Dos países, dos estados y muchos problemas. Parte III

Juan Francisco Montalvo

Dos países, dos estados y muchos problemas. Parte III
En la edición anterior dejábamos al Medio Oriente el 15 de mayo de 1948 con la declaración de la independencia de Israel y el fin definitivo del Mandato Británico en Palestina. Ahora es momento de presentar el convulso nacimiento del Estado judío.

En las primeras horas del 15 de mayo las tropas de la Liga Árabe (conformada por el Reino de Egipto, el Emirato de Transjordania, la Segunda República Siria, la República del Líbano y tropas expedicionarias del Reino Hachemita de Irak) invadieron el territorio del antiguo Mandato Británico en apoyo a los árabes palestinos, dando inicio a la Primera Guerra Árabe-israelí y generando el rechazo del secretario general de la ONU, Trygve Lie.

 

Una invasión con el pie izquierdo

El desarrollo militar del ataque fue atropellado, por decir lo menos. La Liga Árabe se encontraba dividida desde un inicio; el enfrentamiento era especialmente patente entre el rey Abdullah I de Transjordania, líder de la Legión Árabe (cuerpo militar entrenado y dirigido por oficiales ingleses y que representaba la fuerza más importante dentro del contingente árabe), y el rey Farouk de Egipto.

Ambos buscaban anexar partes de Palestina para sus respectivos países, al tiempo de presentarse como líderes del mundo árabe. Para ellos, la causa palestina era únicamente una bandera, pero el sentimiento era el mismo en los líderes de Siria, Irak e incluso Líbano: ninguno consideraba seriamente la creación de un Estado palestino tras la esperada derrota israelí.

Por si fuera poco, a esto se unía que, según algunos historiadores, de forma secreta, el rey Abdullah llevó a cabo una serie de negociaciones con Israel (en las que llegó a participar la futura primer ministra Golda Meir). El rey, desde 1946, había manifestado que no tenía intención alguna de evitar la división de Palestina y la creación de un Estado judío, y que su proyecto era la anexión completa de la Palestina árabe.

Aunque se encontraba abierto a llegar a compromisos siempre y cuando el área de Cisjordania fuera entregada a su reino. Esto fue aprovechado por los judíos, quienes acordaron no interferir en la anexión transjordana siempre y cuando el reino no atacara el territorio declarado como judío en el plan de partición de la ONU.

Debido a lo anterior, Transjordania jugó su papel como “comandante supremo de las fuerzas árabes” en favor de sus intereses políticos, manteniendo un discurso complicado. Frente a sus aliados hablaba del fin del Estado judío; frente a los países occidentales, ora decía que no atacaría los territorios judíos de la partición, ora señalaba su compromiso con el fin del sionismo.

Y, por último, en el ámbito militar, únicamente se aseguró de obtener aquello que le interesaba políticamente.

Para colmo de males, dos días antes de llevarse a cabo la invasión Transjordania forzó el cambio de planes de la invasión con el fin de afectar los intereses sirios y egipcios, al tiempo que mantenía sus promesas hacia Israel.

La cereza del proverbial pastel fue la filtración a los judíos de la composición de las tropas árabes, así como los planes de invasión. La información fue puesta rápidamente a buen recaudo y esto, unido al levantamiento del bloqueo británico que aseguró la entrada cada vez mayor de armamento y de inmigrantes a la zona judía, permitió a la Haganah hacer frente al ataque. Y convertirse, el 26 de mayo de 1948, en las actuales Fuerzas de Defensa de Israel.

Los primeros combates y la tregua

Considerando lo mencionado, no es extraño que la iniciativa árabe se perdiera muy rápidamente: para el 6 de junio Egipto (el contingente más grande de la Liga) cambió su estrategia de la ofensiva a la defensiva tras múltiples derrotas a manos de los judíos.

Los combates más fuertes se dieron en Jerusalén y en la carretera de Jerusalén a Tel Aviv entre las tropas de la Legión Árabe y las israelíes, durante las cuales, el 10 de junio, falleció Mickey Marcus, el primer general israelí, en un caso de fuego amigo (militar estadounidense que antes de llegar a Israel había sido responsable del establecimiento de los tribunales de guerra en Alemania y Japón y al cual Kirk Douglas interpretó en una película en 1966).

