La comunicación y la guerra

Leopoldo Brito

La comunicación y la guerra
Una “guerra mediática” o guerra de comunicación es el uso estratégico de la información y la propaganda en los medios de comunicación y ahora también en las redes sociales para influir en la opinión pública, desmoralizar al adversario y ganar ventaja política o militar sin necesidad de enfrentamiento físico directo.

El siglo XX marcó la consolidación de la comunicación como un arma de guerra política y psicológica, pasando de la propaganda rudimentaria al uso sistemático de medios de comunicación social para moldear la opinión pública, desmoralizar al enemigo y legitimar conflictos.

En material comercial, “la Guerra de las Colas”, es el nombre que recibió la aguda rivalidad publicitaria y comercial entre PepsiCo y The Coca-Cola Company. La competencia entre ambas compañías se remonta a finales del siglo XIX. Esta confrontación alcanzó su punto máximo entre las décadas de 1970 y 1980, transformando para siempre el marketing moderno. Este antagonismo se convirtió en un caso de estudio en varias universidades.

Además de la histórica «Guerra de las Colas» entre Coca-Cola y Pepsi, el mundo empresarial ha presenciado batallas de marketing y competencia similares, McDonald’s vs. Burger King, Apple vs. Microsoft, Nike vs. Adidas, Duracell vs. Energizer y Telcel Vs. Iusacell, por mencionar algunas.

La parte medular de una guerra en medios de comunicación se enfoca en la manipulación de la realidad mediante la difusión de noticias falsas y la imposición de una narrativa con preeminencia y superioridad para deslegitimar al oponente.

La comunicación como herramienta política en la historia

Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), los llamados “papeles bala”, unos folletos impresos que eran lanzados desde aviones, cuyo propósito era desmoralizar a los soldados enemigos, dio origen a las operaciones psicológicas modernas.

Fue en esta conflagración donde las naciones utilizaron departamentos de prensa organizados para desmotivar al enemigo. Estados Unidos creó el Committee on Public Information (Comité de Información Pública) para coordinar la narrativa de guerra.

Durante la década de 1930 con el auge del Fascismo y el Nazismo, en Alemania, Joseph Goebbels, ministro para la Ilustración Pública y Propaganda de la Alemania nazi entre 1933 y 1945. Fue uno de los colaboradores más cercanos y leales de Hitler, así como el principal arquitecto de la imagen pública del régimen nazi.

Goebbels estableció un control absoluto sobre radio, cine y prensa para establecer la ideología nazi y demonizar a las minorías, particularmente a los judíos.

En plena Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos utilizó las animaciones de Disney como sátira en el cine para combatir el fascismo y fomentar el apoyo popular a la guerra. Cabe destacar que el personaje del Capitán América que apareció por primera vez en marzo de 1941 (el primer ejemplar del comic, titulado Captain America Comics de Timely Comics -predecesora de Marvel-), surgió como una herramienta de propaganda antes de que los Estados Unidos entrara de lleno en la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo de elevar la moral, combatir el nazismo y fomentar el patriotismo.

El cine se convirtió en un medio de masas crucial para el reclutamiento y la justificación de la guerra. Estados Unidos comenzó a emplear propaganda con tintes racistas contra Japón para movilizar a su población, reutilizando temas del «peligro amarillo».

Durante el período llamado de la “Guerra Fría”, la Unión Soviética y los Estados Unidos hicieron uso de la comunicación para influir en la población y desprestigiar al contrario sin llegar a enfrentamientos directos.

Los norteamericanos utilizaron a Hollywood como pieza clave de la estrategia psicológica y cultural de Estados Unidos. Lejos de ser un espectador pasivo, la industria cinematográfica se convirtió en una herramienta de «poder blando» para proyectar los valores democráticos y estigmatizar al comunismo a través del entretenimiento de masas mediante películas como “El Mensajero del miedo” (1962), “Rocky IV” (1985), “Rambo III” (1988), “La caza del Octubre Rojo” (1990) por mencionar algunas.

“La caza del Octubre Rojo” está basada en la novela del mismo nombre y publicada en 1984; sigue la historia de un capitán soviético que busca desertar a los Estados Unidos con el submarino más avanzado de la URSS, el Octubre Rojo. Esta película es considerada como el final de esta era, lanzada justo cuando la URSS comenzaba a desaparecer.

Para finales del siglo XX en la década de los noventas durante la guerra de Kosovo, la OTAN utilizó la demonización de Slobodan Milošević para legitimar el ataque al país balcánico, dividiendo el conflicto en una narrativa simplista de «buenos y malos». Y durante la guerra del Golfo Pérsico, la cobertura informativa estuvo marcada por el predominio de fuentes militares oficiales, limitando las perspectivas contrarias.

La guerra política en América

La campaña del «NO» en el plebiscito chileno de 1988 es considerada uno de los casos de estudio más emblemáticos de guerra política y comunicación estratégica a nivel mundial. Representó el uso exitoso de herramientas publicitarias modernas para derrotar a una dictadura militar en su propio terreno electoral, superando la censura, el miedo y la desigualdad de recursos.

En 2012, la histórica campaña política chilena de 1988 se convirtió en la película “No”, dirigida por Pablo Larraín y escrita por Pedro Peirano, la película narra cómo un grupo de publicistas chilenos delineó la campaña televisiva para el plebiscito de 1988, enfocándose en la alegría y el futuro para derrocar al dictador Augusto Pinochet.

La estrategia de guerra política y comunicación de la «Cuarta Transformación» (4T) en México ha sido un componente central diseñado para mantener una narrativa de cambio radical, caracterizándose por ser un modelo de saturación informativa, confrontación directa con medios tradicionales y el uso intensivo de plataformas digitales para movilizar a su base.

Liderada principalmente por López Obrador, con el respaldo operativo de Jesús Ramírez Cuevas, Jenaro Villamil y Epigmenio Ibarra, han logrado que el gobierno mantenga el control de la conversación pública, obligando a opositores y medios a reaccionar a los temas propuestos por el Ejecutivo.

Analistas y expertos en comunicación política sugieren que la oposición en México debe transitar de una postura reactiva a una proactiva, proponiendo un relato de futuro que ofrezca una visión de país que conecte con las aspiraciones de la ciudadanía.

Cita este artículo

Brito, L., (2026, mayo 22). La comunicación y la guerra. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/la-comunicacion-y-la-guerra/

 

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  • Maestro en Dirección Empresarial con Especialidad en Comunicación Corporativa Director de la Escuela de Comunicación de la Universidad Intercontinental.

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