Una alternativa para beneficio de los trabajadores
Bajos salarios, horas excesivas de trabajo, accidentes laborales graves; así también como condiciones de vida miserables en vivienda y en salud son algunos de los motivos por lo que florecieron diversas corrientes políticas y filosóficas en contra del capitalismo y de las grandes industrias de producción. Sin embargo, su forma de luchar violentaba la dignidad de las personas, por ejemplo: no respetaba las libertades fundamentales cooptando la iniciativa individual de los trabajadores, en varios aspectos.
Con el paso del tiempo fueron surgiendo personajes intelectuales que desarrollaron diversas doctrinas de la izquierda política para organizar la lucha en contra de aquellos excesos del capitalismo proveniente de la revolución industrial. Entre aquellos actores se encuentra el empresario escocés, de la industria textil, Robert Owen. Además de Karl Marx y Friedrich Engels, quienes plasmaron en su libro El manifiesto comunista, la sublevación armada contra el empresario burgués.
El trabajador (campesino u obrero) es visto como parte de un colectivo, el cual se debe rebelar mediante la Revolución (violencia) contra su patrón el burgués. Aunado a ello, las corrientes del lado izquierdo del espectro político se autodenominan como ateas, restringiendo otra libertad que es inherente a la persona humana: la libertad religiosa.
En cambio, por el lado capitalista, la explotación y condiciones deplorables en el que el capital tiene sumido al trabajador, también dañan la dignidad de las personas, dejando a la suerte la salud y el desarrollo integral del trabajador y de su familia.
Ahora bien, veamos qué dice la Iglesia respecto a la relación entre el trabajador y el patrón, a través de su Doctrina Social. Para el año 1891, el Papa León XIII publica la primera encíclica en materia social: Rerum Novarum.
A partir de ahí, diversos sectores laborales y empresariales católicos se han dado a la tarea de organizarse para trabajar en el orden temporal, cooperando de tal manera, que la relación patrón-trabajador sea armoniosa y de diálogo, velando siempre por el beneficio de ambas partes. Es entonces cuando la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) señala sobre las fallas de los excesos en la violación de la dignidad de las personas, tanto de las doctrinas de la izquierda política, como del capitalismo a ultranza.
Ahora bien, la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), con base a la luz de su Magisterio señala respecto a la revolución industrial:
La revolución industrial planteó a la Iglesia un gran desafío, al que el Magisterio social respondió con la fuerza profética, afirmando principios de validez universal y de perenne actualidad, para bien del hombre que trabaja y de sus derechos.
… Como punto focal de la solicitud pastoral de la Iglesia se situaba cada vez más urgentemente la cuestión obrera, es decir el problema de la explotación de los trabajadores, producto de la nueva organización industrial del trabajo de matriz capitalista, y el problema, no menos grave, de la instrumentalización ideológica, socialista y comunista, de las justas reivindicaciones del mundo del trabajo. [Conferencia del Episcopado Mexicano. 2005, p. 151]
Como podemos observar, el contexto en el que se sitúa la DSI, y que hoy en día sigue vigente, es la visión que divide al mundo laboral y económico.
Es por ello que la Iglesia siempre ha señalado las injusticias tanto en los derechos humanos como en las libertades fundamentales que el ser humano tiene de manera intrínseca por el sólo hecho de serlo.
La DSI señala que independientemente del giro laboral que esté al servicio de la persona humana, y del bien común, este último entendido como el conjunto de condiciones económicas, políticas y espirituales para el desarrollo integral de las personas; con la cooperación, el trabajo respetuoso y con diálogo, se pueden alcanzar grandes metas para el crecimiento y desarrollo de las sociedades.
Entre trabajo y capital debe existir complementariedad. La misma lógica intrínseca al proceso productivo demuestra la necesidad de su recíproca compenetración y la urgencia de dar vida a sistemas económicos en los que, dentro de un sistema económico menos complejo, el <<capital>> y el <<trabajo asalariado>> identificaban con una cierta precisión no sólo dos factores productivos, sino también y sobre todo, dos clases sociales concretas, la Iglesia afirmaba que ambos eran en si mismos legítimos. <<Ni el capital puede subsistir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital>>. [Conferencia del Episcopado mexicano. 2005, p. 156]
Existen diversos ejemplos de organizaciones y movimientos sindicales en España, una vez publicada la encíclica Rerum Novarum, del Papa León XIII, como por ejemplo: en 1893, tan sólo dos años después, en Valencia, España se organiza la Asamblea de Círculos católicos, así también como diversas corporaciones católicas obreras; con la finalidad de denunciar las condiciones laborales inhumanas en las que se desempeñaban los trabajadores españoles. Así también, ya más entrado el siglo XX, en 1919, diversas asociaciones y confederaciones de alcance nacional, de católicos obreros se movilizaron para darle un sentido humano al trabajo, con base en la luz del Magisterio de la Iglesia.
Recordemos que la Iglesia jamás ha sido ajena a los derechos humanos de los más vulnerables, desde hace más de dos mil años, hasta el presente.
Referencias:
[1] Conferencia del Episcopado Mexicano. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Ediciones CEM, 2005.
[2] Martínez R. y Sullican C. El sindicalismo social – cristiano: influencia en América Latina y Argentina. UNLaM, 2015.
[3] De Nicolás, J. S. J. El sindicalismo cristiano en España.
Cita este artículo
Burgueño Ramos, H. J., (2026, mayo 23). El sindicalismo social cristiano. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/el-sindicalismo-social-cristiano/
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