Jóvenes, entre la exclusión y la esperanza

Virginia Irlanda Arellano Beltrán

Jóvenes, entre la exclusión y la esperanza
Muchos de los casos de delincuencia juvenil están ligados a problemáticas más profundas y sistematizadas, las cuales es necesario estudiar y comprender si queremos cambiar esta realidad.

Estoy atendiendo mi pequeño negocio, de frente tengo una tienda de abarrotes, la gente va y viene de manera ordinaria, de pronto un vecino entra a la tienda, a su salida coloca algo en la puerta, no se alcanza a distinguir que es, pero es evidente que lo hace de manera “discreta”, al poco tiempo sale una mujer joven de la tienda para alcanzarlo a media cuadra, le da algo y ella regresa para tomar lo que aquel vecino dejo en la puerta…

Esta escena se repite, ahí y en otros lugares, muchos jóvenes se concentran en un camellón, en una zona muy concurrida de la ciudad donde se dan cita para recoger lo que les han “dejado” en un árbol. Tan a la vista de todos, menos para la autoridad, que indolente, corrupta o rebasada, no hace nada ante estas redes de distribución de “productos ilícitos”.

Tantos jóvenes enganchados, presas de la narco cultura que alimentan las redes sociales, las series, los músicos, sumado al deterioro de la familia, quedan a merced del crimen organizado, de los políticos que los utilizan para cumplir sus fines.

En el reporte 18/25 presentado con fecha 14 de julio de 2025 por el INEGI sobre personas adolescentes en conflicto con la ley podemos observar un aumento alarmante y doloroso de adolescentes involucrados en la comisión de delitos. De acuerdo a este informe de 2021 a 2023 hubo un aumento de 45.0 % de adolescentes imputados, para el 2023, 32 852 hombres, 6,629 mujeres y 767 no identificados, fueron procesados concentrándose en los estados de Nuevo León, Estado de México, Guanajuato, Sonora, Jalisco y Chihuahua. Claro que esta información es solo un reflejo, pues muchos casos no presentan denuncia y cada vez es más común saber de casos cercanos en donde los jóvenes se involucran en drogas o algún otro tipo de delitos. Esta es una preocupación creciente en las sociedades modernas, pues este fenómeno pone en riesgo la paz, haciendo evidente la pérdida de valores comunitarios, la desigualdad, la falta de oportunidades.

Esta problemática no puede verse únicamente como consecuencia de decisiones individuales. Muchos de los casos de delincuencia juvenil están ligados a problemáticas más profundas y sistematizadas, las cuales es necesario estudiar y comprender si queremos cambiar esta realidad.

La desigualdad social, los contextos de vulnerabilidad, la pobreza, el desempleo, la falta de acceso a una educación de calidad y la exclusión social son factores que limitan las opciones de vida de muchos jóvenes. Cuando las instituciones no logran ofrecer oportunidades reales de desarrollo, el delito aparece como una vía —aunque equivocada— para obtener reconocimiento, ingresos o sentido de pertenencia.

No podemos dejar pasar la dolorosa realidad de la desintegración familiar. La falta de apoyo afectivo, la violencia doméstica, la ausencia de figuras parentales o la falta de comunicación dentro del hogar, influyen directamente en el comportamiento de los adolescentes. Muchos jóvenes encuentran en las pandillas o grupos delictivos un sustituto simbólico de la familia: un espacio donde se sienten aceptados, protegidos y valorados, aunque sea bajo normas contrarias a la ley.

Desafortunadamente, la “modernidad” parece poco interesada en fortalecer la familia, comunidad primaria indispensable para revertir tantos males sociales.

¿Será que tendremos que acostumbrarnos a vivir en un entorno violento, que debilita la esperanza?¿Qué tan dispuestos estamos al compromiso?¿Realmente podemos hacer algo? La respuesta sin duda es sí, pero será necesario el esfuerzo coordinado de muchos, la exigencia a la autoridad y el compromiso individual que cambie nuestro metro cuadrado.

Algunas medidas pueden ser:

Fortalecimiento de la educación, la escuela no solo debe ser un espacio de transmisión de conocimiento y de aprendizaje técnico, sino una comunidad donde se trabaje en el desarrollo integral de la persona, cuidando todas sus dimensiones: física, emocional, afectiva, psicológica, espiritual, etc.

El involucramiento de los padres será vital para evitar el adoctrinamiento y la manipulación. Así como el reconocimiento y fortalecimiento de la figura del docente, como transformador.

Fortalecer espacios de recreación que permitan la sana convivencia, no solo como programas sociales que adornen los informes de gobierno, sino como auténticos espacio de fomento a la cultura y el deporte que potencialicen las capacidades y habilidades de los jóvenes.

Impulsar la participación y liderazgo juvenil, de manera que identifiquen y se comprometan con las necesidades de su comunidad y la enriquezcan con su creatividad.

Fortalecimiento de la familia, para proteger el espacio ideal de prevención y desarrollo sano. Aquí los jóvenes tienen su primera vivencia de comunidad.

Impulsar la participación comunitaria por medio de grupos vecinales, grupos de padres de familia, actividades de Iglesia, etc.

Revisión y control de los sistemas de reinserción, de los programas y espacios en donde se tratan las adicciones, pues es sabido que muchos de estos lugares se vuelven escuelas del delito y negocio para grupos que no se preocupan de manera autentica por la persona, propiciando condiciones en donde se cometen actos atroces como la trata, abusos, violencia, etc.

Establecimiento de leyes, que pongan frenos a los medios de comunicación y redes sociales que se han vuelto promotores de modelos negativos y de poco valor social, al igual que en la tiendita o el árbol, muchos espacios virtuales fortalecen personajes que a todas luces están cometiendo delitos, exaltando esa “Cultura”, y lo estamos respaldando y empoderando.

Será necesario acompañar a nuestros jóvenes, caminar a su lado. Invertir en ellos, es invertir en el futuro de todos, es construir la paz, es fortalecer a la comunidad para darle un nuevo rostro a nuestra patria, ayudemos para que pasen de la exclusión a la esperanza.

Autor

  • Docente de Colegio de Bachilleres de Irapuato. Estudió Diseño Gráfico en la Universidad Latina de México en Celaya y Derecho en el Centro de Estudios Universitarios Allende. Actualmente es Delegada por Guanajuato de la Comisión Mexicana de Derechos Humanos y miembro de Alianza de Maestros. Ganadora del concurso municipal de ensayo convocado por el IEEG con el tema de paridad de género en los procesos electorales. Creadora del proyecto Onda México, encaminado a la formación integral de los jóvenes el cual se desarrolló y aplico en educación secundaria en la delegación de educación de Salamanca, así como en el DIF del mismo municipio. Tiene una certificación por la SEG como facilitadora del aprendizaje.

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