-comunista. Sin embargo, Francisco va más allá, señalando problemas contemporáneos como la baja participación electoral y la necesidad de crear condiciones para una participación efectiva de todos los ciudadanos.

El Papa enfatizó la importancia fundamental de la participación en el proceso democrático: «La democracia siempre requiere el paso de tomar partido a participar, de ‘hacer de hincha’ a dialogar.» Esta afirmación se alinea con la tradición establecida por el Papa Juan XXIII en su encíclica «Pacem in Terris» (1963), que subrayaba la importancia del involucramiento ciudadano en la vida pública. Francisco profundiza esta idea, vinculándola con la dignidad inherente de cada persona y la necesidad de que todos se sientan parte de un proyecto comunitario. Argumenta que la verdadera democracia no se limita al acto de votar, sino que implica un compromiso continuo y activo de los ciudadanos en la construcción de la sociedad.

En un punto crucial de su discurso, el Papa criticó fuertemente el asistencialismo, una práctica que considera perjudicial para la democracia y la dignidad humana: «El asistencialismo, sólo así, es enemigo de la democracia, es enemigo del amor al prójimo. Y ciertas formas de asistencialismo que no reconocen la dignidad de las personas son hipocresía social.» Esta crítica se relaciona directamente con el principio de subsidiariedad, un concepto clave en la Doctrina Social de la Iglesia, destacado por el Papa Pío XI en su encíclica «Quadragesimo Anno» (1931). Francisco argumenta que estas formas de asistencialismo son una «hipocresía social» y un «cáncer de la democracia», instando a un enfoque que empodere a las personas en lugar de crear dependencias. Esta postura refleja una comprensión profunda de la dignidad humana y la necesidad de estructuras sociales que fomenten la autonomía y la responsabilidad personal.

Un aspecto particularmente innovador del discurso es la conexión que Francisco establece entre la democracia, la ecología integral y la fraternidad, temas centrales de sus encíclicas «Laudato Si'» (2015) y «Fratelli Tutti» (2020). El Papa ilustra esta conexión con ejemplos concretos: «Pensemos en quien ha hecho espacio dentro de una actividad económica a personas con discapacidad; en los trabajadores que han renunciado a un derecho suyo para impedir el despido de otros; en las comunidades energéticas renovables que promueven la ecología integral, haciéndose cargo también de las familias en pobreza energética…» Esta vinculación representa una evolución significativa en el pensamiento social católico, integrando preocupaciones ambientales y sociales en una visión holística de la sociedad y la política. Francisco sugiere que una democracia saludable debe abordar no solo cuestiones políticas tradicionales, sino también desafíos ecológicos y la promoción de una fraternidad universal.

El Papa introduce además el concepto de «amor político», una noción que amplía y profundiza la comprensión tradicional de la caridad en el ámbito social: «Este es el amor político, que no se contenta con curar los efectos, sino que busca afrontar las causas. Este es el amor político. Es una forma de caridad que permite a la política estar a la altura de sus responsabilidades y salir de las polarizaciones…» Este concepto se relaciona con la idea de «civilización del amor» propuesta por el Papa Pablo VI y desarrollada por Juan Pablo II, pero Francisco la aplica específicamente al ámbito político. El «amor político» implica un compromiso activo con el bien común que va más allá de las ideologías partidistas y busca abordar las causas estructurales de los problemas sociales.

Francisco hace un llamado especial al laicado católico para que asuma un papel protagónico en la vida pública: «Como católicos, en este horizonte, no podemos conformarnos con una fe marginal o privada. Esto significa no tanto ser escuchados, sino sobre todo tener el coraje de hacer propuestas de justicia y paz en el debate público.» Este énfasis en el papel de los laicos se remonta al Concilio Vaticano II, especialmente a la constitución pastoral «Gaudium et Spes» (1965), pero Francisco lo actualiza para los desafíos del siglo XXI. El Papa insta a los católicos a ser «artesanos de democracia y testigos contagiosos de participación», animándolos a involucrarse activamente en la formación política de los jóvenes y en la aplicación de la enseñanza social de la Iglesia en el debate público.

Finalmente, el Papa subraya la importancia de una visión a largo plazo en la política, introduciendo una distinción clave entre «ocupar espacios» e «iniciar procesos»: «Tantas veces pensamos que el trabajo político es tomar espacios: ¡no! Es apostar por el tiempo, iniciar procesos, no tomar lugares. El tiempo es superior al espacio y no olvidemos que iniciar procesos es más sabio que ocupar espacios.» Esta frase encierra un concepto fundamental en el pensamiento de Francisco sobre el cambio social y la acción política.

«Apostar por el tiempo e iniciar procesos» sugiere un enfoque paciente y a largo plazo, centrado en crear cambios duraderos y fundamentales en la sociedad. En contraste, «tomar lugares» se refiere a la búsqueda de poder inmediato o la ocupación de posiciones de autoridad sin una visión de cambio más amplia. La idea de que «el tiempo es superior al espacio» implica que los cambios verdaderamente significativos requieren tiempo para desarrollarse y que es más importante poner en marcha procesos de transformación que puedan evolucionar con el tiempo, que simplemente ocupar posiciones de poder que pueden ser temporales.

Esta filosofía promueve una visión de la política centrada en el bien común a largo plazo, en lugar de en ganancias inmediatas o control a corto plazo. Se alinea con la visión de Francisco de una Iglesia y una sociedad que evolucionan gradualmente hacia una mayor justicia y fraternidad, en lugar de buscar cambios bruscos o revolucionarios que pueden no ser sostenibles. El Papa compara esta visión con el proceso de dar a luz y criar a un hijo, sugiriendo que la política debe tener un enfoque similar de cuidado y desarrollo a largo plazo.

Francisco presenta una visión de la democracia que va más allá de los mecanismos formales de gobierno, abarcando una cultura de participación activa, responsabilidad social, cuidado del medio ambiente y fraternidad universal.

En conclusión, el discurso del Papa Francisco en la 50ª Semana Social de los católicos en Italia representa tanto una continuidad con el pensamiento social católico tradicional como una evolución significativa en su aplicación a los desafíos contemporáneos. Su llamado a una participación activa en la democracia, la preocupación por la ecología integral, el énfasis en el «amor político» y la promoción de una visión a largo plazo ofrecen una perspectiva renovada de cómo los principios católicos pueden abordar los complejos problemas sociales y políticos de nuestro tiempo.

Al hacerlo, el Papa no solo reafirma el compromiso de la Iglesia con la justicia social, sino que también proporciona un marco para que los católicos y todas las personas de buena voluntad se comprometan de manera significativa con los desafíos urgentes que enfrenta la humanidad en el siglo XXI.

 


Referencias:

https://www.vatican.va/content/francesco/it/speeches/2024/july/documents/20240707-trieste.html

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