Resumen
El presente ensayo ofrece un análisis histórico-doctrinal comparado del Mensaje del Santo Padre León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero de 2026 (Publicado el 8 de diciembre de 2025), titulado La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”, situándolo en continuidad crítica con los principales documentos de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). A partir del estudio sistemático de Pacem in terris, Gaudium et spes, Populorum progressio, Caritas in veritate y Fratelli tutti, el trabajo demuestra que el Mensaje de León XIV constituye un desarrollo orgánico del magisterio social, al integrar desafíos propios del siglo XXI: la normalización cultural del miedo, el rearme global, la tecnificación de la violencia, la erosión del derecho internacional y la delegación de decisiones morales a sistemas automatizados. El artículo sostiene que la categoría de paz “desarmada y desarmante” articula, de modo coherente, conversión personal, transformación cultural, justicia estructural y fortalecimiento institucional, ofreciendo un marco teórico robusto para la reflexión ética, política y social contemporánea.
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Introducción
La paz ocupa un lugar estructural en la reflexión social de la Iglesia y constituye uno de los ejes vertebradores de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Desde mediados del siglo XX, el Magisterio ha insistido en que la paz no puede reducirse a la mera ausencia de guerra, sino que debe comprenderse como un orden moral y social justo, fundado en la dignidad intrínseca de la persona humana y orientado al bien común. Esta comprensión quedó formulada de manera programática en Pacem in terris, donde san Juan XXIII afirmó que “la paz en la tierra, anhelo profundo de todos los hombres de todos los tiempos, no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios” (Juan XXIII, 1963, n. 1).
Esta afirmación marcó un giro decisivo en el pensamiento social católico, al situar la paz no en el equilibrio de fuerzas ni en la disuasión armada, sino en un entramado de relaciones jurídicas, políticas y culturales sostenidas por la verdad, la justicia, el amor y la libertad. En el mismo documento, el Papa advertía que la carrera armamentista generaba un clima de temor permanente entre los pueblos: “los pueblos viven bajo un continuo miedo, porque mientras unos se arman, otros se ven obligados a hacerlo también” (Juan XXIII, 1963, n. 60). Esta crítica a la lógica del miedo como fundamento del orden internacional constituye un punto de referencia imprescindible para cualquier reflexión posterior sobre la paz.
El Concilio Vaticano II profundizó esta perspectiva al abordar la cuestión de la guerra y la paz en la Constitución pastoral Gaudium et spes. Allí se reconoce que el desarrollo de armas con capacidad destructiva masiva ha introducido a la humanidad en una situación moral inédita: “las acciones bélicas que tienden indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones y de sus habitantes son un crimen contra Dios y contra el mismo hombre” (Concilio Vaticano II, 1965, n. 80). Esta condena no se limita a un juicio ético abstracto, sino que interpela directamente a la responsabilidad política y moral de los Estados y de quienes toman decisiones en materia de seguridad y defensa.
En continuidad con este planteamiento, Pablo VI introdujo una ampliación decisiva del concepto de paz al vincularlo estructuralmente con el desarrollo humano integral. En Populorum progressio formuló una tesis que se convertiría en un principio axial de la DSI: “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz” (Pablo VI, 1967, n. 87). Con ello, la paz dejó de entenderse únicamente en clave geopolítica o militar para incluir las condiciones económicas, sociales y culturales que hacen posible una convivencia justa y estable. La pobreza, la desigualdad y la exclusión pasaron a ser reconocidas no sólo como problemas sociales, sino como factores que erosionan la paz.
Este enfoque integral fue retomado y profundizado por Benedicto XVI en Caritas in veritate, donde subrayó que la promoción de la justicia y de la paz pertenece intrínsecamente a la misión evangelizadora de la Iglesia. El Papa afirmó con claridad: “la caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia” (Benedicto XVI, 2009, n. 2) y añadió que la acción social cristiana no puede disociarse de la verdad sobre el hombre, porque “a Cristo le interesa todo el hombre” (Benedicto XVI, 2009, n. 15). Esta visión refuerza la idea de que la paz no es una cuestión sectorial, sino una dimensión constitutiva de la vida personal y social.
Más recientemente, el papa Francisco ofreció una relectura de la paz en clave de fraternidad y amistad social en la encíclica Fratelli tutti. En este documento, el Pontífice cuestiona de manera frontal la pretendida racionalidad de la guerra en el mundo contemporáneo: “ya no podemos pensar en la guerra como solución, porque los riesgos probablemente siempre serán superiores a la hipotética utilidad que se le atribuye” (Francisco, 2020, n. 258). Al mismo tiempo, propone la fraternidad como categoría política y social, afirmando que “la paz social es trabajosa, artesanal” y requiere procesos largos de reconciliación y encuentro (Francisco, 2020, n. 217).
Es en este horizonte doctrinal donde se sitúa el Mensaje del Santo Padre León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz 2026 (publicado el 8 de diciembre de 2025), titulado La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”. Desde su inicio, el Mensaje adopta una perspectiva explícitamente cristológica al retomar el saludo pascual del Resucitado: “La paz esté con ustedes” (Jn 20,19.21). León XIV subraya que no se trata de un mero deseo, sino de una palabra eficaz: “no es un simple saludo, sino una realidad viva, capaz de realizar un cambio definitivo en quien la recibe y, de ese modo, en toda la realidad” (León XIV, 2025).
La originalidad del Mensaje radica en la articulación de una doble categoría: una paz desarmada, que renuncia a la violencia como medio legítimo, y una paz desarmante, capaz de transformar las conciencias, las culturas y las estructuras que sostienen la lógica del conflicto. En palabras del propio Pontífice, se trata de una paz que “no se impone con la fuerza, sino que nace de la verdad, del amor y de la justicia, y por ello tiene la capacidad de desarmar los corazones” (León XIV, 2025).
El presente artículo se propone analizar este Mensaje en diálogo comparado con los principales documentos de la Doctrina Social de la Iglesia, con el fin de mostrar que la propuesta de León XIV no constituye una ruptura, sino un desarrollo orgánico del Magisterio social, que responde a desafíos específicos del siglo XXI: la normalización cultural del miedo, el rearme global, la tecnificación de la violencia y la fragilidad del orden internacional. La hipótesis central sostiene que la noción de paz “desarmada y desarmante” ofrece una categoría integradora que permite articular conversión personal, transformación cultural, justicia estructural y fortalecimiento institucional, aportando así un marco teórico sólido para la reflexión académica y la acción pública contemporánea.
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Metodología y marco teórico
El presente ensayo adopta una metodología cualitativa de análisis documental, centrada en el examen sistemático de textos magisteriales considerados fuentes primarias normativas de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Esta opción metodológica responde a la naturaleza del objeto de estudio: un Mensaje pontificio y su inserción en una tradición doctrinal viva, cuyo desarrollo no puede ser evaluado mediante herramientas cuantitativas, sino a través de una hermenéutica teológico-social rigurosa.
La investigación se fundamenta en el análisis comparado de documentos del Magisterio social, entendidos no como textos aislados, sino como parte de un corpus doctrinal orgánico. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia ofrece el marco normativo para esta aproximación, al señalar que la DSI constituye “una enseñanza orgánica que se desarrolla gradualmente, a la luz de los acontecimientos históricos” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2004, n. 85). Esta afirmación justifica metodológicamente la comparación entre documentos de distintos momentos históricos, siempre que se respete la continuidad de los principios fundamentales.
2.1. Enfoque hermenéutico-comparativo
El método empleado es hermenéutico-comparativo, orientado a identificar continuidades doctrinales, desplazamientos de énfasis y desarrollos conceptuales entre los textos analizados. Desde esta perspectiva, el análisis no busca contraponer documentos, sino ponerlos en diálogo, reconociendo que el Magisterio social “no ofrece un sistema cerrado, sino una reflexión abierta, atenta a los signos de los tiempos” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2004, n. 85).
Este enfoque se apoya en la enseñanza conciliar de Gaudium et spes, que establece como principio metodológico el discernimiento histórico: “es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio” (Concilio Vaticano II, 1965, n. 4). En consecuencia, el Mensaje de León XIV es leído no sólo como un texto doctrinal, sino como una respuesta magisterial a un contexto histórico concreto marcado por la persistencia de conflictos armados, el rearme global, la tecnificación de la violencia y la fragilidad del orden internacional.
2.2. Desarrollo orgánico del Magisterio como marco teórico
El marco teórico del estudio se articula en torno al concepto de desarrollo orgánico del Magisterio, entendido como la continuidad dinámica de la enseñanza social de la Iglesia a través del tiempo. Este concepto evita tanto una lectura rupturista como una interpretación meramente repetitiva de los textos magisteriales. Benedicto XVI expresó esta lógica de continuidad al afirmar que la doctrina social “es una enseñanza que se renueva constantemente, manteniéndose fiel a los principios fundamentales” (Benedicto XVI, 2009, n. 12).
Desde esta perspectiva, los documentos sociales no se sustituyen unos a otros, sino que se iluminan recíprocamente. Así, Pacem in terris aporta el fundamento jurídico-moral de la paz; Gaudium et spes introduce la conciencia del riesgo existencial de la guerra moderna; Populorum progressio vincula la paz con el desarrollo integral; Caritas in veritate integra caridad y verdad en la acción social; y Fratelli tutti propone la fraternidad como categoría política. El Mensaje de León XIV se sitúa en esta secuencia como un desarrollo que responde a desafíos emergentes del siglo XXI.
2.3. Criterios de selección de fuentes
Las fuentes primarias analizadas fueron seleccionadas con base en tres criterios:
- Autoridad magisterial: se incluyen únicamente documentos pontificios o conciliares con reconocimiento normativo dentro de la DSI.
- Relevancia temática: los textos abordan explícitamente la paz, la guerra, la justicia social o el orden internacional.
- Continuidad histórica: los documentos permiten reconstruir una línea evolutiva del concepto de paz desde mediados del siglo XX hasta la actualidad.
