El año finaliza en México con una estela de sucesos que lo marcan negativamente: regresión autoritaria caracterizada por la imposición de mayoría en el congreso; por la inmoral extorsión y amenazas de los morenistas contra personajes como los Yunes, o el ministro Alberto Pérez Dayán, con el claro propósito de imponer un presidencialismo autoritario, al estilo del PRI de los años 70: sin contrapesos en el legislativo y en el judicial; con aumento de la deuda pública y alineación con gobiernos dictatoriales, especialmente Cuba, Nicaragua Venezuela y Rusia entre otros; sin definición sobre la guerra contra Ucrania; nada en relación al genocidio en Gaza; débil ante las presiones de Trump por los migrantes, y amenazas por el narcotráfico.
A nivel mundial, el 2024 se significó por ataques contra la vida y la familia; retrocesos en la defensa de los derechos humanos; hambre y miseria aumentadas; pérdida de valores, y disminución importante de la feligresía cristiana, aun en países tradicionalmente católicos, México uno de ellos.
Aunque esto induce al pesimismo, el Adviento nos invita a rescatar la esperanza en el porvenir; actitud inherente a los cristianos, que no pueden simplemente sentarse a esperar, como en la sala de espera del médico, o en la fila para la venta de boletos de cualquier evento deportivo.
Requerimos entender la diferencia entre espera y esperanza. La primera es pasiva, pero la segunda es activa, requiere de trabajo en todos los órdenes, para generar un futuro mejor.
Los que hemos trabajado para el cambio democrático, sabemos que no ha sido fácil. Desde los esfuerzos de un Vasconcelos, en 1929; de Gómez Morin en la universidad, y en la brega de eternidad de 1939.
Los avances, aunque pueden verse como pequeñas conquistas -el voto a la mujer en 1953, los diputados de partido, la reforma de Reyes Heroles, el Cofipe y después el IFE-, son fruto del esfuerzo de muchos mexicanos que supimos esperar en la esperanza de un México mejor, más libre y más justo, pero inacabado; con la esperanza de continuar avanzando en el logro del bien común como meta alcanzable.
México no está terminado. Su futuro depende de los mexicanos que, como antes, se han esforzado en construir un mejor México, con la esperanza de que su empeño cristalice y contribuya a un mejor futuro, que deberá llegar siempre con el trabajo y dedicación de muchos. No podemos quedarnos quietos, es obligatorio luchar, en el ámbito de nuestra competencia, pero con miras amplias en lo social y político para lograr avanzar en auxilio de los más retrasados y olvidados por el actual sistema.
Para los católicos el tiempo de adviento es de esperanza, el nacimiento de Jesús, confirma nuestra fe en la vida eterna, de ahí la incongruencia de muchos cristianos, que no tienen tiempo para Dios, mientras esperan estar con él en la vida eterna.





