La realeza social de Jesucristo. ¿Por qué es Rey?

René Mondragón

La realeza social de Jesucristo. ¿Por qué es Rey
La realeza social de Jesucristo es fuente de todo bien porque el es la misma fuente de toda prosperidad y causa directa de la felicidad de los seres humanos.

En atención a la profundidad del tema y la osadía personal para escribir sobre el mismo, a sabiendas de que existen voces y plumas más autorizadas, además de estudios más detallados y profundos, no deja de ser un audaz atrevimiento que ponemos a los pies de la Montaña del Cubilete en Guanajuato, México, como un muy modesto presente de un pecador estándar, envuelto en una elegía de palabras que adoran al Rey, nuestro Soberano Señor, Capitán y Campeón.

 
Escribir y describir, divagar y penetrar en el tema de la Realeza Social de Jesucristo, en momentos como los que vivimos, al arribar a los primeros días del 2025, invariablemente toca y no solo de manera tangencial, conceptos que parecieran distantes como hablar de “Programas Sociales”, genética, bioeticismo, política de bien común y política de partido, formación y participación ciudadana, al igual que el rol de los partidos políticos, la educación y convivencia ciudadana, al tiempo que no puede alejarse del fin último de la administración pública y la propia ciencia política, con el encorchetado de los valores superiores colocados en el escenario de la vida diaria de un ciudadano que pertenece y está llamado a la santidad, pero que, a la vez, tiene que lidiar con el conflicto generado por la posverdad, las ideologías disolventes, el desmantelamiento de diversos valores cívicos y la destrucción de la vida y la familia.
 
¿ES TIEMPO DE HABLAR DE LA REALEZA SOCIAL DE CRISTO?
 
Sin duda, es el mejor momento porque ahora es cuando podemos afirmar que el mundo está como está –alejado de Dios, blasfemando contra la Iglesia, legislando para darle legitimidad al asesinato de inocentes en el vientre de la madre o desmantelando los valores de orden superior- precisamente, porque Dios ha sido expulsado de las familias, ubicado fuera de las universidades o de las empresas; expulsado de la economía, la política, la investigación tecnológica y la cultura.
 
Obviamente, como se estila subrayar en la retórica política, “Cuando se deja libre un espacio, alguien más llega a rellenarlo”.
 
Al generar un vacío en todos los ámbitos de la vida humana, quien ha venido a ocuparlo es, sin duda, el demonio. Por ello, el mal, la soberbia, la lujuria y el resto de los pecados capitales, se han colocado como los grandes derroteros que tiene que con cursar la persona que desee tener éxito y ser globalmente competitivo de acuerdo con los dictados de un mercado hedonista y vacío, que acaba por formar entes humanos solamente consumidores y fatalmente contribuyentes, porque alguien tiene que mantener el aparato de gobierno, como lo describe la Maestra Nélida Zaitegui de la Universidad de Valencia. (1)
 
De aquí que la pregunta es valedera: En tiempos turbulentos como los que rodean el mundo de hoy, ¿Se necesitan santos políticos y políticos santos?… Y la pregunta derivada es: ¿Para qué?
 
Gabriel Leal lo sintetiza y comenta (2) con soporte en Evangelii gaudium de 2013 y Gaudete et exultate (de 2018 en los siguientes términos:
 
1. La lógica laicista y secularista de la modernidad hace que sean no sólo dos categorías distintas (santidad y política), sino que se confrontan y pareciera que no admiten una a la otra. Incluso, en ambiente religiosos católicos, es difícil comprender qué relación pudieran tener, o si es posible la santificación en la vida pública.  De aquí se desprenden los diversos impactos negativos que en la vida social, económica, empresarial, cultural o política, se encuentra el mejor soporte para lanzar a Dios y a la Iglesia de todos los ambientes.
 
Baste recordar una de las divisas que ha horadado la presencia de los laicos católicos en la vida comunitaria y no pocas veces en la convivencia familiar: “Aquí no se habla ni de política ni de religión”… ¿Resultantes? Una vida social conformada por una oclocracia individualista a quien no le interesa –a menos que le afecte directamente- lo que sucede en su entorno social. En consecuencia, la vida comunitaria, la convivencia ciudadana o la participación democrática, dejan de representar algo significativo en la vida de la comunidad. Esto significa un abstencionismo militante absoluto y consciente, carente de creatividad y de sentido autocrítico, amén de una cultura de dependencia inacabable que tiene a la autoridad como el símbolo benefactor de la vida social.
 
