¡Comparte con tu red!

Mito y discurso político

por | Política

El discurso político contiene elementos mítico-religiosos de configuración y comprensión de la realidad.

El primer elemento es el sujeto que ha de ser iniciado mediante un ritual (palabras que transfiere realidad y legitimación); tal sujeto puede ser tanto un individuo como el pueblo o la nación, que encarna un espíritu o vocación en la historia. El segundo elemento es la meta que se le propone: la tierra prometida a la que ha de llegar. Ésta puede ser histórica o metahistórica. El tercero es el camino que ha de recorrer (el desierto, la historia, la revolución, etcétera). El cuarto es el enemigo, pues todo camino conlleva riesgos y peligros que acechan, seducen o desvían de la meta y del propio camino. El quinto elemento es la noción de Mesías o salvador. Para vencer al enemigo, y no desviarse de la meta ni del camino, es preciso contar con una ayuda segura y eficaz.

 

El sujeto iniciado

En los mitos arcaicos la iniciación es fundamental para incorporarse a la dimensión plena de lo real, del ser, de la existencia auténtica. Para lograr esto, el ser humano tiene que pasar del ámbito de lo cotidiano al de lo sagrado. Lo sagrado, la sexualidad y la muerte son esos espacios que requieren la conciencia de que el sujeto debe ser iniciado en esos misterios a través de los rituales:

“La iniciación equivale a la madurez espiritual, y en toda la historia religiosa de la humanidad reencontramos siempre este tema: el iniciado, el que ha conocido los misterios, es el que sabe.” (Eliade, 1983: 158-159).

Lo importante es que los seres humanos tengan constantemente —a través de los rituales de repetición— la oportunidad de “instalarse” en el mundo verdadero, en el ser, en el fundamento, en el “centro”, que es lo sagrado. De ahí los arquetipos y repeticiones constantes para renovar un lugar, un espacio, el tiempo mismo. Así, son consagrados el árbol, la montaña, la piedra, el templo, la casa, el cuerpo propio, etcétera. Todo ello con el fin de re-instarse en el ser, en el origen, en el “centro”, de renovarse y de volver a ser creado, purificado, regenerado. Esos mitos se ritualizan con las palabras, los símbolos y, así, indefinidamente, se repiten en un eterno retorno que significa la renovación infinita del ser y en el ser (Eliade, 2000: 11ss).

 

La meta o tierra prometida

Los ritos de iniciación tienen un propósito: revelar cuál es la meta, la tierra prometida, el cielo prometido. La tierra donde mana leche y miel (Números 14, 1.24), donde el pueblo tendrá paz y alimento, justicia y derecho. En el hombre de la conciencia arcaica esa tierra prometida es el “centro”, el origen, donde todo ha comenzado y donde todo se regenera perpetuamente. En Israel esa tierra se da, o se dará, en la historia, en el futuro, cuando se cumpla la promesa de Yahvé: cuando se funde la ciudad santa. El cristianismo, posteriormente, delineó esa ciudad fundada en el cielo desde el origen, que cruza ya en la historia presente, y desemboca nuevamente en ese cielo, de forma eterna.

 

El camino

Para llega a esa tierra prometida hay un camino, hay un tránsito. Ese camino también se revela de manera simbólica y ritual. Es una forma, una manera de conducirse, son mandatos rituales que los miembros del pueblo han de cumplir y han de procurar. Todo está mostrado, revelado, dicho. Falta la fidelidad del sujeto iniciado, del pueblo. El camino es la vía segura para llegar a la meta.

 

El enemigo

Pero hay poderosos y seductores enemigos que nos pueden alejar de la meta y perder en el camino. Las calamidades, las catástrofes, los cataclismos, son tan sólo el lenguaje tanto del pecado cometido por el pueblo —sus dirigentes o sus integrantes— como la muestra del poder del enemigo. Todo sufrimiento, en el hombre de la conciencia arcaica, tiene sentido; toda catástrofe cósmica o militar, encuentra explicación (Eliade, 2000: 94ss): “proviene de la acción mágica de un enemigo, de la infracción de un tabú, del paso por una zona nefasta, de la cólera de un dios o -cuando las demás hipótesis resultan inoperantes- de la voluntad o del enojo del Ser Supremo.” (Eliade, 2000: 97).

 

El mesías

De ahí la necesidad de acudir a quien tiene la clave, las armas, para vencer esos obstáculos. Aquí está el origen simbólico del Mesías, del sacerdote, del rey ideal. No es el ser supremo, sino el servidor por antonomasia del ser supremo. Es quien tiene el encargo de conducir al pueblo a la tierra prometida y de restablecer el orden cósmico, la justicia, la fertilidad de la tierra y la defensa de los débiles, muestras de un reino paradisiaco. Ello muestra la alianza de Dios con Moisés, primero, y luego con David, en la simbología de Israel (Eliade, 1999: 428).

 

Estructura mítica y nuestros días

El mundo es, para tal conciencia, la concurrencia de presencias fastas o nefastas. Dicha estructura prevalece aun en la Modernidad y animó y sigue animando a los planteamientos irreligiosos o ideales de los procesos de secularización de diversa índole. Más todavía: se denota en planteamientos de incredulidad religiosa o de agnosticismo.

Pretendo hacer notar cómo esos cinco elementos planteados se dejan ver en los discursos de actores políticos para legitimar su narrativa, particularmente en tiempos electorales. También busca advertir cómo la sociedad, o algunos sectores de la misma, conecta con esos elementos simbólico-religiosos.

