LEY
Cuando en España se aprobó la eutanasia —por cierto, después de una pandemia en la que en España habían muerto más de 75 mil personas—, dijimos que iba a acabar pasando lo mismo que en Holanda y Bélgica: que se aplicaría a las personas más indefensas, a las personas con discapacidad y a los más pobres. Porque, seamos sinceros, nadie se imagina a Soros pidiendo la eutanasia.
Nos dijeron que la ley era garantista y que solo se aplicaría a personas moribundas y en estado terminal. NOS ENGAÑARON.
Cuando se llevó la ley de eutanasia al Tribunal Constitucional español, este dijo que las personas con discapacidad y con enfermedad mental estaban fuera de la ley y que no se les aplicaría la eutanasia. NOS ENGAÑARON.
Cuando nos dijeron que la ley de eutanasia y el trasplante y la donación de órganos estaban separados. NOS ENGAÑARON.
Cuando nos dijeron que las solicitudes de eutanasia las tramitarían médicos imparciales e independientes. NOS ENGAÑARON.
Cuando nos dijeron que una simple depresión no podría acabar con una persona eutanasiada. NOS ENGAÑARON.
Por eso el caso de Noelia es tan importante: porque ha demostrado todas las mentiras de la eutanasia.
ANTECEDENTES DE NOELIA
Noelia tenía trastorno límite de la personalidad —cuya principal característica son las ideaciones y los intentos de suicidio—; además, padecía trastorno obsesivo compulsivo y depresión crónica. Por estas enfermedades tenía reconocida una discapacidad mental del 67%.
Noelia fue violada en dos ocasiones. Tras la segunda, una violación grupal por parte de tres hombres, y como consecuencia de su trastorno —cuya característica principal son las ideaciones suicidas—, se tiró desde un quinto piso. Fue el 4 de octubre de 2022.
Cuando Noelia estaba tirada en el suelo y rota tras precipitarse desde un quinto piso, el Estado español y los médicos le salvaron la vida. Hace apenas unas semanas veíamos en la televisión cómo Noelia había conseguido andar con muletas o andador, e incluso subir escaleras: se estaba recuperando de su lesión medular.
PETICIÓN
El 10 de abril de 2024, una médico que ni trataba ni conocía a Noelia, y sin ninguna relación con sus enfermedades, solicitó la eutanasia para ella. Esta médico, además, era coordinadora de trasplantes. Y es ella misma quien escribe que Noelia quería donar todos sus órganos y tejidos. Afirma también que Noelia era capaz y consciente de sus actos en el momento de la solicitud, pero esto es mentira: Noelia tenía un trastorno con ideas suicidas, y la eutanasia era una idea suicida más, como la de tirarse desde el quinto piso.
Aquí quiero hacer un inciso. En España el sistema de donación de órganos es sencillo: no hay ningún beneficio económico para quien dona ni para quien recibe; pero el resto de personas que intervienen sí obtienen beneficios. Por ejemplo, según datos oficiales de Andalucía: casi 200 mil euros por un programa de trasplante de órganos, casi 320 mil euros por dos, casi 3,500 euros para el hospital que detecta un donante de órganos y casi 2 mil euros por la extracción de un riñón.
Por lo que en este caso vemos un evidente conflicto de intereses: la médico que estaba tramitando la eutanasia de Noelia era, a la vez, coordinadora de trasplantes y, en consecuencia, podía obtener beneficio económico si Noelia era eutanasiada y sus órganos trasplantados.
Además, esta médico afirma que la enfermedad de Noelia era grave e incurable, lo que también es mentira: su trastorno mental tenía tratamiento.
Esta médico, coordinadora de trasplantes, para justificar la eutanasia de Noelia escribe que Noelia no encuentra sentido a su vida, que no tiene objetivos ni futuro, que su cuerpo ha cambiado y que se siente insegura. Estos argumentos son los que podría dar cualquier adolescente o cualquier persona con depresión —como la que padecía Noelia— y abren la puerta a eutanasiar prácticamente a cualquiera.
El 25 de abril, la médico coordinadora de trasplantes realizó la segunda solicitud para eutanasiar a Noelia, y añadió, una vez más, como justificación para acabar con su vida, la falta de sentido vital.
También dijo que de su lesión medular no se esperaba mejoría, a pesar de que Noelia ya andaba y subía escaleras.
Y ahora añade, además, que Noelia tiene un padecimiento grave, crónico e imposibilitante, lo cual también es mentira:
Noelia tenía un trastorno tratable y una depresión que tampoco estaba siendo tratada, PORQUE EL ESTADO ESPAÑOL PREFIRIÓ ACABAR CON LA VIDA DE UNA CHICA DE 25 AÑOS ANTES QUE PROPORCIONARLE TRATAMIENTO.
Un informe posterior señala, frente a la eutanasia de Noelia, varias discrepancias y pone en duda:
- si Noelia cumplía los requisitos para solicitar la eutanasia;
- si podría tratarse de un suicidio y no de una eutanasia;
- si los trastornos de Noelia condicionaban su decisión.