2. En la segunda acotación que formula Leal, se plantea rl hecho eventualmente arraigado, incluso en los grupos parroquiales, de evitar hablar y menos aún, participar en la política de bien común o de partido –a la que abordaremos un poco más adelante- por lo que el escritor hace suya la expresión magistralmente expuesta por el Pontífice: “El proceso de secularización tiende a reducir la fe y la Iglesia al ámbito de lo privado y de lo íntimo. Además, al negar toda trascendencia, ha producido una creciente deformación ética, un debilitamiento del sentido del pecado personal y social y un progresivo aumento del relativismo, que ocasionan una desorientación generalizada”. (EG n. 64).
 
Para los laicos católicos la divisa es clara y puntual: La fe y nuestras acciones derivadas de ella, así como la vida de y en la Iglesia de la feligresía, no puede reducirse a la parte privada o íntima de la persona o la familia, sin exponerse al grave riesgo de no entender la trascendencia de los deberes de católico en la vida pública, porque como bien señala el Pontífice, al relativizar los temas, las responsabilidades y el llamado mismo a restaurarlo todo en Cristo, se provoca la presencia de voces que confunden, de lobos disfrazados de ovejas y guía ciegos que “orientan” a otros ciegos, desvirtuando la vocación de todo católico a santificar la vida personal, el trabajo, la empresa, la escuela, la administración pública o la actividad cultural.
 
CONTEXTUALIZANDO
 
Con el Obispo de Roma resulta fundamental poder determinar varias vertientes:
 
De inicio, los laicos son la mayoría de personas que conforman el pueblo de Dios, mismo que es atendido por una minoría integrada por los sacerdotes, religiosos y consagrados. Mayoría que, lastimosamente, no se formó para asumir responsabilidades de gran calado en la vida social o también en la propia comunidad parroquial.
 
Ciertamente, puede apreciarse una participación mayor en ciertos segmentos de la vida seglar, sin embargo, la Evangelii Gaudium es directa: (…) este compromiso no se refleja en la penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico (…)
 
En efecto, puede darse una expansión importante y crecimiento en la vida intra-eclesial, pero aparece un hueco abismal cuando se revisan los resultados en la tarea de formación del liderazgo de los laicos para prepararlos a evangelizar y perfeccionar con los valores cristianos, las organizaciones profesionales, intelectuales, culturales, académicas, deportivas o gremiales. (3)
 
ROMPIENDO PARADIGMAS
 
Por la misma razón, resulta sustantivo romper el paradigma falso que ha provocado un grave deterioro en la aceptación primero y luego en la práctica de la vida del seglar en la sociedad: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”
 
Primero, porque como se señaló líneas atrás, los enemigos gratuitos, de mala fe o estúpidos compañeros de viaje en la lucha contra la Iglesia, encontraron en la frase de Cristo, Nuestro Señor, el mejor “fundamento” para darle vigencia a la separación Iglesia-Estado.
 
¿Existe tal separación? Desde luego que sí, por ello también, es necesario entender que ambas instituciones, la Iglesia y el Estado son “sociedades perfectas” no porque estén exentas de cometer errores y/o equivocaciones. Reciben el calificativo de –sociedades perfectas, porque ninguna de las dos instituciones requiere de otra para poder gobernarse y dirigirse.
 
En esa tesitura, el mismo Magisterio de la Iglesia no permite que ningún partido político se arrogue el título de “Partido Católico”, tal y como sucedió con el Partido Católico Mexicano que tuvo vigencia del 17 de agosto de 1911 hasta 1914 y en el que participaron Manuel Amor, Gabriel Fernández Somellera, Francisco Pascual García, Luis García Pimentel, Luis y Francisco Eleguero, Manuel F. de la Hoz, Carlos Días Lozano, Rafael Martínez del Campo y Miguel Palomar y Vizcarra.
 