El 17 de mayo las tropas de la Legión Árabe, tras un bombardeo intenso, entraron en Jerusalén (no olvidemos que en el plan de partición de la ONU la ciudad no entraba en el territorio señalado para los judíos, por lo que Abdullah no incumplía sus promesas realizadas a los judíos).

El 23 de mayo el cónsul general de Estados Unidos en Jerusalén y miembro de la Comisión de Tregua del Consejo de Seguridad, Thomas Campbell Wasson, fue asesinado en Jerusalén occidental; a la fecha se desconoce si sus asesinos fueron árabes o judíos.

Ya el 28 de mayo las tropas árabes habían tomado los barrios árabes de la ciudad, así como el antiguo barrio judío. Los civiles judíos fueron escoltados fuera de la ciudad por las tropas de la Legión Árabe para defenderlos de las turbas palestinas que clamaban por su linchamiento.

Las tropas transjordanas fueron las únicas que tuvieron resultados considerables; por su parte, las tropas sirias e iraquíes, al igual que las egipcias, como mencionamos más arriba, después de avances tropezados en mayo, terminaron por detenerse de forma casi absoluta para mediados de junio, cambiando la iniciativa de forma definitiva a manos de los judíos.

Es importante notar que recientes estudios han señalado que los judíos llevaron a cabo guerra biológica mediante el uso de la tifoidea para contaminar fuentes de agua en el territorio árabe.

El Consejo de Seguridad de la ONU, tras varios llamados a cesar las hostilidades, logró que se alcanzara una primera tregua, que tuvo lugar del 11 de junio al 9 de julio, aunque ninguno de los dos bandos la respetó de forma absoluta. Los israelíes aprovecharon la tregua para casi duplicar el número de sus efectivos, así como para aumentar de forma notable su suministro de armas y municiones.

El hombre encargado de asegurar la tregua fue el mediador de la ONU, conde Folke Bernadotte, de Suecia; una comisión nada fácil de cumplir y que le generó la animadversión de ambos bandos.

Durante la tregua el conde comenzó a buscar un acuerdo político; en su opinión, las principales barreras eran: la cerrazón árabe a la existencia de un Estado judío, la filosofía militarista judía que justificaba la conquista de territorio a través de la fuerza y el creciente problema de los refugiados palestinos.

El conde hizo una nueva propuesta de partición, con un Estado judío y otro árabe, así como el acuerdo de que el Negev se incluyera en el Estado árabe y Galilea occidental en el israelí. Jerusalén quedaría en manos de los árabes, pero las zonas judías tendrían autonomía municipal, mientras que el aeropuerto de Lydda y el puerto de Haifa se considerarían como “abiertos” y fuera de la soberanía de judíos y árabes; a la propuesta se sumaba la solicitud de extender la tregua otro mes.

Los judíos rechazaron la propuesta, pero aceptaron extender la tregua; los árabes rechazaron ambas cosas.

Las batallas de los 10 días y la muerte del conde

Tras el fin de la tregua la guerra entró en una segunda fase, la cual se extendió del 8 al 18 de julio de 1948 y que fue conocida como las “batallas de los 10 días”. Durante estas, Egipto lanzó sus últimos ataques ofensivos de la guerra, la fuerza aérea israelí tomó la ofensiva aérea y las tropas judías intentaron descolocar a la Legión Árabe de sus posiciones alrededor y dentro de Jerusalén. Las operaciones judías fueron acompañadas de expulsiones y masacres contra la población árabe.

Durante los 10 días de combates el conde Bernadotte y los demás mediadores de la ONU no cejaron en sus esfuerzos por lograr otra tregua y, al final, lo alcanzaron, señalada esta para iniciar el 18 de julio a las 19:00 hrs y que se mantuvo hasta mediados de octubre de 1948.

Dos días antes, el 16 de septiembre, el equipo de la ONU presentó una nueva propuesta de partición; en esta, además de ciertos cambios en la repartición de los territorios y la ubicación del Estado israelí y el árabe, se proponía nuevamente que Jerusalén se sometiera a una administración internacional con autonomía municipal para judíos y árabes. Así como el derecho al retorno de todos los refugiados palestinos y la compensación de la propiedad perdida para aquellos que decidieran no regresar. Por último, se proponía que la ONU regulara y controlara la inmigración judía.