Este criterio se fundamenta en la afirmación del Compendio de la DSI de que la doctrina social “no se limita a recoger principios generales, sino que se expresa en documentos que responden a situaciones históricas concretas” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2004, n. 86).
2.4. Categorías analíticas
Para el análisis comparado se emplean las siguientes categorías analíticas, derivadas de la propia DSI:
- Paz: entendida como orden moral y social justo, no como mera ausencia de guerra (Juan XXIII, 1963, n. 1).
- Violencia y guerra: evaluadas desde la responsabilidad moral y la dignidad humana (Concilio Vaticano II, 1965, n. 80).
- Desarrollo integral: como condición estructural de la paz (Pablo VI, 1967, n. 87).
- Fraternidad y amistad social: como categorías políticas (Francisco, 2020, n. 180).
- Conversión cultural y ética: como dimensión interior de la paz (Benedicto XVI, 2009, n. 51).
Estas categorías permiten estructurar el análisis de manera coherente y evaluar la aportación específica del Mensaje de León XIV sin aislarlo del conjunto del Magisterio social.
2.5. Alcances y límites del ensayo
El alcance del ensayo es teórico-doctrinal. No pretende evaluar políticas públicas concretas ni medir empíricamente conflictos armados, sino ofrecer un marco conceptual sólido para la reflexión ética y política. Este enfoque responde a la naturaleza misma de la DSI, que “no propone modelos técnicos, sino principios de reflexión, criterios de juicio y orientaciones para la acción” (Juan Pablo II, 1987, n. 41).
Entre los límites del ensayo se reconoce que el análisis se centra exclusivamente en fuentes magisteriales y no incorpora de manera sistemática aportes de teorías seculares de la paz o de las relaciones internacionales. No obstante, esta delimitación es coherente con el objetivo del ensayo, que busca esclarecer la aportación específica de la Doctrina Social de la Iglesia al debate contemporáneo sobre la paz.
2.6. Justificación metodológica del enfoque propuesto
Finalmente, la elección de este enfoque metodológico se justifica por la convicción, expresada reiteradamente por el Magisterio, de que la paz no es sólo un problema técnico, sino un desafío moral y cultural. Como afirma Fratelli tutti, “la paz social es trabajosa, artesanal”, y requiere procesos largos de transformación personal y colectiva (Francisco, 2020, n. 217). En este sentido, el análisis doctrinal comparado permite identificar los criterios éticos que deben orientar dichos procesos y situar la propuesta de León XIV en el horizonte más amplio de la tradición social de la Iglesia.
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Pacem in terris: el fundamento moral y jurídico de la paz
La encíclica Pacem in terris, promulgada por san Juan XXIII el 11 de abril de 1963, constituye uno de los textos fundacionales de la reflexión contemporánea de la Iglesia sobre la paz. Su relevancia histórica y doctrinal radica en haber formulado, por primera vez de manera sistemática, una comprensión de la paz como orden moral y jurídico, superando tanto las lecturas meramente espirituales como las aproximaciones exclusivamente estratégicas o militares.
Desde su inicio, la encíclica establece con claridad el principio rector de toda la reflexión posterior: “La paz en la tierra, anhelo profundo de todos los hombres de todos los tiempos, no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios” (Juan XXIII, 1963, n. 1). Esta afirmación introduce una tesis decisiva para la Doctrina Social de la Iglesia (DSI): la paz no es un producto del equilibrio de fuerzas, sino el fruto de un orden objetivo que hunde sus raíces en la verdad sobre la persona humana.
3.1. Paz, dignidad humana y derechos fundamentales
Uno de los aportes más significativos de Pacem in terris es la articulación explícita entre paz, dignidad humana y derechos fundamentales. Juan XXIII sostiene que toda convivencia pacífica se apoya en el reconocimiento efectivo de la dignidad de la persona y de los derechos que de ella se derivan. En este sentido, afirma: “todo ser humano es persona, es decir, naturaleza dotada de inteligencia y de voluntad libre; y por ello mismo es sujeto de derechos y deberes que dimanan inmediata y simultáneamente de su misma naturaleza” (Juan XXIII, 1963, n. 9).
Esta concepción introduce una dimensión jurídica esencial en la noción de paz. La paz no se limita a la ausencia de violencia, sino que exige estructuras legales y políticas que garanticen el respeto efectivo de los derechos humanos. La encíclica enumera de manera detallada estos derechos —a la vida, a la integridad corporal, a los medios necesarios para un digno nivel de vida, a la libertad religiosa, entre otros— y los presenta como condiciones indispensables para una paz auténtica (Juan XXIII, 1963, nn. 11–27).
Desde esta perspectiva, la paz se convierte en una categoría normativa: allí donde los derechos humanos son sistemáticamente vulnerados, no puede hablarse propiamente de paz, aun cuando no exista un conflicto armado abierto.
3.2. Crítica a la lógica del miedo y a la carrera armamentista
Otro eje central de Pacem in terris es su crítica frontal a la carrera armamentista como fundamento del orden internacional. En un contexto marcado por la Guerra Fría y la amenaza nuclear, Juan XXIII denuncia con lucidez la irracionalidad de una paz basada en el miedo: “la justicia, la recta razón y el sentido de la dignidad humana reclaman urgentemente que se ponga fin a la carrera de armamentos” (Juan XXIII, 1963, n. 112).
El Papa advierte que la acumulación de armas no genera seguridad, sino un clima permanente de sospecha y temor entre los pueblos: “los pueblos viven bajo un continuo miedo, porque mientras unos se arman, otros se ven obligados a hacerlo también” (Juan XXIII, 1963, n. 60). Esta observación posee una notable actualidad y anticipa críticas posteriores al paradigma de la disuasión nuclear.
La encíclica va más allá de una simple exhortación moral y plantea la necesidad de un desarme progresivo, equilibrado y controlado: “es necesario detener la carrera de armamentos, reducir simultáneamente y de manera eficaz los arsenales ya existentes y, finalmente, prohibir las armas nucleares” (Juan XXIII, 1963, n. 112). Aquí se vislumbra ya una comprensión de la paz inseparable del derecho internacional y de mecanismos institucionales de verificación y confianza mutua.
3.3. Orden jurídico internacional y autoridad pública mundial
Un tercer aporte fundamental de Pacem in terris es su reflexión sobre el orden internacional. Juan XXIII sostiene que la interdependencia creciente entre los pueblos exige una regulación jurídica supranacional capaz de garantizar el bien común universal. En este sentido, afirma: “el bien común universal plantea hoy problemas de dimensión mundial, que no pueden ser afrontados ni resueltos eficazmente si no es por medio de una autoridad pública con poder, organización y medios adecuados” (Juan XXIII, 1963, n. 137).
Esta afirmación resulta particularmente innovadora, ya que introduce la noción de una autoridad internacional fundada no en la imposición, sino en el consenso y en el derecho. Dicha autoridad debe actuar “con procedimientos jurídicos y no con el uso de la fuerza” (Juan XXIII, 1963, n. 138). La paz, por tanto, requiere instituciones internacionales fuertes, legítimas y orientadas al servicio del bien común.
Esta concepción jurídica de la paz tendrá una influencia decisiva en el desarrollo posterior de la DSI, especialmente en documentos que subrayan la importancia del multilateralismo y del derecho internacional como condiciones para una convivencia pacífica entre las naciones.
3.4. Vigencia de Pacem in terris en el Mensaje de León XIV
El Mensaje de Su Santidad León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz (2026) se sitúa explícitamente en continuidad con Pacem in terris. El Papa retoma la crítica a una paz fundada en el miedo y la proyecta al contexto actual, caracterizado por el incremento del gasto militar global y la persistencia de la disuasión como paradigma dominante. León XIV advierte que las relaciones internacionales basadas “no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en el miedo y en el dominio de la fuerza” constituyen una negación de la paz auténtica (León XIV, 2025).
Asimismo, la insistencia de Pacem in terris en el desarme y en el fortalecimiento del orden jurídico internacional encuentra eco en la propuesta de una paz “desarmada y desarmante”. Esta categoría no sólo actualiza el llamado al desarme material, sino que profundiza su dimensión cultural y ética, subrayando la necesidad de desarmar las conciencias y las narrativas que legitiman la violencia.
3.5. Síntesis doctrinal
En síntesis, Pacem in terris establece los pilares morales y jurídicos sobre los cuales se edifica la reflexión posterior de la Doctrina Social de la Iglesia sobre la paz. Al definir la paz como orden fundado en la dignidad humana, los derechos fundamentales, el derecho internacional y la superación del miedo, la encíclica ofrece un marco normativo que conserva plena vigencia.
El Mensaje de León XIV no sólo retoma estos principios, sino que los desarrolla frente a nuevos desafíos históricos. La paz “desarmada y desarmante”, aparece así como una actualización coherente del legado de Pacem in terris, capaz de articular ética personal, estructuras jurídicas y cultura política en un mundo marcado por profundas transformaciones.
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Gaudium et spes: guerra moderna y responsabilidad moral
La Constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II representa un punto de inflexión decisivo en la reflexión moral de la Iglesia sobre la guerra y la paz. A diferencia de aproximaciones anteriores centradas principalmente en la licitud de la guerra o en la teoría clásica de la guerra justa, el Concilio desplaza el eje del análisis hacia la responsabilidad moral global que pesa sobre la humanidad en el contexto de la guerra moderna.
Desde sus primeros números, Gaudium et spes sitúa la cuestión de la guerra en el horizonte de la dignidad humana y del destino común de la humanidad. El Concilio reconoce que la experiencia histórica del siglo XX ha puesto de manifiesto una capacidad de destrucción sin precedentes, lo que obliga a una reconsideración ética profunda de la violencia organizada:
“Nunca como hoy los hombres han tenido tan viva conciencia de la unidad del género humano y de su mutua dependencia” (Concilio Vaticano II, 1965, n. 24).
