En 2014, mi primer encuentro con las aulas de la Harvard Kennedy School fue mucho más que un hito personal; fue un ejercicio de contraste brutal. En aquel entonces, la imagen de Felipe Calderón en los muros de la escuela simbolizaba una etapa de la relación México-Harvard.
Al regresar en 2024 al programa de Líderes Emergentes, la iconografía había cambiado: encontré a figuras como Juan Manuel Santos, cuyo Nobel de la Paz recordaba que el liderazgo latinoamericano debe evolucionar hacia la resolución de conflictos. Sin embargo, los lemas de la institución permanecen inmutables: «It ought to be possible» (Debería ser posible) y «Ask what you can do». (pregúntate qué puedes hacer).
Bajo estas insignias he moldeado mi óptica: la convicción de que el cambio social en México no es una utopía, sino una obligación de diseño estratégico.
Mi reciente estadía en 2026 para la Mexican Conference en Cambridge marcó mi tercera inmersión en este ecosistema de pensamiento. Escuchar a Marty Walsh, exsecretario del Trabajo de la administración del presidente Biden -que hoy dirige la Liga Nacional de Hockey en USA y Canadá-, plantear la disrupción de la IA en la mano de obra y la trazabilidad de capacitación y ejecución. Estas deben ir juntas y con ellos los diversos sacrificios de miles de jugadores profesionales de Hockey y de los mexicanos que van por necesidad a trabajar, quienes, de igual forma, son necesarios para la economía.
La Mexican Conference fue conectar con profesores, amigos, estudiantes de México en Harvard y de todo México. Allí, tras intercambiar perspectivas con Denisse Dresser, Luis Carlos Ugalde, Alejandro Murat, Juan Pablo Murra, Alberto Capella, Ricardo Anaya, por mencionar algunos, fue un gran momento. Ellos ya han visto varios rodeos y el presente y futuro que se vislumbra necesita que desde cada trinchera tengamos rigor académico y “hands on”. En Harvard, puede el intelecto fluir con elegancia teórica, pero no debemos olvidar el ruido del terreno donde la realidad impone una agenda cruda y urgente que todos conocemos, pero pocos se atreven a mencionar.
La Seguridad: El Impuesto Regresivo a la Productividad
Durante las jornadas, un eco persistente dominó los pasillos: la seguridad. Mientras en foros internacionales celebramos la integración comercial y el Plan Mexico, motor económico de México, sus trabajadores, empresas y PyMEs operan bajo un asedio silencioso.
Debemos entenderlo con claridad: la productividad nacional hoy no depende únicamente de la certeza jurídica o del apetito de los mercados; depende fundamentalmente de la liberación de las «reglas no escritas» impuestas por la criminalidad.
El «derecho de piso» y la extorsión no son solo delitos, son impuestos regresivos que asfixian el desarrollo y castigan el éxito con la coacción. No habrá competitividad real mientras el costo de operar en México incluya el precio de la paz.
La Deuda Social y los Cimientos Fracturados
Esta crisis de seguridad se entrelaza con una deuda social inamovible. Como sostiene mi colega Pilar Gómez, profesora del Tec de Monterrey y promotora del salario digno, la estabilidad social es un espejismo si el ingreso mínimo es insuficiente para cubrir la canasta básica.
En un México donde nacer pobre suele ser casi una condena de permanencia, la movilidad social se fractura ante una educación precarizada y una salud pública al borde del colapso por crisis silenciosas como la diabetes y la hipertensión.
Estos son los cimientos de la «rueda» que todos intentamos mover, pero que hoy gira con fricciones insostenibles.
De la Resiliencia a la Excelencia Estratégica
Aquí reside nuestra paradoja más dolorosa: la «marca país» está lacerada por la violencia, pero México conserva un magnetismo innegable. Nuestra geografía y la calidez de nuestra gente son ventajas comparativas, pero no pueden ser nuestra única estrategia. El prestigio de estudiar y vivir unos días en instituciones como Harvard no debe servir para el autoelogio, sino como un espejo que nos obligue a abordar, con seriedad técnica y voluntad política, los lastres que detienen nuestro potencial.
¿Qué nos corresponde hacer?
El diagnóstico es claro necesitamos trabajar de manera profesional; es momento de la ejecución.
La economía informal demuestra que el mexicano posee una resiliencia inagotable, pero ya no basta con «trabajar a la mexicana» bajo el concepto de la mera supervivencia. Es imperativo profesionalizarnos, actuar bajo códigos de ética inquebrantables y tener el coraje de mirar nuestra realidad sin adornos.
Debemos prepararnos para un presente donde el coraje ya no es suficiente. Necesitamos inteligencia estratégica para navegar no solo nuestras crisis sociales, sino la disrupción de la Inteligencia Artificial que ya transforma las cadenas de valor globales. El reto es claro: o profesionalizamos nuestra trinchera con rigor y ética, o seguiremos siendo el país del «que lo tiene todo y no quiere crecer».
Reconocer el escenario es solo el punto de partida. Debemos transitar del drama de la supervivencia a la ambición de la excelencia. Necesitamos más mexicanos liderando soluciones desde la alta dirección y la política pública; menos mexicanos lavando platos en Felipe´s restaurante mexicano de Cambridge, Massachussets -que muchos por necesidad están ahí y nos envían bastantes remesas cada semana-, pero sería genial ver a más empresarios compitiendo al más alto nivel mundial. Por lo que, ejecutar estratégicamente, táctica y operativamente como los mejores, es nuestra única salida para, finalmente, llegar a nuestra cita con el destino y vivir mejor.
Cita este artículo
Pinedo Ramos, B., (2026, abril 25). Entre la academia de élite y la supervivencia. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/entre-la-academia-de-elite-y-la-supervivencia/
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