“…no se trata de evadir el sinsentido de nuestra existencia, sino de obstinarnos en vivir, en agotar nuestra vida; no hay prueba más real de nuestra libertad” (Albert Camus Ensayo El mito de Sísifo, 1942).
No se puede comprender el propósito de nuestra existencia, sin la pertenencia a la familia. Los estudiosos de la sociología comprenden que el comportamiento humano tiene una profunda relación entre las interacciones que la persona realiza a lo largo de su vida con tres factores fundamentales: la familia; la identificación de su sentido de vida; y, su desarrollo y testimonio como persona hacia los demás. Entender los tres factores como sentido de pertenencia es fundamental para clarificar y comprender la importancia de la familia en el desarrollo integral de la persona, y su papel en los ámbitos donde sus integrantes se desenvuelvan.
Partamos del primer factor. La identificación de quienes, dentro de una familia, fortalecen y da respuesta a un cuestionamiento que la persona tiene durante toda su vida: su función y propósito existencial. Encontrar esta respuesta se dificulta si durante su etapa infantil no se le refuerza la importancia que a éste le dan cada uno de sus integrantes, demostrándole que su pertenencia brinda felicidad a la familia, no solo responsabilidad; brinda amor, no solo entendimiento; brinda complementariedad, no solo solidaridad; y brinda plenitud, no solo acompañamiento.
Es importante que la persona comprenda, desde su etapa inicial, la relevancia que tiene para quienes le rodean, cuya consecuencia será un razonamiento mayor: entender su propósito y sentido de pertenencia en la vida. Es por ello por lo que en la infancia se logran cimentar y plantar las mas firmes esperanzas de mejores ciudadanos, mejores personas.
El segundo factor permite, de manera profunda, articular los lazos de su pertenencia en los ambientes en los que se involucra. A medida que va profundizando en el sentido de vida, su actuar deja de circunscribirse a solo pertenecer, para dar muestra a otros de que gracias a esta pertenencia se autopercibe como importante, y que al compartir valores e intereses comúnes con quienes lo rodean, crea lazos, amistades y relaciones que dan sentido a su pertenencia -aprendida, vivida y nutrida desde el seno de la familia-. A partir de la inculturación familiar, se crean causas, ideas, y la necesidad mutua de pertenencia entre la relación y la causa, lo cual conlleva siempre un beneficio comunitario: el bien común.
Es, durante las etapas de adolescencia y juventud, en las que la persona puede lograr sus sueños, metas y propósitos, para más tarde proyectar su sentido de pertenencia a lo profesional, social y comunitario, donde se prende la gran chispa de pensar en el futuro y en los demás como partes de un todo; donde se gestan las grandes hazañas y desafíos que en lo personal se van superando con liderazgo, convicción y determinación.
El tercer factor fundamenta consiste en que la pertenencia logre la plenitud existencial del ser humano, la cual involucra recrear el espacio de pertenencia y del ciclo inculturizante que vivió, a través de su naciente familia. Éste ciclo justifica y consolida la vida adulta ya que -entre los cimientos de la etapa infantil y la visión de un futuro desarrollado en la etapa juvenil-, en él se da un punto de inflexión importante: el gran deseo de seguir construyendo la pertenencia.
Antes, como se dijo, la persona aprendió la pertenencia en su etapa infantil y siendo acompañado en la adolescencia, las cuales dejaron huella en su vida adulta, para luego en esta convertirse en protagonista de un nuevo espacio de integración. Esto es, la conformación de una nueva familia -propósito común de una mujer y un hombre unidos en matrimonio- es formar un nuevo espacio de pertenencia que inicia con el padre y la madre y se extiende y perfecciona con los hijos. A diferencia de otros campos del aprendizaje -en los que se aprende haciendo-, el niño aprende a amar siendo primero amado. También así aprende la pertenencia: siendo reconocido, involucrado, valorado y responsabilizado.
La sociabilización de los hijos es un proceso que de manera natural llevan a cabo los padres con sus hijos, educando y formando sus capacidades de suerte que su convivencia familiar y social resulte asertiva. Esta capacidad educativa, además de estar inscrita en la naturaleza humana, es un reflejo de lo aprendido y vivido.
Así, la formación para el trabajo, el desarrollo profesional, la vida vocacional, el estado de vida, son tareas esenciales de la familia, las cuales le permiten mejorar en sí misma, enriquecer la vida comunitaria y contribuir a la mejora social.
Por último, como reflexión, considero que en todos los espacios de nuestra vida estamos llamados a construir y dar sentido a la pertenencia; rescatar este profundo valor social que inicia en la familia, célula básica de la sociedad -dignificando su actuar y trascendencia- con un espíritu de verdad y libertad necesario para evitar que sucumba ante ideologías totalitarias que asfixian a la persona y dañan su entorno.
Referencias:
Juan Pablo II, (1981), exhortación apostólica Familiaris Consortio. Vaticano. Cantú, Cesar, (1999 ), Compendio de la Historia universal. Alicante. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
Banco Mundial, (2014), Marco estratégico para la incorporación de la participación ciudadana en las operaciones del Grupo Banco Mundial: involucrar a los ciudadanos para lograr mejores resultados.
BOBBIO, Norberto. “Política”. En: BOBBIO, Norberto; MATEUCCI, Nicola y PASQUINO, Gianfranco (Dir.). Diccionario de política. 11ª ed. Madrid: Siglo Veintiuno, 1998. p. 1215.