Esta conciencia de interdependencia introduce una nueva dimensión moral: las decisiones bélicas ya no afectan únicamente a los combatientes o a los Estados implicados, sino a la humanidad en su conjunto.
4.1. La guerra moderna como problema moral radical
Uno de los pasajes más citados y significativos de Gaudium et spes es la condena explícita de las acciones bélicas indiscriminadas. El Concilio afirma con extraordinaria claridad:
“Las acciones bélicas que tienden indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones y de sus habitantes son un crimen contra Dios y contra el mismo hombre, que ha de ser condenado con firmeza y sin vacilaciones” (Concilio Vaticano II, 1965, n. 80).
Esta formulación tiene un alcance doctrinal profundo. En ella se reconoce que la guerra moderna, especialmente cuando utiliza armas de destrucción masiva, traspasa los límites de cualquier justificación moral posible. No se trata simplemente de excesos en la conducción de la guerra, sino de una transformación cualitativa del fenómeno bélico que lo convierte en una amenaza directa contra la humanidad misma.
El Concilio subraya además que el progreso técnico ha agravado la situación:
“La potencia de los medios bélicos ha crecido enormemente, y su empleo puede acarrear la ruina total de ciudades enteras” (Concilio Vaticano II, 1965, n. 79).
Aquí se introduce un elemento clave para el desarrollo posterior de la Doctrina Social de la Iglesia: la asimetría creciente entre el poder técnico de destrucción y la capacidad moral de controlarlo.
4.2. Responsabilidad moral de gobernantes, científicos y militares
Gaudium et spes no limita su análisis a una condena abstracta de la guerra, sino que asigna responsabilidades concretas a los actores implicados. El Concilio dirige un llamado explícito a quienes toman decisiones políticas y militares:
“Los que están al frente de las naciones y los que tienen responsabilidad en la conducción de la guerra deberán dar cuenta muy seriamente ante Dios y ante la historia de las decisiones que toman” (Concilio Vaticano II, 1965, n. 79).
Esta afirmación introduce una noción de responsabilidad histórica y trascendente, que supera el marco jurídico positivo y sitúa la acción política bajo un juicio moral más amplio. La obediencia debida o la razón de Estado no eximen de responsabilidad ética cuando están en juego la vida humana y el destino de pueblos enteros.
El Concilio extiende esta responsabilidad también a los científicos y técnicos implicados en la producción de armamento:
“Los hombres que se dedican a la investigación científica y técnica deben ser conscientes de que trabajan para el bien de la humanidad y no para su destrucción” (Concilio Vaticano II, 1965, n. 57).
Este punto resulta particularmente relevante para el análisis contemporáneo de la tecnificación de la guerra, pues introduce una ética de la responsabilidad que atraviesa toda la cadena de decisiones, desde la investigación hasta el uso final de las armas.
4.3. Superación de la guerra como instrumento político
Aunque Gaudium et spes reconoce que, mientras exista el peligro de guerra, los Estados conservan el derecho a una legítima defensa, el Concilio insiste en que este reconocimiento no puede convertirse en legitimación del militarismo ni de la carrera armamentista. Afirma con claridad:
“Mientras exista el peligro de guerra y no haya una autoridad internacional competente dotada de fuerza suficiente, una vez agotados todos los medios pacíficos, no se puede negar a los gobiernos el derecho de legítima defensa” (Concilio Vaticano II, 1965, n. 79).
Sin embargo, este reconocimiento va acompañado de una exhortación inequívoca a superar la guerra como medio de resolución de conflictos:
“Es deber permanente de los hombres trabajar con energía para desterrar la guerra” (Concilio Vaticano II, 1965, n. 78).
La guerra aparece así no como una opción normal de la política, sino como un fracaso de la razón moral y de las estructuras internacionales. Este enfoque prepara el terreno para desarrollos posteriores de la DSI que cuestionarán cada vez con mayor radicalidad la pretendida racionalidad de la guerra.
4.4. Proyección de Gaudium et spes en el Mensaje de León XIV
El Mensaje de Su Santidad León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz (2026) retoma explícitamente la intuición central de Gaudium et spes sobre la gravedad moral de la guerra moderna y la proyecta hacia un nuevo escenario histórico. Si el Concilio alertó sobre el poder destructivo de las armas científicas, León XIV advierte sobre un riesgo adicional: la delegación de decisiones letales a sistemas tecnológicos automatizados.
El Papa señala que la aplicación de tecnologías avanzadas al ámbito militar puede conducir a una peligrosa disolución de la responsabilidad moral personal, al interponer sistemas técnicos entre la decisión y sus consecuencias humanas. Esta preocupación se inscribe directamente en la línea conciliar que exigía a gobernantes, científicos y militares asumir plenamente su responsabilidad ante Dios y ante la historia.
De este modo, la propuesta de una paz “desarmada y desarmante” aparece como una actualización coherente del llamado conciliar a “desterrar la guerra”, incorporando no sólo el desarme material, sino también el desarme ético de las lógicas tecnocráticas que amenazan con normalizar la violencia.
4.5. Síntesis doctrinal
En síntesis, Gaudium et spes aporta a la Doctrina Social de la Iglesia una comprensión de la guerra moderna como un problema moral radical, que interpela a la humanidad en su conjunto. Al condenar sin ambigüedades la destrucción indiscriminada, asignar responsabilidades concretas a los actores implicados y exhortar a superar la guerra como instrumento político, el Concilio establece un marco ético de gran densidad.
El Mensaje de León XIV se inscribe plenamente en este marco y lo desarrolla frente a los desafíos contemporáneos. La paz “desarmada y desarmante” no sólo retoma la condena conciliar de la violencia moderna, sino que amplía su alcance al ámbito cultural y tecnológico, reafirmando que la verdadera paz exige una responsabilidad moral personal y colectiva a la altura del poder que la humanidad ha adquirido sobre la vida y la muerte.
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Populorum progressio: desarrollo integral como condición de paz
La encíclica Populorum progressio, promulgada por san Pablo VI el 26 de marzo de 1967, constituye un hito decisivo en la Doctrina Social de la Iglesia al introducir una comprensión estructural de la paz estrechamente vinculada al desarrollo humano integral. En un contexto marcado por la descolonización, las profundas desigualdades entre países y la persistencia de conflictos armados, el documento desplaza el centro de gravedad del análisis desde la seguridad militar hacia las condiciones sociales, económicas y culturales que hacen posible una convivencia pacífica.
Desde sus primeras líneas, Pablo VI subraya que la cuestión del desarrollo no puede reducirse al crecimiento económico, sino que implica a la persona humana en todas sus dimensiones. El Papa afirma con claridad:
“El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre” (Pablo VI, 1967, n. 14).
Esta concepción integral introduce una relación directa entre desarrollo y paz: allí donde amplios sectores de la población permanecen excluidos de los bienes materiales, culturales y espirituales necesarios para una vida digna, la paz se vuelve frágil y precaria.
5.1. “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz”
El pasaje más citado de Populorum progressio formula de manera sintética esta relación estructural:
“El desarrollo es el nuevo nombre de la paz” (Pablo VI, 1967, n. 87).
Esta afirmación posee un alcance doctrinal profundo. Pablo VI no propone una metáfora retórica, sino un principio normativo: la paz no puede entenderse únicamente como ausencia de guerra, sino como resultado de un orden social justo que permita a las personas y a los pueblos realizar su vocación humana. La injusticia estructural, la pobreza endémica y la desigual distribución de los recursos constituyen, por tanto, amenazas reales a la paz, incluso en ausencia de conflictos armados abiertos.
El Papa advierte además que la persistencia de estas desigualdades genera tensiones sociales que pueden desembocar en violencia:
“Cuando poblaciones enteras, faltas de lo necesario, viven en la miseria, es grande la tentación de rechazar por la violencia un orden que las oprime” (Pablo VI, 1967, n. 30).
Esta observación introduce un elemento clave para la reflexión contemporánea: la violencia no surge en el vacío, sino que suele estar precedida por situaciones prolongadas de exclusión y humillación.
5.2. Desarrollo, justicia y estructuras internacionales
Populorum progressio amplía la reflexión sobre la paz al situarla en el marco de las relaciones internacionales. Pablo VI denuncia las desigualdades entre países ricos y pobres como un factor estructural de inestabilidad global:
“Los pueblos hambrientos interpelan hoy, de manera dramática, a los pueblos opulentos” (Pablo VI, 1967, n. 3).
La paz internacional, sostiene el Papa, exige una transformación de las estructuras económicas y comerciales que perpetúan estas desigualdades. No basta con la ayuda puntual o con gestos de buena voluntad; se requiere una reforma profunda del sistema internacional orientada a la justicia y a la solidaridad. En este sentido, afirma:
“La justicia social exige que las desigualdades demasiado grandes entre los pueblos sean corregidas” (Pablo VI, 1967, n. 44).
Esta dimensión estructural del desarrollo introduce un nexo directo con el derecho internacional y con la responsabilidad colectiva de la comunidad de naciones en la construcción de la paz.
5.3. Desarrollo integral y superación de la violencia
Aunque Populorum progressio reconoce la gravedad de las situaciones de injusticia, Pablo VI se muestra cauteloso ante la legitimación de la violencia como medio de transformación social. El Papa advierte que la violencia revolucionaria, lejos de resolver las causas profundas de la injusticia, suele generar nuevas formas de opresión:
“La insurrección revolucionaria —salvo en el caso de una tiranía evidente y prolongada que atentase gravemente a los derechos fundamentales de la persona y dañase peligrosamente el bien común del país— engendra nuevas injusticias, introduce nuevos desequilibrios y provoca nuevas ruinas” (Pablo VI, 1967, n. 31).
Esta advertencia resulta clave para la comprensión de la paz como fruto del desarrollo integral. La superación de la violencia no se logra mediante la imposición de un nuevo orden por la fuerza, sino mediante procesos de transformación social sostenidos por la justicia, la participación y el respeto de la dignidad humana.
