Rescatar a la democracia cristiana

Héctor Juan Burgueño Ramos

Rescatar a la democracia cristiana
Ante los embates de las nuevas corrientes ideológicas “woke”, así también de los populismos; la Democracia Cristiana (DC) es una propuesta viable para el desarrollo de los países.

Ante los embates de las nuevas corrientes ideológicas “woke”, así también de los populismos; la Democracia Cristiana (DC) es una propuesta viable para el desarrollo de los países. 

La DC nace durante la primera mitad del siglo XX en Europa, a raíz de la Encíclica Rerum Novarum, del Papa León XIII. Sus principios y valores trascienden el espacio público, poniendo en el centro de toda decisión política y económica a la persona humana.

El pilar fundamental es el reconocimiento y el respeto a la dignidad de cada persona humana, y debido a ella todos los derechos fundamentales, y también las responsabilidades, emanan de ahí. Un principio a resaltar es que el Estado, como figura jurídica, debe reconocer los derechos de las personas, por el simple hecho de ser persona humana, la cual posee una dignidad inherente. El Estado no debe otorgar los derechos humanos, los debe reconocer. 

La DC tuvo su apogeo principalmente después de la Segunda Guerra Mundial, después de los terribles estragos de los totalitarismos tanto socialistas-comunistas y fascistas. La DC, a través de personajes destacados como Alcides De Gasperi y Konrad Adenauer, y un movimiento opositor integrado por otras corrientes que estaban a favor de la libertad y de la democracia, de manera paulatina levantaron económica y políticamente a Alemania e Italia. 

Históricamente, la DC partidista nació con ideales muy marcados -en unos partidos más que en otros-, por ejemplo, en el caso chileno, el Partido Demócrata Cristiano fue resultado de varias fuerzas nacidas en la sociedad civil, una de ellas fue la Asociación Nacional de Estudiantes Católicos, (ANEC), o de partidos políticos como la Falange Nacional y el Partido Conservador Social Cristiano. O también, en el caso del Partido Acción Nacional, PAN, en México. 

Sin embargo, con el paso de las décadas, los partidos políticos han tenido que adaptarse respondiendo a las agendas y nuevas corrientes que se van instalando en las sociedades, y en los partidos demócrata cristianos no ha sido la excepción. Desde la ciencia política se vislumbra un panorama poco alentador para la DC, especialmente en Hispanoamérica. Los partidos políticos están muy desgastados, además, en los últimos diez años las agendas ideológicas se han polarizado, en donde tanto la nueva generación de la derecha, como de la nueva izquierda están tomado mucha definición en temas sociales.  

Un caso muy claro es la CDU, Unión Demócrata Cristiana de Alemania, quien el pasado domingo 23 de febrero ganó la mayoría de curules en el parlamento alemán, de la mano de su aliado histórico CSU, Unión Social Cristiana de Baviera, quienes, de formar la llamada Gran Coalición con los socialdemócratas, la posibilidad de formar una agenda a favor de ideologías ajenas a la Doctrina Social de la Iglesia está latente. 

La DC debe retomar el rumbo, de lo contrario, la nueva derecha alemana, encabezada por el partido Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán), se adueñará del elector democratacristiano tradicional. La DC debe considerar que el ciudadano de a pie ha ido orientando su voto ya no por partidos políticos tradicionales con discursos vacíos y poco claros, sino por agendas y propuestas bien definidas en temas cotidianos que le afectan al ciudadano. 

La DC debe voltear a ver de nuevo DSI, la cual está conformada por encíclicas que se desarrollan en el campo social, además de que contiene las directrices base que todo aquél político católico o líder social debe tomar en cuenta a la hora de administrar o gestionar una política pública. En el campo legislativo aporta elementos para sustentar iniciativas de ley que promuevan el respeto a la dignidad de las personas y el bien común en el país, estado o distrito que representan; o bien, en el Poder Judicial, emitir juicios que garanticen el respeto a los derechos humanos y hagan justicia a las partes involucradas. 

La democracia cristiana debe realizar consensos a través del diálogo; respetando el marco democrático, escuchar y tomar en cuenta las diversas voces, sin fanatismos estériles; haciendo a un lado murmuraciones y calumnias (grillas) que en lugar de beneficiar al ciudadano común, sólo lo afectan. 

Los políticos democratacristianos, y todo aquél líder que, basado en el humanismo político, quiera participar en el espacio público, se inspiren en aquellos líderes que trabajaron de acuerdo a sus realidades y contextos político sociales de su época, como lo fueron Konrad Adenauer, Alcides De Gasperi, o Efraín González Luna; este último un político mexicano salido de las filas de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, ACJM. 

La política requiere de propuestas políticas realistas, que ayuden a solucionar los verdaderos problemas de los ciudadanos, al margen de ideologías de moda como el consumismo y del individualismo y lejos de intereses particulares o grupales. Volteemos a ver de nuevo los valores occidentales que dieron origen a nuestras sociedades. 

La DSI ha sido fuente de inspiración de diversos movimientos y posiciones políticas, la democracia cristiana es una de ellas y puede regresar a ser protagonista para la construcción y reconstrucción no sólo de sociedades, sino también de países completos. 

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