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AMLO, entre Porfirio Díaz y el Jefe Máximo

por | Política

La administración de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), exalta a personajes históricos que alimentan su narrativa. Miguel Hidalgo, José María Morelos, Benito Juárez, Ricardo Flores Magón, Francisco I. Madero, Francisco Villa, Emiliano Zapata y Lázaro Cárdenas por mencionar algunos. Insiste en copiar sus ideales y ser los motivadores de su modelo político de gobierno.

¿Pero su forma de gobernar, a que otras experiencias políticas a través del tiempo tiene en realidad semejanzas?, ¿Existe un plan para ampliar su poder, sin estar al frente de la cabeza de gobierno?, ¿El modelo de la autodenominada cuarta transformación tiene elementos tácticos de otros gobiernos en México?

Dentro de la historia de México, existen dos períodos políticos en los que el autoritarismo y la obsesión por construir instituciones fueron elementos característicos que tuvieron un impacto a largo plazo.

De 1877 a 1911, se vivió el «Porfiriato», durante el cual gobernó el militar liberal de origen oaxaqueño, José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, quien nació el 15 de septiembre de 1830 y falleció el 2 de julio de 1915 en París, Francia, exiliado de México hasta nuestros días, ya que sus restos siguen en Europa.

Por otro lado, de 1924 a 1935, existió el «Maximato», un período político gobernado por cuatro presidentes, aunque en realidad fue dirigido por uno solo: Francisco Plutarco Elías Campuzano, mejor conocido como Plutarco Elías Calles, quien se autodenominó el «Jefe». Máximo de la Revolución».

Porfirio Díaz diseñó el Plan de Tuxtepec en 1876 para llegar al poder, utilizando el lema de «Sufragio efectivo no reelección», ya que no estaba de acuerdo con la reelección de Sebastián Lerdo de Tejada. En 1877, obtuvo el triunfo militar y convocó elecciones en junio, donde ganó la presidencia para el período de 1877-1880. Durante su primer mandato presidencial, Díaz inició la tarea de establecer el orden en un país que había sufrido guerras civiles y comenzó a construir instituciones, inspirado en la visión positivista del progreso que estaba en boga en Occidente.

Sin embargo, su tiempo en el cargo no fue suficiente para llevar a cabo su modelo de gobierno, y, en cumplimiento de la constitución, decidió postular a su compadre Manuel González Flores, quien en ese momento era el Secretario de Guerra y Marina, como su sucesor para el periodo 1880-1884. «El Manco González» (había perdido su brazo derecho en la batalla de Tecoac, Tlaxcala, durante la rebelión de Tuxtepec) continuó la obra de Porfirio Díaz, especialmente en el establecimiento de una buena relación con los Estados Unidos en cuestiones comerciales y la construcción. de vías férreas. Sin embargo, surgieron complicaciones.

A diferencia de su predecesor, Manuel González no era carismático ni un buen administrador. Además, carecía de un grupo político propio, y la prensa de la época controlada por Díaz criticaba su gobierno, realizando comparaciones constantes entre los dos. La presión popular, sin duda alimentada por la estrategia de Díaz, llevó a una reforma constitucional que permitió la reelección presidencial. Así, en 1884, regresó al poder el «caudillo de Puebla», manteniéndose en el poder de forma ininterrumpida hasta 1911, cuando renunció a la presidencia debido a la Revolución Mexicana.

El otro período en el que un presidente se obsesionó con establecer la ley y crear un proyecto político a largo plazo fue el «Maximato». Plutarco Elías Calles, oriundo de Guaymas, Sonora, nació el 25 de septiembre de 1877 y falleció el 19 de octubre de 1945 en la Ciudad de México. Inicialmente, fue maestro rural y administrador de varios negocios que fracasaron, y posteriormente se unió a la Revolución con el Plan de Guadalupe promulgado por Venustiano Carranza en 1913.