5.4. Continuidad doctrinal en el Mensaje de León XIV
El Mensaje de Su Santidad León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz (2026) se sitúa explícitamente en continuidad con la intuición central de Populorum progressio. Al advertir que tratar la paz como un ideal lejano conduce a aceptar como normal su negación, incluso mediante la guerra, León XIV retoma la tesis de Pablo VI según la cual la paz depende de condiciones concretas de justicia social y desarrollo humano.
La categoría de una paz “desarmada y desarmante” amplía esta intuición al incorporar una dimensión cultural y ética. Si Populorum progressio subrayó que la miseria y la desigualdad generan tensiones que amenazan la paz, León XIV añade que la normalización del miedo y de la exclusión en el discurso público contribuye a legitimar la violencia como respuesta política. De este modo, el desarrollo integral aparece no sólo como condición material de la paz, sino también como condición cultural, capaz de desactivar las narrativas que presentan la violencia como inevitable.
5.5. Síntesis doctrinal
En síntesis, Populorum progressio establece de manera clara que la paz auténtica es inseparable del desarrollo humano integral. Al afirmar que “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”, Pablo VI ofrece un criterio decisivo para la Doctrina Social de la Iglesia: sin justicia social, sin superación de la pobreza y sin estructuras internacionales solidarias, la paz se reduce a una mera apariencia.
El Mensaje de León XIV retoma y desarrolla este principio frente a los desafíos del siglo XXI. La paz “desarmada y desarmante”, se presenta así como una actualización coherente del vínculo entre desarrollo y paz, capaz de integrar dimensiones económicas, sociales, culturales y éticas en una propuesta unitaria orientada al bien común global.
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Caritas in veritate: caridad, verdad y paz
La encíclica Caritas in veritate, promulgada por Benedicto XVI el 29 de junio de 2009, representa un momento de especial densidad teórica dentro de la Doctrina Social de la Iglesia, al integrar de manera explícita las dimensiones antropológica, ética y estructural del desarrollo humano. En este marco, la paz aparece no como un tema sectorial, sino como una consecuencia necesaria de una vida social ordenada por la caridad en la verdad.
Desde el inicio del documento, Benedicto XVI establece el principio hermenéutico fundamental de toda la encíclica:
“La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se hizo testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad” (Benedicto XVI, 2009, n. 1).
Esta afirmación tiene una relevancia directa para la comprensión de la paz. Si la caridad en la verdad es la fuerza que impulsa el desarrollo auténtico, entonces la paz —entendida como fruto de dicho desarrollo— no puede construirse al margen de una concepción verdadera del ser humano ni de relaciones sociales fundadas en el amor y la justicia.
6.1. Caridad y verdad como principios sociales
Uno de los aportes más significativos de Caritas in veritate es la insistencia en que la caridad no puede separarse de la verdad sin vaciarse de contenido social. Benedicto XVI advierte con claridad:
“Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente” (Benedicto XVI, 2009, n. 3).
Aplicada al ámbito de la paz, esta afirmación implica que los discursos pacifistas desprovistos de verdad sobre la justicia, la dignidad humana y las estructuras de pecado pueden convertirse en retórica inofensiva, incapaz de transformar las causas profundas de los conflictos. La paz exige, por tanto, una caridad iluminada por la verdad, capaz de discernir y denunciar las injusticias que generan violencia.
En este sentido, el Papa subraya que la doctrina social de la Iglesia no es una ideología, sino una reflexión moral anclada en la verdad sobre el hombre:
“La doctrina social de la Iglesia tiene como principio fundamental el amor en la verdad” (Benedicto XVI, 2009, n. 5).
6.2. Paz y desarrollo humano integral
Caritas in veritate retoma y profundiza la intuición central de Populorum progressio sobre el vínculo entre desarrollo y paz. Benedicto XVI reafirma que el desarrollo auténtico no se limita a indicadores económicos, sino que implica la totalidad de la persona y de sus relaciones sociales. En este marco, la paz aparece como un resultado natural de un desarrollo verdaderamente humano.
El Papa afirma de manera explícita la conexión entre desarrollo integral y paz:
“La promoción del bien común es un compromiso que atañe a toda la comunidad política y que encuentra su expresión más alta en la búsqueda de la paz” (Benedicto XVI, 2009, n. 7).
Asimismo, insiste en que la acción social de la Iglesia, incluida su reflexión sobre la paz, pertenece a la misión evangelizadora:
“El testimonio de la caridad de Cristo mediante obras de justicia, paz y desarrollo forma parte de la evangelización” (Benedicto XVI, 2009, n. 15).
Esta afirmación resulta decisiva para el enfoque del presente ensayo, pues sitúa la paz no sólo en el ámbito de la ética social o de la política, sino también en el corazón de la misión eclesial.
6.3. Violencia, estructuras injustas y déficit de verdad
Benedicto XVI ofrece en Caritas in veritate una lectura estructural de los conflictos contemporáneos, señalando que la violencia suele ser el síntoma de un desarrollo incompleto o desviado. El Papa advierte que la ausencia de verdad sobre el hombre y su dignidad conduce a formas de organización social que generan exclusión y conflicto:
“El desarrollo humano integral supone la libertad responsable de la persona y de los pueblos: ninguna estructura puede garantizar dicho desarrollo desde fuera y por encima de la responsabilidad humana” (Benedicto XVI, 2009, n. 17).
Esta afirmación introduce una dimensión clave para la comprensión de la paz: las estructuras, por necesarias que sean, no sustituyen la conversión moral de las personas y de las culturas. La paz exige tanto instituciones justas como sujetos éticamente responsables.
En relación con la violencia, Benedicto XVI subraya que el progreso técnico y económico, cuando no está orientado por criterios éticos, puede convertirse en un factor de deshumanización:
“La técnica tiende a ser autosuficiente, cuando el hombre se pregunta sólo por el cómo, y no por el por qué” (Benedicto XVI, 2009, n. 70).
Este diagnóstico resulta especialmente relevante para el análisis contemporáneo de la tecnificación de la guerra y de la seguridad, anticipando preocupaciones que serán retomadas y desarrolladas en el Mensaje de León XIV.
6.4. Caritas in veritate y la propuesta de León XIV
El Mensaje de Su Santidad León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz (2026) se sitúa en una clara línea de continuidad con Caritas in veritate. Al proponer una paz “desarmada y desarmante”, León XIV retoma la exigencia de una caridad iluminada por la verdad, capaz de transformar tanto las conciencias como las estructuras sociales.
La insistencia de León XIV en que la paz debe “habitar el corazón humano” y ensanchar la inteligencia encuentra un fundamento directo en la antropología de Caritas in veritate, que afirma que el desarrollo auténtico —y, por ende, la paz— no puede imponerse desde fuera, sino que requiere una respuesta libre y responsable de las personas y de los pueblos (Benedicto XVI, 2009, n. 17).
Asimismo, la crítica de Benedicto XVI a una técnica desvinculada de la ética se proyecta en la advertencia de León XIV sobre los riesgos de delegar decisiones de vida y muerte a sistemas tecnológicos. En ambos casos, la paz aparece amenazada cuando la verdad sobre el hombre es sustituida por criterios puramente funcionales o utilitaristas.
6.5. Síntesis doctrinal
En síntesis, Caritas in veritate aporta a la Doctrina Social de la Iglesia una comprensión profundamente integrada de la paz como fruto de la caridad en la verdad. Al insistir en que la acción por la justicia, la paz y el desarrollo forma parte de la evangelización, Benedicto XVI sitúa la paz en el corazón mismo de la misión eclesial.
El Mensaje de León XIV recoge y desarrolla este legado al proponer una paz “desarmada y desarmante”, que no se limita a la renuncia a la violencia, sino que exige una transformación ética y cultural fundada en la verdad sobre la persona humana. De este modo, la paz se presenta como una tarea integral que interpela simultáneamente a las conciencias, a las estructuras y a las culturas en el mundo contemporáneo.
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Fratelli tutti: fraternidad y amistad social
La encíclica Fratelli tutti (2020) constituye un punto de maduración en la Doctrina Social de la Iglesia al proponer, con un lenguaje explícitamente social y político, la fraternidad y la amistad social como categorías capaces de reconfigurar la convivencia en sociedades fragmentadas. Francisco presenta su texto como una intervención doctrinal orientada a suscitar un horizonte cultural compartido: “Entrego esta encíclica social como un humilde aporte a la reflexión para que, frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras” (Francisco, 2020, n. 6).
7.1. Fraternidad como reconocimiento universal de la dignidad
En Fratelli tutti la fraternidad no aparece como un ideal emotivo, sino como una exigencia antropológica y ética que presupone reconocer la dignidad de toda persona. La encíclica insiste en que la convivencia pacífica exige un reconocimiento “básico, esencial” del valor de cada ser humano: “Hay un reconocimiento básico, esencial para caminar hacia la amistad social y la fraternidad universal: percibir cuánto vale un ser humano, cuánto vale una persona, siempre y en cualquier circunstancia” (Francisco, 2020, n. 106). Vaticano
Este reconocimiento se traduce en un criterio normativo contra cualquier forma de jerarquización de dignidades: “el solo hecho de haber nacido en un lugar con menores recursos o menor desarrollo no justifica que algunas personas vivan con menor dignidad” (Francisco, 2020, n. 106). En clave de paz, esta tesis es crucial: si la dignidad es universal, entonces la paz no puede ser un “privilegio geopolítico” de unos pocos, sino una tarea vinculada a la justicia social y a la inclusión efectiva de los excluidos.
7.2. Amistad social como categoría política y condición de apertura universal
El concepto de amistad social opera en la encíclica como una mediación política de la fraternidad. Francisco sostiene que la apertura universal no se construye al margen de los vínculos cívicos concretos: “El amor que se extiende más allá de las fronteras tiene en su base lo que llamamos ‘amistad social’ en cada ciudad o en cada país. Cuando es genuina, esta amistad social dentro de una sociedad es una condición de posibilidad de una verdadera apertura universal” (Francisco, 2020, n. 99).
