Huérfanos digitales

Guillermo Zaracho

Huérfanos digitales
Estamos criando una generación de huérfanos digitales. Permitimos que las nuevas generaciones crezcan en una orfandad digital, ya que, navegan estos entornos sin una brújula moral, sin un compás que enseñe la virtud que yace en estas herramientas y sin una figura que explique el vicio que estas pueden causar.

Los nativos digitales comprenden todas aquellas generaciones que nacieron inmersas en el mundo digital. Algunos sostienen que estos empiezan con los milenials mientras que otros creen que con la generación Z. Estas generaciones supuestamente tienen una habilidad innata para manejar las tecnologías porque no atravesaron una transición hacia el mundo digital, nacieron en él. Esta es una creencia ampliamente aceptada aunque no exista suficientes datos para respaldar tal afirmación. Esto es bastante problemático ya que la hipótesis de que ser alfabetizado digitalmente es inherente a haber nacido en un mundo digitalizado se ha convertido en una premisa incuestionable. Esto puede convertirse en un paradigma muy dañino si no se aborda con la seriedad que se merece. 

La mayoría interpreta que ser nativo digital está relacionado con operar y pasar tiempo en entornos tecnológicos. Y aunque esta interpretación puede parecer lógica, no significa necesariamente que sea verdadera. Decir que los jóvenes son competentes en lo digital solo porque pasan muchas horas frente a una pantalla es como decir que alguien es veterinario por pasar tiempo con sus mascotas, o que un niño es buen juguetero porque juega durante horas con juguetes de todo tipo. 

Lo mismo ocurre con la generación nativa digital: no son competentes digitalmente simplemente por estar inmersos en la tecnología. No la dominan; más bien, son dominados por ella. No son sus dueños, sino esclavos de una adicción normalizada y silenciosa. Aquello que pudo haber sido una virtud, se ha convertido quizás en el peor vicio de la era moderna. 

Lo que muchas veces relacionamos con competencias digitales no es más que una dependencia disfrazada, una adicción que responde a una de las necesidades más humanas y primitivas: la atención. Pero ¿a quién deberíamos culpar por esta adicción silenciosa? ¿A las empresas que diseñan dispositivos e interfaces pensadas para ser lo más adictivas posibles? ¿A los desarrolladores de software que conocen profundamente la psique humana y crean productos para captar atención y recolectar datos? ¿A los usuarios, por decidir libremente usar sus dispositivos? ¿A los gobiernos, por no generar políticas ni restricciones suficientes para proteger a los más ingenuos? ¿A los padres y educadores, por no brindar suficiente orientación y formación? 

Desde una mirada materialista, podríamos argumentar que nuestra realidad concreta moldea profundamente nuestro comportamiento. Si esto es cierto, podríamos inferir que la masificación de este nuevo mundo digital está modificando nuestras conductas, y que, por lo tanto, no tenemos más opción que habitar este entorno regido por ceros y unos. Terminamos siendo esclavos de una realidad que no elegimos construir. Una realidad que nos explota bajo una ilusión de recompensa de validación social y libertad de expresión, mientras que nuestra atención e interacciones son rentabilizadas. 

Pero al mismo tiempo, ¿podemos eximir por completo a los individuos de toda responsabilidad? Dentro de una posición determinista, este podría ser el caso. Pero si es así, ¿dónde queda la autonomía del ser humano?, ¿acaso aún existe?, ¿dónde queda esa virtud del libre albedrío y la agencia del individuo?, ¿buscamos culpables o asumimos responsabilidades? 

Las generaciones nuevas y venideras dependen profundamente de hombres y mujeres que muestren el camino, que ayuden a navegar lo nuevo en base a la experiencia de lo pasado. Es dentro de este fenómeno donde se evidencia la ausencia de figuras parentales que guíen a los jóvenes hacia la libertad. Es ahí donde descubrimos que estamos criando una generación de huérfanos digitales. Permitimos que las nuevas generaciones crezcan en una orfandad digital, ya que, navegan estos entornos sin una brújula moral, sin un compás que enseñe la virtud que yace en estas herramientas y sin una figura que explique el vicio que estas pueden causar.  

