Es bastante común afirmar que la historia la escriben los vencidos. De esta suerte, lo que ahí se relata es parcial e inexacto. Solo se refleja lo que es favorable a quien la escribe y se denigra al adversario. Hay, sin embargo, silencios en la historia que pretenden ocultar o minimizar lo ocurrido, como si careciera de valor.
También ocurre que el silencio lo entienden las dos partes como lo mejor. Esto último ha ocurrido muchas veces en la historia de México. La lista de estos hechos sería amplia. Hoy me referiré solo a un hecho: La Cristiada.
En 1926 muchos mexicanos se organizaron la resistir a un gobierno que pretendía someter a la Iglesia Católica. El intento ya estaba plasmado en la Constitución de 1917, cuando por un lado se negaba personalidad jurídica a la Iglesia, pero, por otra parte, se decretaba su sometimiento en el Artículo 130.
Era el fruto de las corrientes jacobinas que habían resultado victoriosas en el Siglo XIX, pero que recrudecieron su acción cuando, primero, los católicos mexicanos recibieron con entusiasmo la encíclica Rerum novarum del Papa León XIII y de diversas formas buscaron cómo aplicar sus principios en la vida social.
Por un lado, se había revitalizado el catolicismo al interior de la Iglesia, surgiendo diversos movimientos con perfil social, como los Caballeros de Colón y la Acción Católica, entre otros.
Apenas florecían estos movimientos cuando se produjo la Revolución Mexicana, que costó la vida a un millón de mexicanos, no tanto por la democracia, la cual se inició tímidamente cuando renunció a la presidencia Porfirio Díaz, sino por el estallido social como consecuencia de injusticias que no habían sido atendidas, a pesar de cierto progreso como consecuencia de las ideas liberales del positivismo de la época.
Durante el primer proceso electoral después del porfirismo, apareció un Partido Católico que logró presencia y triunfos inesperados. Sin embargo, el golpe de Estado contra el Presidente Madero por parte del General Victoriano Huerta, canceló dicho brote democrático.
En ese contexto de confusión y de presiones de Huerta a la Iglesia para que apoyara a su gobierno con recursos, algunos miembros del Partido Católico se alinearon con el golpista. Esto recrudecería el odio jacobino contra la Iglesia, lo cual se tradujo en la legislación contraria a ella.
Venustiano Carranza y los sonorenses que lo apoyaron al inicio, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, se caracterizaron por actividades anticatólicas durante la lucha revolucionaria y cuando se quedaron en el poder pretendieron aplicar la legislación anticatólica.
Los ataques a la Iglesia fueron subiendo de tono: represión a sacerdotes, martirios, profanaciones de templos, expulsión de obispos y hasta un atentado a la imagen de la Virgen de Guadalupe con una bomba.
Tanto obispos como laicos buscaron revertir toda esa acción mediante medios pacíficos. En Guadalajara, encabezados por Anacleto González Flores, los laicos habían logrado revertir una legislación que pretendía el control de sacerdotes y la Iglesia. Pero al no encontrar respuesta de las autoridades, a diferencia de las asonadas que habían caracterizado a la Revolución Mexicana, consultaron si una rebelión armada era lícita.
Hubo diversas opiniones, pero excepto un obispo que prohibió el alzamiento en su diócesis, otros asintieron o simplemente no se opusieron. Fue así como estalló la Guerra Cristera.
ARREGLOS Y SILENCIO
La Guerra Cristera tuvo distintas etapas de triunfos y derrotas, se trató en general de una guerra de guerrillas con pocos encuentros frontales con el ejército y los agraristas que lo apoyaban.
Con la llegada del General Enrique Gorostieta la organización militar mejoró y con ella los triunfos permitieron que hubiera zonas de occidente del país donde se implantara un gobierno cristero y la amenaza de una vitoria de los rebeldes se incrementara.
En ese contexto, el embajador Morrow de los Estados Unidos y diplomáticos de otros países intervinieron para buscar poner fin a la lucha. Al mismo tiempo, algunos prelados mexicanos buscaban esa solución, otros, sin embargo, rechazaban los términos de la propuesta que hacían las autoridades.
Las intrigas llegaron hasta el Vaticano, el cual pidió a los obispos mexicanos que estaban allí y se oponían a esa solución, que se retiraran. También se acusó a los jesuitas de ser los asesores de los cristeros, lo cual desmintieron indicando que solo algunos de ellos daban auxilio espiritual a petición de los mismos. Finalmente, el Papa, con la información disponible dio el visto bueno, o así se informó, para aceptar los arreglos.
