¿A quién le conviene el aborto?

José Luis Dueñas Barrera

¿A quién le conviene el aborto?
Entre el llamado “derecho a decidir” y el “derecho a vivir” existe una pregunta que rara vez se formula con suficiente claridad: ¿a quién le conviene el aborto? La cuestión no pretende reducir un debate complejo a una sola causa, sino examinar los intereses políticos, económicos e ideológicos que han acompañado históricamente su promoción.

Si el aborto fuera únicamente una decisión privada, ajena a estructuras de poder, financiamiento, legislación y activismo internacional, probablemente no ocuparía un lugar tan relevante en la agenda pública.

Sin embargo, su presencia sostenida en organismos internacionales, gobiernos, organizaciones civiles, medios de comunicación y tribunales muestra que no se trata sólo de una discusión moral o médica, sino también de un fenómeno político y cultural.

El discurso dominante suele presentar el aborto como una expresión de autonomía corporal de la mujer. Esta formulación, aunque poderosa en términos comunicativos, puede resultar insuficiente si se omiten otras dimensiones del problema: la situación del no nacido, las consecuencias sociales de normalizar la eliminación de vidas humanas en gestación, los intereses económicos vinculados a la industria reproductiva y las estrategias internacionales de control poblacional.

A continuación, se exponen tres líneas de análisis que permiten comprender por qué el aborto ha sido promovido con tanto énfasis en distintos contextos históricos.

1. Ideología política y políticas de población

La historia del siglo XX ofrece ejemplos inquietantes sobre el uso de políticas públicas orientadas a seleccionar, limitar o eliminar grupos humanos considerados indeseables. En distintos regímenes totalitarios, la vida humana dejó de concebirse como un bien inviolable y pasó a valorarse según criterios de utilidad social, salud, productividad, raza o conveniencia estatal.

El caso del nacionalsocialismo alemán es particularmente relevante. Bajo una estructura legal e institucional, se desarrollaron políticas de esterilización, aborto, eutanasia y exterminio dirigidas contra personas con discapacidad, minorías étnicas, enfermos, pobres y otros grupos considerados una carga o una amenaza para el proyecto político dominante. Desde 1933 se legalizó el aborto en Alemania bajo el criterio de protección a la salud materna, alcanzando hasta 500 mil abortos por año.

Aunque el contexto histórico es específico y no debe utilizarse de manera simplista para equiparar situaciones actuales, sí permite advertir un riesgo persistente:

Cuando el Estado o la cultura aceptan que ciertas vidas son menos dignas de protección, la frontera ética puede desplazarse con rapidez.

En la actualidad, algunos debates vinculados a la genética, la discapacidad, la enfermedad terminal o la salud mental pueden derivar en razonamientos problemáticos si se presentan como justificación para eliminar vidas humanas en lugar de fortalecer políticas de cuidado, acompañamiento y protección.

La ciencia médica y genética puede ofrecer herramientas valiosas para prevenir enfermedades o mejorar tratamientos, pero también puede utilizarse de manera reduccionista si se convierte en criterio para determinar qué vidas merecen nacer y cuáles no.

Por ello, el debate sobre el aborto no puede separarse de una reflexión más amplia sobre la dignidad humana, la vulnerabilidad y los límites éticos del poder médico, político y jurídico.

2. Incentivos económicos

Otra dimensión frecuentemente omitida es la económica. Alrededor de la sexualidad, la reproducción y la interrupción del embarazo existe una industria amplia que incluye anticonceptivos, procedimientos médicos, servicios clínicos, financiamiento internacional, campañas de comunicación y organizaciones especializadas.

Esto no significa que toda política de aborto responda exclusivamente a intereses comerciales. Sin embargo, sería ingenuo negar que existen mercados y estructuras económicas beneficiadas por la expansión de ciertos servicios y productos.

La creación de necesidades sociales, la medicalización de procesos naturales y la presentación del embarazo como un problema a resolver pueden favorecer una lógica de consumo permanente.

El embarazo no es una enfermedad; es una condición biológica propia de la reproducción humana. Por tanto, cuando se lo aborda principalmente como riesgo, carga o contingencia indeseable, se modifica de manera profunda la percepción cultural de la maternidad y de la vida prenatal.

También existen antecedentes históricos que muestran cómo la legalización del aborto no elimina necesariamente los circuitos clandestinos ni los incentivos económicos paralelos. La experiencia de la Unión Soviética y Rusia ha sido citada con frecuencia por sus altas cifras de abortos.

A pesar de que el aborto en la URSS era complemente legal desde 1919 y se daba servicio gratuito como en muchas clínicas públicas de América Latina, se estima que la mitad de los abortos practicados eran clandestinos por el gran negocio que representaba. Hay informes periodísticos que relatan cómo algunos ginecólogos llegaban a practicar hasta tres abortos diarios, ganando un promedio de 100 rublos (160 dólares de 1983) por procedimiento.