La propuesta fue nuevamente rechazada por ambas partes, pero los esfuerzos de Bernadotte llamaron la peligrosa atención de los terroristas de Lehi. Estos, preocupados por las continuas propuestas y temerosos de que el gobierno del naciente Israel las aceptara, tomaron la decisión de eliminarlo.

El día 17 de septiembre el convoy de Bernadotte fue emboscado por cuatro hombres del Lehi; en el fuego cruzado cayeron el conde y un observador francés. Lo peor de todo fue que los terroristas de Lehi consideraban que de esta forma se evitaría que el gobierno aceptara el plan de partición, sin saber que esta ya había sido rechazada previamente, sin necesidad de tan brutal intervención.

El 22 de septiembre, el Congreso Estatal Provisional de Israel, envalentonado por los éxitos militares, establecía legalmente la aplicación de la legislación israelí a todos los territorios conquistados hasta el momento, y aquellos que se anexaran de forma militar en el futuro, institucionalizando el espíritu de expansión militar y dotándolo de una base legal.

La tercera fase

La tercera y última fase de la guerra, si se le puede llamar así pues la segunda tregua fue múltiples veces violada por ambos bandos, se extendió del 15 de octubre de 1948 al 10 de marzo de 1949, marcada decisivamente por la iniciativa israelí dirigida a expulsar los remanentes de los ejércitos árabes y asegurar las fronteras del Estado de Israel.

A finales de octubre la totalidad de Galilea se encontraba bajo el poder judío. Mientras cerraban las operaciones en ese escenario, la atención judía giraba hacia el desierto del Negev, pues Cisjordania se consideraba demasiado complicada para ser absorbida dada su amplia población árabe, a esto se sumaban también los acuerdos con el rey Abdullah, en los que se señalaba que ese territorio correspondería a Transjordania.

Las operaciones se extendieron hasta diciembre y, a finales de mes, el Negev se encontraba cómodamente en manos israelíes y se iniciaba la invasión del Sinaí egipcio; intentona que fue detenida el 2 de enero de 1949 por las presiones americanas y por la amenaza inglesa de una intervención armada.

El 11 de diciembre de 1948, con la guerra claramente en favor de Israel, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Resolución 194, la cual buscaba establecer los principios para lograr un fin a la guerra y asegurar el retorno de los refugiados palestinos a sus hogares.

La resolución establecía lo siguiente: el establecimiento de una Comisión de Conciliación, la cual continuaría con los esfuerzos por lograr la paz en la región; el reinicio inmediato de esfuerzos por negociar la paz; la protección de los lugares santos, así como una propuesta para la administración internacional de Jerusalén y las zonas aledañas de trascendencia religiosa, así como la desmilitarización de la zona. La búsqueda del desarrollo económico de la región; y, por último, y siendo el punto más controvertido, el derecho de los refugiados ya sea de regresar a sus lugares de origen o de ser recompensados por sus propiedades perdidas o dañadas.

De los 58 miembros de las Naciones Unidas, 35 votaron a favor, 15 en contra y 8 se abstuvieron. Los 6 países de la Liga Árabe votaron contra la resolución, el bloque comunista votó igualmente en contra, aunque ya reconocían a Israel como Estado, y el propio Israel y los representantes palestinos (ninguno de los cuales era reconocido por la ONU) objetaron a gran parte de la resolución.

El fin de la guerra

El 7 de enero los egipcios aceptaban un cese al fuego, llevando a Isarel a abandonar la Franja de Gaza. El 5 de marzo las tropas judías entraban al sur del Negev, nominalmente bajo el control del rey Abdullah y, en cumplimiento con los acuerdos con Transjordania, tomaban la totalidad de la zona, sin resistencias.

El 10 del mismo mes los israelíes llegaban a Umm Rashrash (actual Eilat), a las orillas del Mar Rojo, marcando la conquista total de la zona. Para marcar el acontecimiento, el comandante de las tropas judías ordenó izar una bandera; la sorpresa fue total cuando se percataron de que no tenían ninguna a mano, lo que los llevó rápidamente a crear una bandera pintando dos líneas azules con tinta y cosiendo una estrella de David que había sido recortada de un paquete de primeros auxilios.

El izamiento de la llamada “bandera pintada”, con su correspondiente foto al estilo “Levantando la bandera en Iwo Jima”, a las 16:00 horas del 10 de marzo, marcó el fin de las operaciones militares de la Primera Guerra Árabe-israelí.

