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Los Derechos Humanos de la Ciudad del Amor

por | Derechos Humanos, Filosofía

«Por Derechos Humanos se entiende en general aquellos que son inherentes al ser humano. La noción de derechos humanos entraña el reconocimiento de que todo ser humano es acreedor al disfrute de sus derechos fundamentales sin distinción por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento u otra condición.” [1]

Los Derechos Humanos ordenan a todos los seres humanos de cualquier tiempo y lugar. Son universales y atemporales, ya que el ser humano tiene la misma naturaleza desde que fue creado.

El Bien personal y el Bien Común de los seres humanos depende de la protección que le otorgan los Derechos Humanos. Si las leyes, el Estado, o los ciudadanos valoran al ser humano y a la sociedad y quieren su Bien Personal y el Bien Común, deben respetar y promover sus Derechos.

Una tarea urgente y trascendente de la Ciudad del Amor es saber cuáles son estos Derechos fundamentales en sus tres dimensiones: natural, humana y sobrenatural, para abarcar al hombre completo.

Origen de los Derechos Humanos

Los Derechos Humanos se encuentran en la ley natural y en la ley humana iluminada por la Revelación sobrenatural. El único Ser que conoce perfectamente al hombre es su Creador. Dios se ha revelado en el tiempo y ha revelado la verdad sobre Él mismo y sobre el hombre.

El mayor bien del hombre es Dios, y, por tanto, los Derechos Humanos giran alrededor de un Derecho fundamental: el Derecho Humano de que Dios sea conocido, amado y servido por todos los hombres.

Para conocer en su plenitud los Derechos de los hombres, es imperativo conocer al ser humano de acuerdo con su identidad, con su origen, y con su fin último; conocimiento que se encuentra en su naturaleza y en la verdad Revelada por Dios.

“La raíz de los derechos del hombre se debe buscar en la dignidad que pertenece a todo ser humano por derecho natural, por el solo hecho de ser hombre. Pero el fundamento de los derechos humanos aparece aún más sólido a la luz de la Fe, se considera que la dignidad humana, después de haber sido otorgada por Dios y herida profundamente por el pecado, fue asumida por Jesucristo mediante su encarnación, muerte y resurrección. La última fuente de los derechos del hombre no se encuentra en la mera voluntad de los seres humanos, en la realidad del Estado, o de los poderes públicos, sino en el hombre mismo y en Dios su Creador.” [2]

“Los derechos del hombre exigen ser tutelados no solo singularmente sino en su conjunto: una protección parcial de ellos equivaldría a una especie de falta de reconocimiento.” [3]

Los seres humanos tienen el derecho de emitir leyes humanas para el gobierno de lo temporal. Hay leyes que son intranscendentes pero que caen dentro del buen gobierno, por ejemplo: en dónde poner un semáforo; o como trazar las calles. A pesar de que son intranscendentes, deben de estar al servicio del hombre y para el Bien Común.

Las leyes humanas trascendentes de la Ciudad del Amor deben cuidar, proteger y promover la observancia de los Derechos y los Deberes de los hombres. Esta es la condición sine qua non para el desarrollo humano y social en plenitud, con equidad, justicia y paz.

La Declaración Universal de los Derechos del Hombre: ONU, 1948

Poco después de terminada la Segunda Guerra Mundial, el 10 de diciembre del 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas, reunida en París, aprobó con 48 votos a favor la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.

Este célebre documento, traducido a más de 360 idiomas, es la respuesta de un mundo hastiado por la crueldad y barbarie de la guerra, del nazismo, del socialismo, del comunismo, y de los sistemas políticos dictatoriales, autoritarios y plenipotenciarios del odio, que, en lugar de amar y proteger al ser humano, lo engañan, lo esclavizan, lo degradan, y lo utilizan para sus fines particulares y perversos de dominación y poderío militar e ilimitado a toda costa.

Este documento agrupa los Derechos Humanos citados en 30 artículos. Es recomendable el estudio del documento original que pretende construir una mejor civilización.