Asimismo, el texto precisa que la amistad social no es compatible con dinámicas de exclusión: “Sólo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos” (Francisco, 2020, n. 94). Desde la perspectiva de la DSI, este planteamiento reubica el problema de la paz: no basta la contención de conflictos; se requiere una arquitectura relacional, institucional y cultural que integre a quienes han sido sistemáticamente marginados.
En este marco, Francisco formula un enunciado de gran densidad ética y programática: “Reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos no son meras utopías. Exigen la decisión y la capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles. Cualquier empeño en esta línea se convierte en un ejercicio supremo de la caridad” (Francisco, 2020, n. 180). La encíclica vincula así fraternidad, eficacia institucional y creatividad política, evitando que el discurso moral quede en mera exhortación.
7.3. Paz social como obra “artesanal”: cultura del encuentro e integración
Un aporte distintivo de Fratelli tutti es su comprensión de la paz como un proceso histórico y social de largo aliento. Francisco afirma de manera directa: “La paz social es trabajosa, artesanal” (Francisco, 2020, n. 217). Y advierte que una paz meramente administrativa o coercitiva resulta inestable: “Sería más fácil contener las libertades y las diferencias con un poco de astucia y de recursos. Pero esa paz sería superficial y frágil, no el fruto de una cultura del encuentro que la sostenga” (Francisco, 2020, n. 217).
Esta perspectiva desplaza el foco desde la “seguridad” entendida como control hacia la “paz” entendida como integración. El texto subraya que “Integrar a los diferentes es mucho más difícil y lento, aunque es la garantía de una paz real y sólida” (Francisco, 2020, n. 217). Por tanto, la paz no se consigue neutralizando diferencias, sino institucionalizando prácticas de encuentro, reconocimiento, reparación e inclusión.
7.4. Crítica a la guerra y replanteamiento de la legitimidad moral de la violencia
En continuidad con el desarrollo posconciliar del Magisterio, Fratelli tutti propone una crítica particularmente severa al recurso a la guerra. Francisco observa que en la contemporaneidad “fácilmente se opta por la guerra detrás de todo tipo de excusas supuestamente humanitarias, defensivas o preventivas” (Francisco, 2020, n. 258). Señala además que el fenómeno de la guerra tiende a justificarse retrospectivamente y que, por ello, existe una deriva hermenéutica que dilata indebidamente el marco de la legítima defensa (Francisco, 2020, nn. 258–259).
En el núcleo de este argumento aparece una tesis que ha marcado el debate contemporáneo sobre ética de la guerra: “Entonces ya no podemos pensar en la guerra como solución, debido a que los riesgos probablemente siempre serán superiores a la hipotética utilidad que se le atribuya” (Francisco, 2020, n. 258). La encíclica no se limita a un juicio prudencial; lo enmarca en la constatación de un cambio de escala: “a partir del desarrollo de las armas nucleares, químicas y biológicas, y de las enormes y crecientes posibilidades que brindan las nuevas tecnologías, se dio a la guerra un poder destructivo fuera de control que afecta a muchos civiles inocentes” (Francisco, 2020, n. 258).
Este pasaje es metodológicamente relevante para el presente ensayo, porque conecta la crítica a la guerra con la tecnificación del poder y la vulnerabilidad de la población civil, abriendo un puente directo hacia el desarrollo posterior que el Mensaje de León XIV realiza en torno a la violencia tecnificada y a la necesidad de una paz que no sólo sea “desarmada”, sino también culturalmente “desarmante”.
7.5. Síntesis doctrinal y proyección hacia la categoría “desarmada y desarmante”
En síntesis, Fratelli tutti aporta a la DSI (i) una conceptualización robusta de la fraternidad como reconocimiento universal de la dignidad, (ii) una mediación política mediante la amistad social como condición de apertura universal, (iii) una comprensión de la paz como tarea histórica “artesanal” sostenida por la cultura del encuentro, y (iv) una crítica radical a la guerra como solución en el mundo contemporáneo. La encíclica configura así un marco doctrinal que prepara la recepción del Mensaje de León XIV, en la medida en que plantea que la paz exige procesos reales de integración, desactivación de narrativas de enemistad y reconstrucción de vínculos sociales, más allá de equilibrios armados o racionalizaciones de la violencia.
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Paz desarmada y desarmante: categoría teórica y desarrollo contemporáneo
El Mensaje del Santo Padre León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz (2026) introduce una formulación conceptual de notable densidad teológica y política al proponer la construcción de una paz “desarmada y desarmante”. Esta doble categoría no constituye una mera reiteración del rechazo a la violencia, sino una síntesis integradora que articula dimensiones personales, culturales, estructurales e institucionales de la paz, en continuidad orgánica con la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) y, al mismo tiempo, con una clara orientación hacia los desafíos específicos del siglo XXI.
Desde el inicio del Mensaje, León XIV sitúa la paz en una clave cristológica explícita, retomando el saludo del Resucitado: “La paz esté con ustedes” (Jn 20,19.21). El Papa subraya que este saludo no es una expresión de cortesía ni un deseo abstracto, sino una palabra eficaz: “no es un simple saludo, sino una realidad viva, capaz de realizar un cambio definitivo en quien la recibe y, de ese modo, en toda la realidad” (León XIV, 2025). Esta afirmación establece el fundamento teológico de la categoría propuesta: la paz cristiana es don y tarea, gracia recibida y responsabilidad histórica.
8.1. La paz “desarmada”: renuncia a la violencia como medio legítimo
La primera dimensión de la categoría —una paz desarmada— remite a la renuncia consciente a la violencia como medio legítimo de resolución de conflictos. León XIV se sitúa aquí en continuidad con el desarrollo posconciliar del Magisterio, que ha cuestionado de manera creciente la racionalidad moral de la guerra en el contexto contemporáneo. En línea con Fratelli tutti, el Papa recuerda que la paz que ofrece Cristo “no es la que da el mundo” (cf. Jn 14,27), es decir, no es fruto del equilibrio del miedo ni de la imposición por la fuerza.
El Mensaje insiste en que la lógica del armamento, aun cuando se presente como disuasiva o defensiva, termina por alimentar una espiral de inseguridad: “cuando la paz se apoya en la amenaza y en el dominio de la fuerza, se vuelve frágil, precaria y contradictoria” (León XIV, 2025). Esta afirmación dialoga directamente con la crítica formulada ya en Pacem in terris, donde se advertía que la carrera armamentista genera un clima permanente de temor entre los pueblos (Juan XXIII, 1963, n. 60).
La paz desarmada, en este sentido, no equivale a ingenuidad política ni a pasividad moral. Se trata, más bien, de una opción ética que reconoce los límites intrínsecos de la violencia para producir un orden justo y estable. León XIV reafirma que la legítima defensa no puede convertirse en principio organizador de la política internacional ni justificar una normalización del rearme global.
8.2. La paz “desarmante”: transformación cultural y ética
La segunda dimensión —una paz desarmante— constituye el aporte más original del Mensaje. León XIV no se limita a pedir el desarme material, sino que propone un desarme de las conciencias, de las narrativas y de las estructuras culturales que legitiman la violencia. En este punto, la paz se presenta como una fuerza activa, capaz de desactivar las lógicas que sostienen el conflicto.
El Papa afirma que la paz auténtica “desarma los corazones”, en la medida en que cuestiona las narrativas de enemistad, exclusión y miedo que preceden y acompañan a la violencia armada (León XIV, 2025). Esta intuición se sitúa en continuidad con la afirmación de Fratelli tutti según la cual la paz social es “trabajosa, artesanal” y requiere procesos prolongados de integración y reconciliación (Francisco, 2020, n. 217).
Desde una perspectiva teórica, la noción de paz desarmante introduce una dimensión performativa: la paz no sólo es un objetivo que alcanzar, sino una práctica que transforma los marcos culturales y simbólicos desde los cuales las sociedades interpretan el conflicto. En este sentido, León XIV advierte que cuando la paz se concibe como un ideal lejano o irrealizable, se termina por aceptar como normal su negación, incluso mediante la guerra (León XIV, 2025).
8.3. Paz, tecnología y responsabilidad moral
Un aspecto particularmente novedoso del Mensaje es la vinculación entre la paz desarmante y la crítica a la tecnificación de la violencia. León XIV advierte que el desarrollo tecnológico contemporáneo, especialmente en el ámbito militar, corre el riesgo de diluir la responsabilidad moral personal mediante la delegación de decisiones de vida y muerte a sistemas automatizados. Esta preocupación prolonga y actualiza la advertencia de Gaudium et spes sobre el poder destructivo de las armas modernas (Concilio Vaticano II, 1965, n. 80).
El Papa señala que cuando la técnica se desvincula de la ética, se produce una peligrosa disociación entre la decisión y sus consecuencias humanas. Esta crítica encuentra un fundamento sólido en Caritas in veritate, donde Benedicto XVI advertía que “la técnica tiende a ser autosuficiente, cuando el hombre se pregunta sólo por el cómo, y no por el por qué” (Benedicto XVI, 2009, n. 70). La paz desarmante, en este contexto, implica reintroducir criterios éticos y antropológicos en el diseño y uso de tecnologías de seguridad y defensa.
8.4. Dimensión institucional y multilateral de la paz desarmante
La propuesta de León XIV no se limita a la conversión personal o cultural, sino que incluye una clara dimensión institucional. El Papa subraya la necesidad de fortalecer el derecho internacional, la diplomacia y las instituciones multilaterales como instrumentos desarmantes frente a la lógica del poder unilateral. Esta insistencia retoma la intuición de Pacem in terris sobre la necesidad de una autoridad pública mundial orientada al bien común universal (Juan XXIII, 1963, n. 137).
La paz desarmante, por tanto, no implica la negación de las instituciones, sino su renovación ética. León XIV advierte que el debilitamiento del derecho internacional y la erosión de la confianza entre los Estados constituyen factores que alimentan la normalización de la violencia. En este sentido, la paz exige estructuras jurídicas sólidas, pero también una cultura política capaz de sostenerlas.