Este informe habla de tristeza y de preocupaciones económicas y laborales; y en la verificación que se hace el 29 de abril de 2024 para eutanasiar a Noelia se habla de estado de ánimo deprimido.
Hay que destacar que, antes de tirarse por el balcón, Noelia tenía reconocida una discapacidad mental del 67% y, después, del 74%. Si le hubieran reconocido una discapacidad del 75% —solo un 1% más—, Noelia habría tenido derecho a una pensión mucho más alta. El caso de Noelia también pone en evidencia que un gobierno corrupto como el español, mientras dilapida el dinero público, ahorra en ayudas a personas necesitadas como ella.
En definitiva, el informe que avala la eutanasia de Noelia señala que esta tiene depresión crónica, inteligencia límite, ideación autolítica persistente y sufrimiento emocional, y que no quiere recibir tratamiento psicológico. Noelia había estado institucionalizada gran parte de su vida; es decir, bajo la tutela del Estado.
Como abogados de los padres de Noelia solicitamos en dos ocasiones que se le suministrase tratamiento para el trastorno con ideaciones suicidas y para la depresión —al estar en instituciones del Estado y bajo su cobertura—. En ambas ocasiones los jueces dijeron que no. Pero en España tenemos un precedente: el caso de De Juana Chaos, terrorista responsable del asesinato de 25 personas. Cuando inició una huelga de hambre, los jueces obligaron a alimentarle y a darle tratamiento, porque no podían permitir que muriese estando bajo la cobertura del Estado, al estar en una prisión. Es curioso ver cómo, cuando se aprueba la eutanasia, parece que algunas vidas valen más que otras: incluso da la impresión de que al Estado le importó más la vida de un asesino que la de una chica inocente de 25 años.
Pero, siguiendo el orden cronológico del caso de Noelia, hay que partir de un dato importante: la médico coordinadora de trasplantes es la única que ve a Noelia. Después su informe pasa a una dupla (un organismo formado por un médico y un jurista), que emite un informe desfavorable indicando que tiene dudas sobre la solicitud.
Entonces se remite a la llamada Comisión de Garantías.
El 18 de julio de 2024 la Comisión de Garantías permite la eutanasia de Noelia. Pero veamos quiénes componen esta comisión:
- Albert Tuca Rodríguez (presidente): colaborador con la asociación pro-eutanasia de España. Ha impartido conferencias para DMD-Catalunya defendiendo la eutanasia en casos de sufrimiento mental.
- Núria Masnou Burralló (vocal): coordinadora de donación y trasplantes.
- Carmen Rodrigo de Larrucea (vocal): autora de diversas publicaciones a favor de la eutanasia, promoviendo su ampliación a casos psiquiátricos.
- Esther Farnós Amorós (vocal): miembro de la comisión del Departament de Salut que desarrolló la LORE, con posiciones públicas favorables a la eutanasia.
- Gloria Cantarell Barella (vocal): vicepresidenta de DMD-Catalunya y vocal en DMD, entidad que defiende activamente la eutanasia.
- Josep Maria Busquets Font (secretario): interlocutor de DMD, miembro del Comité de Bioética de la ONT y del Comitè de Bioètica de Catalunya.
- Begoña Lemos Lasheras (vocal): profesora en el curso «Bioética y necesidades espirituales al final de la vida», coordinado por Cruz Sánchez Julvé, quien tramitó la eutanasia de Noelia, lo que crea un vínculo directo.
No nos dijeron que en España la ley de la eutanasia se había redactado con la colaboración de la asociación pro-eutanasia más importante, ni que junto a la ley de eutanasia se estaba tramitando la posibilidad de donar los órganos de personas eutanasiadas.
El 29 de julio de 2024, Noelia se arrepiente y escribe ella misma que no quiere la eutanasia. Aquí se demuestran dos cosas: primera, que Noelia sabía escribir, por lo que no se entiende que la solicitud de eutanasia tuviera que escribirla una médico por ella; y segunda, que su decisión era cambiante, cuando la ley exige que no exista duda y que sea persistente. Este era otro motivo para no haber ejecutado a Noelia.
Pero luego la eutanasia de Noelia se reactiva: no se inicia, sino que mediante un simple email continúa su tramitación.
Entonces el padre se pone en contacto con nosotros. El padre no lleva a los tribunales a su hija, sino a una administración: la Generalitat de Cataluña, que se empeña en matar a su hija a pesar de que no tenía una voluntad libre, por su trastorno y su depresión.
Y en España tenemos otro paralelismo: hace solo unos meses fuimos a juicio contra un yihadista que había asesinado a un sacristán e intentado matar a un sacerdote exclusivamente por ser cristianos. La sentencia de la Audiencia Nacional le absolvió porque señalaba que tenía un trastorno mental por el que no era responsable de sus actos y su voluntad no era libre, estaba viciada. Es curioso ver cómo, en el caso de Noelia, con un trastorno mental, depresión crónica e ideas suicidas —y todo ello sin tratamiento—, se concluyó que ella sí era plenamente capaz para decidir sobre algo tan importante e irreversible como acabar con su vida.