Mencionaremos algunos de los Derechos Humanos aludidos en el documento de 1948: [4]

  • Artículo 1) Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
  • Artículo 2) Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
  • Artículo 3) Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.
  • Artículo 4) Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.
  • Artículo 16) La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.
  • Artículo 17) Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente. Nadie puede ser privado arbitrariamente de su propiedad.
  • Artículo 18) Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
  • Artículo 20) Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas. Nadie puede ser obligado a pertenecer a una asociación.
  • Artículo 26) Toda persona tiene derecho a la educación. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales. Los padres tendrán el derecho preferente de escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.

Esta Declaración es un gran avance para el desarrollo y la paz. Fundamentado en la naturaleza humana, debe ser complementado con la Revelación Divina acerca de los Derechos y Deberes del Hombre a la luz de la Fe.

La vida: el primero y más valioso don y Derecho Humano

El patrimonio más valioso de la persona humana es la vida, desde su concepción hasta su conclusión natural. Es el primer don, o sea, el primer Derecho Humano y el mayor Derecho Humano que pueda tener ya que le da acceso al disfrute de toda la creación.

Con la muerte se extinguen todas las posibilidades de gozar, saborear, desarrollarse, mejorar, esperar, disponer, poseer, divertirse; en suma: se acaba todo para esta vida terrenal.

La vida es un don: no se obtiene por mérito propio ni por gestión personal. El don de la vida es un préstamo, ya que no es definitivo. Al ser un don, no es tuyo de manera absoluta ya que no te lo diste tú. La vida te fue dada por Dios en préstamo para hacer el bien. No te fue dada para hacer el mal: ni a ti, ni a los demás, ni a la creación.

El don de la vida lo tienes que regresar el día de tu muerte, junto con un balance: ¿cómo usaste los talentos y recursos que se te prestaron?

El primer bien que deben cuidar y promover los ciudadanos de la Ciudad del Amor es la vida del ser humano, o sea, el Derecho a la Vida, no solo la de los más poderosos y capaces, sino también, y de manera especial, la de los más débiles y vulnerables, como son los bebés no nacidos, los enfermos, los más débiles.

Los más pobres, torpes, tontos, inútiles y frágiles no solo son sujetos del cuidado de su vida, sino también son sujetos de nuestro mayor amor, pues son hermanos nuestros que tienen la misma dignidad, y tienen el Derecho Humano de amar y ser amados.

Los Derechos Humanos, la Revelación Divina y el Magisterio de la Iglesia

La Revelación Divina, y de manera especial el Evangelio, son la fuente fundamental del conocimiento de Dios y del hombre. El Magisterio de la Iglesia desde siempre ha abundado en los temas relacionados con los Derechos de los hombres, pero con mayor especificidad en los últimos años a través de múltiples Encíclicas y documentos pontificios con las enseñanzas de San Juan XXIII, del Concilio Vaticano II, de San Paulo VI, de San Juan Pablo II, de Benedito XVI y del Papa Francisco.

El Papa San Juan Pablo II en la Encíclica “Centesimus Annus” enumera algunos de ellos: [5]

  • El derecho a la vida.
  • El derecho del hijo a crecer bajo el corazón de la madre después de haber sido concebido.
  • El derecho de vivir en una familia unida y en un ambiente moral favorable al desarrollo de la propia personalidad.
  • El derecho a madurar la propia inteligencia y la propia libertad a través de la búsqueda de la Verdad.
  • El derecho a participar en el trabajo para valorar los bienes de la tierra y recabar del mismo el sustento propio y de los seres queridos.
  • El derecho a fundar libremente una familia y a acoger y a educar a los hijos, haciendo uso responsable de la propia sexualidad.
  • El derecho a la libertad religiosa, esto es, el derecho a vivir en la verdad de la propia fe y en conformidad con la dignidad trascedente de la propia persona.
  • El derecho a la libertad de conciencia, o sea, que no se obligue a nadie a actuar en contra de sus propias convicciones, ni se impide que actúe conforme a ellas en privado y en público, solo o asociado.