Las cifras son escalofriantes: la URSS alcanzó los 8 millones de abortos por año en 1983 (superando la cifra de nacimientos) y en el periodo de 1960 a 2008 se estiman 189 millones de abortos practicados.

Más allá de las diferencias entre contextos, ese caso muestra que la disponibilidad legal del aborto puede integrarse en dinámicas sociales complejas donde intervienen precariedad, presión cultural, incentivos médicos y ausencia de alternativas sólidas para la maternidad.

Desde esta perspectiva, la pregunta económica no debe descartarse: ¿quién obtiene beneficios materiales, institucionales o políticos de que el aborto se normalice como “solución social”?

3. Intereses internacionales y control demográfico

Una tercera línea de análisis se relaciona con las políticas internacionales de población. Durante el siglo XX, diversos gobiernos y organismos multilaterales impulsaron estrategias de control natal en países considerados estratégicos por razones económicas, geopolíticas o de seguridad.

Uno de los documentos más citados en este debate es el Memorándum de Seguridad Nacional 200, elaborado en 1974 por el gobierno de los Estados Unidos, desclasificado en 1989. El documento planteaba preocupaciones sobre el crecimiento poblacional en países en desarrollo y su posible impacto en los intereses económicos y estratégicos de Estados Unidos, especialmente en relación con recursos naturales, estabilidad política y relaciones internacionales.

Este tipo de enfoques muestra que el aborto y el control natal no siempre han sido promovidos únicamente desde la óptica de los derechos individuales. En ocasiones, también han formado parte de agendas demográficas diseñadas desde centros de poder externos, con influencia sobre gobiernos, organizaciones no gubernamentales y programas de cooperación internacional.

En 1984 el gobierno estadounidense revirtió su política pro-aborto mediante la orden ejecutiva Mexico City Policy, adoptada por la administración de Ronald Reagan, que refleja precisamente la disputa política en torno al financiamiento internacional de organizaciones vinculadas al aborto.

Su aplicación ha variado según el partido en el poder en Estados Unidos: gobiernos republicanos (Ragan, Bush padre e hijo y Trump) han tendido a restringir fondos a organizaciones que promueven o practican abortos, mientras que gobiernos demócratas (Clinton, Obama, Biden) han revertido esas restricciones.

Este vaivén confirma que el aborto no es sólo un asunto sanitario o jurídico, sino también una pieza dentro de la política exterior, la cooperación internacional y las estrategias de influencia global.

Reflexión final

Probablemente existen más motivaciones detrás de la promoción del aborto. Algunas son ideológicas; otras, económicas; otras, jurídicas o geopolíticas. El propósito de esta reflexión no es agotar el tema, sino invitar a examinarlo con mayor profundidad y sin aceptar automáticamente los marcos discursivos dominantes.

Quienes defendemos la vida desde la concepción también debemos hacer un ejercicio de autocrítica argumentativa. No basta con apelar a convicciones morales o religiosas; es necesario presentar razones científicas, médicas, jurídicas, filosóficas y sociales que permitan sostener públicamente la defensa de toda vida humana, especialmente la más vulnerable.

La pregunta inicial sigue abierta: ¿a quién le conviene el aborto? Responderla con seriedad exige analizar no sólo los casos individuales, sino también las estructuras de poder, dinero e ideología que han convertido este tema en una de las principales batallas culturales de nuestro tiempo.

 


Bibliografía:

Aborto en la URSS http://russiaparachilenos.blogspot.mx/2010/03/el-aborto-en-rusia.html

Uno de cada cuatro abortos se realiza en la URSS (1988) http://elpais.com/diario/1988/08/15/sociedad/587599204_850215.html

El número de abortos supera al de nacimientos en la URSS (1983) http://elpais.com/diario/1983/02/15/espana/414111614_850215.html

Hitler, protagonista de una campaña contra el aborto en Polonia (2010) http://sociedad.elpais.com/sociedad/2010/03/05/actualidad/1267743606_850215.html

Clinton recomienda vetar la ley que recortaría ayuda a Latinoamérica y la OEA (2011) https://www.panamaamerica.com.pa/node/710343 

Repeal of the Mexico City Policy (2009) https://2009-2017.state.gov/secretary/20092013clinton/rm/2009a/01/115337.htm

Informe Kissinger, Memorandum 200 https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/7/7c/National_Security_Study_Memorandum_200.pdf

Cita este artículo

Dueñas Barrera, J. L., (2026, mayo 23). ¿A quién le conviene el aborto? Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/a-quien-le-conviene-el-aborto/

 

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