George Orwell solía decir: “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques; lo demás es propaganda”. La frase cobra sentido en México, donde la libertad de expresión enfrenta amenazas crecientes.
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George Orwell solía decir: “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques; lo demás es propaganda”. La frase cobra sentido en México, donde la libertad de expresión enfrenta amenazas crecientes.
El pasado 8 de septiembre, se conmemoró el día internacional del periodista, oficio ligado a la libertad y el conocimiento de lo que sucede día con día, tanto en lo nacional como en lo internacional, abarcando campos variados, economía, política, derechos humanos, acontecimientos sociales y deportivos, e infinidad de cosas importantes para algunas minorías, mientras son desechados por las mayorías.
El presidente López Obrador desacredita sin evidencias a ciudadanos, instituciones y medios de comunicación que no coinciden con él. En un escenario así, con facilidad brotan intentos para coartar el derecho a la verdad, como el caso contra la politóloga y periodista Denise Dresser.
Una vieja sentencia del periodismo es: “bad news are good news”, las malas noticias son buenas noticias. Esa fue la definición que dio el periodismo amarillo a la tarea informativa a través de los medios de comunicación.
Lo que parecía ser un gran avance que universalizaba un derecho restringido en el pasado, el derecho a la información, ahora se ha convertido en una amenaza, tanto por los emisores-receptores que utilizan las redes sociales, como por parte de los proveedores de las plataformas que hacen posible la circulación de los mensajes, al erigirse en “autoridades” capaces de controlar lo que circula por las redes.