La ideologización polarizante: desafío para la fe y la convivencia

Anthony Otis

La ideologización polarizante: desafío para la fe y la convivencia
Vivimos tiempos de hiper conexión y paradójicamente, de desconexión. Nunca había sido tan fácil acceder a todo tipo de información y sin embargo, tan difícil estar realmente bien informado. En este contexto, a menudo se confunde la doctrina de la fe con ideologías y ambas con agendas políticas.

El resultado es devastador: la fe se convierte en un arma política, la política en pugna entre religiones civiles y las ideologías imponen sus dogmas absolutos. La consecuencia: el debilitamiento de la fe, la sustitución de la razón por fundamentalismo y el sofocamiento del diálogo edificante.

 

1. De la filosofía al espejismo ideológico

San Juan Pablo II definió la ideología como “perversión de la auténtica filosofía” (1991, No. 18), pues mientras la filosofía busca la verdad en el diálogo entre razón y realidad, la ideología absolutiza un principio que pretende explicarlo todo, incluso lo que no explica. De ahí su fuerza pseudo religiosa: no necesita demostraciones, solo adhesiones. No se deja interpelar por la realidad, porque su ámbito es ideal y se coloca por encima. Si la realidad no se adapta a sus postulados, es problema de la realidad.

Como explicó Benedicto XVI con aguda claridad, “la verdad no es producida por nosotros, sino que se encuentra o, mejor aún, se recibe” (2009, No. 34); la ideología, en cambio, se autoproduce y luego impone su “verdad” fabricada. Es como si uno mismo escribiera las preguntas de un examen, las respondiera a su conveniencia y luego se otorgara matrícula de honor.

En el trasfondo de la ideologización polarizante subyacen siempre antropologías defectuosas, que absolutizan facetas parciales del ser humano y son incapaces de captar su dignidad integral como criatura hecha a imagen de Dios llamada a la comunión.

Este defecto de raíz explica por qué las ideologías terminan por distorsionar la fe y destruir los espacios políticos, al carecer de un fundamento verdadero sobre lo que significa ser humano.

 

2. Polarización ideológica vs. contradicción evangélica

Jesús anuncia sin titubeos: “No he venido a traer paz, sino división” (Lc 12, 51). Pero esta división nada tiene que ver con la disputa entre progresistas y tradicionalistas; se refiere a la radicalidad de la opción por el Reino frente al error y el pecado. La contradicción evangélica es ontológica y moral: entre dar vida y dar muerte, entre proclamar la verdad y mentir, entre hacer el bien y privar de este. Antes de manifestarse en la esfera social y política, ocurre en la intimidad de cada corazón humano.

Como decía el Cardenal Ratzinger parafraseando a San Pablo, “En Cristo coinciden la verdad y la caridad. En la medida en que nos acercamos a Cristo, también en nuestra vida, la verdad y la caridad se funden. La caridad sin la verdad sería ciega; la verdad sin la caridad sería como ‘platillo que retumba’ (1 Cor 13, 1)” (2005). Es decir, la doctrina de Jesús es su persona y él es a la vez Hombre y Dios, un Dios que es amor (Cf. 1 Jn 4, 8).

La polarización ideológica, en cambio, es de baja intensidad intelectual: enfrenta falsedades que se contradicen mutuamente sin aproximarse necesariamente a la verdad. Su lógica, desde la perspectiva “tradicional”, se resume en tres falacias muy difundidas a nivel subconsciente, cada una con su viceversa:

  1. Todo lo que promueve la izquierda es falso y malo.
  2. Todo lo que promueve la derecha es verdadero y bueno.
  3. Si la derecha es la “buena”, entonces es la opción cristiana.

Esto no significa que los errores de un bando y de otro sean equivalentes. Por eso, no parece necesario detenerse a demostrar lo evidente: que la agenda “woke” promueve degeneraciones aberrantes, o que el impulso despiadado del apócrifo “derecho” al aborto clama al cielo. Sin embargo, tampoco es razonable que la defensa de la dignidad del no nacido sea incompatible con la del inmigrante indocumentado o la del niño palestino viviendo hoy en Gaza. Estos son apenas algunos ejemplos entre muchos que no resisten el menor análisis. Claramente no es verdad que una deformación pueda justificarse o compensarse con otra, aunque la segunda pueda parecer más pequeña.