La razón fue doble para emitir la prohibición. Inicialmente como se comentó antes, para no invadir un campo que no le corresponde a la Iglesia, pero en adición, porque la expresión “catolicidad” significa universalidad. Y además, porque en virtud del mismo espíritu de una sana democracia participativa no pretende integral un “Estado Confesional”.
 
Bajo esta premisa, la Iglesia entonces, jamás podrá recomendar a los laicos que voten por un partido determinado; pero se encuentra en la vigorosa obligación pastoral de iluminar con los valores y principios de su Doctrina Social la vida de los ciudadanos.
 
LA REALEZA DE JESUCRISTO EN EL CENTRO
 
El maestro Juan Fernando Segovia (4) en el profundo análisis que realiza en la Quas Primas, documento vertebral para comprender y profundizar en el conocimiento de la Realeza de Jesucristo, proporciona la pauta para invitar al lector y a los interesados en el tema, a identificar todos los elementos que conforman la intencionalidad de este trabajo.
 
De inicio es importante reconocer que el camino marcado por SS Pío XI, permite identificar los principios de orden político y social que propone la Doctrina de la Iglesia.
 
En una segunda vertiente, el documento papal surge para proponer frontalmente un posicionamiento ante los diversos modelos de laicismo imperantes, no solo en el tiempo en el que apareció la encíclica, sino que también, es -así considera quien esto escribe- aplicable a las desviaciones doctrinales, ideológicas y sociales que propone la posverdad contemporánea
 
A manera de una apreciación inicial, el concepto de Humanismo Integral y Solidario que surge de los diversos documentos pontificios que se abordan someramente en este trabajo y que constituyen la piedra angular del orden social y político que los mismos plantean, no son concebidos como una tercera vía frente al socialismo o al capitalismo salvaje, sino que constituyen “la vía” para que este orden social, político, económico y cultural responda a los valores universales de orden superior que surgen de la Doctrina Social de la Iglesia; y en consecuencia, la praxis de la paz, la verdadera justicia social, la legislación y los poderes políticos y económicos contribuyan eficazmente –mediante estructuras sociales en más de un sentido- a la construcción del bien común temporal y trascendente la persona humana.
 
Subrayado con anticipación, es necesario puntualizar que la causa de todos los males que la sociedad padece en este momento –una sociedad con nombre, apellido y domicilio- radica en la separación, olvido,, distanciamiento y desvinculación de Jesucristo.
 
Por el contrario, la solución y respuesta radica en el regreso a Cristo, a Su doctrina y a Sus leyesen todos los órdenes de la vida humana, reconociendo desde cualquier instancia, la realeza social de Jesucristo.
 
NAVEGANDO ENTRE FUNDAMENTOS
 
Es prudente recordar aquella máxima de “Dar al César lo que es del César y a Dios, lo que es de Dios”.
 
¿Qué es lo que le corresponde al César?… a la realidad  temporal de la sociedad y su estructura. La respuesta es evidente: es el pago de impuestos, la organización del régimen político que los ciudadanos hayan elegido, la mecánica estructural y de funcionamiento que la sociedad acepte como forma de administrar la cosa pública. Eso es “lo del César”
 
Sin embargo, forzosamente surge la pregunta: ¿Y qué es lo que es de Dios…lo que le corresponde y compete a Dios?
 
Por supuesto que le corresponde y le compete TODO, precisamente por ser Dios, y en un concepto trinitario, le corresponde la realeza social y en todos los ámbitos, POR DERECHO DE FILIACIÓN DIVINA. Por ser hijo de Dios, por la filiación que tiene con el Padre, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
 
Jesucristo es Rey porque al aceptar hacerse verdadero Dios y verdadero hombre, hizo al género humano parte de su misma filiación con Dios Padre. No en el terreno metafórico, sino elevando la naturaleza humana a la categoría de Hijos de Dios, además de convertir al hombre en sus hermanos, otorgó a la humanidad un privilegio que no recibieron los ángeles. Y esta acción divina le da el DERECHO DE DECLARAR NUESTRA HERMANDAD.
 
