El primer revés diplomático a la nueva administración Trump, en casa
La primera negociación regional de las Américas en la era de Trump 2.0 pareciera haberla perdido Trump y forzado la unidad de América Latina y el Caribe. El 10 de marzo de 2025, Albert Ramdin, Ministro de Relaciones Exteriores de Surinam, fue elegido Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), constituyendo un revés para la estrategia geopolítica estadounidense que, según algunos analistas, busca pactar zonas de influencia con China y Rusia, reservando «América para los Americanos».
Este nombramiento marca un hito histórico al ser la primera vez que un representante del Caribe asume el liderazgo de esta organización hemisférica creada en 1948. Lo más relevante, sin embargo, fueron los contrapesos y dinámicas geopolíticas que emergieron en un momento de turbulencias internacionales sin precedentes desde la postguerra, apenas una semana después de la icónica reunión entre Zelenski y Trump en la Casa Blanca.
La articulación de un consenso hemisférico inesperado
Durante meses circularon rumores sobre diversas candidaturas, pero la competencia terminó configurándose como un enfrentamiento entre dos visiones antagónicas que han polarizado la región desde la creación de la CELAC, en 2010, como alternativa a la OEA, sin Estados Unidos ni Canadá.
El presidente paraguayo Santiago Peña anunció durante la Asamblea General de la OEA en Asunción (junio 2024) la candidatura de su canciller Rubén Ramírez Lezcano. Esta representó una apuesta ambiciosa para un país generalmente alejado de la primera línea de la política hemisférica, pero crecientemente activo en el bloque conservador, aunque más dialogante que la Argentina de Milei o El Salvador de Bukele. Peña asistió incluso a la toma de posesión de Claudia Sheinbaum en octubre pasado.
Por otro lado, los países del CARICOM presentaron una candidatura sólida, respaldada inicialmente con 14 de los 18 votos necesarios. Su candidato, Ramdin, poseía una credibilidad incuestionable tras ejercer dos mandatos como Secretario General Adjunto de la OEA (2005-2015), posición con la que tradicionalmente se conformaba el Caribe para hacer oír sus prioridades, claramente distintas a las «continentales».
Inicialmente, Ramírez Lezcano aparentaba contar con el respaldo del resto de países del Mercosur, incluido Brasil. México, Colombia y Chile permanecían indecisos aún en febrero, mientras ambos candidatos reivindicaban a Perú como aliado. Paraguay confiaba en el voto estadounidense, tradicionalmente decisivo debido a la dependencia financiera de la OEA respecto a Washington. Ramírez Lezcano visitó a Trump en Mar-a-Lago siendo presidente electo, y Peña fue uno de los pocos líderes regionales invitados a su toma de posesión.
China: de país observador a factor determinante
En esta ocasión, sin embargo, la influencia china resultó decisiva. Paraguay, pese a fuertes presiones de Beijing, es el país con mayor territorio que mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán. Surinam, en cambio, forma parte del círculo de socios o deudores de China en el Caribe anglófono, región donde el gigante asiático ha invertido más de ocho mil millones de dólares en los últimos 25 años, con proyectos petroleros que prevén duplicar esa cifra.
En noviembre de 2023, Ramdin se reunió con el embajador chino Lin Ji en un encuentro ampliamente publicitado. Durante una posterior entrevista con Global Times, elogió el liderazgo de China en iniciativas de desarrollo y reafirmó el apoyo de Surinam a la política de «Una sola China». Estos antecedentes generaron inquietud en círculos diplomáticos estadounidenses sobre la posibilidad de que China estuviera desempeñando un papel más activo que el de simple «país observador» en la OEA.
No obstante, el acercamiento demasiado explícito de Paraguay a la administración Trump tampoco era bienvenido en una región que ha buscado desmarcarse de la influencia estadounidense durante décadas, y que observa con preocupación el trato que Washington dispensa a sus «socios comerciales» México y Canadá, amenazados con aranceles desde el inicio de la administración.