 

3. La fe reducida a ideología: una espiral descendente

Lo más alarmante de la ideologización polarizante es precisamente la instrumentalización de lo sagrado en clave partidista. Algunos políticos levantan la Biblia como si fuera propaganda electoral, mientras ciertos clérigos predican manifiestos ideológicos disfrazados de homilías. Unos y otros reducen la fe a consigna y el Evangelio a bandera de lucha, agitando el miedo, el desprecio y el deseo de anulación del adversario. Cuando se pretende utilizar la fe como herramienta electoral o de poder, se degrada el pensamiento, la política y la religión. Pero ni la Iglesia es un comité partidista ni el Evangelio es un manifiesto electoral.

Enfrentar la mentira, la maldad y la monstruosidad con tácticas ideológicas —que pretenden legitimarse como cristianas— reduce a Jesucristo a un póster electoral. No se trata ya de una blasfemia incidental, sino de una auténtica mercadotecnia teológica. Instrumentalizar el nombre de Dios —cuyo rostro es la misericordia encarnada— como sello de legitimidad política o para ostentarse como dueños de la verdad, degrada la religiosidad y cierra la puerta al encuentro entre las personas.

Reducir el Evangelio a una ideología deforma la verdad revelada y encadena la libertad del creyente. El resultado es una espiral descendente de ideologización polarizante que socava la confianza y termina por carcomer los andamiajes institucionales de convivencia.

Incluso dentro de la Iglesia proliferan hoy en Occidente interpretaciones maniqueas que llevan las posturas a extremos y apagan el testimonio.

La ideología funciona como un espejo deformante: la izquierda llama “derecha” a todo lo que no coincide con ella; muchos asumen esa etiqueta y organizan sus convicciones como oposición simétrica, definiendo incluso su identidad en contraposición a los errores de los otros. Ambos polos se retroalimentan en un círculo vicioso, sin advertir que lo que se modela a partir del error nunca puede ser la verdad. El error combate a la verdad, pero la verdad lo disuelve. Y esta se proclama, sobre todo, con el testimonio humilde de quien ha sido salvado por ella.

Ya san Pablo VI advertía: “¡La evangelización no se puede confundir con el mero desarrollo de los bienes terrenos de la persona humana o la mejora de las estructuras sociales! Es cierto que los cristianos deben estar muy presentes en la interpelación de las situaciones y mutaciones del mundo de su tiempo, pero con el Evangelio, el Evangelio integral, y no con ideologías pasajeras, a veces perniciosas” (1978). Y el Catecismo de la Iglesia Católica recuerda que se deben rechazar tanto “las ideologías totalitarias y ateas” como “el individualismo y la primacía absoluta de la ley de mercado” (No. 2425). Queda claro así que ni la izquierda ni la derecha poseen el monopolio del bien y de la verdad.

 

4. La alternativa cristiana: fidelidad al Evangelio

Es decir que la alternativa a la promoción sistemática del error no es la táctica ideológica, sino la fidelidad al Evangelio. Por eso conviene distinguir entre la polarización ideológica —que enfrenta bandos políticos fundados en visiones reduccionistas del ser humano— y la radicalidad evangélica de las Bienaventuranzas, que llama a una opción distinta: seguir a Cristo, signo de contradicción.

“Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21) significa reconocer que Dios —siempre más grande de lo que imaginamos— no se ajusta a nuestros proyectos y categorías, sino que reclama someterlos a su voluntad, siempre sorprendente, pues toda autoridad procede de lo alto (Cf. Jn 19, 11). El Reino de Cristo no es de este mundo, pero exige transformar el mundo según la lógica de la cruz y la caridad. Si se busca el verdadero bien del otro, la única postura viable es la humilde sumisión ante Aquel que es el Bien mismo y que ha querido identificarse con el necesitado.

Un ejemplo claro se encuentra en Moisés, que se retira las sandalias y se cubre el rostro ante el Dios de sus ancestros. Ante la zarza ardiente, figura del corazón encendido por el fuego divino, se encuentra con Aquel que reconoce la opresión de su pueblo y lo envía como liberador (Cf. Ex 3, 5-10). Ahí la fe no se confunde con un programa político, sino que ilumina el pensamiento e impulsa propuestas de procesos verdaderamente transformadores de la realidad.

