En el mundo Occidental se denomina maternidad subrogada o vientres de alquiler o gestación por encargo, al hecho de que una mujer gesta a un niño no concebido por ella, y que debe ser entregado inmediatamente después del parto a quien o quienes serán los progenitores, y que en el lenguaje jurídico y bioético se denominan comitentes.
Otra definición apunta a un procedimiento de reproducción humana médicamente asistida en el que una mujer gestante lleva adelante un embarazo, con el fin de que la persona que nazca tenga únicamente vínculos de filiación con una persona o pareja comitente.
Hay dos tipos de maternidad subrogada: la comercial y la altruista. En la comercial la persona o la pareja que quiere tener el hijo hace un contrato con la mujer que lo va a gestar. En la transacción intervienen varios intermediarios -una cadena de lucro- y grandes sumas de dinero.
También está la maternidad subrogada de las mujeres que lo hacen por altruismo: una manera de contribuir a que familiares o amigos puedan tener hijos. Lamentablemente, también denominan así a la simulación que se lleva a cabo en países pobres (Asia, África o América), donde se abusa de la pobreza y necesidad de las mujeres para contratar sus servicios como gestadoras -sin supuestamente recibir dinero a cambio-, a través despachos que representan a parejas del hemisterio norte, pasando por encima de la leyes del país, o aprovechando el carencia de las mismas. Países como Francia, España o Países Bajos se dicen altruistas para negar negocios y circulación de dinero.
Cuando en las Naciones Unidas y en la Unicef se refieren a la maternidad subrogada, dicen defender el interés superior del niño como principio; pero vemos con tristeza que en todos los países donde se realiza la renta de vientres estos principios son flagrantemente violados y vulnerados.
Esta temática la platean con “perspectiva de género –al igual que el aborto, al que eufemísticamente denominan interrupción voluntaria del embarazo- que nada tiene que ver con lo que defendemos los cristianos. Pero de la identidad biológica que tenemos los seres humanos no dicen nada.
En el caso de los vientres subrogados no es legítimo hablar de perspectiva de género, ya que los progenitores pueden ser un hombre o una mujer, un hombre y una mujer, dos hombres, o dos mujeres que quieran tener su hijo con sus propios óvulos o espermas, o con el de terceros, mediante inseminación in vitro, para después insertarlo en el vientre de una tercera mujer que se renta como gestante.
Tampoco aplica el rechazo al aborto porque hay contratos, ya sea escritos o tácitos, que establecen que si durante el embarazo de la mujer gestante sobrevienen problemas, se acude directamente al aborto; o cuando hay un embarazo múltiplese abortan los demás niños porque no están contemplados en el contrato. Igual sucede cuando el niño presenta anomalías en su desarrollo: es abortado, por contrato.
Hay situaciones en las que al niño nacido lo abandonan; o cuando un país entra en guerra los niños no pueden llegar a sus comitentes.
Existen complejos de filiación que se forman cuando el niño quiere saber quién es su mamá; quién aportó sus gametos masculinos y sus gametos femeninos para que él fuera concebido como persona, y qué papel cumple la mujer gestante en su vida posterior.
Hoy se sabe, gracias a la ciencia que las mitocondrias del útero materno (del útero gestante) se transfieren hacia el bebé en los primeros estados embrionarios, por lo que la mujer gestante también, en parte, es mamá biológica de ese bebé, ya que también hay un vínculo afectivo a lo largo de la gestación.
Otra dificultad se deriva de los complejos de inferioridad legales que va a tener ese niño nacido con esta metodología cuando surjan disputas o conflictos entre los comitentes; o cuando la mujer gestante como ha pasado persista en su deseo de filiación, como madre de ese hijo, y lo quiera para sí.
Detrás de las separaciones hay fuertes experiencias traumáticas por la pérdida total del vínculo, por parte de la gestante, y cuando el niño crezca, varios casos con tratamientos psicológicos infanto juveniles.
A nivel social, puede haber una discriminación para ese niño -cuando crezca y surja a la luz pública que viene de una gestación no normal- por parte de sus pares.
Como dijimos, en la mujer gestante se produce una gran violación porque se las usa como recurso reproductivo de terceros, sin consideración de su persona, abusando de su situación de necesidad.
Paradójicamente, los grupos feministas de los países pobres suelen ser los promotores y beneficiarios económicos de estas prácticas, que victimiza y revictimiza a las mujeres pobres. Nada dicen de la dignidad de la mujer en este caso porque hay un sesgo ideológico y económico.
Los niños se convierten en objeto de contratos porque no es más una persona que nace de un vínculo de amor: es la economización (comercialización) de la vida humana. En contraparte, fueron los grupos feministas europeos los que lograron que esta práctica fuera desechada de las leyes que rigen en la Comunidad Europea.
Los niños también suelen ser objetos de diseño cuando previamente se eligen los gametos. En la selección de estos no pocas veces hay abortos o microabortos, ya que se fecundan varios óvulos a la espera de que uno sea el que resulte.
Un riesgo no descartable es el caso de la gestación por encargo para la obtención de órganos para trasplante. Este problema no se visibiliza cuando los niños salen de la esfera de control de los países en los que son concebidos y se trasladan a países del primer mundo sin controles ni seguimiento.
También se han detectado casos en los niños directamente entregados a los comitentes se destinan al mercado de infantes para diversos tipos de aberrante explotación, entre ellas la sexual y el comercio de órganos.
En muchas ocasiones el embarazo de la mujer gestante suele ser un embarazo hiper hormonado, por parte del médico gineco obstetra para garantizar que el bebé se fije bien. También suelen ser hiper medicados para que las gestantes no corran determinados los riesgos que a veces surgen en los embarazos, para ello se les somete a intensas rutinas de exámenes médicos para evitarlos porque el producto es una inversión en el que participan muchos beneficiados económicos: autoridades, médicos, gestores, interesados, la gestante, abogados, etc.
Dos autoras argentinas, la Dra Medina y Binetti dijeron: “hoy día no hay mujeres ricas gestando para pobres. Siempre son las mujeres pobres que gestan para las ricas”. por lo tanto el concepto de comercialidad o altruismo se relativizan en la realidad.
Este fenómeno, como se ha visto, plantea muchos dilemas éticos, morales y legales. Lo que no se puede negar es que es un rostro de la deshumanización social que instrumentaliza y objetiva a las mujeres pobres para satisfacer apetitos egoístas de muchos comitentes, mediante una cadena de producción aceitada por el apetito de lucro.