Calles tuvo poca actividad militar, pero su lealtad a su paisano Álvaro Obregón fue fundamental para su ascenso político. En 1920, fue nombrado Secretario de Gobernación y en 1923, candidato a la presidencia. En 1924, asumió la presidencia de México y comenzó a diseñar la creación de instituciones como el Banco de México, los bancos agrícolas, la Escuela de Agronomía de Chapingo y el primer sistema de carreteras.

Sin embargo, dentro de su diseño de gobierno, consideró que una institución obstaculizaba sus planos al fomentar el fanatismo y la ignorancia: la Iglesia Católica. La Guerra Cristera fue el resultado de la aplicación de la reglamentación del artículo 130 de la Constitución Política de 1917. La llamada «Ley Calles» provocó el cierre de templos y la suspensión del culto público, lo que llevó al levantamiento armado de millas de católicos.

Este conflicto, que duró tres años y se estima que provocó la muerte de entre 200 mil y 500 mil mexicanos, incluido el asesinato del presidente electo Álvaro Obregón. Obregón, quien en su primer periodo gobernó México de 1920 a 1924, y logró que durante el gobierno de Calles se reformara la constitución para permitir la reelección. Así, en 1928 y después de incluso asesinar a generales que se oponían a su regreso al poder, Obregón ganó las elecciones, logrando su reelección, lo que iba en contra de la motivación revolucionaria de 1910 para evitar dictaduras.

El 17 de julio de 1928, en el restaurante «La Bombilla» en San Ángel, Obregón fue asesinado, lo que llevó a Calles a enfrentar una disyuntiva: mantenerse en el poder hasta convocar nuevamente elecciones o concluir su período presidencial y nombrar un presidente interino. Optó por la segunda opción y nombró a su Secretario de Gobernación, Emilio Portes Gil, como presidente.

En ese momento, Calles se autodenominó el «Jefe Máximo de la Revolución» y, junto a otros generales como Manuel Pérez Treviño, diseñó la creación de un partido político de alcance nacional con el objetivo de hacer un pacto para compartir el poder, evitar las individualidades de los caudillos regionales y mantener vivos los ideales de la Revolución.

Así surgió el Partido Nacional Revolucionario (PNR), que años después cambió su nombre a Partido Revolucionario Institucional (PRI). Emilio Portes Gil convocó elecciones para 1929. El PNR postuló a Pascual Ortiz Rubio por indicaciones de Calles. Ortiz Rubio, en ese momento embajador de México en Brasil, era un diplomático que había abandonado el país en 1921 debido a diferencias en el gabinete de Obregón.

Descubriendo la situación política interna, según sus memorias, recibió un telegrama de Calles en el que le pedía que se uniera a la candidatura presidencial del PNR, ya que se necesitaban figuras neutrales como él. Ortiz Rubio ganó las elecciones frente a un personaje ilustrado y combativo, el maestro José Vasconcelos.

Crónicas de la época indican que Ortiz Rubio era poco carismático y temeroso, e incluso recibió el apodo de «el nopalito» debido a su comportamiento sumiso. Como se decía en la época, «el presidente vive aquí» (en referencia al Castillo de Chapultepec, en ese momento la residencia presidencial), pero «el que manda vive en frente» (Calles vivía en la colonia Anzures, ubicada geográficamente frente a Chapultepec). Ortiz Rubio renunció a la presidencia en 1932, alegando que Calles lo presionaba en la toma de decisiones.

Calles nombró a otro presidente interino, Abelardo L. Rodríguez (quien era Secretario de Industria, Comercio y Trabajo), para el período 1932-1934. Siguiendo su plan, Calles impulsó al ex gobernador de Michoacán, Lázaro Cárdenas del Río. A diferencia de los otros presidentes impuestos por él, Cárdenas fue carismático y, en ese momento, aparentemente dócil.

