El 1 de septiembre de 1939, después de llevar a cabo una operación de falsa bandera, las tropas del Tercer Reich cruzaban la frontera polaca desatando la Segunda Guerra Mundial. Los efectos del conflicto afectarían al mundo entero y pondrían a la comunidad judía en los ojos del mundo.
El antisemitismo no era extraño en Europa; la Edad Media había sido marcada por ataques más o menos sistemáticos a las poblaciones judías, particularmente en los territorios germanos y de Europa del Este, así como por las expulsiones de las poblaciones judías de los países de Europa occidental.
Durante el siglo XIX y principios del XX la persecución en la Rusia zarista fue particularmente brutal, mientras que en el territorio alemán unificado la comunidad judía, si bien tratada con cierta animosidad, gozaba de los mismos derechos y libertades que el resto de los ciudadanos.
En 1933 el partido nazi obtuvo el poder tras una serie de desafortunados eventos políticos (erróneamente se piensa que el partido nazi accedió al poder de forma democrática, siendo la realidad que este perdió la elección popular) y rápidamente implantó una serie de medidas enfocadas a la erradicación de aquellos elementos sociales identificados como peligrosos para la nueva nación alemana, dentro de los que se incluían el clero y las organizaciones sociales y políticas católicas, los homosexuales, los negros, los discapacitados y, particularmente, los judíos.
Ya para 1939 la población judía en Alemania había sido prácticamente eliminada, ya fuera por la emigración o por la internación en campos de concentración. Parte de aquella población se había refugiado en Estados Unidos o en el resto de los países europeos (tras la ofensiva nazi los países ocupados fueron sometidos al mismo régimen de exterminio, generando nuevas migraciones), pero una parte buscó en el territorio del Mandato Británico de Palestina un nuevo hogar.
DE LA GUERRA MUNDIAL A BILTMORE (1939–1942)
Si bien para el mundo el tema de la persecución antisemita no terminó de mostrarse claro sino hasta 1943 y 1944, para las comunidades judías nunca hubo lugar a dudas, por lo que la necesidad de un “hogar nacional” se volvió imperativa. Del 6 al 11 de mayo de 1942 se llevó a cabo una reunión sionista en el Hotel Biltmore en Nueva York, cuya resolución final pasaría a la historia como el “Programa Biltmore”.
En esta, los elementos más radicales del movimiento sionista reemplazaron a los moderados y establecieron como objetivo fundamental el establecimiento de una Mancomunidad Judía (Jewish Commonwealth) en Palestina, modificando la política hasta entonces llevada por el sionismo.
El Programa Biltmore, así como las experiencias de los años 30 en Palestina, cultivaron un creciente rechazo de la comunidad judía hacia el Reino Unido, generando tensiones que comenzaron a notarse en el territorio del Mandato Británico. En un intento por pacificar las relaciones, tensadas por la publicación del Libro Blanco de 1939 y su limitación de la inmigración judía a Palestina, el ejército británico aceptó establecer una serie de batallones palestinos desde 1940 y un Regimiento en forma en 1942.
Se requería que en la integración de estas unidades hubiese tanto voluntarios árabes como judíos, aunque en la práctica estos fueron mayoritariamente judíos. Los líderes sionistas continuaron presionando por la creación de una unidad de combate completamente judía, propuesta rechazada por temor tanto a los árabes como a la posibilidad de que dicha unidad pudiera generar futuros conflictos con el Mandato Británico en Palestina.
LA BRIGADA JUDÍA Y SUS EFECTOS (1944–1946)
No fue sino hasta el año de 1944 cuando Winston Churchill aprobó la creación de la “Agrupación de Infantería de la Brigada Judía”, movido por las noticias de los crímenes nazis y esperando impresionar de dicha forma al público norteamericano y granjearse el apoyo sionista. La unidad combatió durante 1944 y 1945 en el frente italiano con un buen desempeño, aunque hubo acusaciones de actuar con brutalidad contra los prisioneros de guerra alemanes.
Durante los últimos meses de la guerra la unidad se estableció en la frontera entre Italia, Yugoslavia y Austria, donde inició actividades subrepticias de apoyo a supervivientes del Holocausto, asesinato de criminales de guerra y tropas de las SS, así como apoyo a la inmigración ilegal de judíos a Palestina. La Brigada fue relocalizada a Bélgica y finalmente a la zona del Rin antes de ser desbandada en 1946.
La experiencia de la brigada no solo tuvo un gran impacto propagandístico para la causa judía; también dotó a miles de judíos de experiencia y entrenamiento militar directos, que servirían, tal como temieron algunos oficiales británicos, para los posteriores combates que se darían en Palestina.
