De nativos a huérfanos digitales: la generación criada por algoritmos

Guillermo Zaracho

De nativos a huérfanos digitales: la generación criada por algoritmos
En 2001, Mark Prensky acuñó por primera vez el término “nativos digitales”, con el que describía a una generación nacida en un mundo ya digitalizado, capaz de desarrollar habilidades tecnológicas de forma casi intuitiva¹.

Por contraste, las generaciones anteriores debieron migrar hacia estos entornos, adaptándose a nuevas prácticas, ritmos y lenguajes. Esta diferencia marcó la división conceptual entre nativos e inmigrantes digitales. Los segundos temían inicialmente que las computadoras reemplazaran sus actividades laborales, aunque quienes lograron adaptarse finalmente sacaron provecho de la revolución digital².

Durante los años posteriores, las capacidades digitales comenzaron a ocupar un espacio central en los debates educativos y sociales. Los inmigrantes digitales debían aprender a navegar los entornos virtuales para acompañar a los nativos; sin embargo, la adaptación avanzaba más lentamente que el desarrollo tecnológico³. La digitalización, la interconectividad global y la economía de datos configuraron una nueva revolución que muchos percibieron como abrumadora⁴.

En este contexto, la generación nacida a partir de la Generación Z mostró una rápida capacidad de comprender y participar activamente en los ecosistemas virtuales, lo que llevó a que niños y jóvenes adquirieran una aparente autoridad frente a adultos que todavía luchaban por adaptarse⁵.

Esto generó un creciente desentendimiento entre inmigrantes y nativos digitales, quienes comenzaron a usar los mismos espacios de maneras profundamente distintas: los primeros trasladaban hábitos ya formados —como la lectura de noticias, la comunicación interpersonal o la difusión de información— a las plataformas digitales; los segundos experimentaban con un rol más participativo, creando contenido, formando comunidades y desarrollando narrativas alternativas a las tradicionales⁶.

Como consecuencia, se amplió la brecha entre cosmovisiones de distintos grupos sociales. Los estudiantes empezaron a tomar un rol más activo a la hora de debatir paradigmas tradicionales, los hijos comenzaban a debatir la cosmovisión de sus padres, y los ciudadanos empezaron a disminuir su confianza en las narrativas institucionales de sus respectivos gobiernos⁷.

Así, la necesidad de capacidades digitales evolucionó desde un simple uso instrumental hacia competencias críticas y analíticas para comprender de manera racional, ética y equilibrada el flujo ilimitado de información del entorno online⁸. Además, estas habilidades no solamente son necesarias para el discernimiento de información, sino también para la creación y difusión de contenido fiel a la realidad.

La pandemia de COVID-19 aceleró radicalmente estos procesos. La digitalización se volvió obligatoria para amplios sectores de la población global, y el uso excesivo de pantallas se convirtió en la norma⁹. Este cambio produjo hábitos poco saludables y abrió paso a una segunda pandemia silenciosa: la adicción a las pantallas¹⁰. El uso intensivo de dispositivos puede generar sobreestimulación dopaminérgica, lo que favorece procesos de dependencia¹¹. Además, los usuarios quedaron expuestos a la economía de datos, donde sus experiencias digitales se convierten en mercancía, profundizando dinámicas de explotación informacional¹². A esto se suma la desconexión social derivada de la necesidad permanente de mantener presencia en entornos virtuales.

Otro catalizador importante fue el inicio la era de las inteligencias artificiales. Aunque se promocionaron como herramientas para mejorar la productividad, su uso excesivo puede promover un salto de procesos cognitivos esenciales, ya que externalizan actividades de reflexión, análisis y síntesis¹³. Es decir, los usuarios pueden terminar “repitiendo” información sin procesarla críticamente, lo que empobrece el pensamiento autónomo. En otras palabras, las personas están consumiendo alimentos completamente procesados y servidos, renunciando al ejercicio esencial de masticarlos por sí mismas. Así, pierden la experiencia —y el esfuerzo cognitivo— de saborear, desmenuzar y comprender aquello que consumen.

Aún más preocupante es el surgimiento de la simulación de afecto humano mediante IA conversacional. Según The Visual Capitalist (2025), los tres usos más frecuentes de IA fueron: (1) terapia y compañía, (2) organización de la vida cotidiana y (3) búsqueda de propósito¹⁴.