Sin embargo, Jesucristo también es Rey por DERECHO DE CONQUISTA, porque a pesar de la naturaleza caída el ser humano, Él quiso aceptar la muerte y muerte de cruz para rescatar a la humanidad del pecado. Por eso padeció.
 
Es Rey POR DERECHO DE VICTORIA. Porque con su resurrección y ascensión al cielo, como dicen los clásicos, “venció y derrotó a la muerte para darnos la inmortalidad”
 
CÓMO SE PLANTEA EL DOGMA
 
Es frecuente que entre los católicos se emplee una figura común para afirmar la realeza de Cristo. Así, se afirma que Jesús de Nazareth es rey de los corazones, de la inteligencia y la voluntad, en atención a que Él es toda verdad, todo amor, camino y vida.
 
No obstante, en Quas Primas surge una invitación papal para otorgar al concepto de Realeza Social de Jesucristo, una connotación más amplia y real, un sentido más directo y propio porque esta realeza no es meramente una metáfora o una floritura literaria que requiere de alguna licencia. Es decir, traspasa la estricta interpretación lingüística o la descripción poética y afectuosa aplicada a otra realidad humana. La Realeza de Cristo es una verdad dogmática.
 
El mismo documento pontificio alude a la argumentación del Aquinatense cuando asegura que, Cristo está sentado a la derecha del Padre –Marcos 16,19- compartiendo la gloria, la divinidad y la potestad jurisdiccional como rey de lo creado.
 
Es prudente entonces, reiterar algunas afirmaciones. El dominio de la realeza de Cristo surge de la unión hipostática, porque desde el momento en que se hizo hombre siendo también verdadero Dios, asume una potestad sobre toda la creación, lo que también se le debe sumisión y obediencia por asumir ambas naturalezas. Es Rey porque con Su sangre “nos compró” al redimir a los hombres del pecado y librándolos del dominio del demonio. Como se señaló en su momento, hizo a la humanidad parte Suya, parte de Él mismo y de Su reino.
 
En el texto “Fundamento bíblico de la Realeza de Jesucristo” (5) se encuentran abundantes citas y comentarios que sustentan el tema. Se señalan algunos de ellos.
 
En el Antiguo Testamento se encuentra frecuentes menciones al “Reino de Dios”, en el Libro de los Jueces 8,23 se cita a Gedeón: ‘No seré yo el que reine sobre vosotros ni mi hijo; el Señor será vuestro rey”  Se alude a David para que de él surja un Rey Fortísimo que se sentará en un trono de gloria.
 
A fin de redondear el tema e invitar al lector a una investigación y estudios más detallados, a quien esto autora le resulta recomendable considerar los siguientes planteamientos que surgen del documento aludido (6):
 
“Con todo, hay que notar esta confluencia entre las dos dimensiones del reino y del reinar: la dimensión temporal y política, y la dimensión transcendente y religiosa, que ya se encuentra en el Antiguo Testamento. El Dios de Israel es Rey en sentido religioso, incluso cuando los que gobiernan al pueblo en su nombre son jefes políticos.
 
El pensamiento de Dios como Rey y Señor de todo, en cuanto Creador, se hace patente en los libros sagrados, tanto en los históricos como en los proféticos y en los salmos. Así, el profeta Jeremías, llama a Dios muchas veces “Rey, cuyo nombre es Dios de los ejércitos”; y numerosos salmos proclaman que “el Señor reina”
 
Esta realeza trascendente y universal había tenido su primera expresión en la Alianza con Israel: “Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”
 
Y en el Nuevo Testamento, también abundan las alusiones a la Realeza Social de Jesucristo. El autor cita los textos diversos que resultan altamente significativos y que se transcriben en seguida:
 