8.5. Síntesis teórica
En síntesis, la categoría de paz “desarmada y desarmante” articula cuatro niveles complementarios:
- Nivel personal: conversión del corazón y renuncia a la violencia.
- Nivel cultural: desactivación de narrativas de miedo y enemistad.
- Nivel tecnológico: subordinación de la técnica a criterios éticos.
- Nivel institucional: fortalecimiento del derecho internacional y del multilateralismo.
Esta articulación convierte la propuesta de León XIV en un desarrollo orgánico y creativo de la Doctrina Social de la Iglesia, capaz de dialogar con los desafíos contemporáneos sin renunciar a sus fundamentos teológicos y antropológicos. La paz desarmada y desarmante, aparece así como una categoría teórica integradora, que ofrece un marco robusto para la reflexión académica y para la acción pública orientada al bien común global.
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Deliberación
El análisis comparado desarrollado en las secciones precedentes permite afirmar que el Mensaje de Su Santidad León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz (2026) constituye un desarrollo orgánico y contextualizado de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), más que una innovación aislada o una ruptura doctrinal. La categoría de paz “desarmada y desarmante” sintetiza y proyecta intuiciones ya presentes en el Magisterio social, articulándolas de manera explícita frente a desafíos característicos del siglo XXI.
9.1. Continuidad doctrinal y desarrollo histórico
Desde una perspectiva histórica, el Mensaje de León XIV se inserta con claridad en la línea inaugurada por Pacem in terris, donde la paz fue definida como un orden moral y jurídico fundado en la dignidad humana. Juan XXIII advertía que una paz basada en el miedo carece de estabilidad: “no puede haber verdadera paz si no se respeta el orden establecido por Dios” (Juan XXIII, 1963, n. 1). Esta afirmación resuena en la crítica contemporánea de León XIV a la disuasión armada y al rearme global como supuestos garantes de seguridad.
Asimismo, la reflexión conciliar de Gaudium et spes introdujo una conciencia ética inédita al afirmar que la guerra moderna, por su capacidad destructiva, interpela a la humanidad entera: “las acciones bélicas que tienden indiscriminadamente a la destrucción […] son un crimen contra Dios y contra el mismo hombre” (Concilio Vaticano II, 1965, n. 80). León XIV recoge esta condena y la amplía al contexto de la violencia tecnificada, donde la responsabilidad moral corre el riesgo de diluirse mediante sistemas automatizados.
En este sentido, la continuidad doctrinal no implica repetición literal, sino una profundización progresiva. Como afirma el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, la DSI es “una enseñanza orgánica que se desarrolla gradualmente, a la luz de los acontecimientos históricos” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2004, n. 85). La categoría de paz “desarmada y desarmante” debe leerse precisamente en este marco.
9.2. Diálogo con teorías contemporáneas de la paz
El planteamiento de León XIV puede dialogar fecundamente con aportes clásicos de los estudios sobre la paz. Johan Galtung distinguió entre paz negativa, entendida como ausencia de violencia directa, y paz positiva, definida como la presencia de justicia social y estructuras que permiten el desarrollo humano (Galtung, 1969). La DSI, desde Populorum progressio, se ha situado claramente en la lógica de la paz positiva al afirmar que “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz” (Pablo VI, 1967, n. 87).
La paz “desarmada” se aproxima a la crítica de la violencia directa, mientras que la paz “desarmante” converge con la noción de paz positiva, al buscar transformar las estructuras culturales, económicas y políticas que generan conflicto. En este punto, la propuesta de León XIV ofrece una articulación ética que supera enfoques meramente técnicos o securitarios, integrando dimensiones antropológicas y culturales frecuentemente ausentes en los análisis seculares.
Asimismo, la insistencia en el desarme de narrativas y de imaginarios sociales conecta con enfoques contemporáneos de justicia restaurativa, que subrayan la importancia de procesos de verdad, reconocimiento y reconciliación para la construcción de paz duradera. Esta perspectiva encuentra un eco claro en Fratelli tutti, donde Francisco afirma que “la paz social es trabajosa, artesanal” y requiere procesos prolongados de integración (Francisco, 2020, n. 217).
9.3. Paz, cultura del miedo y responsabilidad ética
Un elemento central del Mensaje de León XIV, que adquiere especial relevancia en la discusión académica, es la crítica a la normalización cultural del miedo. El Papa advierte que cuando el miedo se convierte en principio organizador del discurso político y mediático, la violencia termina por presentarse como inevitable o incluso necesaria. Esta intuición se alinea con la advertencia de Benedicto XVI sobre los riesgos de una racionalidad instrumental desvinculada de la verdad: “la técnica tiende a ser autosuficiente, cuando el hombre se pregunta sólo por el cómo, y no por el por qué” (Benedicto XVI, 2009, n. 70).
Desde la DSI, el miedo aparece como un factor corrosivo de la paz, porque debilita la confianza social y erosiona la disposición al diálogo. En contraste, la paz desarmante propuesta por León XIV exige una ética de la responsabilidad, en la que las decisiones políticas, tecnológicas y económicas se evalúan a la luz de su impacto sobre la dignidad humana y el bien común.
9.4. Dimensión institucional y multilateral
La deliberación revela también la centralidad de las instituciones para la construcción de una paz auténtica. En continuidad con Pacem in terris, que señalaba la necesidad de una autoridad pública mundial orientada al bien común (Juan XXIII, 1963, n. 137), León XIV insiste en el fortalecimiento del derecho internacional y del multilateralismo como instrumentos desarmantes frente a la lógica del poder unilateral.
Esta perspectiva coincide con enfoques contemporáneos de seguridad humana, que desplazan el foco desde la defensa territorial hacia la protección integral de las personas. La DSI aporta aquí un fundamento ético robusto, al insistir en que la legitimidad de las instituciones depende de su orientación efectiva al bien común y al respeto de los derechos humanos.
9.5. Aporte específico del enfoque de la DSI
En el marco del debate académico sobre la paz, el aporte específico de la Doctrina Social de la Iglesia —y, en particular, del Mensaje de León XIV— reside en su capacidad para integrar niveles que con frecuencia se analizan de manera fragmentada. La paz “desarmada y desarmante” articula:
- una dimensión moral personal, vinculada a la conversión y a la responsabilidad individual;
- una dimensión cultural, centrada en la transformación de narrativas de enemistad;
- una dimensión estructural, orientada a la justicia social y al desarrollo integral;
- y una dimensión institucional, comprometida con el derecho internacional y el multilateralismo.
Esta integración confirma la afirmación de Caritas in veritate según la cual “el testimonio de la caridad de Cristo mediante obras de justicia, paz y desarrollo forma parte de la evangelización” (Benedicto XVI, 2009, n. 15). La paz no es, por tanto, un ámbito accesorio de la reflexión cristiana, sino un criterio transversal que permite evaluar la autenticidad de las prácticas sociales y políticas.
9.6. Síntesis de la deliberación
En síntesis, la deliberación muestra que el Mensaje de León XIV ofrece una contribución significativa al debate contemporáneo sobre la paz, al proponer una categoría que integra la herencia doctrinal de la Iglesia con los desafíos actuales de la violencia estructural, cultural y tecnificada. La paz “desarmada y desarmante” se presenta como una clave hermenéutica capaz de dialogar críticamente con teorías seculares de la paz, aportando una visión antropológica y ética que amplía el horizonte del análisis académico.
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Los Mensajes Pontificios para la Jornada Mundial de la Paz (1 de enero): continuidad doctrinal y desarrollo histórico
Desde 1968, por iniciativa de san Pablo VI, la Iglesia celebra cada 1 de enero la Jornada Mundial de la Paz, acompañada de un Mensaje pontificio dirigido no sólo a los fieles católicos, sino “a todos los hombres y mujeres de buena voluntad”. Estos mensajes constituyen un corpus magisterial propio, estrechamente vinculado a la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), que permite seguir la evolución histórica de la reflexión eclesial sobre la paz frente a los principales desafíos de cada época.
Como afirmó Pablo VI en el primer Mensaje, la paz no es un tema circunstancial, sino una tarea permanente: “La paz es posible, la paz es un deber, la paz es una responsabilidad” (Pablo VI, 1968).
10.1. Fundamento y naturaleza magisterial de los Mensajes
Los Mensajes para la Jornada Mundial de la Paz tienen un carácter magisterial ordinario, de naturaleza social y pastoral. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia los reconoce explícitamente como parte integrante del desarrollo doctrinal contemporáneo (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2004).
A lo largo de más de cinco décadas, estos mensajes han abordado de forma sistemática temas como:
- derechos humanos,
- desarme y guerra,
- justicia social y desarrollo,
- verdad, reconciliación y perdón,
- pobreza y exclusión,
- migración, ecología y tecnología,
- fraternidad y cultura del encuentro.
10.2. Sistematización histórica por pontificados (1968–2026)
A continuación, se presenta una síntesis cronológica por pontificado, con referencias oficiales.
San Pablo VI (1968–1978)
Eje: Paz, justicia, desarrollo y derechos humanos
- 1968 – La paz es posible
- 1969 – La promoción de los derechos humanos, camino hacia la paz
- 1970 – Educar para la paz
- 1971 – Toda persona tiene derecho a la libertad
- 1972 – Si quieres la paz, trabaja por la justicia
- 1973 – La paz también depende de ti
- 1974 – La paz depende del respeto mutuo
- 1975 – Reconciliación, camino hacia la paz
- 1976 – Las verdaderas armas de la paz
- 1977 – Si quieres la paz, defiende la vida
- 1978 – No a la violencia, sí a la vida
Aquí se consolida el vínculo estructural entre paz, justicia y desarrollo, que culminará en Populorum progressio.