En este sentido, resultan muy aleccionadores los cuatro principios relacionados con tensiones bipolares propias de toda realidad social propuestos por el Papa Francisco en Evangelii Gaudium (2013):

  1. El tiempo es superior al espacio: “Este principio permite trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos. (…) Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios” (NN. 222-225).
  2. La unidad prevalece sobre el conflicto: “Cuando nos detenemos en la coyuntura conflictiva, perdemos el sentido de la unidad profunda de la realidad” (NN. 226-230).
  3. La realidad es más importante que la idea: “La idea —las elaboraciones conceptuales— está en función de la captación, la comprensión y la conducción de la realidad. La idea desconectada de la realidad origina idealismos y nominalismos ineficaces, que a lo sumo clasifican o definen, pero no convocan. (…) Este criterio hace a la encarnación de la Palabra y a su puesta en práctica” (NN. 231-233).
  4. El todo es superior a la parte: “No hay que obsesionarse demasiado por cuestiones limitadas y particulares. Siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos” (NN. 234-237).

 

5. El pensamiento mediocre y el efecto Dunning-Kruger

La polarización se ve agravada por un fenómeno psicológico descrito en 1999: el efecto Dunning-Kruger. Este muestra que las personas con menor competencia tienden a sobrestimar su conocimiento, mientras que los expertos suelen ser más cautelosos. Resultado: los menos informados opinan con mayor confianza y los más ilustrados con cuidadosas reservas.

Añádase la inmediatez de las redes sociales y tenemos la tormenta perfecta: una plataforma global donde la seguridad subjetiva vale más que la evidencia objetiva. El espacio ideal para ideólogos y conspiracionistas que prosperan en la jungla de la sobreinformación. En este contexto, vender “inteligencia” a quien se rehúsa a instruirse y pensar con seriedad es un negocio muy rentable.

En cambio, resulta muy liberador poder responder “no sé”: reconocer que no se posee conocimiento suficiente y por ello, abstenerse de opinar. Nadie está obligado a saberlo todo. Más aún, dado que existen especialistas para un número cada vez mayor de campos, son pocos los asuntos sobre los que uno pueda hacer afirmaciones categóricas sin admitir la posibilidad de equivocarse y de aprender. Esta actitud abre la puerta al diálogo y facilita, entre otras cosas, la obra de misericordia de corregir al que yerra (en ambas direcciones). Incluso cuando la denuncia se hace inevitable tras fallar la corrección, no se debe quemar los puentes.

 

6. Casos recientes: cuando la realidad se ideologiza

En el terreno político, el asesinato en septiembre de 2025 de un joven activista conservador en EE.UU., ante una multitud, dio pie a un espectáculo ideológico a nivel nacional que profundizó la polarización. Millones siguieron la escena a través de medios electrónicos. Muchos celebraron el atentado, comenzando por algunos testigos presenciales. El presidente responsabilizó de la tragedia a la “izquierda radical”, mientras que un presentador cómico identificado con la izquierda ridiculizó la situación, comparando a los simpatizantes del jefe del Ejecutivo con el asesino. Se dio paso a un intercambio interminable de acusaciones entre extremos cada vez más nutridos. Para algunos, el joven es un mártir de la fe; para otros, una víctima de sí mismo. En el acto multitudinario de homenaje, los políticos asumieron el papel de predicadores y el fallecido quedó reducido a un símbolo.

Sin embargo, en medio de la confusión sentimentalista entre religión, ideología y agenda política, la joven viuda ofreció algo distinto, un testimonio auténtico e incuestionable de fe pasados pocos días después del crimen. Refiriéndose a quien asesinó a su marido y padre de sus pequeños hijos, dijo: “Ese joven. Ese joven. En la cruz, nuestro Salvador dijo: ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen’. A ese hombre, a ese joven, yo lo perdono… La respuesta al odio no es odio. La respuesta que conocemos del Evangelio es amor y siempre amor. Amor por nuestros enemigos y amor por quienes nos persiguen”. En esa expresión no hay ideología ni confusión. Pudo verse a los presentes detener la respiración por un momento mientras muchos no pudieron contener las lágrimas. Eso sí mueve corazones y vence al mal con el bien (Cf. Rom 12, 21).