1. La genealogía de Jesús: Mt 1, 1-17; (Lc 3, 23-28).
 
2. La anunciación: Lc 1, 31-33.
 
3. La adoración de los magos: Mt 2, 1-12.
 
4. El tiempo de la predicación: Lc 7, 18-23; 23, 42; 22, 28-30.
 
5. La entrada de Jesús en Jerusalén: Lc 19, 29-44; (Mc 11, 1-11; Mt 21, 1-11; Jn 12, 12-19).
 
6. El proceso ante Pilato: Jn 18, 28-19, 16; (Mt 27, 1- 2.11-14; Mc 15, 1-5; Lc 23, 1-25).
 
7. La crucifixión y el letrero de la cruz: Jn 19, 17- 30; (Mc 15, 22-32; Mt 27, 31.37-38; Lc 23, 33.38).
 
LA REALEZA DE JESUCRISTO EN LA VIDA  SOCIAL
 
En Quas Primas el Papa sostiene que (…) hay que atribuir a Jesucristo el título y la potestad de rey; pues sólo como hombre se puede afirmar de Cristo que recibió del Padre la potestad, el honor y el reino (…)  Y esta argumentación en la encíclica se convierte en columna vertebral para justificar la Realeza de Cristo en la sociedad.
 
Y es el Pontífice que cita a Santo Tomás de Aquino para ampliar los razonamientos, compartiendo tres atributos del dominio y señorío soberano de Cristo Rey:
 
De inicio, es innegable la existencia de una superioridad en grado de jerarquía suprema. En una segunda cualidad, aparece la generosa abundancia y el nivel de excelencia –“aretes”, en expresión de los griegos- de los bienes que Dios transmite. Finalmente, la Potestas es decir, el poder mediante el que Dios conserva, regula, perfecciona y ama a los súbditos de su Reino.
 
Lo anterior significa que que Su Realeza no es una alegoría literaria, sino que se trata de un ACTO jurisdiccional de autoridad y mando como todo rey, investido para hacer efectiva Su Realeza, Su cuidado y su gobierno. Es decir, Jesucristo no solo reina, sino también gobierna.
 
Ciertamente, lo hace en sentido propio, amplio y auténtico, porque está dotado de poder para legislar y que, por lo mismo, obliga a sus súbditos y exige –con total Amor- el cumplimiento de Sus leyes. Y este proceso se da, justamente, porque también ha sido dotado del poder para juzgar, poder que ha recibido también del Padre. Por ello premia o castiga con justicia en esta vida, por en adición también asume el poder y facultad de ejecución, elemento empleado para hacer cumplir sus decretos, en virtud, además, de que nadie puede soslayar o quedar excluido de esa potestad.
 
LA VINCULACIÓN DEL REINADO SOCIAL CON LA POLÍTICA
 
Para quien esto escribe, es un fetiche prefabricado el argumento que separa lo espiritual y la misión temporal, la tarea de vivir en Gracia y vida de piedad como acción contrapuesta a la santificación de la persona en el ejercicio de la vocación política.
 
Pío XI clarifica y precisa en dos tiempos ambos posicionamientos:
 
El Pontífice asegura que “incurriría en grave error el que negase a la humanidad de Cristo el poder real sobre todas y cada una de las cosas sociales y políticas del hombre, ya que Cristo como hombre ha recibido del Padre un derecho absoluto sobre toda la creación, de tal manera que toda ella está sometida a su voluntad”
 
Aquí se encuentra un punto medular para el tema que nos ocupa. Existe una potestad de Cristo que se amplía a todas las actividades de la persona en el mundo temporal, a todas las actividades de la vida civil y comunitaria. En el documento papal no se niega la diferenciación en los eclesial, divino y religioso y la tarea civil, temporal y secular. El gran aporte de Pío XI es que en este rubro, une sin confundir y distingue sin separar, porque somete a ambas acciones al dominio de un mismo Rey y Señor.
 
A mayor abundamiento, la conclusión es obvia: el reinado espiritual de Jesucristo se extiende amorosamente al reinado de lo temporal porque Cristo tiene potestad sobre ambos, respetando un principio adicional que destaca: “no arrebata el reino temporal el que da el reino celestial” que se complementa con la máxima jurídica que precisa: “quien puede lo más puede lo menos”.
 
Algunas voces se oponen a la ampliación de la misión celestial al ámbito de lo temporal de jurisdicción humana, porque se afirma que Jesucristo nunca –mientras vivió en este mundo- se abstuvo de hacer consideraciones de administración o rectoría de los temas propios de la política y gobierno. Y esto se considera un alejamiento y total ausencia de los valores cristianos en las tareas de este mundo, en consecuencia, la vida espiritual, la gracia y la vida de piedad, se limitan al fuero privado, lo que representa un sofisma.
 
