El séptimo año de gobierno

Herminio Rebollo

El séptimo año de gobierno
Siempre se ha sostenido que el año más difícil para un presidente de la República es el séptimo, momento en el que, tras abandonar el poder, emergen a la luz decisiones erróneas, actos de corrupción y toda clase de irregularidades en su gestión. La otra cara de esta narrativa es la que experimentan los nuevos gobernantes en sus primeros meses, tras asumir un gobierno que dista considerablemente del idílico panorama que su predecesor intentó proyectar.

Siempre se ha sostenido que el año más difícil para un presidente de la República es el séptimo, momento en el que, tras abandonar el poder, emergen a la luz decisiones erróneas, actos de corrupción y toda clase de irregularidades en su gestión. 

La otra cara de esta narrativa es la que experimentan los nuevos gobernantes en sus primeros meses, tras asumir un gobierno que dista considerablemente del idílico panorama que su predecesor intentó proyectar. 

Esto ocurre en todo el mundo, y México no es la excepción. Vale la pena recordar un poco. 

Luis Echeverría Álvarez 

Con todo y su activa participación en la represión estudiantil de 1968, lo que Luis Echeverría Álvarez (LEA) dejó fue un país convulsionado política y socialmente. En lo económico, la nación gozaba del llamado Desarrollo Estabilizador, puesto en marcha por el secretario de Hacienda, Antonio Ortiz Mena, durante los dos sexenios que estuvo en el cargo. 

A pesar de las desigualdades existentes, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) promedió anual fue de alrededor del 6%, con el que soñarían los gobiernos subsecuentes. La inflación promedio rondaba el tres o cuatro por ciento; y qué decir de la paridad peso-dólar, que se mantuvo en $12.50 por dólar durante 22 años. 

Con esos antecedentes, y aplicando la famosa Ley del Péndulo, Echeverría impulsó un gobierno de izquierda populista, en el que dio cabida a muchos de los participantes en el Movimiento del 68. 

Apuntalado por la robustez económica heredada, se sintió investido del poder suficiente para relegar al olvido el Desarrollo Estabilizador y optar por el Desarrollo Compartido. La inercia le permitió disfrutar, en 1971, del segundo PIB más alto en la historia del país 9.2%, detrás del 9.4% de Gustavo Díaz Ordaz, en 1968. 

Sin embargo, el incremento del gasto público y el endeudamiento, sumados a la corrupción, propiciaron un final de sexenio desastroso: la primera gran crisis económica del México moderno, enmarcada por la inflación y la devaluación del peso. 

José López Portillo 

Comenzó su gobierno con problemas no sólo económicos sino de rumores y el agudo enfrentamiento social, heredados del amigo de toda su vida, Luis Echeverría. 

Su habilidad y facilidad de palabra le permitieron superar los primeros años con tal suerte que, en 1972, la perforación de pozos petroleros permitió localizar los yacimientos “Cactus I” y “Sitio Grande”, en el sureste de la república, lo que nos convirtió en una nación petrolera que debía aprender a “administar la abundancia”, como repetía López Portillo. 

No obstante, la corrupción, el gasto público y el endeudamiento externo sumieron nuevamente al país en una crisis económica cuando se desplomaron los precios del crudo. La expropiación del sistema bancario le brindó los recursos faltantes para el pago del servicio de la deuda causado por la caída de los precios del petróleo; la creación de los mexdólares (entregar pesos por dólares en los bancos), derivó en la fuga de capitales, la pérdida de confianza en el gobierno y agotamiento de las reservas internacionales del país. 

Miguel de la Madrid Hurtado (MMH) 

Recibió al país en quiebra. Y, nuevamente, la sociedad tuvo un traumático inicio de gobierno. 

Por más reprivatizaciones que intentó; pactos sociales para la recuperación; golpes espectaculares como el encarcelamiento de Jorge Díaz Serrano, ex director de Pemex, el sexenio no pudo recuperarse y, además, para desgracia del país, se vivió el terremoto de 1985. 

Es en este gobierno la inflación llegó a su nivel más alto (159%) y el PIB promedio del sexenio fue de apenas 0.3%. 

Carlos Salinas de Gortari 

La habilidad personal de Carlos Salinas de Gortari (CSG) y la integración de un buen equipo, le permitió recuperar al país de la crisis heredada. 

Salinas continuó los Pactos de Solidaridad Económica, la reprivatización de la banca y de otros bienes del gobierno, además de transformaciones a fondo como las relaciones del Estado con las Iglesias, además de contar con la visita del Papa Juan Pablo II. 

Fue un sexenio intenso con claro oscuros como la renuncia de más de una decena de gobernadores, y recuperar el crecimiento del PIB hasta el 4.1% en la administración. 

Sin embargo, el final del sexenio estuvo enmarcado por el asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio y el del cardenal Juan José Posadas, además de la declaración de guerra del Ejército Zapatista. 

Todo ello presionó fuertemente a la economía y marcó negativamente el “séptimo año” de CSG y primero de su sucesor. 