Cárdenas comenzó a tomar decisiones que molestaron a Calles, quien emitió fuertes declaraciones que llevaron al despido de los «callistas» del gabinete y, semanas después, al exilio del Jefe Máximo del territorio nacional.

La herencia de Calles fue el Sistema Político Mexicano, cuyas reglas no escritas siguen vigentes.

Ahora, en 2023, parece que Andrés Manuel López Obrador desea replicar una combinación de modelos políticos para su herencia.

En primer lugar, tiene la obsesión de mantener su modelo, denominado por él como «cuarta transformación».

AMLO durante el tiempo que lleva en el poder nunca menciona la palabra sexenio o plan sexenal en sus discursos. Al contrario, siempre hace alusión a que la “cuarta transformación” es un modelo que se va implementar en México por décadas. Incluso de las reformas constitucionales que ha realizado, la que más presume es la relacionada a lograr que en el artículo 4 de la Constitución federal estén sus programas sociales de reparto económico (apoyo para adultos mayores, discapacitados y madres solteras) plasmados como derechos y otorgados de forma universal a todos los mexicanos.

En segundo lugar, busca imponer a un sucesor presidencial con poco carisma y total sumisión a su persona.

La designación por medio de encuestas del coordinador de la defensa de la cuarta transformación, es decir el abanderado de MORENA, en la persona de la ex jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, es un claro ejemplo. La aprobación presidencial en promedio de 12 encuestas para octubre de 2023 es de 68% mientras que el promedio de las encuestas presidenciales en el mismo periodo ubica a Sheinbaum en 49%.

En lo que respecta al paso de la aspirante presidencial de MORENA por el gobierno de la Ciudad de México, la dependencia en la toma de decisiones por parte del presidente fue notable en situaciones como la crisis de la línea 12 del metro, donde el tomo el control o durante la pandemia del COVID 19 donde el señalaba el color del semáforo de la CDMX.

Tercero, pretende seguir tomando las decisiones de poder político incluso después de dejar la presidencia.

Aunque constantemente señala su retiro político después del término de su presidencia, su mano está presente en la selección de actores políticos como fue el caso de los que participaron en la selección del candidato presidencial, en algunos ministros de la Suprema Corte como Yasmín Esquivel o Loretta Ortiz, gobernadores, alcaldes, senadores, diputados federales y locales. Así como en órganos autónomos como Rosario Piedra en la CNDH o Guadalupe Taddei en la presidencia del INE.

Al igual que lo hizo Porfirio Díaz en 1910 con la candidatura a la vicepresidencia con Bernardo Reyes y Ramón Corral, AMLO está permitiendo que sus subordinados se enfrenten en una lucha por el poder, con la intención de tomar la decisión final en beneficio de su proyecto político.

Marcelo Ebrard quien busco la candidatura presidencial de MORENA, no reconoció su derrota en el proceso interno de dicho instituto político. Entrando en un conflicto directo con la dirigencia partidista y con Claudia Sheinbaum. Los otros aspirantes, Adán López, Gerardo Fernández Noroña, Ricardo Monreal y Manuel Velasco si reconocieron el resultado y mantuvieron el pacto firmado meses atrás con la presencia física de AMLO.

De manera similar a Calles, está creando un partido político para legitimar decisiones que están fuera de la ley.

A diferencia del nacimiento del PNR, que surgió de un acuerdo político entre revolucionarios, su movimiento (MORENA), se convirtió en un partido político que busca ser hegemónico y reunir a distintos integrantes de la izquierda mexicana, ex miembros del PRI, PAN y PRD, líderes sociales y sociedad en general.

El destino final de Díaz y Calles fue similar: el destierro del poder y el exilio físico.

Mientras que Porfirio es considerado uno de los villanos favoritos en la narrativa presidencial actual, Calles no es mencionado en los discursos, ni en las conferencias mañaneras, simplemente es ignorado.

AMLO, que presume conocer la historia nacional, ¿no tendrá temor a correr la misma suerte que Porfirio y Plutarco?

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