Históricamente, el alto rendimiento y el cumplimiento riguroso de los Indicadores Claves de Desempeño (KPI por sus siglas, en inglés), funcionaban como un escudo impenetrable ante las fluctuaciones del mercado o los cambios de liderazgo. Sin embargo, en la actual economía de la volatilidad, ni siquiera la competencia técnica más depurada garantiza permanencia.
Resiliencia y adaptabilidad estratégica en la era de despidos masivos
Los despidos masivos, o layoffs, han trascendido las métricas financieras para convertirse en un fenómeno sociológico y psicológico que despoja al profesional de algo mucho más valioso que su flujo de ingresos: su identidad, cuando su identidad está basada en el trabajo.
Cuando una organización decide prescindir de un colaborador, no solo termina un contrato; a menudo, desmantela la narrativa vital de una persona que ha construido su autopercepción en torno a un escritorio y una firma. La crisis de despidos actual nos obliga a preguntarnos: ¿Quiénes somos cuando el organigrama deja de darnos un nombre?
El espejo de la transición: Una sacudida ontológica
Mi colisión directa con esta realidad ocurrió en diciembre de 2025. Tras un periodo de latencia en una consultora de Tecnología de la India -donde tenía poca proyección por ser mexicano y muchos temas burocraticos al pasar dos adquisiciones y fusiones en 4 años-, pude entender y aprender diversos temas y uno de ellos por qué la India domina los escenarios de Tecnologías de la Información a nivel mundial. Personalmente vivir en ese limbo de proyectos en espera que agota el capital emocional y erosiona la sensación de utilidad, llegó la notificación del cierre de ciclo. Sí, errores o aciertos míos al final, ya que uno decide donde colocarse y, a pesar de estar “preparado” y de la naturaleza intrínsecamente disruptiva del momento, la transición se ejecutó bajo un marco de humanismo corporativo poco frecuente: hubo espacio para el diálogo, la gratitud y una reflexión compartida sobre el valor aportado. No obstante, el impacto interno fue inevitable y profundo.
Este evento actuó como una «sacudida ontológica». Descubrí, con claridad descarnada, que mi identidad estaba peligrosamente anclada a mis credenciales corporativas. Al perder el título, experimenté una pérdida simbólica de voz y voto en mi propia narrativa profesional. Me enfrenté al vacío que queda cuando la zona de confort se desintegra, y comprendí que el verdadero riesgo sistémico no es el desempleo, sino la falta de una estructura interna de valor que sea independiente del empleador de turno. La resiliencia, por tanto, no comienza en la búsqueda de un nuevo empleo, sino en la reconstrucción del ser, de mi ser, de mi persona.
La lección de los camaleones históricos: El método Fouché
En la búsqueda de marcos de referencia para navegar entornos volátiles y políticamente cargados, recurrí a la biografía de Joseph Fouché. El «genio tenebroso», como bautizó Stefan Zweig al maestro supremo de la supervivencia y la metamorfosis. Fouché no solo sobrevivió a la Revolución Francesa, al Terror de Robespierre, al Directorio y al Imperio de Napoleón, sino que consiguió hacerse indispensable para regímenes que eran ideológicamente antagónicos entre sí y sobrevivir en diversos escenarios.
¿Cuál era el núcleo de su genio?
Una adaptabilidad radical y un desapego absoluto a las formas obsoletas. Fouché entendía que el poder no reside en el cargo, sino en la información, la red de contactos y la capacidad de leer el espíritu del tiempo (Zeitgeist). Curiosamente, Fouché inició su camino como profesor, labor que yo mismo he desempeñado con pasión durante los últimos siete años. Hoy, la vocación, la capacidad de sintetizar conceptos complejos, transmitir conocimiento y guiar procesos de transformación, deja de ser un rol secundario para convertirse en el pilar fundamental de mi próxima reinvención. Ante el escenario actual, la pregunta estratégica que debo hacerme no es qué puesto ocupo hoy, sino primero ¿Quien soy yo? Y la segunda ¿Qué capacidades transferibles tengo? y ¿Qué puedo usar para que sigan siendo valiosas cuando el edificio corporativo desaparezca?
El imperativo estratégico: Activar el aprendizaje deliberado
La resiliencia no debe confundirse con una resistencia pasiva o una mera capacidad de aguante ante el trauma. En el contexto de la alta dirección, la resiliencia es la capacidad de metabolizar el cambio disruptivo para generar nuevas formas de valor.
Para ponerla en práctica, debemos transitar de la reacción defensiva a la intención estratégica, convirtiendo la incertidumbre en un laboratorio de capacidades.
¿Cómo afrontamos el escenario?
1. Establecer intenciones sobre la incertidumbre
El cambio repentino y la presión cognitiva que genera la inseguridad laboral suelen bloquear las funciones ejecutivas del cerebro, dificultando el procesamiento de nueva información. Sin embargo, es precisamente en estos tiempos desafiantes cuando el aprendizaje debe volverse más deliberado que nunca. No se trata de una acumulación ansiosa de certificados o cursos masivos, sino de una curaduría consciente de aquellas competencias que nos hacen «antifrágiles»: aquellas que mejoran con el desorden.
2. El desarrollo de hábitos de aprendizaje positivos
Para maximizar la adaptabilidad y proyectar una carrera de largo aliento -si consideramos a la vida laboral un, ya que empezamos a trabajar a los 22 y puede que trabajemos hasta los 65 o más, estos son más de 42 años, propongo tres ejes de acción inmediata que todo líder debe integrar en su disciplina diaria:
– Desacoplamiento de la identidad: Cultive proyectos, marcas personales y redes de influencia que existan fuera del ecosistema de su empleador actual. Su valor de mercado debe ser un activo líquido, capaz de ser trasladado de una industria a otra sin perder su esencia.
– Curiosidad polímata: Al igual que Fouché, busque lecciones en disciplinas aparentemente ajenas a la suya.
La innovación real suele ocurrir en la intersección de campos diversos (la historia, la pedagogía, la tecnología y la psicología). Un líder que solo sabe de su industria está a merced de que esa industria desaparezca.
Un libro muy recomendado es Range, de David Eipstein que explica como los generalistas triunfan sobre los especialistas. El mundo demandará ambos escenarios tu debes decidir que quieres ser un generalista o un especialista.
– Agilidad pedagógica y mentoría: La mejor forma de consolidar el dominio de una nueva era, es enseñándola. La educación no es solo una salida laboral de emergencia; es la herramienta de actualización más potente que existe. Al enseñar, nos obligamos a estructurar el caos y a validar nuestra propia relevancia en el mercado de las ideas.
La era de los despidos masivos no representa necesariamente el fin de las carreras profesionales exitosas, sino el fin definitivo de la trayectoria lineal y predecible. La adaptabilidad ya no puede ser considerada un «soft skill» opcional en un currículum; es la infraestructura mental y emocional necesaria para liderar en el siglo XXI aunado a la colaboración con otros talentos con el fin de ejercitar la curiosidad.
Debemos entender que la capacidad de aprender, desaprender y reinventarse es el único patrimonio real que nadie nos puede arrebatar. Descubrir tu ser, sin dramatizar o romantizar tú propósito personal en este mundo. Al final, la resiliencia consiste en descubrir que, aunque nos quiten el escenario, nosotros seguimos siendo los dueños de la obra y arquitectos de nuestro destino.
Cita este artículo
Pinedo Ramos, B., (2026, junio 24). Identidad más allá del cargo. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/identidad-mas-alla-del-cargo/
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