“El respeto a los derechos humanos es símbolo emblemático del verdadero progreso del hombre en todo régimen, en toda sociedad, sistema o ambiente.” [5]

Los Derechos de Dios y los Derechos Humanos

Dios, Creador y proveedor de todos los bienes necesarios para la vida y para la perfección del hombre, también tiene Derechos que deben ser conocidos, reconocidos, y promovidos por todos los hombres. Los Derechos de Dios se empezaron a conocer hace más de tres mil años en los primeros tres Mandamientos de la Ley de Dios:

  1. Amar a Dios por encima de todas las cosas.
  2. No jurar el Santo Nombre de Dios en vano.
  3. Santificar las Fiestas.

Los Derechos de Dios son revelados por Jesús mismo en el Evangelio. Lo que en la Revelación Dios declara mandamiento para el hombre, se convierte en un Derecho Humano y en un Deber Humano. Por ejemplo, el mandato de “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura” se convierte en el “Derecho de predicar” para el que tiene Fe, y en el “Deber de escuchar” para el que tiene oídos para oír.

El primer Derecho Humano trascendente es el de conocer, amar y servir a Dios su Creador por encima de todas las cosas, que es el mayor Bien del hombre y su Fin último.

La regla de oro de los Derechos y Deberes Humanos de la Ciudad del Amor es iluminada por la Fe: Amarse a sí mismo y amar a los demás seres humanos como Cristo nos amó.

El error y el pecado son dos formas de transgredir los Derechos Humanos propios o de los demás. El error y el pecado son el verdadero mal ya que tienen consecuencias perversas para sí mismo, para los demás o para la creación.

Los Deberes Humanos

“Inseparablemente unido a los Derechos del Hombre se encuentran los Deberes del Hombre, indisolublemente unidos con una dimensión personal pero también con una dimensión social. A cada derecho natural del hombre, les corresponde a todas las personas y entidades de la sociedad el deber de reconocerlo y respetarlo. Quienes, al reivindicar sus derechos olvidan por completo sus deberes, o no les dan la importancia debida, se asemejan a los que derriban con una mano lo que construyen con la otra.” [6]

Los “derechos humanos espurios”

Los enemigos del hombre y de la Civilización del Amor buscan trastocar el orden natural, el orden humano y el orden sobrenatural, con una vieja artimaña: cambiar el significado del lenguaje y desconocer las leyes naturales y sobrenaturales para confundir e implantar el error y el mal, dando lugar a verdaderas aberraciones sociales.

Algunos empleados de la ONU pretenden cambiar el contenido y significado de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, contraviniendo la voluntad de los 48 países firmantes, argumentando que los derechos han cambiado debido a la hermenéutica evolutiva. Este abstruso terminajo es la mejor justificación que han encontrado para empujar sus siniestras maquinaciones. Algunos ejemplos:

  • Al asesinato de los bebés en el seno materno en condiciones seguras para la madre, o sea, al aborto “seguro”, le llaman “salud sexual”. De allí derivan la aberración del “derecho a la salud sexual”.
    • Este “derecho” les permite matar a su bebé amparadas por la ley, con la tranquilidad de que a ellas no les pasará nada.
  • Alegan falsamente que el bebé es una extensión del cuerpo de la madre, dando origen el absurdo “derecho a decidir sobre su propio cuerpo”.
    • Este “derecho” les permite asesinar a su bebé protegidas por la ley, en lugar de acogerlo con amor y ternura, o de donarlo a una familia que lo albergue y lo cuide.
  • Al lúgubre y triste asesinato de personas enfermas o ancianas le llaman “liberación del sufrimiento, muerte digna, suicidio asistido”.
    • Este “derecho” les permite matar infamemente a personas humanas que son consideradas una carga y un estorbo para sus intereses egoístas, al amparo de la ley, en lugar de acompañarlas y asistirlas con amor y ternura en su enfermedad, o en los últimos días de su vida.

De esta manera han logrado implantar verdaderos engaños y perversidades en las legislaciones y en la opinión pública, argumentando que son los nuevos “derechos”. En realidad, estas iniquidades van en dirección contraria al respeto del hombre, de su dignidad, de su identidad, de su valor, del progreso, del desarrollo y de la paz.

