Importancia de la familia en Sto. Tomás Moro

Israel Sánchez Martínez

Importancia de la familia en Sto. Tomás Moro
El ejemplo de Tomas Moro nos invita a reflexionar en que nuestro papel en la familia no se circunscribe al ámbito privado, sino que también tenemos responsabilidad con el bien común de la sociedad, que implica el bien de la familia. Procuremos imitar y profundizar las tres virtudes heroicas que marcaron la vida de este santo para que podamos lograr, con oración y valentía, mejoras significativas para la familia y para la sociedad; y defenderlas valientemente de los embates de las ideologías que hoy nos gobiernan.

Cuando hablamos del venerable y santo patrono de los políticos, Santo Tomás Moro (1478–1535), nos referimos a tres elementos principales que caracterizan su vida y obra: su profesionalismo, experiencia como abogado y su docto conocimiento de las leyes de la época.

Su desarrollo profesional, sin duda estaba marcado el privilegio de la educación de la Edad Media, caracterizada por la formación jesuítica, que recuperaba la riqueza del pensamiento filosófico aristotélico-tomista.

Adicionalmente, su formación religiosa fue fundamental para el papel que desempeñó como servidor público, consejero, abogado, escritor y formador, en los que obtuvo grandes logros en beneficio de la sociedad de la época. Su talla intelectual y profesional quedaron plasmadas en sus escritos; y su grandeza humana en su testimonio de vida.

El segundo elemento se refiere a su papel en el servicio público.

Tomás Moro consideraba que el deber del servidor público era buscar el bien de toda la comunidad, no el beneficio personal o del gobernante. Cuando fue elegido miembro del Parlamento inglés, en 1504, mostró independencia de pensamiento y una firme defensa de los valores cristianos y de la justicia.

En el gobierno y la Corte, sirvió como embajador en misiones diplomáticas para el rey Enrique VIII, especialmente en negociaciones con países europeos. Su capacidad e interlocución con otras autoridades y su visión para solucionar problemas en el ámbito público, le valieron para ser nombrado Caballero e integrarse en el Consejo Privado del rey, participando activamente en decisiones políticas y judiciales, alcanzando el cargo más alto de un funcionario no eclesiástico: Lord Canciller, equivalente a Primer Ministro o jefe del Poder Judicial de su época.

En el reinado de Enrique VIII se destacó por tres acciones: combatir la corrupción; defender la ley y el orden; y, oponerse a la Reforma Protestante, y al divorcio del rey. Hoy Santo Tomás Moro es un referente para entender que el servicio público también resalta las mejores capacidades de la persona, su contribución al bien común y al bien trascendente: gobernar para la santidad.

El tercer elemento resalta su vida y testimonio como ser religioso, como creyente y católico, terreno en el que dio testimonio de que su fe tenía que ver con todo lo que él hacía: su vida privada, familiar, social, pública, académica, profesional, etc.; de lo necesaria que es la vida y la dirección espiritual en lo cotidiano.

Tomás Moro quedó marcado en su juventud por la experiencia de la vida contemplativa, que abrazó por el año 1503 en el Monasterio de los Cartujos de Londres -o London Charterhouse-, que años más tarde aportó religiosos mártires como resultado de la sangrienta Reforma Protestante de Enrique VIII.

Esta etapa de su vida lo marcó profundamente; y sus frutos se vieron en su familia, acción pública y carrera profesional, en los que contribuyó notablemente al bien común. La heroicidad en la vivencia de las virtudes cristianas fueron pruebas irrefutables en su paso hacia los altares: fue beatificado en 1886 y canonizado -como mártir-, en 1935, por el papa Pío XI. En octubre del año 2000, dentro del Jubileo del Tercer Milenio, S. S. San Juan Pablo II lo declaró Patrono de los Políticos, dejando como fecha de su festividad el día 22 de junio.

Poco se entenderían las tres dimensiones de su vida mencionadas, si se desconoce la importancia de la familia en la vida y obra de Santo Tomás Moro. Santo Tomás Moro no desarrolló su vida pública y profesional en un estricto sentido personal. Su referente y motivación siempre fue su amada familia, a la que sirvió con entrega, integridad y responsabilidad.

En los registros encontrados para su proceso de beatificación se cuenta que su padre, Sir John More, un juez respetado de la corte inglesa, influyó en la formación legal y ética de Tomás; de su Madre Agnes Graunger se sabe poco, ya que murió cuando Tomás era joven. Lo vivido en su familia marcó el rumbo de su existencia, especialmente la figura paterna en su integridad, la cual, años más tarde, supo trasplantar a su propia familia.

