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Felicítenme por ser Mujer

por | Cultura, Derechos Humanos, Familia

Estudié derecho por vocación, tenía un gran expediente académico, pero siempre había querido luchar contra las injusticias, mi madre aún me recuerda que yo, llevando pañales aún, cuando tras hacer una travesura (y hacía bastantes), mis padres me daban el amago de darme un azote, ya les decía «si me pegas te denuncio».

El día que acabé mi licenciatura pensé que era el más feliz de mi vida, que luego quedó postergado, convirtiéndose en el día más feliz, el que me casé con mi marido y los 3 en que nacieron mis hijas.

Tras acabar mi carrera empecé a trabajar en un despacho de abogados con gran fama internacional, pero me decepcionó inmensamente pues no existía ningún interés por la justicia, sino por ascender aún a costa de pisar y traicionar a tus propios compañeros. Me di cuenta entonces de que la búsqueda del bien común no se podía realizar desde ese prestigioso bufete.

Con la experiencia pude entender que una mujer no se realiza ascendiendo y ganando más y más dinero pero estando sola, sino que el verdadero valor de una mujer reside en poder dar vida y en el valor de la entrega y el sacrificio.

Mi vida estaría vacía si no pudiese compartir mis logros con mi marido y mis hijas y apoyarme en ellos en mis fracasos.

Así, con ayuda de la Providencia, fui creando una asociación en la que pudiese aunar mi vocación al derecho como abogada y la búsqueda del bien común que debe guiar a todos los cristianos.

Dedico cada hora del día a la defensa de la vida, desde la concepción hasta su fin natural, a la libertad religiosa y a la familia, lo que compatibilizo con el cuidado de mi familia y no necesito (es más, me causa rechazo) que me feliciten en el día de la mujer trabajadora, sino simplemente pido que me dejen ser mujer, con todo lo que ello conlleva, pues como diría Edith Stein, el cuerpo y el alma de la mujer están hechos para una finalidad especial, el éxito de una mujer no se basa en su capacidad de “medrar”, sino en su capacidad de amar y ser amada y en su afán por el bien común.

Hoy en día es evidente que se quiere acabar con la mujer (principalmente por las mal llamadas feministas) porque es la manera de acabar con la familia.

El alma de una mujer no se hace, se nace con ella, y nada ni nadie puede dotar de la capacidad de sacrificio y de cuidado inherente a la mujer.

Pretenden hacer de la mujer un objeto, recordemos cómo el aborto se impuso en la revolución industrial porque se necesitaba mano de obra, y desde entonces siguen queriendo arrebatarnos a las mujeres, toda nuestra excelencia y hasta nuestra propia razón de ser.

Por eso, para mí la verdadera celebración es ser mujer, con todo lo maravilloso que eso supone, y no quiero ni necesito que me comparen con los hombres.

Estoy orgullosa de ser mujer porque puedo y soy madre, porque tenemos una capacidad especial para encontrar cosas perdidas por la casa, porque podemos improvisar un cuento a cualquier hora, y porque tenemos un sexto sentido para intuir cuando alguien a quien queremos está en peligro o lo está pasando mal.

Por eso, por favor, no me feliciten por ser trabajadora, simplemente felicítenme por ser mujer, y déjenme ser mujer, porque ser mujer implica ser trabajadora (sea en casa, fuera de casa o en ambos). Para terminar, quiero recalcar que lo verdaderamente sorprendente de ser mujer es nuestra capacidad de esfuerzo y de entrega, y no por un puesto de trabajo, sino por un bien mayor, como es el bien común.

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