Trump, heredero de una visión expansionista de los Estados Unidos, retoma la antigua doctrina del Destino Manifiesto, expresada -desde 1630- en Nueva Inglaterra por el ministro puritano John Cotton, que afirmaba que “una nación tiene derecho a expulsar a otra, por designio especial del cielo, como el que tuvieron los israelitas” (pretenden lo mismo en Gaza). Esta es la base de lo que el periodista John L. O’ Sullivan, en el artículo “Anexión” de la revista Democratic Review de Nueva York, de julio-agosto de 184, en el que dice: “El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el gran experimento de libertad y autogobierno”.
Pero ni Estados Unidos ni Israel han mostrado, nunca, la escritura que, según ellos, les dio la providencia.
Previamente, en 1823, el presidente James Monroe sostuvo que cualquier intervención de estados europeos en América seria visto como un acto de agresión que requeriría la intervención de los Estados Unidos (en oposición al colonialismo europeo), lo que pasó a la historia como doctrina Monroe.
Para los Estados Unidos la doctrina Monroe y la visión del destino manifiesto, deben ser aceptables para el resto del mundo, no así lo que en 1933 fue anunciado por Hitler en su libro “Mi Lucha” el espacio vital para la expansión de Alemania en los territorios eslavos. Ambas doctrinas son igualmente equivocadas y peligrosas.
El Destino Manifiesto justifica para muchos americanos la guerra contra México y el despojo de la mitad del territorio por el que pagaron 15 millones de dólares, así como la expansión hacia el territorio de Oregón, en disputa con Inglaterra.
No obstante, la doctrina Monroe que se limitaba a “América para los americanos”, se continuó con el colonialismo impulsado por Theodore Roosevelt hasta el final del siglo XIX y principios del XX. Pero tanto la doctrina Monroe como el destino manifiesto, parecen ser inspiradoras para Donald Trump y su gobierno, al no ocultar sus intenciones hacia Groenlandia, el canal de Panamá, la intervención en Gaza y en Ucrania, por lo que debemos preguntarnos, ¿qué quiere de Canadá y México? porque está usando el gran garrote -a la usanza de Roosevelt- y el Destino Manifiesto de Monroe para imponer su visión al mundo.
El apoyo a Israel para el genocidio en Gaza, y el expansionismo en Palestina, justificando, una vez más, en un supuesto designio especial del cielo, debe hacernos reflexionar sobre el peligro que significa, la visión escatológica, o la locura de Trump, por que cualquiera que sea su motivación, pone en peligro al mundo.
Mientras tanto, en México el gobierno se pliega cada vez más, a la presión de los Estados Unidos, que, con el pretexto del narcotráfico, nos pone de rodillas.