Con su primera esposa, Jane Colt -quien murió muy joven-, tuvo cuatro hijos: Margaret (Meg), Elizabeth, Cecily y su hijo John. Meg, era la hija favorita de Tomás Moro. Con ella solía mantener correspondencia -incluso durante su estadía en la prisión- en las que a pesar de los intentos de disuadirlo, siempre se le respetó en sus decisiones. En ellas dejó un importante testimonio de la atención y fervor que procuraba a su familia; así como de la importancia que le dio a vivir su fe y sus convicciones con valor y compromiso. Sobre este tema recomiendo la lectura de A Daughter’s Love, de John Guy, quien retrata la genealogía, características y escritos familiares incluidas las de antes de su ejecución, el 6 de julio de 1535.

Hay para quienes Tomás Moro es su vida pública; y su vida familiar corresponde a su vida oculta. Aunque es cierto que está marcado por su acción en lo público, esto, repito, no se entiende si se desconoce su ámbito familiar como hijo y como padre de familia.

Su obra pública y profesional refleja los valores que recibió de sus padres: su fe, la preparación profesional, el compromiso de poner al servicio de los demás sus talentos, etc. En este sentido, Tomás Moro entendió que el cumplimiento de su misión trascendente incluía a su familia, a la que no solo le dio ejemplo de cómo vivir heroicamente las virtudes cristianas, sino que también los educó en ellas. Este legado ha perdurado a lo largo del tiempo y nos deja grandes aprendizajes.

Como en la vida de muchos santos, la oración en familia es una semilla fecunda que hace crecer y fortalece la fe, ayuda a profundizar en el conocimiento, el amor y el servicio a Dios y a los demás.

Tomás Moro supo armonizar su compromiso por el bien público sin descuidar sus responsabilidades familiares. En lo público aceptó los cargos y con toda humildad, reconocía que lo hacía por Dios y por su familia. En sus escritos encontramos a un personaje público preocupado por la familia.

La familia es el elemento fundante de la sociedad: no hay sociedad sin familia. Así, la vida pública es un reflejo de nuestra complementariedad familiar. Esto es: no podemos concebir una buena vida pública sin una buena vida familiar. Si la familia está en crisis, la sociedad está en crisis; si la familia es saludable, la sociedad, también lo es. La importancia de la familia en la sociedad es uno de los grandes legados que nos deja el Santo Patrón de los políticos.

El trabajo de los políticos en favor del bien común pasa por el bien de la familia, en hacer posible lo que la une y fortalece. Los políticos, para construir una mejor sociedad, requieren empeñarse en mejorar la cultura, salud, educación, empleo, deporte; y contrarrestar los males que la aquejan y debilitan. Éstos principios fundamentales en favor de una familia y una sociedad fuertes, los dejó muy claros Tomás Moro en su obra Utopía, donde él plasmó su particular punto de vista sobre cómo debía ser la sociedad.

Reitero: la vida y obra de Tomás Moro -marcada por la profunda vivencia de su fe en el ámbito público-, que contribuyó al fortalecimiento de la vida cristiana en el espacio público, tuvieron su origen en la familia: en las enseñanzas y testimonios de sus padres, y en la familia que formó.

Su amor a la verdad y a la familia le dieron la fortaleza para señalarle al rey Enrique VIII la gravedad de la separación y divorcio de Catalina de Aragón; y las consecuencias -internas y externas- que traerían para él y para la sociedad. De ellas fue testigo Tomás Moro, quien pagó con su vida ser congruente con la verdad y con sus principios.

La última lección de integridad de Tomás Moro no solo fue para su familia y para el rey, sino también para los gobernantes y para la propia sociedad: antes que defender la verdad y la familia, las hizo vida y las promovió con su testimonio e ideas.

El ejemplo de Tomás Moro nos invita a reflexionar en que nuestro papel en la familia no se circunscribe al ámbito privado, sino que también tenemos responsabilidad con el bien común de la sociedad, que implica, repito, el bien de la familia.

Procuremos imitar y profundizar las tres virtudes heroicas que marcaron la vida de este santo para que podamos lograr, con oración y valentía, mejoras significativas para la familia y para la sociedad; y defenderlas valientemente de los embates de las ideologías que hoy nos gobiernan.

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