El mundo se debate entre democracia y autoritarismo: la llegada de Trump, en los Estados Unidos, la repetición de Orban en Hungría, la motosierra de Milei, y la más grave de todas, el genocidio de Gaza, a expensas de Netanyahu, sin olvidar las tendencias en Holanda, Italia, y otras naciones como Bolivia, Ecuador, México y Colombia, muestran claramente el deterioro progresivo de la democracia y el retorno del autoritarismo en escala cada vez mayor.
Para que haya democracia tiene que haber demócratas, ahí es donde se encuentra la clave de la regresión: no hemos sido capaces de arraigar en el ciudadano la cultura democrática, salvaguarda del régimen de libertades y derechos, inspirados por ella.
En todas partes se habla de democracia, pero la cultura democrática, no está lo suficientemente interiorizada en la sociedad, por lo que su defensa es limitada y, en muchos casos, queda en manos de partidos políticos que han perdido credibilidad por no haber trabajado en su momento por la educación y formación ciudadana en la democracia.
Los ejemplos de derrotas culturales son muchos. Solo mencionaremos el caso de Venezuela -siempre actual- donde hace años la Democracia Cristiana tuvo el poder y faltó a su obligación de formar y cultivar en los ciudadanos la conciencia y los valores de la democracia -que hubiera evitado la llegada de los autócratas Chávez y Maduro-. La consecuencia la están sufriendo hoy día con la perdida de libertades, en un ambiente de dependencia de las dádivas gubernamentales y el deterioro generalizado de la sociedad en todos los terrenos: educativo, económico, político, pero sobre todo en el cultural, ya que les han impuesto una nueva cultura autoritaria, ajena a los valores tradicionales de su nación; y con obligación de aceptar al caudillo, encarnado por Nicolás Maduro.
El triunfo electoral de la oposición, encabezados por María Machado y Edmundo González, fue desconocido por la dictadura, que en forma fraudulenta y con la fuerza de las fuerzas de seguridad (policías y ejército) y de grupos paramilitares impuso la dictadura de Maduro, lo cual ha sido repudiado por muchas democracias.
El segundo ejemplo es México, nos costó muchos años arribar a la alternancia, pero no logramos mantener los precarios avances en democracia, y la elección de estado en 2024, ha significado una regresión difícil de creer, ya que hay concentración del poder en el ejecutivo, subordinación total del legislativo y la destrucción del poder judicial para reemplazar a los jueces, magistrados y ministros de carrera con jueces a modo, miembros y simpatizantes del partido del gobierno, los cuales serán electos en una farsa electoral. También es importante resaltar la desaparición y colonización de las instituciones autónomas -algunas de ellas ciudadanizadas-, que vigilaban y transparentaban las acciones del gobierno.
Es imperativo para las fuerzas políticas y sociales de todos los países que quieren ser democráticos, poner énfasis en el desarrollo de una cultura democrática accesible a la mayoría de los ciudadanos, que demuestre las ventajas del sistema democrático, y que empodere al ciudadano de tal modo que, a pesar de la regresión autoritaria, este viva la esperanza de libertad de elección, que permita restablecer los derechos naturales que la constitución debe respetar.
El reto es grande, pero si no lo enfrentamos con energía y eficacia, estaremos retrasando la posibilidad de un futuro en libertad y prosperidad.