En el ámbito eclesiástico, la declaración Fiducia Supplicans sobre las bendiciones, del Dicasterio para la Doctrina de la Fe (2023), también desató tormentas ideológicas: para unos claudicación doctrinal, para otros victoria “woke”. La lectura serena del texto brilló por su ausencia. La noticia no fue que el documento reafirma la doctrina sobre el matrimonio y distingue entre bendiciones litúrgicas y no litúrgicas, imponiendo toda suerte de prohibiciones contra aquello que pueda deformar la comprensión del pueblo de Dios tanto del sacramento como de las bendiciones.

Es curioso el furor sobre la agenda LGBT creado a partir de ahí por la comentocracia, cuando en el escrito no se hace mención alguna de relaciones o parejas de tipo homosexual. Más aún, la doctrina que desarrolla bien puede aplicarse a muchas otras especies de parejas del mismo sexo que en su relación no contravienen el orden natural: amigos, colegas, hermanos, consagradas, etc. Tampoco se habla mucho en los medios masivos y redes sociales de que gracias a Fiducia Supplicans ha quedado prohibido promover o “prever un ritual para las bendiciones de parejas en una situación irregular”, como es el caso de los divorciados vueltos a casar (N. 38). Al parecer, leer el documento fue menos importante que comentarlo en X.

Respondiendo a la confianza depositada en los ministros a través de la propia declaración, los episcopados africanos manifestaron su preocupación al Papa por el lenguaje “demasiado sutil” que, a su parecer, podría confundir a los fieles en sus países. Inmediatamente Francisco autorizó a que Fiducia Supplicans no se aplique en África (2024). No obstante, no faltaron interpretaciones según las cuales el Obispo de Roma y los africanos estaban colocados en los polos ideológicos opuestos que obsesionan a Occidente.

Recientemente el Papa León XIV resaltó cómo en el mundo occidental se vive una fijación desmedida en torno a la sexualidad. Constata que “cualquier tema relacionado con las cuestiones LGBTQ es altamente polarizador” y añade que, por ahora, debido a lo que ya ha intentado demostrar y vivir en términos de su comprensión de ser Papa en este momento de la historia, está “tratando de no seguir promoviendo la polarización en la Iglesia” (Allen, 2025, P. 131).

 

7. Antídoto cristiano: verdad, bien y belleza

La perspectiva del bien común resulta decisiva para discernir frente a la ideologización polarizante. Más allá de intereses individuales, proyectos excluyentes o reivindicaciones identitarias, la Doctrina Social de la Iglesia propone un horizonte universal que incluye a todos, comenzando por los más vulnerables. Solo desde esta comprensión se evita que el Evangelio se reduzca a programa partidista y se garantiza que la fe ilumine la vida pública sin confundirse con ideología.

El único remedio contra la ideologización polarizante es volver a la fuente: Jesucristo mismo, que dice de sí: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6). La verdad no es idea ni eslogan, sino Persona viva y presente, la fuente del amor. Como expresó bellamente Benedicto XVI, “no somos nosotros quienes poseemos la verdad, es ella la que nos posee a nosotros: Cristo, que es la Verdad, nos ha tomado de la mano…” (2012).

Esa verdad se nos da como encuentro en el misterio de la Encarnación. El cristiano no debate desde trincheras, sino que da testimonio confiado de Cristo vivo. La verdad cristiana no necesita imponerse, porque va disipando los errores al revelarse con la fuerza humilde del bien. El diálogo es estilo evangélico antes que estrategia táctica: en él se expresa la fidelidad concreta a Jesucristo en medio de un mundo fracturado. Su demostración fehaciente son las vidas de los santos.

La cultura del encuentro permite al creyente acercarse sin miedo a quienes sostienen posturas distintas, incluso contrarias a la dignidad humana, sabiendo que no libra una batalla ideológica ni defiende un “sistema” propio, sino que busca dar testimonio de la verdad que a todos precede, trasciende y salva. Lejos de ser ingenuidad, situar la fidelidad a Jesucristo por encima de cualquier identidad o lealtad partidista es una expresión genuina de realismo. En la complejidad política, esa coherencia a menudo conduce a optar por iniciativas que tan solo reducen daños más que a promover bienes ideales. Aunque el bien alcanzable sea parcial o insuficiente, nunca es despreciable. Al preferir lo posible sobre lo deseable, se mantiene abierta la capacidad de buscar acuerdos futuros y se preserva un horizonte de esperanza. En todo caso, la fe abre paso a esa esperanza confiada, sostenida por el bien que aún resplandece, a pesar de tanto mal.