Cuando se violan los Derechos del Hombre, en lugar de respetarse y de promoverse, se dan las condiciones de retroceso hacia una barbarie con consecuencias funestas para el ser humano y para la sociedad.

La Ciudad del Amor, los Derechos Humanos y el Bien Común

El propósito central, toral y fundamental de la Ciudad del Amor o Civilización del Amor es procurar el bien de la persona humana y el Bien Común de la sociedad en general. Esto es: el bien de todos los ciudadanos, sin importar origen, situación económica o cultural, nacionalidad, cultura, raza, etnia, de manera que puedan convivir, trabajar y prosperar en paz, con desarrollo humano y social integral en condiciones de justicia y equidad.

El bien del hombre tiene dos dimensiones: la terrenal, y la trascendente o eterna. La terrenal consiste en conseguir la felicidad en esta vida; la trascendente consiste en alcanzar su fin último, o sea la felicidad en la otra vida, que es eterna. La Ciudad del Amor debe velar por ambas dimensiones.

La misión de la Ciudad del Amor es facilitar las condiciones para que todos los seres humanos desarrollen su máximo potencial en beneficio de sí mismos y en beneficio del prójimo en la misma medida, haciendo uso de todas las cosas creadas para su servicio, amando y cuidando a la casa común.

El propósito esencial del gobierno de la Ciudad del Amor es gestionar los recursos y crear las condiciones necesarias para lograr estos objetivos en favor y al servicio de la persona humana.

Los bienes de la creación tienen un destino universal, esto es, son para todos los hombres, no solo para los más afortunados. En muchas ocasiones, equivocadamente, los más dotados y privilegiados acaparan y acumulan los bienes de la creación para sí mismos en lugar de usar sus talentos para procurarlos para todos, aplastando los Derechos Humanos de los menos favorecidos.

Al centro de la Ciudad del Amor está la persona humana. Al centro del gobierno de la Ciudad del Amor está la persona humana, para lo cual debe crear y mantener las condiciones necesarias, eficaces y efectivas para lograr el Bien de la persona humana y el Bien Común.

En la Ciudad del Amor se vive con pasión el amor a Dios por encima de todas las cosas, el amor a sí mismo, el amor al prójimo como a sí mismo, y el amor a la creación. Los preciados frutos de la Ciudad del Amor son: el Bien Personal, el Bien Común, el desarrollo humano con equidad y justicia social, y la paz.

A todo lo cual contribuye el conocimiento, respeto y vivencia de los Derechos y los Deberes Humanos.

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[1] ONU (1948). Declaración universal de los derechos humanos. https://www.un.org/es/documents/udhr/UDHR_booklet_SP_web.pdf, Anexo 3

[2] Pontificio Consejo Justicia y Paz, (2004). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Librería Editrice Vaticana. 153

[3] Pontificio Consejo Justicia y Paz, (2004). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Librería Editrice Vaticana. 154

[4] ONU (1948). Declaración universal de los derechos humanos. https://www.un.org/es/documents/udhr/UDHR_booklet_SP_web.pdf

[5] Pontificio Consejo Justicia y Paz, (2004). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Librería Editrice Vaticana. 155

[6] Pontificio Consejo Justicia y Paz, (2004). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Librería Editrice Vaticana. 156

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Autor

  • Alejandro Wiechers Rivero

    Maestro en Ciencias de Ingeniería Eléctrica por la Universidad de Austin, Tx, Ingeniero Mecánico Electricista por la UNAM, fundador de FUNDICE AC en Guadalajara, Jalisco, fundador del Instituto Feminatural AC en Guadalajara, Jalisco, autor de los libros “Desnudando el prodigio de la fertilidad humana” y “Todo sobre los métodos naturales y artificiales del siglo XXI”, 18 años en la empresa Hewlett Packard, 8 años en la empresa farmacéutica Probiomed. Inventor de 20 patentes, algunas de ellas en 6 países. Director y fundador de la empresa StepCleaner SA de CV.