Personalmente, creo que debemos renunciar (y ni siquiera considerar) a la perspectiva materialista y empezar a ser conscientes de las adicciones silenciosas que han penetrado nuestros hogares, colegios, e instituciones. Necesitamos líderes digitales que muestren lo bueno, verdadero y bello, para así poder liberar a las nuevas generaciones de las ataduras de la inconsciencia, y promover la virtud máxima de la libertad: poseer antes que ser poseído, convertir lo digital en un medio y no en un fin, volver a mirar a la comunidad y conectar en lo tangible y lo cotidiano, dejar de prestar importancia a los números o notificaciones de una pantalla, y empezar a instrumentalizar lo digital para un bien común. 

Ciertamente, las grandes empresas tecnológicas encuentran enorme beneficio en el tiempo en pantalla, minimizando la adicción a sus entornos o dispositivos digitales. Poca importancia se presta a los daños colaterales que estas causan en niños, adolescentes y jóvenes. 

Es en este contexto donde se manifiesta nuestra obligación moral de contrarrestar la ingenuidad digital, adicción digital, analfabetismo digital; haciendo que los nativos digitales terminen de madurar en estos entornos para que ese adjetivo sea realmente una realidad. 

Necesitamos conciencia. Y generar esa conciencia es el llamado urgente para todos nosotros, en especial los padres y educadores. 

Debemos —aunque no lo hayamos pedido— asumir el rol de figuras parentales para esta generación que clama desesperadamente por dirección y propósito. Debemos adoptar a estos huérfanos digitales y rescatar el espíritu idealista que yace en lo más profundo de sus corazones y mentes. Debemos hablar a su razón y devolver el control de sus vidas. 

Sin embargo, tenemos que ser sinceros. Hemos abandonado a nuestros jóvenes, en la búsqueda ilusoria de nuestra propia vanidad. También hemos sido cautivados por el entorno digital y nos convertirnos en ciegos guiando a otros ciegos. Caemos rendidos ante la ciber validación y cometemos los mismos errores que están llevando a los jóvenes a ser recipientes pasivos de contenido sin valor. 

Entonces, es nuestra responsabilidad entender la gran labor que yace sobre nuestros hombros. Debemos despertar y actuar: a través de políticas, desde las instituciones educativas, en los hogares, en los espacios de opinión pública. Esta es una batalla por el bienestar general frente a la codicia del capital corporativo. Es la lucha entre libertad o vigilancia. Es la lucha entre naturaleza humana o estandarización de lo humano. La adopción de los huérfanos digitales es una necesidad imperante en nuestra sociedad. 

Autor

  • Guillermo Zaracho

    Magíster en Educación - Universidad de Oxford. Profesor de la Facultad de Lenguas Vivas de la Universidad Evangélica del Paraguay. Profesor de la Universidad Politécnica de Taiwán en Paraguay. Consultor e investigador educativo. Autor y conferencista.

    Ver todas las entradas
Suscríbete al canal de Revista Forja en WhatsApp

RECIBE GRATIS LA REVISTA

Suscríbete gratis a nuestro canal en WhatsApp y recibe la revista en PDF cada mes, además de artículos y reflexiones todos los días.

También síguenos en redes sociales y mantente al día con lo mejor de nuestra comunidad.

LEER MÁS

Educar para la verdad, la persona y el bien común

Educar para la verdad, la persona y el bien común

En una época en la que la IA parece capaz de responder cualquier pregunta, surge una interrogante más profunda y decisiva: ¿quién enseñará a las nuevas generaciones a descubrir el sentido de la vida, distinguir la verdad del error y poner el conocimiento al servicio del bien común?

leer más
Revista Forja para el Bien Común
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.