Ernesto Zedillo Ponce de León 

Resintió en carne propia la herencia de Salinas y tuvo que enfrentar aquella historia de los “errores de diciembre” de los que lo culpó Carlos Salinas a Zedillo y de “una economía detenida con alfileres” con lo que replicó el nuevo mandatario. 

El traumático arranque que, en los primeros 19 días del sexenio, costaría la cabeza al secretario de Hacienda, Jaime Serra Puche. Fue un sexenio de austeridad, de más pactos y privatizaciones, que permitieron a Zedillo terminar su administración con un avance de 3.2% en el PIB y el equilibrio del proceso inflacionario. 

Realmente terminó bien y es reconocido como el sexenio más equilibrado de la época contemporánea. 

Vicente Fox Quezada 

El gobierno de Vicente Fox Quezada (VFQ) recibió así, por primera vez, un país con estabilidad, impulsado además en el ánimo social derivado del triunfo de la oposición y el haber podido sacar al PRI de los Pinos. 

El PIB no creció como con Salinas y Zedillo, pero logró un dos por ciento y la inflación controlada. 

Felipe Calderón Hinojosa 

También recibió el famoso “séptimo año” sin crisis económica lo que le facilitó manejar la economía con tumbos y concluir con un escuálido 1.8%, envuelto en la guerra contra el crimen organizado, que desgastó toda su gestión, además de la muerte de dos de sus secretarios de gobernación y fuerte jaloneo político, dando paso al retorno del PRI. 

Enrique Peña Nieto 

Logró la osadía de regresar al PRI a Los Pinos y ese fue quizá su mayor logro. Apoyado en 12 años de estabilidad que el panismo le dejó, adicionado por la cosecha de los logros derivados del TLC, pudo sortear en lo económico la administración naciente. 

Ahora los saldos empezaron a aparecer por el lado de la seguridad, de la creciente amenaza del crimen organizado y las fracturas sociales que en Ayotzinapa tuvieron su principal exponente. 

Junto con el regreso del tricolor renacieron también prácticas autoritarias y de corrupción que, junto con un mal manejo de imagen, pese a ejercer uno de los mayores gastos publicitarios no le sirvieron de mucho. 

Al grado de que en la sucesión, el crecimiento de López Obrador y Morena fue apabullante dejando muy atrás no sólo al propio PRI sino también al PAN y a un moribundo PRD. 

Andrés Manuel López Obrador 

Por tercer sexenio consecutivo, la economía del país estaba robusta, por lo que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) comenzó su administración sin crisis. No sólo eso, contaba con fondos de ahorro y previsiones para contingencias económicas. Fideicomisos e instituciones que guardaban importantes presupuestos de reserva y administración para evitar las contingencias del pasado. 

Al echar mano paulatinamente de todos estos recursos le permitió poner en marcha su llamada Cuarta Transformación. Hasta secar los ahorros y previsiones a lo largo del sexenio y dejar la aparente ortodoxia en el último año del gobierno con una deuda billonaria y el enorme gasto en asistencia social que permitió repartir dinero a grupos bien identificados que soportaron la abultada votación que recibió Morena en la elección presidencial. Se habla de que siete de cada 10 familias recibieron algún tipo de ayuda gubernamental. 

Claudia Sheinbaum Pardo 

La estrecha relación y compromiso del nuevo gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo (CSP) con su antecesor, la ha mantenido maniatada de sacar a flote la crisis económica heredada y que cada día se agudiza por las absurdas medidas de Donald Trump en su segundo periodo en la presidencia de Estados Unidos. 

El reconocimiento del momento actual, advertido por todos los agentes financieros nacionales y extranjeros no se ha reconocido y, en consecuencia, no se han tomado las urgentes medidas para evitar que la recesión cobre mayores víctimas en el mediano y largo plazo. 

La vieja tradición mexicana habla de la hipotética existencia de tres cartas que todo presidente saliente entrega a su sucesor para abrirlas sólo y únicamente como “solución infalible” para sortear los más graves problemas que se presenten. 

La primera carta, destinada a superar la crisis de los primeros meses de la administración es tan sencilla como complicada: ECHAME LA CULPA DE LOS PROBLEMAS QUE APAREZCAN. 

Esto permitirá sortear la problemática durante un buen tiempo, el suficiente para la apertura de la segunda carta: HAS CAMBIOS EN EL GABINETE. Los reacomodos y las especulaciones en torno a la salida de cada colaborador que es enviado a su casa o a una embajada mantendrán a la opinión pública lo suficientemente ocupada para la redacción de la última misiva. 

Con urgencia es esperado el tercer escrito que, sin embargo, contiene la siguiente leyenda: PREPARA TRES CARTAS PARA TU SUCESOR. 

Hoy la presidencia de Claudia Sheinbaum se encuentra atrapada por los compromisos con la Cuarta Transformación y, si no da el viraje indispensable y urgente, tendrá que inventar una solución distinta a la de los viejos políticos, que tanto bien obtuvieron. 

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