San Juan Pablo II (1979–2005)
Eje: Derechos humanos, libertad, verdad, perdón, guerra y terrorismo
Algunos mensajes clave:
- 1979 – Para alcanzar la paz, educar para la paz
- 1982 – La paz es un don de Dios confiado a los hombres
- 1987 – Desarrollo y solidaridad: dos claves para la paz
- 1991 – Si quieres la paz, respeta la conciencia de cada hombre
- 1997 – Ofrece el perdón, recibe la paz
- 2002 – No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón
- 2004 – Un compromiso siempre actual: educar para la paz
Se profundiza la dimensión moral, espiritual y cultural de la paz, incluyendo el perdón como categoría social.
Benedicto XVI (2006–2013)
Eje: Verdad, dignidad humana, pobreza, libertad religiosa
- 2006 – En la verdad, la paz
- 2007 – La persona humana, corazón de la paz
- 2008 – Familia humana, comunidad de paz
- 2009 – Combatir la pobreza, construir la paz
- 2011 – Libertad religiosa, camino para la paz
- 2012 – Educar a los jóvenes para la justicia y la paz
- 2013 – Bienaventurados los que trabajan por la paz
Se integra explícitamente la paz en la antropología cristiana y la caridad en la verdad.
Francisco (2014–2024)
Eje: Fraternidad, no violencia, migración, ecología, cultura del encuentro
- 2014 – La fraternidad, fundamento y camino para la paz
- 2017 – La no violencia: un estilo de política para la paz
- 2018 – Migrantes y refugiados: hombres y mujeres en busca de paz
- 2020 – La paz como camino de esperanza: diálogo, reconciliación y conversión ecológica
- 2021 – La cultura del cuidado como camino de paz
- 2022 – Educación, trabajo y diálogo entre generaciones
- 2023 – Nadie puede salvarse solo
- 2024 – Inteligencia artificial y paz
Se consolida una visión de la paz como proceso relacional, cultural y estructural, culminando en Fratelli tutti.
León XIV (2025– )
Eje: Paz desarmada, desarmante y responsabilidad tecnológica
- 2026 – La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”
Este Mensaje recoge toda la tradición anterior y la sintetiza frente a los desafíos contemporáneos:
- rearme global,
- normalización del miedo,
- debilitamiento del multilateralismo,
- tecnificación de la violencia.
11.3. Valor doctrinal para el presente estudio
Este recorrido muestra que la categoría propuesta por León XIV no surge ex nihilo, sino que representa un punto de maduración del magisterio de la paz. La paz “desarmada y desarmante” integra:
- el énfasis de Pablo VI en justicia y desarrollo,
- la centralidad de la dignidad y el perdón en Juan Pablo II,
- la caridad en la verdad de Benedicto XVI,
- y la fraternidad y no violencia de Francisco.
En términos académicos, los Mensajes para la Jornada Mundial de la Paz constituyen un corpus doctrinal continuo, indispensable para comprender la evolución histórica de la Doctrina Social de la Iglesia sobre la paz y para situar adecuadamente el Mensaje de 2026 como síntesis doctrinal avanzada.
Tabla XI. Mensajes Pontificios para la Jornada Mundial de la Paz (1968–2026): evolución doctrinal comparada
|
Pontificado |
Años |
Temas dominantes |
Aportes doctrinales clave |
Continuidad con la DSI |
|
Pablo VI |
1968–1978 |
Paz, justicia, desarrollo, derechos humanos |
La paz como deber moral y responsabilidad histórica; vínculo estructural entre justicia social y paz |
Fundamento del binomio paz–desarrollo (Populorum progressio) |
|
Juan Pablo II |
1979–2005 |
Dignidad humana, libertad, conciencia, perdón |
Paz como fruto de la verdad y del perdón; dimensión moral y cultural de la paz |
Profundización antropológica y ética de la paz |
|
Benedicto XVI |
2006–2013 |
Verdad, pobreza, libertad religiosa, educación |
Paz como exigencia de la caridad en la verdad; integración ética del desarrollo |
Paz integrada a la evangelización (Caritas in veritate) |
|
Francisco |
2014–2024 |
Fraternidad, no violencia, migración, ecología, IA |
Paz como proceso relacional; cultura del cuidado y del encuentro; crítica a la guerra |
Maduración de la paz como categoría social (Fratelli tutti) |
|
León XIV |
2025– |
Desarme, cultura del miedo, tecnología, multilateralismo |
Paz “desarmada y desarmante”: síntesis ética, cultural, tecnológica e institucional |
Síntesis doctrinal avanzada frente a desafíos del siglo XXI |
Tabla XI.1. Selección de Mensajes emblemáticos (por año y tema)
|
Año |
Papa |
Título del Mensaje |
Categoría doctrinal |
|
1968 |
Pablo VI |
La paz es posible |
Paz como deber moral |
|
1972 |
Pablo VI |
Si quieres la paz, trabaja por la justicia |
Justicia social |
|
1987 |
Juan Pablo II |
Desarrollo y solidaridad: dos claves para la paz |
Paz y desarrollo |
|
2002 |
Juan Pablo II |
No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón |
Perdón y reconciliación |
|
2009 |
Benedicto XVI |
Combatir la pobreza, construir la paz |
Ética del desarrollo |
|
2017 |
Francisco |
La no violencia: un estilo de política para la paz |
No violencia activa |
|
2024 |
Francisco |
Inteligencia artificial y paz |
Tecnología y ética |
|
2026 |
León XIV |
La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante” |
Síntesis doctrinal |
Nota metodológica
- La tabla no pretende exhaustividad anual, sino representatividad doctrinal.
- Los Mensajes se consideran Magisterio social ordinario y forman un corpus continuo dentro de la Doctrina Social de la Iglesia.
- La progresión temática muestra un desplazamiento desde la paz como deber moral hacia la paz como proceso integral, cultural y tecnológico.
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Conclusión general
El recorrido histórico-doctrinal realizado a lo largo de este trabajo permite afirmar con fundamento que el Mensaje de Su Santidad León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz 2026 (Publicado el 8 de diciembre de 2025) se inscribe plenamente en la tradición viva de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), al tiempo que introduce una formulación conceptualmente densa y contextualmente pertinente para los desafíos del siglo XXI. La propuesta de una paz “desarmada y desarmante” no constituye una ruptura con el Magisterio precedente, sino un desarrollo orgánico, coherente con los principios permanentes y atento a los signos de los tiempos.
Desde Pacem in terris, la Iglesia ha sostenido que la paz auténtica no puede fundarse en el miedo ni en el equilibrio de fuerzas, sino en un orden moral objetivo. San Juan XXIII lo expresó de forma programática al afirmar que “la paz en la tierra […] no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios” (Juan XXIII, 1963, n. 1). Este principio ha atravesado todo el desarrollo posterior de la DSI y encuentra en el Mensaje de León XIV una actualización explícita frente a la persistencia del rearme global y de la disuasión armada como paradigmas dominantes de seguridad.
El Concilio Vaticano II, por su parte, elevó la reflexión sobre la guerra moderna a un nivel de gravedad moral sin precedentes, al condenar las acciones bélicas indiscriminadas como “un crimen contra Dios y contra el mismo hombre” (Concilio Vaticano II, 1965, n. 80). León XIV retoma esta conciencia conciliar y la proyecta hacia un escenario marcado por la tecnificación de la violencia, donde la delegación de decisiones letales a sistemas automatizados amenaza con diluir la responsabilidad moral personal y colectiva. En este sentido, el Mensaje refuerza la intuición conciliar de que el progreso técnico, cuando se separa de criterios éticos, puede convertirse en un factor de deshumanización.
La aportación de Populorum progressio resulta igualmente decisiva para comprender el trasfondo de la propuesta de León XIV. Al afirmar que “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz” (Pablo VI, 1967, n. 87), Pablo VI estableció un vínculo estructural entre justicia social, desarrollo humano integral y convivencia pacífica. El Mensaje de 2026 asume plenamente esta intuición y la amplía al advertir que tratar la paz como un ideal abstracto o lejano conduce a aceptar como normal su negación, incluso mediante la guerra. La paz, por tanto, exige condiciones concretas de justicia, inclusión y participación, sin las cuales se reduce a una mera apariencia.
En Caritas in veritate, Benedicto XVI profundizó este enfoque al situar la paz en el horizonte de la caridad en la verdad, recordando que “el testimonio de la caridad de Cristo mediante obras de justicia, paz y desarrollo forma parte de la evangelización” (Benedicto XVI, 2009, n. 15). Esta afirmación permite comprender que la paz no es un ámbito periférico de la misión eclesial, sino un criterio transversal para evaluar la autenticidad de la vida social, económica y política. León XIV recoge esta visión integral al insistir en que la paz debe habitar el corazón humano y traducirse en estructuras justas y culturas reconciliadas.
La encíclica Fratelli tutti preparó de manera explícita el terreno para la formulación de una paz desarmante, al proponer la fraternidad y la amistad social como categorías políticas y culturales. Francisco subrayó que “la paz social es trabajosa, artesanal” y que sólo puede sostenerse mediante procesos reales de integración y encuentro (Francisco, 2020, n. 217). Asimismo, cuestionó con fuerza la pretendida racionalidad de la guerra en el mundo contemporáneo, afirmando que “ya no podemos pensar en la guerra como solución” debido a su poder destructivo desproporcionado (Francisco, 2020, n. 258).
Sobre este trasfondo doctrinal, la categoría de paz “desarmada y desarmante” propuesta por León XIV emerge como una síntesis integradora. La paz desarmada expresa la renuncia ética a la violencia como medio legítimo de resolución de conflictos; la paz desarmante, en cambio, introduce una dimensión performativa y cultural, orientada a desactivar las narrativas de miedo, enemistad y exclusión que preceden y sostienen la violencia armada. En palabras del propio Pontífice, la paz cristiana no es “un simple saludo”, sino “una realidad viva, capaz de realizar un cambio definitivo en quien la recibe y, de ese modo, en toda la realidad” (León XIV, 2025).