En España, desde la Fundación de Abogados Cristianos conseguimos parar la eutanasia de Noelia interponiendo medidas cautelares. Y he de decir que, tal y como refiere la madre de Noelia, cuando fue al hospital a comunicar la suspensión de la eutanasia tras ganar nosotros las medidas cautelares, allí le dijeron que «era una pena, porque ya tenían sus órganos adjudicados».
Finalmente, los jueces españoles sentenciaron que a Noelia se le podía eutanasiar, a pesar de que su voluntad no era libre, de que tenía un trastorno con ideas suicidas, depresión crónica, de que se le había denegado tratamiento, y de que su caso quedaba fuera de la propia ley de eutanasia —pues se trataba de un suicidio asistido—; por no decir que también se había demostrado que su voluntad era cambiante y no cumplía el requisito de persistencia que exige la ley.
Y es que el propio Tribunal Constitucional español subrayó que las personas con enfermedad mental quedarían fuera de la ley; pero cuando acudimos a este tribunal —cuyo presidente ha sido designado por Pedro Sánchez—, en dos líneas nos dijo que el caso no tenía trascendencia ni importancia y que ni siquiera lo iban a estudiar.
Hay que decir que el caso de Noelia es el cuarto que llegaba a la Fundación de personas —mujeres— que querían eutanasiarse por depresión y a las que se había dado luz verde. Afortunadamente, en los otros casos conseguimos que, con tratamiento, se renunciase a la eutanasia.
El caso de Noelia ha conmocionado a todo el mundo y ha hecho cambiar de opinión a muchos políticos pro-eutanasia. Además, desde la Fundación de Abogados Cristianos hemos conseguido que se permita a la familia impugnar autorizaciones de eutanasia de familiares, porque, en definitiva, es la familia la que te quiere, no una administración pública.
El caso está aquí, en Estrasburgo, porque la ley de eutanasia solo permite recurrir cuando no te conceden la eutanasia. Cuando te la conceden, la ley no contempla ningún tipo de recurso; y la justicia española ha reconocido el derecho de la familia a recurrir la eutanasia.
Me pregunto qué hubieran pensado si, cuando Noelia se tiró desde un quinto piso, en vez de ayudarla nos hubiésemos quedado mirándola en el suelo, contra el asfalto, sin auxiliarla. Esto es lo que ha pasado ahora: no se le ha dado tratamiento, no se la ha ayudado.
El porqué de la eutanasia es evidente: hay que ahorrar, y los gobiernos corruptos como el español ahorran en las vidas que más dinero cuesta mantener: personas hospitalizadas que necesitan tratamiento.
Además, evidentemente, hay una serie de beneficios económicos detrás que han quedado probados con el caso de Noelia.
Noelia fue ejecutada, pero nuestro objetivo es que no haya más Noelias. Por eso vemos dos cosas necesarias: derogar la ley de la eutanasia y, hasta entonces, que los órganos de personas eutanasiadas no puedan ser donados, y que se obligue a proporcionar tratamiento antes de acabar con la vida de una persona.
Nos dijeron que esta ley era para casos terminales, y nos mintieron. Nos dijeron que los médicos serían imparciales, y nos mintieron. Nos dijeron que la enfermedad mental quedaría fuera, y volvieron a mentirnos. El caso de Noelia es la prueba de que el «progreso» del que hablan consiste en ahorrar a costa de los más vulnerables.
Noelia no necesitaba una ley que validara su ideación suicida; necesitaba un sistema que la rescatara del asfalto, como hicieron los médicos la primera vez. Políticos de todos los colores: no se conviertan en gestores de la muerte por conveniencia económica. Miren el andador con el que Noelia volvía a caminar y díganme que su vida era «incurable».
Les pido que tengan la valentía de proteger a los que no tienen voz, porque la grandeza de una democracia no se mide por lo fácil que hace la muerte a sus ciudadanos, sino por el esfuerzo que dedica a proteger a los más vulnerables.
Noelia no necesitaba morir; necesitaba ser tratada con la misma urgencia con la que los jueces protegieron la vida de un asesino en huelga de hambre. Hoy estamos en Estrasburgo porque el derecho a vivir no puede ser un privilegio que el Estado concede o retira a su conveniencia.
NO SE DEJEN ENGAÑAR COMO HICIERON EN ESPAÑA. La eutanasia en España ha nacido bajo el signo del engaño. Nos prometieron garantías y nos encontramos con comisiones de garantías formadas por activistas pro-eutanasia. Nos prometieron compasión y nos encontramos con un sistema que ve en los enfermos una fuente de órganos y un ahorro presupuestario.
Como representantes del pueblo, su deber es detener esta deriva. No podemos permitir que una persona sea eutanasiada sin haber recibido antes todos los tratamientos disponibles. No podemos permitir que la muerte de un ciudadano genere beneficios económicos o logísticos al sistema.
Les insto a que devuelvan a la familia su lugar como protectora de la vida y a que impidan que el Estado siga siendo el verdugo de sus hijos. Porque la próxima Noelia podría ser su hija, su hermana o su sobrina. Que Noelia sea la última víctima de este engaño. ¡No más Noelias!
Cita este artículo
Castellanos Florez, P., (2026, mayo 22). Nos engañaron. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/nos-enganaron/
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