Después de tres años con sequía extrema en el país, 2025 se presenta con lluvias abundantes en gran parte del territorio. No pasa lo mismo en la región noroeste donde más lo necesitamos, pero en el centro y especialmente en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM), está lloviendo mucho.
La ZMCM tiene una precipitación media anual de 760 mm que equivale a un volumen total de 6,800 millones de metros cúbicos (m3). Para poder dimensionar esta enorme cantidad de agua, equivale a la capacidad de la segunda presa más importante del país: la presa Malpaso, que forma parte del sistema hidroeléctrico Grijalva en Chiapas.
Esta lluvia representa casi tres veces el volumen total que requiere la ZMCM para todos los usos. Si pudiéramos aprovechar el agua que recibimos por la lluvia, no requeriríamos sobre explotar el acuífero (como lamentablemente está pasando), ni importar agua de Cutzamala, ni de Lerma. Y podríamos además, almacenar grandes cantidades de agua en lagos artificiales.
Sin embargo, de esta riqueza que nos cae del cielo, no aprovechamos NADA. El Valle de México de origen es una cuenca cerrada. La gran cantidad de lluvia y la condición de suelo mayormente arcilloso, provocaron la formación de una gran zona lacustre que ocupaba la mayor parte del valle.
Después de la conquista, el virreinato buscó por diversos medios la forma de proteger el crecimiento de la ciudad. En el año 1607, el virrey Luis de Velasco ordenó el inicio de la primera obra de drenaje artificial del valle. El “Tajo de Nochistongo” lo diseñó e inició su construcción el cosmógrafo de Carlos V, Enrich Martin, conocido aquí como Enrico Martínez.
Enrico Martínez planeó la construcción de un túnel en la región norponiente del valle con objeto de desviar el cauce del rio Cuautitlán, para dirigirlo hacia el rio Tula. El proyecto buscaba disminuir el nivel del lago de Zumpango y aliviar la presión sobre el lago de Texcoco y de esta forma, evitar inundaciones catastróficas.
Enrico estaba en lo correcto. Su proyecto debe considerarse un portento de la ingeniería si tomamos en cuenta las herramientas con que contaba a inicios del siglo XVII. Hubo problemas con la construcción del túnel y en 1630 (poco después de la muerte de Enrico), se decide construir a tajo abierto en lugar del túnel, obra que se prolonga durante casi 140 años. Cabe resaltar que hoy día, en Tajo de Nochistongo funciona bien, llevando las aguas del interceptor poniente y el rio Cuautitlán.
A principios del siglo pasado se inauguró el Gran Canal del Desagüe (Porfirio Díaz, 1910) que desaloja las aguas negras a través de los túneles de Tequisquiac y finalmente en los 70s del siglo pasado, se construyó el enorme sistema de drenaje profundo. En el 2012 se inauguró en Túnel Emisor Oriente como complemento al sistema de drenaje profundo. Todas las obras de drenaje, siguieron el principio que Enrico Martínez marcó desde en su tiempo.
El desarrollo de la Ciudad de México está asociado a la capacidad de desalojar las aguas que antaño ocupó la zona lacustre. Esta política hidrofóbica, ha sido un grave error desde el principio hasta el día de hoy, que puede llevarnos a una catástrofe impensable. En lugar de aprovecharla, la descartamos. No podemos echar atrás el reloj, pero bien pudo haberse establecido un equilibrio entre una parte al menos de la zona lacustre y un desarrollo urbano sostenible de la capital.
Acabamos con toda el agua superficial, lagos, rios, arroyos y cientos de manantiales y a principio del siglo XX, la principal fuente de abastecimiento de agua son los acuíferos subterráneos. La extracción de agua fue de tal magnitud que en los 50s, varios especialistas prendieron la alarma entre ellos, el Ingeniero Nabor Carrillo.
Gracias a ello, se aprobó el proyecto Lerma como la primera fuente externa de abastecimiento. La sobreexplotación de aguas subterráneas no paró y en 1970 volvió la llamada de atención que dio paso a un gigantesco proyecto de agua para la ciudad. El sistema Cutzamala fue construido en la década de los 80s.
Además del crecimiento desordenado, el problema cada día empeora por varios factores:1) no se tiene una visión metropolitana y de cuenca. 2) No hay visión de largo plazo, 3) No hay continuidad en los programas hídricos transexenales y 4) no hay inversión.
En el 2007, la CONAGUA aprobó la AGENDA DEL AGUA 2030 (AA 2030), como una hoja de ruta con acciones, proyectos e INVERSIONES 30 años adelante. Para la ZMCM, se aprobó el Programa de Sustentabilidad Hídrica para la ZMCM. Este programa incluía acciones para garantizar el abastecimiento de agua potable, de saneamiento y reúso de agua tratada y de drenaje.
Debido a la urgencia de atender los problemas de inundaciones y su falta de atención en los últimos años, se le dio prioridad a este tema.
En el período 2006 – 2012, durante la administración del presidente Felipe Calderón Hinojosa (tan criticada por el actual gobierno), se invirtieron del orden de 150,000 millones de pesos en obras hídricas para la ZMCM.
Se construyó en su totalidad un nuevo túnel superficial Rio de la Compañía. Se renovó el cárcamo principal de Chalco con un túnel profundo hacia el Rio de la Compañía. Se construyeron 4 grandes plantas de bombeo profundo de 100 m3/s de capacidad total. Un túnel profundo Rio de los Remedios con la rectificación y canalización del rio desde Tlalnepantla hasta el Dren General del Valle.
Se construyó el Túnel Emisor Oriente, paralelo al Emisor Central del Sistema de Drenaje Profundo y al final de estos dos emisores, se construyó la planta de tratamiento Atotonilco con una capacidad de 38 m3/s (la más grande en América Latina), que entrega agua tratada a los distritos de riego del Mezquital en Hidalgo.
Gracias a estas obras, la ZMCM está protegida frente a inundaciones catastróficas sin embargo, no ha habido CONTINUIDAD en los programas de la AA2030.
Quizá uno de los peores vicios del Sistema Político Mexicano es precisamente la falta de continuidad en programas transexenales. Como si los que llegan saben más que los anteriores, o pretenden “inventar el hilo negro”, o tienen otros objetivos muy distintos, el hecho es que esto repercute en el progreso del país y como en el caso de la ZMCM aumenta cada día el riesgo de problemas inmanejables.
En la administración 2018 – 2024 de Andrés Manuel López Obrador, la inversión fue de CERO PESOS.
En el PEF 2025 tampoco se aplicaron recursos y todo hace suponer que no habrá fondos para inversión en protección de la ZMCM en el próximo 2026. Tampoco ha habido recursos para un correcto mantenimiento de la existente. El mantenimiento corresponde a un protocolo estricto de revisión, reparaciones y mejoras que no se ha hecho.
La Ciudad de México no es la CDMX. La gran metrópoli corresponde a la ZMCM. Representa la quinta megalópolis del planeta. Capital de la República, sede de los Poderes Federales y por si fuera poco, la ciudad más importante y poblada del país con 23 millones de habitantes.
Una falla en el sistema de drenaje profundo en temporada de lluvias, representaría una tragedia. Esta situación que DEBEMOS PREVENIR, sería inmanejable y representaría un desastre de proporciones inmensas. O tomamos las medidas urgentes con las inversiones necesarias o nos enfrentaremos a situaciones muy complicadas.
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Foto de Kelly Sikkema en Unsplash