El fin oficial de la guerra se alcanzó con la firma de armisticios de forma individual con cada país árabe invasor: con Egipto el 24 de febrero, con Líbano el 23 de marzo, con Transjordania el 3 de abril y, finalmente, con Siria el 20 de julio. Los acuerdos llevaron al establecimiento de las denominadas “Líneas de demarcación del armisticio”, que pasaron a ser conocidas como la “Línea Verde”.

La situación territorial fue la siguiente: el territorio que quedó bajo control israelí fue alrededor del 78% de lo que ocupaba anteriormente el Mandato Británico después de la independencia de Transjordania en 1946; es decir, tras la guerra Israel ocupaba un tercio más de lo que la propuesta original de partición, rechazada originalmente por los árabes, le había designado. Por su parte, la Franja de Gaza fue ocupada por Egipto, mientras que Cisjordania y Jerusalén Oriental quedaron bajo el control de Transjordania.

Para asegurar el cumplimiento de los armisticios, el sostenimiento de los altos al fuego y evitar el escalamiento de conflictos, se establecieron la Organización de las Naciones Unidas para la Supervisión de Treguas y la Comisión del Armisticio Mixto, la primera vigente hasta nuestros días.

Unos ganan y otros pierden

La guerra dejó claro la superioridad militar judía y mostró al mundo que Israel no estaba dispuesto a dejarse vencer ni a entregarse. Lejos atrás quedaban los días en los que los judíos eran victimizados: ahora ellos ya contaban con su tan añorado “hogar nacional”.

Por su parte, los países árabes quedaron heridos y humillados; su superioridad numérica y armamentística pudo poco contra el ingenio y la moral judías y enconó el odio en contra del naciente Estado.

Pero los grandes perdedores fueron los árabes palestinos: expulsados y masacrados por las tropas judías; sus vecinos los usaron como bandera para legitimar sus afanes expansionistas, pero nunca se les tomó en cuenta ni en las planeaciones militares ni en las negociaciones. Se les hizo pensar que al rechazar el plan original de partición iban a poder mantener su territorio.

En la realidad, perdieron más de lo que hubieran hecho si hubieran aceptado la propuesta de la ONU desde el inicio y, al final, el poco territorio (menos del 30%) del Mandato que fue entregado a los árabes pasó rápidamente a manos de Egipto y de Transjordania (estos últimos, no olvidemos, habían pactado previamente esta entrega con los judíos) y nunca se consideró verdaderamente la creación de un Estado palestino.

El problema de los refugiados

La guerra también dio inicio al problema de los refugiados palestinos, el cual nunca ha desaparecido en las más de 7 décadas que lleva el conflicto.

El 8 de diciembre de 1949, frente al creciente problema de los refugiados palestinos, las Naciones Unidas creaban la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo.

Los que se asentaron en Transjordania fueron acogidos y se les otorgó la ciudadanía, pero se les motivó a integrarse completamente y abandonar su identidad palestina. Aquellos que llegaron a la Gaza egipcia fueron rápidamente olvidados: se les prohibieron las asociaciones políticas y su supervivencia se dejó en manos de la ONU. A los recibidos en el Líbano solo se les permitía vivir y trabajar sus campos con una situación jurídica restringida. Suerte extraña cayó a los que llegaron a Siria: se les negó pasaporte y voto, pero se les dio acceso a educación y a trabajos en la burocracia gubernamental.

Mientras los refugiados palestinos se lamían las heridas y buscaban ya fuera acomodarse en sus nuevos hogares o buscar formas de retornar a lo que perdieron, los verdaderos protagonistas del conflicto, el Estado de Israel y sus vecinos árabes, se preparaban para los conflictos que ya daban por sentado que llegarían.

Para nadie era un misterio que los armisticios durarían solo lo suficiente como para asegurar que los contendientes pudieran reorganizarse y prepararse para el siguiente embate, y el escenario de la Guerra Fría proporcionaría el telón de fondo ideal para este conflicto que apenas iniciaba.

Cita este artículo

Montalvo, J. F. (2026b, febrero 20). Dos países, dos estados y muchos problemas. Parte III. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/dos-paises-dos-estados-y-muchos-problemas-parte-iii/ 

 

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