La presidenta Claudia Sheinbaum, ha seguido con fidelidad las directrices de quien la puso en el puesto y está consciente de su debilidad para controlar a las tribus de MORENA; no tiene el carisma de su antecesor, y debe seguir bajo su sombra en tanto logra cohesionar a su equipo de trabajo -la mitad de quienes conforman su gabinete legal y ampliado-. Una vez que quienes ella designó pretenden integrar sus respectivos equipos de trabajo, se han topado con que a quienes van a sustituir no entregan sus renuncias con el argumento de que a ellos los puso López Obrador, y se sienten con derecho a permanecer en esas posiciones porque son fieles a la causa. Esto es: se niegan a “dejar el hueso”.
En su mensaje de los primeros 100 días como presidenta, los aplausos más rabiosos fueron cuando mencionaba a López Obrador, y se cuidó de mencionarlo como el mejor presidente que ha tenido México.
Otro concepto de AMLO que suele repetir la presidenta es el “humanismo mexicano”, que el pueblo llano poco lo entiende y que más que poseer una carga ideológica, parece ser -más bien- una simple praxis política.
Lo explico:
El primer antecedente de “humanismo mexicano”, lo encontramos en el mensaje de AMLO con motivo de su cuarto año de gobierno, en el que presentó las 110 acciones y logros de su administración, las que, dijo, era su guía, sus principios políticos, económicos y sociales.
Textualmente dijo: “… sigamos haciendo historia. continuemos impulsando la revolución de las conciencias. Hagamos realidad y gloria el humanismo mexicano.”
Con esto definió el modelo de gobierno de la 4T. Su propuesta, así lo mencionó, fue relacionada con la frase atribuida al literato romano Publio Terencio de que “nada humano nos es ajeno”; y agregó: “… nutriéndose de ideas universales, lo esencial de nuestro proyecto proviene de nuestra grandeza cultural milenaria y de nuestra excepcional y fecunda historia política.”
En otra parte de su discurso señaló: “… el fin último de un Estado es crear las condiciones para que la gente viva feliz y libre de miserias y temores (…) El aumento al salario, el reparto de utilidades y los programas para el Bienestar se han convertido en nuevos y eficaces medios para la distribución de la riqueza.”
Estas citas de su mensaje son suficientes para entender su idea del “humanismo mexicano”.
Empecemos a analizarlo:
1.- En los primeros cuatro años de su gestión aplicó medidas populistas para buscar el apoyo social. El diseño de políticas públicas se encaminó a conseguir los votos necesarios para lograr el control del poder legislativo; y lo logró. También consiguió la mayoría de las gubernaturas para su partido: 18; y para 2024 obtuvo 23 de 32.
2.- El siguiente paso fue darle contexto con cierta visión ideológica y un particular sentido social, siguiendo el postulado de su campaña presidencial, “por el bien de todos, primero los pobres”. En esencia, esta es una visión de caridad cristiana; sin embargo, en la praxis política no hizo lo necesario para crear más fuentes de empleo. Durante la pandemia no promovió políticas públicas para conservarlos, ni ayudó a pequeños y medianos empresarios a sostener sus negocios, por lo que muchos quebraron. Su eje fue la transferencia de ayudas directas a la población: a personas de la tercera edad; becas a estudiantes -sin reglas claras y sin tomar en cuenta el mérito para conservarlas-; sembrando vida -que fue un enorme fracaso porque las metas de reforestación nunca se demostró se alcanzaron-, solo por señalar algunos de sus programas.
3.- La justificación a esta praxis política fue denominarla “humanismo mexicano”, seguramente inspirada por alguno de sus ideólogos, como la mejor salida para justificar su populismo, cuya esencia no es sacar de la pobreza a la población -para lo que habría establecido las condiciones para la creación de fuentes de empleo-, sino para conservarlos en tal situación de dependencia en que solo extienden la mano para recibir el dinero de los contribuyentes.
Los autollamados humanistas rechazan la idea Dios, lo cual significa que se catalogan a sí mismos como agnósticos o ateos; no creen en la otra vida; y buscan la felicidad en esta vida. Supuestamente se apoyan en la ciencia para encontrar respuestas a preguntas como la creación; y fundamentan su conducta, decisiones morales y éticas, la empatía y la compasión, en la razón, no en el sentido trascendente de verdad y bien.
AMLO no se define creyente, aunque sí respetó la relación con las iglesias, no lo hizo con valores cristianos como la vida: están imponiendo el aborto en todo el país.
El adjetivo “humanista” tampoco aplica a la presidenta Sheinbaum, que se ha declarado agnóstica.
En este punto es necesario hacer referencia a lo que indica la Doctrina Social de la Iglesia, respecto al cristiano y su relación con la política y el Estado. Para los cristianos, el Estado va siempre después de la persona, y de la comunidad de las personas (sociedad civil). El hombre se encuentra primero a sí mismo y encuentra su dignidad en relación con Dios (ámbito de trascendencia), y luego se realiza a sí mismo en relación con los demás (ámbito social), ambas dimensiones están estrechamente relacionadas entre sí. En cualquier caso, ante todo está la persona, luego la sociedad y, por fin, la organización política del estado.
Por último, Emmanuel Mounier, fundador del personalismo comunitario, aporta elementos que serían aplicables a la conducta observada por López Obrador, que ojalá no siga la presidenta Sheinbaum:
“…nada es más peligroso para el hombre que el hábito de mandar.”
Esta conducta es observable en los dictadores. Para ellos el instinto de mando es su esencia primera. Este tipo de líderes han causado las mayores desgracias, crímenes y vergüenzas de la historia. El poder por el poder mismo, decía Michel Foucault, “se transforma en autoridad y sujeción” y más cuando proviene de personajes mesiánicos, para quienes explotar y gobernar es lo mismo.
Referencias:
DOCAT, p. 187, referencia 197