Funciones tradicionalmente vinculadas a la comunidad humana comienzan a desplazarse hacia entidades digitales. Y es aquí donde nos preguntamos: ¿Cuándo pasó esto? ¿Cómo ocurrió? ¿Qué podemos hacer al respecto?

Para entender este escenario, debemos atender a la disonancia entre nativos e inmigrantes digitales. Quienes debían guiar a las nuevas generaciones replicaron hábitos analógicos en un entorno que exige nuevas competencias, sobreestimando la habilidad de los jóvenes para autorregularse de manera virtual. A su vez, muchos nativos digitales, convencidos de dominar el entorno, terminaron siendo absorbidos por él.

Y hoy, el panorama actual es poco alentador. Los inmigrantes digitales —y muchos líderes políticos, sociales y educativos— carecen de herramientas para mediar y guiar adecuadamente en el mundo digital. A esto se le suma la dependencia a la economía de datos de las llamadas ‘BigTech’, que explotan la experiencia humana para su propio beneficio y sin ningún tipo de interés por el bienestar del usuario ¹⁵.

Entonces, ante la ausencia de instituciones capaz de proteger bajo buena fe a los usuarios, la incapacidad de los agentes sociales (maestros, políticos, ONGs, líderes sociales) para entender el correcto uso de estas herramientas, e incluso la falta de preparación para navegar estos temas en el seno familiar, terminan por dejar a una generación de nativos, en un estado de desolación, en un estado de orfandad.

Es así como una generación de huérfanos digitales comienza a formarse, en donde sencillamente se dejan influenciar por los algoritmos, guiar por las inteligencias artificiales, y permitir la explotación de su experiencia humana debido a la falta de guías, mentores e instituciones capaz de poder ayudarlos.

Esta falla estructural, humana y moral, despoja a las nuevas generaciones de la capacidad crítica para participar de manera significativa, ética y, por sobre todo, humana en los entornos digitales, para instrumentalizar estas herramientas para el bien común y su florecimiento personal y social.

Los huérfanos digitales se convierten en un blanco fácil de manipulación y uso. Las herramientas digitales terminan por determinar las prácticas del usuario, invirtiendo así la relación esperada entre herramienta y sujeto.

Hoy, lastimosamente solo puedo presentar un diagnóstico. Enfrentar este espíritu de orfandad digital exige volver al encuentro presencial: apagar la pantalla, conversar cara a cara y recuperar la experiencia humana en su propio entorno. Lo virtual debe reservarse para lo intrascendente; lo esencial debe volver a la comunidad, al cuidado mutuo y al florecimiento humano.

 


Referencias:

¹ Prensky, M. Digital Natives, Digital Immigrants. On the Horizon 9, 1–6 (2001).

² Castells, M. The Rise of the Network Society. Wiley-Blackwell (2010).

³ Selwyn, N. Education and Technology: Key Issues and Debates. Bloomsbury (2016).

⁴ van Dijck, J. The Culture of Connectivity. Oxford University Press (2013).

⁵ Boyd, D. It’s Complicated: The Social Lives of Networked Teens. Yale University Press (2014).

⁶ Jenkins, H. Convergence Culture. NYU Press (2006).

⁷ Putnam, R. Our Kids: The American Dream in Crisis. Simon & Schuster (2015).

⁸ Buckingham, D. Media Education: Literacy, Learning and Contemporary Culture. Polity (2003).

⁹ UNESCO. COVID-19 Educational Disruption and Response (2020).

¹⁰ Alter, A. Irresistible: The Rise of Addictive Technology. Penguin Press (2017).

¹¹ Volkow, N. et al. Dopamine and Internet Addiction. JAMA Psychiatry (2020).

¹² Zuboff, S. The Age of Surveillance Capitalism. PublicAffairs (2019).

¹³ Carr, N. The Shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains. W.W. Norton (2020).

¹⁴ The Visual Capitalist. AI Usage Statistics 2025 (2025).

¹⁵ Pasquale, F. The Black Box Society. Harvard University Press (2015).

Cita este artículo

Zaracho, G., (2026, abril 11). De nativos a huérfanos digitales: la generación criada por algoritmos. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/de-nativos-a-huerfanos-digitales-la-generacion-criada-por-algoritmos/

 

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Autor

  • Guillermo Zaracho

    Magíster en Educación - Universidad de Oxford. Profesor de la Facultad de Lenguas Vivas de la Universidad Evangélica del Paraguay. Profesor de la Universidad Politécnica de Taiwán en Paraguay. Consultor e investigador educativo. Autor y conferencista.

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