 

Conclusión

La ideologización polarizante destruye el centro político y religioso de la convivencia humana. Frente a ella, el creyente está llamado a discernir entre polarización ideológica y radicalidad evangélica. La primera enfrenta falsedades y perpetúa conflictos, mientras que la segunda lo llama a optar sin miedo por la verdad de Cristo. Lejos de ser neutralidad, es la opción más propiamente radical, en el sentido profundo de arraigo al misterio de la Cruz.

En efecto, la respuesta más honda a la espiral de ideologización polarizante no es la neutralidad, sino la fraternidad basada en la amistad social que supera todo autoritarismo, independientemente de su signo. El mutuo conocimiento personal y la amistad permiten constatar, entre otras cosas, que ni los “malos” son tan malos, ni los “buenos” lo somos tanto. La fraternidad universal, en la que insistía el Papa Francisco en Fratelli Tutti, no se funda en mayorías electorales ni en afinidades culturales o identitarias, sino en la certeza de que todos somos hijos de Dios.

Así, donde las ideologías gritan “mi verdad contra la tuya”, el Evangelio proclama que la Verdad es una Persona que busca a todos para hacerlos hermanos. Y en esa dinámica de encuentro, más allá de etiquetas, es donde comienza el verdadero diálogo humano del que se sirve el Espíritu Santo para hacer presente entre nosotros al Verbo Encarnado.

________________________________________________

Referencias

  • Allen, E. A. (2025). León XIV: Ciudadano del mundo, misionero del siglo XXI. Debate.
  • Benedicto XVI. (2009). Caritas in Veritate. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana. En https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html
  • Benedicto XVI. (2012, 21 de diciembre). Discurso a la Curia Romana. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana. En https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2012/december/documents/hf_ben-xvi_spe_20121221_auguri-curia.html
  • Catecismo de la Iglesia Católica. (1997). Libreria Editrice Vaticana. En https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a7_sp.html 
  • Dicasterio para la Doctrina de la Fe. (2023, 18 de diciembre). Fiducia Supplicans. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana. En https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_ddf_doc_20231218_fiducia-supplicans_sp.html
  • (2013). Evangelii Gaudium. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana. En https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#El_bien_com%C3%BAn_y_la_paz_social
  • Juan Pablo II. (1991). Centesimus Annus. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana. En https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html
  • Kruger, J., & Dunning, D. (1999). Unskilled and unaware of it: How difficulties in recognizing one’s own incompetence lead to inflated self-assessments. Journal of Personality and Social Psychology, 77(6), 1121–1134. https://doi.org/10.1037/0022-3514.77.6.1121
  • Pablo VI. (1978, 12 de mayo). Discurso a los dirigentes de las Obras Misionales Pontificias. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana. En https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/speeches/1978/may/documents/hf_p-vi_spe_19780512_organismi-missionari.html
  • Ratzinger, J. (2005, 18 de abril). Homilía Pro eligendo pontifice. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana. En https://www.vatican.va/gpII/documents/homily-pro-eligendo-pontifice_20050418_sp.html
  • Symposium of Episcopal Conferences of Africa and Madagascar. (2024, 11 de enero). No blessing for homosexual couples in all churches in Africa [Declaración]. https://secam.org/5924/

Autor

Suscríbete al canal de Revista Forja en WhatsApp

RECIBE GRATIS LA REVISTA

Suscríbete gratis a nuestro canal en WhatsApp y recibe la revista en PDF cada mes, además de artículos y reflexiones todos los días.

También síguenos en redes sociales y mantente al día con lo mejor de nuestra comunidad.

LEER MÁS

Católicos en la política

Católicos en la política

Este trabajo analiza cómo la Doctrina Social de la Iglesia propone una renovada comprensión de la caridad política, la respuesta no violenta frente a las múltiples formas de violencia, la formación de comunidades donde la Doctrina Social sea un patrimonio vivo y la construcción de la Civilización del Amor como horizonte histórico para la transformación de la sociedad en la era de la inteligencia artificial.

leer más
El señor es el refugio del pobre

El señor es el refugio del pobre

A la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, este ensayo analiza la profunda dimensión teológica, ética y social de la pobreza, mostrando cómo la opción por los pobres no constituye una estrategia asistencial, sino una exigencia del Evangelio y un camino indispensable para construir una sociedad más justa, fraterna y verdaderamente humana.

leer más
Revista Forja para el Bien Común
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.