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Visitemos la casa del abuelo

por | Familia

Ahora no podemos ir de prisa, le cuesta trabajo el andar, su fuerza no es la misma -ni física ni anímicamente- y a pesar de sus 74 años sigue en pie de lucha, poniendo su talento y sus recursos al servicio de quienes caminamos a su lado; intentando mantener el ritmo del mundo que le rodea, pero sobre todo amando inmensamente. Así es como puedo describir a mi madre, quien no se cansa de enseñarme y darme lecciones de vida.

El pasado mes de julio se ha celebrado la jornada mundial de los abuelos y las personas mayores, en este marco, el Papa Francisco ha invitado a los jóvenes a fomentar la relación con los ancianos, haciendo énfasis en la importancia del relevo generacional y la riqueza que podemos obtener de quienes nos llevan un paso adelante. También ha puesto de manifiesto su preocupación por las políticas que los descartan y los condenan a la soledad; sin duda temas de gran relevancia que deben ser atendidos por la familia, la comunidad y las propias autoridades.

De acuerdo con la ONU es a partir de los 60 años que se considera a una persona como adulto mayor, aunque en los países desarrollados se contempla que es a partir de los 65 años. Esto respecto a la edad cronológica, pero los cambios físicos, psicológicos, y sociales estarán determinados por la calidad de vida, así como el contexto cultural y social de cada persona.

La OMS advierte que los bonos poblacionales van cambiando pues se tiene proyectado que en 2030, una de cada seis personas en el mundo tendrá 60 años o más. En ese momento, el grupo de población de 60 años o más habrá subido de mil millones, en 2020, a 1,4 mil millones. En 2050, la población mundial de personas de 60 años o más se habrá duplicado (2,1 mil millones). Se prevé que el número de personas de 80 años o más se triplique entre 2020 y 2050, hasta alcanzar los 426 millones.

Pero estos son solo fríos números lo importante es atender la realidad que viven quienes se encuentran en esta etapa de la vida, pues ciertamente de manera general se les ha descartado.

Los políticos pocas veces los tienen contemplados en sus agendas o, peor aun, se les ha utilizado y condicionado en programas electoreros que lejos están de reconocer su dignidad y que poco abonan a sus necesidades.

El entorno familiar también debe ser cuidado pues muchos adultos mayores viven realidades drásticas: siguen con cargas laborales excesivas (basta ver cuantos comerciantes en esta etapa de la vida siguen en un trabajo arduo por no contar con opciones que les permita ser reconocidos o compensado por el esfuerzo de años); sin seguridad social que sostenga sus condiciones de vida; y cargando sobre sus hombros el peso de seguir sosteniendo económicamente a sus familias.

Además de los aspectos laborales-económicos mencionados, los adultos mayores requieren de atención médica especial que mejore su calidad de vida. Desafortunadamente muchos no tienen acceso a servicios de salud general, mucho menos a especialistas que les ayuden a sobrellevar las enfermedades propias de la edad.

En lo social, suelen ser relegados por no considerarlos útiles, o son vistos como una carga por los cuidados especiales que requieren. Al respecto, el papa Francisco advierte sobre la dificultad que tenemos para detener nuestra acelerada dinámica y brindarles el apoyo y atención que merecen.

Qué decir del entorno en las ciudades -tan poco amigables para su condición-: en el desarrollo y planeación de las mismas no se les contempla, dificultando su movilidad e independencia.

Mas grave aun resulta la violencia en la que se encuentran algunos, victimas de la injusticia, que lesiona no solo el cuerpo sino el alma, relegados a una vida de dolor en el otoño de su existencia. Mucho bullicio en su entorno, los más jóvenes -acelerados por su edad- poco comprenden que no puede alcanzarlos; los de mediana edad -casados y cansados con sus preocupaciones-, no tienen la paciencia suficiente para brindarles la atención que requieren.

Cobra sentido el mensaje del papa para propiciar la convivencia entre los adultos mayores y los más jóvenes para enriquecer y hacer más humano este mundo; conjugando la fuerza y el entusiasmo con la experiencia y la riqueza cultural adquirida con el paso del tiempo.

Pudiéramos seguir enumerando las problemáticas que envuelven a nuestros adultos mayores (son muchas las necesidades que se deben atender), pero de poco servirá si no comenzamos a realizar acciones concretas para reconocer el valor y la dignidad de nuestros ancianos.

Abracemos el mensaje del papa con entusiasmo, reflexionemos sobre las condiciones de los adultos mayores y, sobre todo, regresemos el amor con el que han desgastado la vida y seamos esperanza para ellos en su plenitud.

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Autor

  • Virginia Irlanda Arellano Beltrán

    Docente de Colegio de Bachilleres de Irapuato. Estudió Diseño Gráfico en la Universidad Latina de México en Celaya y Derecho en el Centro de Estudios Universitarios Allende. Actualmente es Delegada por Guanajuato de la Comisión Mexicana de Derechos Humanos y miembro de Alianza de Maestros. Ganadora del concurso municipal de ensayo convocado por el IEEG con el tema de paridad de género en los procesos electorales. Creadora del proyecto Onda México, encaminado a la formación integral de los jóvenes el cual se desarrolló y aplico en educación secundaria en la delegación de educación de Salamanca, así como en el DIF del mismo municipio. Tiene una certificación por la SEG como facilitadora del aprendizaje.