LIGA ÁRABE Y CONFERENCIAS SIONISTAS (1945)
Mientras los campos de Europa ardían, el gobierno británico, buscando pacificar la situación en Medio Oriente, facilitó la comunicación entre los líderes de los distintos países y protectorados árabes con el objeto de unificarlos para mantener su influencia en la zona. La organización que surgiría a la larga de estos esfuerzos sería la Liga Árabe.
Tras un primer intento fallido (en el que se otorgaba una pequeña autonomía a los judíos, se creaba una Gran Siria —una amplia integración administrativa, de gobierno y política de diversos territorios árabes—, así como un régimen privilegiado para los maronitas), el 22 de marzo de 1945 en El Cairo se creaba formalmente la organización con Egipto, Siria, Líbano, Transjordania, Irak, Arabia Saudita y representantes de los árabes palestinos. La organización adquiriría una enorme importancia durante los procesos de descolonización y el establecimiento del Estado de Israel durante la segunda mitad del siglo XX.
El mismo agosto de 1945 la comunidad sionista internacional llevó a cabo la Conferencia Sionista en Londres, la primera tras el inicio de la guerra. Fortalecidos e indignados por el Holocausto, y lo que percibían como la falta de apoyo del Reino Unido, la Conferencia tomó la decisión de abandonar la diplomacia y exigir la creación inmediata de un Estado judío, la eliminación de limitaciones a la inmigración judía y la promesa de la coexistencia con la comunidad árabe asegurando la igualdad jurídica para todos.
DEL TERROR Y LA PROPAGANDA AL FIN DEL MANDATO (1946–1948)
El llamado de la Conferencia Sionista fue tomado por muchos como una aceptación de los métodos violentos contra las tropas inglesas. La organización extremista Irgún, fundada en 1931 como escisión de la Haganah y responsable de ataques a la población árabe y, desde 1939, a instalaciones y policías británicos, llevó a cabo el 22 de julio de 1946 el mayor ataque terrorista contra el gobierno británico hasta el momento: detonó una bomba en el Hotel Rey David, cuartel general del Mandato Británico de Palestina, ocasionando 91 muertos y 46 heridos entre militares y civiles.
El público británico, harto de la violencia que no había cesado en Medio Oriente desde hacía más de 10 años, criticó fuertemente al gobierno, señalándolo de mentiroso por ocultar el nivel de violencia que se vivía, así como la postura que el Mandato había tomado contra los judíos, percibidos como víctimas del Holocausto y ahora del régimen británico.
Para 1947 ya era claro para los sionistas que el Reino Unido no ofrecería apoyo a la causa y que debía considerarse un enemigo más; su mirada se dirigió, pues, a los Estados Unidos, perfilados ya claramente como la potencia hegemónica mundial. Se inició una campaña propagandística para ganar el apoyo mundial y especialmente del público estadounidense para la causa judía.
El 15 de mayo de 1947 el conflicto en Palestina llevó a la Asamblea General de las Naciones Unidas a crear el Comité Especial de las Naciones Unidas para Palestina (UNSCOP) con el fin de determinar las causas del conflicto y llegar a una solución. Al tiempo que el Comité investigaba, y que la maquinaria propagandística judía impulsaba su causa en el mundo occidental, se dio un acontecimiento que debilitaría de forma determinante al Mandato Británico en Palestina.
El 11 de julio de 1947 las tropas inglesas detuvieron al SS Exodus, un barco cargado de más de 4 500 inmigrantes judíos, la mayoría supervivientes del Holocausto, para evitar su desembarco en estricto cumplimiento de lo establecido por el Libro Blanco de 1939. La imagen de los supervivientes, tatuados con sus números de campo de concentración y famélicos, siendo retenidos por tropas británicas y retornados, tras múltiples escalas y amagos, a campos de refugiados en Alemania, recordaba de forma demasiado incómoda la violencia nazi de apenas un par de años atrás.
El caso del Exodus, posteriormente convertido en un libro en 1958 y en una película en 1960, fue un golpe durísimo para la postura británica. A esto se sumaba el aumento de la violencia y las represalias contra árabes y británicos por parte de los colonos judíos.
La gota que colmó el proverbial vaso fue el denominado “caso de los sargentos” del 30 de julio de 1947, en el que el Irgún secuestró y posteriormente ejecutó a dos miembros del Cuerpo de Inteligencia del Ejército Británico, en represalia por la pena de muerte impuesta a tres militantes de la organización. Las fotos, publicadas en los diarios británicos, de los cuerpos colgando de árboles, generaron en la población fuertes condenas e incluso represalias tanto en Palestina como en el Reino Unido en contra de judíos y sus comercios.
El evento contribuyó a acelerar la determinación del primer ministro Richard Attlee de ordenar el retiro de todas las tropas inglesas del territorio palestino lo antes posible, dejando a los árabes y a los judíos a su propia suerte. Ante la situación tan crítica, el 29 de noviembre de 1947 la Asamblea de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 181.
