Hagamos de la familia un lugar seguro

Virginia Irlanda Arellano Beltrán

Realidad de la violencia doméstica. Hagamos de la familia un lugar seguro
La violencia doméstica es un problema que afecta a toda la sociedad y que requiere una respuesta integral y coordinada para erradicarla.

La violencia es un problema grave y desafortunadamente cada vez más habitual. Basta abrir las redes sociales, o los medios tradicionales como la televisión o la radio para darnos cuenta de ello: homicidios, robos, secuestros, agresiones verbales, físicas y psicológicas, entre otras muchas situaciones que nos tienen en una dinámica de alerta permanente.

Seguramente podemos encontrar estadísticas que reflejan esta realidad, este índice delictivo y de violencia, pero de poco servirá saberlo si no se toman acciones al respecto, si la autoridad, sociedad y familia no asumimos con responsabilidad nuestra vida en comunidad.

En el entorno familiar, resulta alarmante la violencia doméstica, pues la célula básica de la sociedad debería de ser el lugar privilegiado para la vivencia comunitaria, puesto que es un bien personal y una comunidad de amor, como la define la Doctrina Social de la Iglesia. Esta problemática está tan extendida que afecta a millones de personas. Según las estadísticas las principales víctimas de este cáncer son mujeres y niños; pero también alcanza a los hombres y a los adultos mayores.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2020, 6 de cada 10 mujeres en México sufrieron algún tipo de violencia por parte de su pareja o ex pareja.

Respecto a los niños y adolescentes, la Red por los Derechos de la Infancia en México, las víctimas fueron: de 0 a 5 años 1,185; de 6 a 11 años, 2,932 casos; de 12 a 17 años, 16,465, pero pudieron ser más considerando que muchos casos no son reportados ni atendidos. En el mismo periodo también reporta casos de adultos que fueron víctimas de la violencia doméstica: 20,585 (18,093 mujeres y 2,491 hombres).

Estos ciclos de violencia tienen serias repercusiones, pues quienes las viven son más propensos a engancharse a adicciones y a repetir los patrones de abuso que rompen la paz intrafamiliar y social, además de atentar contra los derechos de las personas, entre ellos la posibilidad de un sano desarrollo, la salud física y emocional.

El referido estudio menciona como consecuencias de la violencia doméstica las siguientes: malestar emocional, trastorno del estado de ánimo, embarazo, trastornos de ansiedad y estrés postraumático, depresión, contusión-magullamiento, laceraciones, infecciones de transmisión sexual y trastornos psiquiátricos, entre otros.

En muchos casos esta violencia ha causado la muerte de un integrante de la familia, por lo que se hace apremiante atender esta problemática. En primera instancia, siendo conscientes de los factores que lo originan y sobre todo de sus graves e impactantes consecuencias, a fin de poder atender de una forma efectiva este mal.

Es importante reconocer que la violencia doméstica es un problema que afecta a toda la sociedad y que requiere una respuesta integral y coordinada para erradicarla. Al respecto y contribuyendo de manera activa a su atención, los pastores de la Iglesia Católica en Estados Unidos, desde 1992, dieron respuesta a esta lacerante realidad con la declaración “Cuando pido ayuda”. En ella se reconoce la problemática y se condena firmemente la violencia, además de proponer caminos de acompañamiento. Desde entonces muchas diócesis adoptaron este tema como prioritario.

Los agentes pro vida también pueden enriquecer y apoyar a este tema, pues es una forma de atender su vocación en defensa de la vida en todas las etapas, exaltando la dignidad humana.

Ahora bien, para abordar la violencia doméstica en México, es necesario también implementar políticas públicas efectivas, como la creación de refugios seguros para la atención de  víctimas de violencia doméstica, la capacitación de personal de salud y la promoción de campañas de concientización y prevención.

Si queremos cambiar la cultura es necesario conocer y analizar la problemática en sus causas y consecuencias para revertirla y erradicarla. Igual de importante es exigir a las autoridades correspondientes que velen por la unidad y estabilidad de la familia, reconociendo la riqueza de esta e instrumentando políticas públicas que la protejan, sin dejarse presionar por intereses de grupos o corrientes que se afanan en destruir y atacar esta institución.

También la Iglesia y la escuela juegan un papel importante pues se han convertido en un lugar seguro para muchos niños, jóvenes y mujeres. Hagamos de estos espacios entornos favorables que ayuden a las víctimas a sanar y salir de la situación vulnerable en la que se encuentran.

Las empresas también juega un papel importante, particularmente si adoptan como propia  la certificación de Empresas Familiarmente Responsables, la cual promueve la sana convivencia y el tiempo de calidad en familia para sus integrantes.

Acompañemos y hagamos saber a los que sufren este terrible mal que no están solos; escuchemos y demos por ciertas sus historias, informémonos sobre los recursos legales que les protegen, procuremos el cuidado de su salud, física, emocional y espiritual.

Todos podemos y debemos contribuir al cuidado y defensa del entorno familiar valorando su trascendencia, pues la familia constituye la primera escuela de virtudes sociales y por su medio se puede transformar la sociedad.

 


Referencias:

REDIM, P. (2023, junio 21). Violencia Familiar Contra La Niñez En México (2019-2022) – Blog De Datos E Incidencia Política De REDIM. Blog de datos e incidencia política de REDIM. https://blog.derechosinfancia.org.mx/2023/06/21/violencia-familiar-contra-la-ninez-en-mexico-2019-2022/

Cuando Pido Ayuda: Una Respuesta Pastoral a la Violencia Doméstica Contra la Mujer. (s/f). USCCB. Recuperado el 6 de septiembre de 2024, de https://www.usccb.org/es/node/51670/cuando-pido-ayuda-una-respuesta-pastoral-la-violencia-domestica-contra-la-mujer

Autor

  • Docente de Colegio de Bachilleres de Irapuato. Estudió Diseño Gráfico en la Universidad Latina de México en Celaya y Derecho en el Centro de Estudios Universitarios Allende. Actualmente es Delegada por Guanajuato de la Comisión Mexicana de Derechos Humanos y miembro de Alianza de Maestros. Ganadora del concurso municipal de ensayo convocado por el IEEG con el tema de paridad de género en los procesos electorales. Creadora del proyecto Onda México, encaminado a la formación integral de los jóvenes el cual se desarrolló y aplico en educación secundaria en la delegación de educación de Salamanca, así como en el DIF del mismo municipio. Tiene una certificación por la SEG como facilitadora del aprendizaje.

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