Cuando una unidad de tropas en inferioridad numérica ocupa una posición defensiva para hacer frente al embate de un cuerpo enemigo que es mayor en número, se designa un grupo para cubrir la retirada del resto de las tropas. A este concepto militar se le conoce como la última línea.
Durante su gestión, el ex presidente de México, López Obrador, se dedicó sistemáticamente a destruir a las instituciones públicas y a debilitar los contrapesos institucionales que actúan como contrapeso al Poder Ejecutivo y que son necesarias para brindar los equilibrios fundamentales para una democracia. En contra de la voluntad popular logró salirse con la suya con el otorgamiento de la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y en el Senado, que le eran necesarios para llevar a cabo una reforma judicial por la que subordinará la justicia a los intereses del gobierno.
Regímenes autoritarios como Rusia y China han desarrollado su propio tipo de contención, para lo que han utilizado a los medios de comunicación para desgastar a la democracia. En América, Venezuela y Nicaragua han hecho lo propio.
En el reciente proceso electoral de Venezuela, Nicolás Maduro ordenó bloquear por 10 días el acceso de X (antes Twitter) en su país. Esta red social fue señalada de ser usada por sus adversarios para generar revueltas, tras las elecciones presidenciales.
El autoritarismo no es una forma de gobierno, es una forma de ejercer el poder; es un exceso y un abuso de autoridad que aplasta las libertades; es una degeneración de la autoridad; propicia instituciones carentes de libertad o autonomía; y puede llegar a emplear la violencia para acallar la libertad de expresión y ejercer un control velado -o directo- sobre los medios de comunicación, sus propietarios y los periodistas, comunicadores y creadores de contenido.
En noviembre de 2019 la Coalición Internacional de Organizaciones Civiles Defensoras Libertad de Expresión, le preguntó al presidente López Obrador, si se comprometería a apoyar el rol del periodismo en la sociedad, aunque este fuera crítico con su gobierno. El jefe del ejecutivo manifestó: “No tengo que hacer ningún compromiso ya que nunca he utilizado un lenguaje ofensivo y siempre he sido respetuoso”. Pero a lo largo de su sexenio la política ha sido ofender a la prensa y verla como su adversaria.
Los medios de comunicación que han criticado y no se alinean a las políticas de la Cuarta Transformación han sido objeto de estigmatizaciones por parte de AMLO y en consecuencia de sus seguidores, quienes han descalificado a los periodistas en infinidad de ocasiones. Estas desacreditaciones y señalamientos de los medios, conductores y periodistas, contribuyeron a generar un ambiente de desvalorización y hostilidad hacia ellos, por una parte de la sociedad.
La organización Articulo19 destacó que, desde el 1 de diciembre de 2018, al 31 de marzo de 2024, contabilizó un promedio de una agresión cada 14 horas contra la prensa, incluidos los asesinatos de por lo menos 46 periodistas y la desaparición de otros cuatro.
López Obrador fue el creador de las “conferencias mañaneras”, que le han funcionado como una excelente herramienta de propaganda política a través de la cual impuso su agenda, pero que con el paso del tiempo este espacio se convirtió en un “morning show” en el que incluyó distintos géneros: sarcasmo, drama, ocurrencias, mentiras (otros datos) e incluso las amenazas hacia sus adversarios políticos y los medios de comunicación.
Para Claudia Sheinbaum, la primera mujer en asumir la presidencia, será un reto establecer una clara y respetuosa relación con los medios. Ella debe aprender de los errores de su predecesor y no repetir el estilo el cual no domina, por lo que le resultaría desastroso. El enfrentamiento de AMLO con personajes como Joaquín López Doriga, Claudio X. González, Ricardo Salinas Pliego, Ciro Gómez Leyva, Carmen Aristegui, Carlos Loret de Mola, Chumel Torres y Víctor Trujillo en su personificación de “el payaso Brozo” polarizó más el clima social.
La libertad de expresión podría estar en riesgo si el nuevo gobierno persiste en amenazar y amedrentar a los propietarios de los medios de comunicación, a los periodistas, críticos y generadores de contenido, como lo hizo Andrés Manuel. La gravedad de esto es equiparable en daño a la estatización de la banca, por López Portillo, por el daño que generó a la confianza y a las libertades ciudadanas. En este caso equivaldría a coartar las libertades de pensamiento, información y expresión.
Recientemente, Claudia Sheinbaum anunció la creación de una Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT), ante lo cual surgen varias dudas: ¿La ATDT sustituirá a la actual Coordinación de Estrategia Digital Nacional de la Oficina de la Presidencia de la República, que transitó sin pena ni gloria? ¿optará por extinguir el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT)?, ¿sus atribuciones regulatorias se sumarían a las de política pública que ya realiza la Subsecretaría de Comunicaciones y Transportes de la SICT? y ¿qué rol tomará la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC) de la Secretaría de Gobernación?
La estrategia de Sheinbaum Pardo es hasta ahora una incógnita, el estilo de comunicar que elija será el elemento clave para construir un gobierno con sello propio.
Los medios de comunicación podrían ser la última línea.