En ella se determinaba el fin del Mandato Británico, la retirada de tropas a más tardar el 1 de agosto de 1948, la partición del territorio en dos Estados —uno judío (56 % del territorio) y otro árabe (44 %)— y un área que incluía Jerusalén y Belén bajo control internacional. Los dos Estados estarían unidos económicamente y se protegerían los derechos religiosos y las minorías.
En las deliberaciones de la UNSCOP las organizaciones judías participaron activamente, mientras que los representantes árabes palestinos sabotearon las negociaciones por considerarlas pro-sionistas. La determinación fue aplaudida por la mayoría de los judíos, aunque la Agencia Judía para Palestina la aceptó con reticencias, al tiempo que algunos líderes sionistas la consideraron como un paso táctico para futuras expansiones.
Por su parte, el Alto Comité Árabe y la Liga Árabe, así como diversos líderes y gobiernos árabes, rechazaron la decisión, señalando que la mayoría de la población y de las tierras eran propiedad de árabes y que, conforme al principio de autodeterminación, a la nación árabe le correspondía todo el territorio de Palestina para establecer un Estado propio.
GUERRA CIVIL, PLAN DALET Y PROCLAMACIÓN (1947–1948)
La decisión de la Asamblea General, así como el vacío que generó el inicio de la retirada de las tropas británicas, no podían llevar sino a terribles consecuencias, detonándose la guerra civil el 30 de noviembre de 1947. El júbilo judío fue respondido por protestas árabes, seguido de una huelga general de tres días convocada por el Alto Comité Árabe.
Los ánimos se encresparon y los asesinatos y represalias no tardaron en iniciar, mientras las tropas inglesas se esforzaron por retirarse lo antes posible para evitar verse arrastradas nuevamente al conflicto. Los árabes palestinos emboscaban vehículos en los caminos y atacaban a los residentes judíos en las ciudades, mientras que los terroristas del Lehi y el Irgun colocaban bombas en mercados, estaciones de autobuses y lugares transitados.
La guerra civil se transformó en un verdadero conflicto armado entre los dos grupos, con una importante presencia internacional. Los sionistas recibieron apoyo económico de simpatizantes estadounidenses, europeos e incluso de Josef Stalin, lo que permitió la adquisición de gran cantidad de armas de fuego y municiones.
Por su parte, los árabes recibieron poco apoyo económico del resto de los países de la región, dada la situación precaria de estos; sin embargo, se reportó que recibieron como voluntarios a veteranos musulmanes y alemanes de la Wehrmacht y de las SS, así como a algunos voluntarios ingleses que habían generado un odio hacia los terroristas judíos.
Para abril de 1948 los árabes ya se encontraban en franca desventaja, situación aprovechada por los sionistas, quienes lanzaron ese mes el “Plan Dalet”, cuyo objetivo era la conquista de las ciudades y territorios que la Resolución 181 había señalado como pertenecientes a los judíos, llegando a extender sus operaciones a aquellos territorios designados para los árabes, así como para el mandato internacional (Belén y Jerusalén) al considerarlos estratégicos o con alta población judía.
La campaña militar fue acompañada por el desplazamiento forzado de las comunidades árabes asentadas en los territorios conquistados. Los miembros del Irgún y del Lehi, integrados de nuevo en la Haganah, cometieron diversas masacres contra la población árabe, entre ellas la de Deir Yassin, en la que, tras la captura del pueblo del mismo nombre, se procedió al asesinato de hombres, mujeres y niños (se llegó a denunciar incluso el asesinato de infantes por parte de las tropas judías).
Los huérfanos fueron abandonados en Jerusalén y varios prisioneros fueron desfilados por las calles de la ciudad para ser maltratados y apedreados por la población. Este tipo de crímenes impulsaron a la población árabe a huir de las tropas israelíes y abandonar sus tierras, las cuales fueron rápidamente anexadas.
El día 14 de mayo de 1948, en el Museo de Tel Aviv (en el hoy denominado “Salón de la Independencia”), a las 16:00 h, y evitando romper el Shabat, se proclamó y firmó la Declaración de Independencia del Estado de Israel. Un par de horas después, durante la medianoche del 14 al 15 de mayo concluyó oficialmente el Mandato Británico de Palestina Las tropas británicas, tras décadas de conflictos y muertes, abandonaban la zona a su suerte, una potencia más que desangrada abandonaba Tierra Santa.
La firma no solo detonaba la vida independiente del Estado de Israel, sino que marcaba el inicio de la Primera Guerra Árabe-israelí de 1948.
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Cita este artículo
Montalvo, J. F. (2026, 16 enero). Dos países, dos estados y muchos problemas. Parte II. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/dos-paises-dos-estados-y-muchos-problemas-parte-ii/
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