En las democracias contemporáneas, a fin de asegurar la presencia, el desarrollo y la permanencia de una comunidad política participativa, se requiere de un importante esfuerzo por parte de los diferentes actores políticos[1]. Para ello, es necesario el diseño, la puesta en operación y el seguimiento de varias categorías a fin de conocer y comprender los fenómenos políticos[2]. Entre ellas han destacado, por ejemplo: la comunicación, la negociación, la concertación, y otras más por su aportación para el desenvolvimiento de los procesos políticos.
Por su parte, la reconciliación ha sido una categoría extraña y esporádica en dichos procesos políticos a lo largo de la historia universal. Su aparición se ha dado como un instrumento sugerente en la solución de situaciones difíciles y extremas. En ellas, los actores políticos han tendido a adoptar posiciones radicales, divergentes y ubicadas en espirales crecientes de violencia. Sin embargo, su presencia ha podido detener esas tendencias y ha generado el nacimiento de formas de organización política capaces de potencializar tanto la naturaleza como la estructura y el funcionamiento de los estados.
¿Cuál es la manera como los actores adoptan las posiciones políticas? Y ¿Cómo y porque se radicalizan a tal modo de llegar a situaciones de ruptura y violencia? Se parte de reconocer la enorme diferencia entre la complejidad de la realidad y la capacidad del ser humano para abarcarla en su totalidad. Paradójicamente, sin embargo, también se reconoce su capacidad para comprenderla o al menos para formarse una idea integradora de la misma. No podemos abarcar el universo en nuestra limitada inteligencia, pero si podemos todos en cambio, formarnos una idea del concepto de cosmos.
En éste movimiento intelectual, se van generando pre-concepciones, se van retomando posturas con pre-vías y se elaboran y dictan pre-juicios en la medida en que aparecen nuevos aspectos. De ésta forma tendemos a observar las nuevas circunstancias a partir de las anteriores, conocidas y vividas las cuales, van integrando paulatinamente formas y modelos aplicados a las novedades y se desenvuelven dos vías de conocimiento: en la primera uno imagina lo desconocido a partir de los elementos conocidos y, en la segunda se tiende a ver lo nuevo a partir de la anteriormente vivido. Así es como aparecen e inician su desarrollo la auto-referencialidad, la polarización, las divisiones sociales, generando heridas en el seno de las comunidades humanas e incrementando a su vez la auto-referencialidad. El problema crece de manera exponencial cuando los integrantes de un mismo grupo social, empiezan a intercambiar y, sobretodo, a actuar con base en sus observaciones, valoraciones, concepciones y juicios ocasionando profundas heridas sociales
En ese sentido, al incorporar la reconciliación como parte integrante de los fenómenos políticos, el análisis y a la comprensión de la visión podría adquirir una dimensión más rica por su profundidad. La razón se encuentra en la naturaleza misma del concepto el cual, no se limita a la reintegración y a la regeneración del tejido social sino principalmente a su sanación, Es decir, con la reconciliación política no se trataría solamente de rehacer la estructura política sino de arreglar y de mejorar su funcionamiento.
La reconciliación para su implantación y adecuado funcionamiento requiere de la identificación de sus alcances y de sus límites a fin de poder diseñar los protocolos necesarios para su adopción. La reconciliación implica la sanación de heridas comunitarias, la cura de las rupturas y se encuentra ubicada -por lo que toca a la dinámica de la cultura contemporánea- en el campo de la ética y en el marco del estado de derecho. En ese sentido, una primera dificultad se presenta en la confusión precisamente entre lo que se entiende por lo “ético” y por lo “legal”.
De manera generalizada se han manejado como sinónimos, un comportamiento ético se piensa, es cuando corresponde con el respeto al marco jurídico y muchas veces se olvida que lo ético se ubica en el ámbito propio de las personas y lo legal en el de las comunidades. Es verdad que ambos surgen de un esfuerzo intelectual, es decir, razonado y que los dos son el resultado de respuestas y acciones fundamentadas en valores morales, sin embargo, lo ético parte de una disciplina vinculada al concepto manejado en los pueblos clásicos griegos como ethós: es decir, al ser de las cosas. Un comportamiento ético implica la correspondencia con la naturaleza de las cosas. Por su parte lo legal se refiere al respeto al marco jurídico y a veces no se presenta una correspondencia entre los dos. La ética se ocupa de conocer los hechos, las actitudes y los actos correctos mientras que lo jurídico trata los legales. En ese sentido, la reconciliación como categoría política implicaría un vínculo con la pretensión de ser correcto y podría estar inscrita en un marco jurídico lo cual derivaría en un contenido relacionado con ambos conceptos.
En ese sentido y, por último, en la cultura contemporánea se ha generalizado la idea de considerar a los conceptos tanto de reconciliación como de perdón, con un contenido casi exclusivo, de tipo religioso y de su manejo clerical. Es importante por ello recordar que las particularidades del lenguaje, así como todo en su conjunto solo podría pertenecer a aquellos que lo emplean y manejan sus diferentes contenidos. Las apropiaciones se encuentran, es estricto sentido, fuera de lugar. Sin embargo, siempre han existido grupos sociales donde se prefiere, se acostumbra o se hace uso de contenidos, conceptos y/o formas gramaticales por considerarlos más próximos a sus criterios rectores, a su forma de descubrir la realidad e interactuar en ella o, simplemente por la coincidencia histórica o generacional. Sin embargo, es una constante el hablar de la necesidad, en ciertas ocasiones, de la presencia de la reconciliación en compañía del perdón para sobrellevar, enfrentar, solucionar y sanar las diferencias, las rupturas y las heridas sociales.
Si la reconciliación es una posibilidad de solución sanadora para la mayoría de las heridas resultantes de los conflictos comunitarios ¿porque su presencia no se ha generalizado ni ampliado al campo de los fenómenos políticos? Y de igual forma ¿puede esta categoría, contribuir a la existencia de un mejor sistema político y, en consecuencia, ayudar a contrarrestar los agentes causantes de un sin número de problemas y en particular de la corrupción?
Referencias:
[1] Éste artículo forma parte del texto contenido del libro La Reconciliación como Categoría Política del mismo autor.
[2] En el sentido de un cierto peso o valor relacionadas con un cierto criterio de análisis, estudio u orden.
Arbesú, L.I. 2020. La Reconciliación como Categoría Política. México. Instituto Reyes Heroles.