Brasil, este año presidente de los BRICS y sede de la COP30, encargada de implementar el Acuerdo de París del cual Trump decidió salirse, no dudó en su decisión. El apoyo de Lula a Ramdin, seguido por otros países como Bolivia, Chile, Colombia y Uruguay (todos con gobiernos de izquierda), y posteriormente por Costa Rica, Ecuador y República Dominicana (de tendencia conservadora), marcó un punto de inflexión que dejó aislada la posición paraguaya y, por extensión, la estadounidense.
Balance: unidad al sur del Río Bravo, pragmatismo al norte
La maniobra brasileña ha dejado heridas en el Mercosur, evidenciadas en su última reunión en Asunción y profundizadas por Milei durante su presidencia del mecanismo, al buscar activamente un TLC con Estados Unidos incluso a costa de abandonar el bloque. Fracturas similares se percibían en la Alianza del Pacífico desde el conflicto entre AMLO y Dina Boluarte tras la destitución de Pedro Castillo.
Paradójicamente, gracias a la diplomacia brasileña, mexicana y una dosis de realismo político, el retiro de la candidatura de Ramírez Lezcano a días de la elección favoreció la candidatura de unidad de Ramdin y una elección «por aclamación».
Sorprendentemente, la administración Trump, quizá más ocupada en resolver la guerra en Ucrania, aceptó la inevitable candidatura de Ramdin pese a sus vínculos con China. Michael Kozak, encargado de América Latina en el Departamento de Estado, calificó la elección como «histórica» en referencia al Caribe, en un evidente ejercicio de control de daños.
Esta aceptación puede interpretarse desde múltiples ángulos. Por un lado, el ámbito multilateral no parece prioritario para una administración Trump que privilegia relaciones transaccionales bilaterales. Por otra parte, Washington mantiene considerable poder estructural en la organización a través del presupuesto y normalmente designa un secretario general adjunto, lo que le permitirá ejercer influencia incluso con un secretario general no completamente alineado con sus intereses.
Finalmente, Estados Unidos reconoce la necesidad de cooperación regional para abordar su prioridad: un «hemisferio occidental seguro y protegido», como afirma el comunicado del Secretario de Estado Rubio emitido tras la elección. La próxima cita regional será la Cumbre de las Américas en diciembre en Punta Cana. La capacidad de Ramdin para generar consensos será puesta a prueba ante cuestiones divisivas como la relación con Venezuela, Nicaragua y Cuba, y el papel de actores extrarregionales como China y Rusia.
No faltan ni faltarán las lecturas puramente ideológicas de esta elección: «la OEA podría caer en la órbita del Foro de Sao Paulo y China», advertía un titular el día de la elección. Ciertamente, la cercanía con China y la opinión de Ramdin de que «la única forma» de tratar la situación en Venezuela es mediante «diálogo» con el régimen de Maduro resultan cuestionables para quienes defienden los derechos humanos y la democracia.
Sin embargo, la capacidad de dialogar con quien piensa distinto es precisamente la característica de «la mejor política» que menciona el Papa Francisco en Fratelli Tutti. Los acuerdos entre Francia y Alemania, antes enfrentados por la guerra, constituyen el cimiento y el cemento de la Unión Europea. Desde esta perspectiva, la unión forzada de América Latina y el Caribe con Estados Unidos y Canadá abre la posibilidad de un diálogo más equilibrado y quizá una perspectiva relevante para construir un futuro común, en un momento en que el mundo parece configurarse en grandes bloques o zonas de influencia, y donde una América Latina dividida tiene todas las de perder.
Conclusión
En un contexto internacional de tensión sin precedentes, América Latina y el Caribe lograron un hito extraordinario: imponer una candidatura de unidad frente a las preferencias estadounidenses y forzar a la administración Trump, que había venido imponiendo su agenda a México, Canadá, Ucrania y Europa, a aceptar una elección inicialmente desfavorable a sus intereses. La aceptación tácita de Washington extiende esa unidad potencial a todo el hemisferio, lo que podría constituir una oportunidad para un diálogo franco en vísperas de la próxima Cumbre de las Américas.