Dicho en otros términos, Dios ha querido que los hombres perfeccionen la vida temporal mediante la aplicación y ejercicio cotidiano de los valores espirituales y una vida virtuosa según la Fe; pero siendo objetivos, Cristo no vio al mundo y se hizo hombre para resolver los problemas de las vialidades, del alcantarillado o la construcción de nuevas instalaciones. Eso corresponde a las personas como parte de su hacer temporal para construir un bien común que contribuya a la santificación personal, porque Dios quiere que todos los hombres se salven mediante la Fe y las obras buenas.
 
En una perspectiva más coloquial, Jesucristo entró al pueblo montado en un pollino y permitió que la gente le gritara “Hosanna al Hijo de David” y lo proclamaran como rey de Israel, pero otros se encargaron de conseguir al animal que lo transportaría. Él predicaba desde una barca pero permitió que sus apóstoles la consiguieran para trasladarse. Ordenó sentar a la multitud y bendijo los peces y los panes, pero no organizó al gentío ni validó la logística que hizo que sobraran varios canastos con comida. Esa es la parte temporal que corresponde construir a los católicos.
 
Esto es: Solidaridad, sí… pero por amor al prójimo, a los más pequeñuelos, porque se trata de elevar al otro en la escala del respeto irrestricto a la dignidad humana con la que Dios nos dotó.
 
Se trata de mejorar las acciones de gobierno y las políticas públicas para que el ser humano alcance de mejor manera su fin último, no para instrumentar programas de clara manipulación electoral.
 
La idea y la tarea es fortalecer la comunidad familiar porque ahí se acrisolan las virtudes y porque ahí también es el lugar donde se aprende a amar a Dios, a la Patria, al prójimo y a la naturaleza.
 
En síntesis, el trabajo de iluminar y perfeccionar la vida temporal, sin duda, debe orientarse al cumplimiento del fin último de la persona. Por tanto, el orden social debe inspirarse en el orden natural creado por Dios y realizado de acuerdo con la naturaleza racional del ser humano y con ello, libremente, disponer de las cosas humanas entendiendo que todas ellas n medios para un fin.
 
De aquí que en el ejercicio de la vocación política y las tareas de gobierno en todas y cada una de las materias terrenales, los hombres continúan rigiéndose y acatando, orientándose y definiendo estas realizaciones humanas hacia la Realeza Social de Jesucristo.
 
En esta tesitura, es posible afirmar que las cosas temporales, en particular la construcción del bien común se encuentra regido por una causa creada que es el miso ser humano, pero que a la vez, depende de la causa primera y se extiende a todas las cosas cobijadas por esta causa.
 
UNA PROPUESTA DE SÍNTESIS
 
1. Como ha quedado evidenciado, la realeza de Cristo rige y gobierna todas las cosas temporales, sin importar sin pertenecen al orden privado, individual o a las cosas públicas sociales o políticas.
 
2. Ello incluye a los individuos, a las familias, a los grupos sociales, a todas las naciones, a todos los reinos o repúblicas.
 
3. La realeza social de Jesucristo es fuente de todo bien porque Él es la misma fuente de toda prosperidad y causa directa de la felicidad de los seres humanos.
 
4. La autoridad temporal en materia política específicamente, será estable, el derecho humano firme y respetado, cuando los políticos y los gobernantes, cuando la autoridad pública y los legisladores reconozcan y afirmen su dependencia y respeto a la realeza de Cristo. Esto significa que la sociedad podrá aspirar de mejor manera a su salvación, cuando la Ley Temporal y humana se funde y sustente en la Ley divina natural.

 


Referencias:

(1) Conferencia: “Educación para la Convivencia” en la Universidad de Valencia, España. 2019.
 
 
(3) Idem Núm, 102
 
(4) 213Derecho Público Iberoamericano, n.º 18 pp. 213-232 [abril 2021] ISSN 0719-5354EL bíblico de PRINCIPIO DEL ORDEN POLÍTICO Y SOCIAL CATÓLICO: LA REALEZA SOCIAL DE CRISTO. UN ANÁLISIS DE LA QUAS PRIMAS
 
 
(6) Idem. Pág. 9

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