Desde una perspectiva académica, el principal aporte del Mensaje de León XIV, consiste en articular de manera coherente cuatro niveles de la paz: el personal, el cultural, el estructural y el institucional. Esta articulación confirma la afirmación del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia según la cual la DSI “no propone modelos técnicos, sino principios de reflexión, criterios de juicio y orientaciones para la acción” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2004, n. 72). La paz aparece así no como una utopía inalcanzable, sino como una tarea histórica que exige discernimiento ético, creatividad política y compromiso social sostenido.
Igualmente este ensayo ha pretendido mostrar que el Mensaje de León XIV para la Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero de 2026 (Publicado el 8 de diciembre de 2025) no se comprende plenamente si se aísla como un pronunciamiento “ocasional”, sino que se debe situar dentro de una tradición magisterial anual —los Mensajes pontificios del 1 de enero— que opera como “desarrollo doctrinal” de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI): con una continuidad temática (dignidad, derechos, justicia, desarrollo, desarme, cultura de la paz) y, a la vez, un desarrollo histórico que va incorporando nuevos escenarios (terrorismo global, crisis de gobernanza, tecnologías disruptivas, tensiones geopolíticas, polarización cultural).
En ese marco, los hallazgos del ensayo pueden sintetizarse en cinco afirmaciones integradoras.
11.1. La paz en la DSI es una arquitectura moral fundada en la persona y en el orden social justo
En continuidad con el núcleo clásico de la DSI, la paz no aparece como simple ausencia de guerra, sino como un orden humano con fundamentos normativos. Ya Juan XXIII formula el eje de manera programática al presentar la paz como un bien que “ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad” (Juan XXIII, 1963). Este marco —que el corpus de mensajes del 1 de enero despliega, especifica y aplica— permite leer a León XIV no como una ruptura, sino como una reactualización: la paz es don y tarea, gracia y política, interioridad y estructuras.
En efecto, la conclusión central del ensayo es que León XIV reubica deliberadamente la paz en el corazón del Misterio pascual, y por ello reordena su inteligencia social: “«La paz esté con ustedes» no es un deseo piadoso… [sino] una realidad transformadora” (León XIV, 2025). En términos doctrinales, esto equivale a sostener que la paz no es solo un resultado (output) de sistemas institucionales, sino también una fuente (input) antropológica y espiritual que habilita decisiones personales, reconciliaciones reales y diseños institucionales más humanos.
11.2. Continuidad doctrinal: justicia, derechos y bien común como columna vertebral del “magisterio de la paz” del 1 de enero
El punto 10 (tabla cronológica comparativa) permitió verificar que, más allá de la diversidad de títulos, énfasis y coyunturas, existe una columna vertebral repetida: sin justicia, la paz se vuelve ficción; sin dignidad, la paz se vuelve imposición. Pablo VI lo expresa con contundencia cuando advierte que “una Paz que no sea resultado del verdadero respeto del hombre, no es verdadera Paz” (Pablo VI, 1971). Y lo traduce en un principio operativo que, por su misma concisión, ha funcionado como lema transversal de la DSI: “si quieres la Paz, trabaja por la Justicia” Pablo VI, 1971).
Juan Pablo II profundiza esta línea con un matiz decisivo, particularmente relevante para conflictos prolongados y para sociedades polarizadas: la paz exige justicia, pero también reconciliación real; por eso afirma que “los pilares de la paz verdadera son la justicia y… el perdón” (Juan Pablo II, 2001/2002). En perspectiva comparada, este binomio justicia–perdón ofrece una clave hermenéutica para interpretar a León XIV: una paz “desarmada y desarmante” no equivale a ingenuidad, sino a una estrategia moral y social que desactiva la espiral resentimiento–venganza y reconstruye confianza pública.
11.3. Desarrollo histórico: del conflicto interestatal a los conflictos “sistémicos” (cultura, tecnología, control, desigualdad)
La lectura longitudinal de los Mensajes del 1 de enero muestra que el magisterio no solo repite principios, sino que desplaza el foco conforme mutan los factores de violencia. En el siglo XXI, la violencia no se reduce a guerra convencional; incluye terrorismo, fractura cultural, economías de exclusión, migraciones forzadas, y ahora también infraestructuras tecnológicas que pueden amplificar injusticias.
En esa línea, el Mensaje de 2024 sobre inteligencia artificial introduce un criterio metodológico con peso doctrinal: la gobernanza ética —en especial la normativa internacional— no puede construirse sin el principio de inclusión. Francisco lo formula de modo explícito: “en los debates sobre la reglamentación… se debería tener en cuenta la voz de todas las partes interesadas, incluidos los pobres, los marginados…” (Francisco, 2023/2024). Esta afirmación reordena el debate contemporáneo: la paz es imposible si los marcos regulatorios y las decisiones de alto impacto se diseñan sin quienes sufren primero y más las externalidades (pobreza, discriminación, violencia, exclusión digital, desplazamientos).
Desde el punto de vista de este ensayo, esto refuerza una conclusión sustantiva: la paz en la era digital exige instituciones y procesos deliberativos que sean epistémicamente responsables (verdad), distributivamente justos (justicia), solidarios (amor social) y abiertos a la agencia humana (libertad). Dicho de otro modo, el “magisterio anual” del 1 de enero se ha convertido en una fuente privilegiada para pensar la paz como gobernanza moral del cambio.
11.4. La “no violencia activa” y la paz pascual: de la ética personal a la ingeniería institucional
Un hallazgo transversal del estudio es la convergencia entre la ética de la no violencia y la comprensión pascual de la paz. Francisco propone explícitamente un estilo: “hagamos de la no violencia activa nuestro estilo de vida” (Francisco, 2017). León XIV, desde el registro pascual, insiste en la paz como fuerza transformadora que “realiza un cambio definitivo” en quien la recibe (León XIV, 2025). Integradas, estas dos líneas permiten afirmar que la DSI no reduce la paz a un sentimiento interior ni a un programa estatal: la paz es virtud pública y principio de acción.
Por ello, la conclusión normativa del ensayo es doble:
- A nivel micro (conciencia, cultura, tejido comunitario), la paz requiere hábitos de reconocimiento, despolarización moral, verdad narrativa (memoria), y prácticas de perdón socialmente verificables.
- A nivel macro (instituciones y derecho), la paz exige políticas y arquitecturas jurídicas que impidan que la seguridad se absolutice, que la tecnología se vuelva control social, o que la economía produzca descartes. Esto conecta con la advertencia de Benedicto XVI: “negar o limitar… esa libertad… [hace] imposible la afirmación de una paz auténtica y estable” (Benedicto XVI, 2010/2011), mostrando que la libertad (incluida la religiosa, pero no solo) opera como condición estructural de paz.
11.5. Aportes, límites y agenda de investigación
Aportes. El ensayo contribuye en tres planos: (a) ofrece una lectura comparada y documentada que vincula a León XIV con una genealogía magisterial verificable (tabla del punto 10); (b) propone una síntesis conceptual que integra la paz como don pascual con la paz como tarea histórica (estructuras justas); y (c) traslada el debate a desafíos contemporáneos (gobernanza, regulación tecnológica, inclusión de los pobres en procesos decisionales) con base en textos pontificios.
Límites. Dos límites deben reconocerse con claridad. Primero, el género “Mensaje” no tiene la misma densidad doctrinal que una encíclica; su fuerza reside en la aplicación y el discernimiento de coyunturas. Segundo, una comparación anual completa puede caer en descriptivismo si no se acompaña de categorías analíticas (que aquí se propusieron: pilares de la paz, virtudes públicas, gobernanza ética, inclusión de los descartados).
Agenda. Se sugieren cuatro líneas futuras: (1) análisis temático cuantitativo–cualitativo de los Mensajes del 1 de enero (corpus) para mapear desplazamientos semánticos (justicia, derechos, desarrollo, seguridad, tecnología); (2) evaluación comparada entre magisterio y derecho internacional (tratados, soft law, marcos de IA); (3) estudios de caso sobre mediación y reconciliación (justicia–perdón) en contextos locales; y (4) operacionalización pastoral–cívica de la “paz desarmada y desarmante” en políticas locales de prevención de violencia, cultura de legalidad y reconstrucción del tejido social.
11.6. Una tesis integradora
Integrando las conclusiones del punto 10, la tesis final del ensayo puede formularse así: el “magisterio anual” del 1 de enero constituye una tradición viva de la DSI que conserva principios no negociables (dignidad, derechos, justicia, bien común) y, al mismo tiempo, aprende históricamente a nombrar los nuevos rostros de la violencia. León XIV se inscribe de manera orgánica en esa continuidad al recordar que la paz nace de una fuente que supera el cálculo instrumental: es un don que transforma la persona y, desde ella, puede transformar estructuras. Por eso, la paz “desarmada y desarmante” no es una utopía blanda: es una propuesta moral y política exigente, capaz de traducirse en cultura, derecho y gobernanza, y de resistir —sin imitarla— la lógica expansiva de la violencia.
En conclusión, el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2026 ofrece a la Doctrina Social de la Iglesia y al debate académico contemporáneo una categoría teórica de gran fecundidad. La paz “desarmada y desarmante” permite comprender la paz no sólo como ausencia de guerra, sino como proceso integral de humanización, capaz de responder a los desafíos de un mundo marcado por la violencia estructural, la tecnificación del poder y la fragilidad del orden internacional. En este sentido, la propuesta de León XIV se presenta como una contribución significativa y pertinente para la reflexión ética, política y social del siglo XXI, abierta al diálogo con otras tradiciones intelectuales y orientada de manera inequívoca al bien común global.
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REFERENCIAS
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Stockholm International Peace Research Institute. (2025). Trends in World Military Expenditure, 2024 (SIPRI Fact Sheet).
https://www.sipri.org/sites/default/files/2025-04/2504_fs_milex_2024.pdf
Cita este artículo
Anaya, C., (2026, 26 febrero). Hacia una paz desarmada y desarmante. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/hacia-una-paz-desarmada-y-desarmante/
Enlace a edición mensual
Número 5, año 6, enero 2026 https://revistaforja.org/revista-forja-para-el-bien-comun-num-52/