 

El discurso político y su simbología mítica

Lo que quiero mostrar con todo lo anterior es que los discursos políticos tienen esos mismos polos simbólicos de comprensión de las cosas, mejor dicho, de la narrativa que pretenden proponer para el consumo de la sociedad y de los electores en particular. Tales discursos no necesariamente contienen los cinco simbólico-religiosos, a veces es uno, o dos, pero con el suficiente peso para cautivar al pueblo y, en su caso, a los electores. Ilustremos con algunos ejemplos.

 

1. El sujeto iniciado

“Yo veo mucho optimismo en el pueblo de México, diría que la gente está contenta, feliz, hay buen humor en la mayoría del pueblo.”[1]

2. La tierra prometida

“Hay esperanza —que es una fuerza muy poderosa—, la esperanza, eso es lo que hay, afortunadamente, en nuestro país. No veo yo la polarización. Porque eso se da cuando las sociedades están partidas en dos; eso no sucede en nuestro país. Primero porque la mayoría está apoyando la transformación; no es el 50%.”[2]

3. El enemigo

“Entonces, por eso, lo de la polarización, es discurso, son esquemas, términos, palabras que usan siempre los conservadores —que no quieren los cambios—; siempre recurren a eso; decir: «Se está polarizando el país; la clase media no está de acuerdo con la transformación».

“Pues, (ellos) son los que ahora están inconformes, por ejemplo, los ministros de la Corte; pues, hay que entenderlos. ¿Cómo no van a estar inconformes si no quieren perder sus privilegios?”[3]

 

Las aspirantes presidenciales

Las coordinadoras del oficialismo y de la oposición también tienen un discurso simbólico-epistémico que sostiene su narrativa. Claudia Sheinbaum, en una gira en Los Ángeles, dijo: “somos millones y millones de mexicanos y mexicanas que no van a permitir que haya marcha atrás en el país”.[4] Se aprecian aquí dos de los cinco elementos simbólico-religiosos que he mencionado: el sujeto iniciado, los mexicanos, y el riesgo o peligro: “que haya marcha atrás”.

“México ya cambió. México ya no es machista, México permite la participación de las mujeres y México ya no es la dictadura perfecta. México es democrático y va a ser más democrático todavía.”[5] En estas expresiones se muestra la tierra prometida: “México ya cambió” y “México es democrático y va a ser más democrático todavía”.

“para lograr que todo el pueblo de México goce de una vida digna es vital trabajar en unidad. En especial, dijo, “es esencial seguir sumando a más mexicanos y mexicanas al movimiento transformador”.[6]

Xóchitl Gálvez, por su parte, señaló: “Estamos en un momento crucial. Lo que podemos perder no es la elección, es al país. Recuperarlo después será mucho más difícil y levantarlo, mucho peor”.[7]

En esta expresión la imagen de pérdida, el país mismo, está asociada con los símbolos tanto de la tierra prometida —México— como del peligro y riesgo, debido al enemigo.

 

Elecciones presidenciales de 1994 a la fecha

En la elección presidencial de 1994 (cuando Zedillo fue electo) prevaleció la imagen del enemigo: el riesgo amenazante (el caos) se daría si se votaba por una opción distinta al PRI. En la elección del 2000 prevaleció el cambio como tierra prometida: sacar al PRI de Los Pinos fue su imagen. En la elección de 2006 el “peligro para México” se impuso (el enemigo fue el fantasma latente); como hubo polarización, la imagen del “fraude” fue el enemigo para el lado opuesto. En 2012, la imagen que prevaleció fue la del mesías: el rostro guapo de Peña Nieto. En el 2018, la imagen que se impuso en el imaginario colectivo fue la del enemigo: la corrupción excesiva del gobierno de Peña Nieto. Más la imagen del mesías: la persona idónea para combatirla, en ese momento la de López Obrador.

Así, tenemos que, desde 1994, las imágenes míticas que han prevalecido -de las cinco que he mencionado- son dos: la del enemigo y la del mesías. Insisto, no significa que las otras no estén, sino que prevalece una o dos. La pregunta es, para la elección presidencial de 2024, ¿qué imagen mítica prevalecerá?

Conviene tener presente estos elementos epistemológicos de comprensión de la realidad para comprender los fenómenos políticos y sociales.

Dichos elementos pueden estar “vaciados” de su referencia religiosa o sagrada.

———————————————————-

[1] AMLO, Conferencia matutina, 20/oct/2023, https://acortar.link/AdYHbD.

[2] Idem.

[3] Idem.

[4] Redacción, “Llama Sheinbaum a migrantes en EU a formar comités de la 4T”, La Jornada, 22/oct/2023, p. 16.

[5] L. C. Rodríguez, “Estamos en estado de guerra, dice Xóchtl”, El Universal, 22/oct/2023, p. A5.

[6] H. Castellanos-Lazarín, “En LA Sheinbaum promete impulsar reforma migratoria”, Excelsior, 22/oct/2023, p. 2 (Nacional).

[7] L. C. Rodríguez, “Estamos en estado de guerra, dice Xóchtl”, El Universal, 22/oct/2023, p. A5.

Suscríbete a Revista Forja en WhatsApp

Suscríbete grátis a Revista Forja

Suscríbete al canal de Revista Forja en WhatsApp (más privado que un grupo) y recibe cada mes la revista en PDF y artículos como este cada semana.

Autor