El acuerdo de los obispos implicaba la exhortación a los alzados a dar fin a la lucha y entregar las armas, bajo la promesa gubernamental de no realizar represiones. Se puede afirmar que el acto heroico más importante del General Jesús Degollado Guízar, cabeza de los cristeros tras la muerte del General Gorostieta, fue aceptar dicha exhortación, a sabiendas de que el gobierno no respetaría el ofrecimiento de respetar la vida de los que se entregaran, lo cual ocurrió en muchos casos que no huyeron para ponerse a salvo, pues a muchos de ellos se les persiguió a muerte.
Si bien es cierto que los templos se pudieron abrir, las relaciones Iglesia-Estado se mantuvieron tensas durante mucho tiempo. Lo cual llevó a que por parte de los prelados a partir de entonces se guardara silencio sobre la cristiada e, incluso, se desalentó a muchos católicos a participar en la vida pública en oposición al gobierno y a quienes en tiempo de Lázaro Cárdenas se volvieron a levantar en lo que se calificó como “La Segunda”, se les desautorizó y, por lo tanto, a diferencia de lo que había ocurrido con la primera, cuando la sociedad apoyaba a los cristeros con avituallamiento, burlando a las autoridades, ahora se produjo un vacío que llevó al triste fin de la misma por inanición.
Tal parece que se quiso borrar de la historia de México el alzamiento cristero. Sin embargo, algunas novelas como Entre las Patas de los Caballos o Héctor, o algunas biografías del Padre Pro, Luis Navarro Origel o Anacleto González Flores, mantuvieron esa memoria.
También se escribieron historias, como México Cristero de Antonio Rius Facius, las Memorias de Jesús Degollado Guízar, Los Cristeros del Volcán de Colima, y otros libros más que tenían poca penetración y no se les hacía eco.
Fue hasta la aparición de la trilogía La Cristiada, de Jean Meyer, cuando se rompió el cerco del silencio. Curiosamente esta vez la obra fue publicada por una editorial de izquierda, no simpatizante del cristianismo. A partir de entonces, las publicaciones de investigadores se multiplicaron y la Guerra Cristera pasó a ocupar el lugar que le corresponde en la historia de México.
Y, finalmente, la Iglesia Mexicana, durante la última reunión de la Conferencia del Episcopado Mexicano, reconoció el aporte de quienes lucharon como defensores de la fe y en el comunicado final de dicha reunión emitieron un mensaje del cual tomo la referencia correspondiente de manera textual, porque también es un hecho histórico.
El Año 2026: Memoria de la resistencia cristera que nos interpela
“Permítannos hacer memoria de un hecho que no podemos ignorar:
“Apenas unos meses después de la proclamación de la Solemnidad de Cristo Rey, en julio de 1926, entraba en vigor la llamada “Ley Calles” en nuestro país que desató la persecución religiosa más cruenta de nuestra historia. Es por ello que, en enero de 1927, el pueblo católico, reprimido, inició el levantamiento armado conocido como la Resistencia Cristera.
“¿Una casualidad? No, hermanos: Un acontecimiento providencial.
“Cuando el Estado totalitario intentó imponer su dominio absoluto sobre las conciencias, nuestros mártires comprendieron con claridad meridiana la centralidad de Jesucristo: morir gritando ¡Viva Cristo Rey! era afirmar que ningún poder humano puede reclamar la soberanía absoluta sobre la persona y la conciencia. Era decir con la vida lo que proclamaban con los labios: Cristo es Rey, no el Estado opresor; Cristo es Rey, no el dictador en turno que se envuelve en su soberbia.
“Queremos honrar hoy la memoria de los más de 200 mil mártires que entregaron sus vidas defendiendo su fe: Niños, jóvenes, ancianos; campesinos, obreros, profesionistas; sacerdotes, religiosos laicos; El México heroico de los cristeros que dieron su vida por una causa sagrada, por la libertad de creer y de vivir según su fe, todos ellos escribieron una página luminosa en la historia de la Iglesia universal y de “nuestra patria.
“El centenario del 2026 no puede ser una mera conmemoración nostálgica. Debe ser un examen de conciencia y un compromiso renovado. Nuestros mártires nos preguntan hoy: ¿Estamos dispuestos a defender nuestra fe con la misma radicalidad? ¿Hemos perdido el sentido de lo sagrado? ¿Nos hemos acomodado a una cultura que quiere relegar la fe al ámbito privado?”
Mucho más habría que decir sobre los cristeros, pero esto es suficiente. Honor a quienes defendieron la fe y el derecho humano a la libertad religiosa.
Cita este artículo
De Jesús Castellanos López, J. (2026, 20 enero). La Cristiada emerge reivindicada del silencio histórico. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/la-cristiada-emerge-reivindicada-del-silencio-historico/
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Número 51, año 5, diciembre 2025 https://revistaforja.org/revista-forja-para-el-bien-comun-num-51-5-aniversario





