Don Vasco de Quiroga

Alejandro Cravioto Lebrija

Don Vasco de Quiroga
Hablar de Don Vasco supone, necesariamente, verlo en el tiempo y contexto histórico en que vivió y desempeñó su labor, es decir, la España del Descubrimiento, la conquista y evangelización de América en el primer medio del siglo XVI.

Qué se puede decir de Don Vasco que no se haya dicho ya. Su vida y obra nos invita a recordar y exaltar su ejemplar humanismo, animado por el ejercicio heroico de sus virtudes. Multitud de estudios en universidades, cientos de escritos, biografías y publicaciones; cátedras, e infinidad de conferencias y seminarios en México y el mundo han escudriñado la herencia del célebre laico, jurista, obispo y padre espiritual de los naturales de Michoacán, sin embargo, Tata Vasco es un personaje inagotable por donde se le vea.  

Una visión de Don Vasco de Quiroga desde una perspectiva amplia nos permitirá comprender con una mirada de contexto histórico a este gran humanista cristiano. Para ello nos será útil recordar los acontecimientos y personajes contemporáneos suyos, que, de una manera directa o indirecta, le fueron marcando el ánimo y el anima y van perfilando, inspirando y en algunos casos determinando el pensamiento y quehacer de Don Vasco. 

Hablar de Don Vasco supone, necesariamente, verlo en el tiempo y contexto histórico en que vivió y desempeñó su labor, es decir, la España del Descubrimiento, la conquista y evangelización de América en el primer medio del siglo XVI.

Décadas de profundos cambios religiosos, políticos, sociales, científicos y culturales que serán causa y al mismo tiempo efecto de la transición definitiva del Medioevo al Renacimiento y que anunciarán la entrada del mundo occidental a la modernidad. La Reforma Protestante y el Concilio de Trento, la Conquista de México y el Perú, la primera circunnavegación de la tierra, los derechos humanos concebidos desde una perspectiva teológico-jurídica y su repercusión política, en fin, se trata de una Época de cambios, sí, pero también de un cambio de Época. 

En los designios de la Providencia estaba prevista la llegada al recién descubierto Nuevo mundo de una pléyade de apóstoles humanistas y también de una madre amorosa para consuelo y esperanza de los habitantes de América. Es así como en enero de 1531 arriba a la Ciudad de México el insigne Don Vasco de Quiroga y, el 12 de diciembre del mismo año, en el norte del Valle de México, se hace presente la Virgen de Guadalupe, la señora del cielo, “la madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, del creador de las personas, el dueño de la cercanía y la inmediación”, así como la presencia perenne de la Guadalupana ha sido, es y será para los mexicanos garantía de esperanza y salvación, aún en los momentos más difíciles de la historia de nuestra nación, la influencia educativa y humanista de Don vasco permanece en Michoacán. 

El 2 de enero de 1530, la Emperatriz le comunica a Don Vasco de Quiroga, siendo ya un reconocido jurista, su nombramiento como miembro de la Segunda Audiencia que vendrá a la Nueva España a poner orden y a buscar la tan anhelada paz social. El 30 de diciembre de 1530 desembarcaron en Veracruz los oidores de la segunda Audiencia y el 12 de enero de 1531 se llevó a cabo la Primera Audiencia Pública en la Ciudad de México, presidida por Don Sebastián Ramírez en compañía de los oidores Salmerón, Maldonado, Ceynos y Don Vasco de Quiroga. Toribio de Benavente y Bernal Díaz del Castillo los reconocerán por su “bondad y humildad ejemplar”, “dignos de perpetua memoria los que tan buen remedio pusieron en esta tierra”. 

El oidor Quiroga, afirma Juan Robles Diosdado, además de su trabajo de jurista, “saca tiempo para rezar, estudiar y escribir con extraordinaria lucidez, tanto en el análisis de la situación… como las soluciones o políticas concretas a seguir, que él mismo llevará a cabo sobre todo con la fundación y organización de los pueblos-hospital de Santa Fe, de los altos de México y de la Laguna, en Pátzcuaro. Por su originalidad, es la obra (experimento) más emblemática e interesante de su actuación en la Nueva España”. 

El 24 de julio de 1535, desde la Ciudad de México y en su carácter de Oidor de la Segunda Audiencia, el abogado laico Don Vasco de Quiroga redacta y envía a España su Información en Derecho, es una carta, un tratado o relación cuyo fin esencial es acabar con la esclavitud y “dar aviso y materia de pensar”, Es una magistral cátedra de Derecho Positivo de un jurisconsulto, que pone en entredicho la autoridad terrena del Papa Alejandro VI por la determinación de entregar los territorios descubiertos a Portugal y España así como la ilicitud del otorgamiento de América a los Reyes con la Bula Inter Cetera, así mismo la injusta guerra a los indígenas americanos. Deja en claro la invalidez del histórico y tradicional “derecho de conquista” que durante milenios justificó la apropiación de territorios conquistados por la fuerza de la armas, que justificaba la ocupación y el dominio como botín de guerra de los bienes y riqueza material, así como la esclavitud, de los habitantes sometidos; “Derecho de Conquista” que “justificó” lo mismo a Alejandro Magno, que a los Aztecas o los Norteamericanos en sus guerras de expansión. 

Don Vasco se adelanta en un lustro a las enseñanzas del reconocido teólogo-jurista salmantino Fray Francisco de Vitoria, al afirmar en el capítulo III de su Información en Derecho: “Las autoridades de estos lugares, aunque infieles, son legítimas autoridades… ningún rey, ningún emperador, ni la iglesia romana puede mover guerra para ocupar sus tierras o para sujetarlos políticamente, puesto que no hay ninguna causa de guerra justa.” 

En tanto abogado salmantino debió conocer La República de Platón, La Ciudad de Dios de San Agustín y, por supuesto La Utopía de Santo Tomás Moro, documentos que serán fuente de inspiración, así como el apotegma evangélico: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” para la determinación de fundar sus Pueblos Hospital, espacio propicio para la práctica cotidiana y ejemplar de las obras de misericordia.  

El Papa Paulo III dispuso la fundación de la Diócesis de Michoacán en agosto de 1536, con Tzintzuntzan como sede, la Bula pontificia de fundación nombra a Don Vasco de Quiroga, laico aún, su primer obispo. Será ordenado sacerdote y consagrado obispo en unas cuantas horas. Tomó posesión de su obispado el 6 de agosto de 1538. 

Tanto la Información en Derecho, como las Reglas y Ordenanzas para el Gobierno de los Hospitales de Santa Fe y el Testamento, son documentos que expresan sin ambigüedades la claridad y absoluta determinación de la misión que ha de realizar Don Vasco. Posee profundo conocimiento de la realidad en que viven los pobladores de la región y sobre todo concibe propuestas de solución, metódica, detallada, realista y estructurada, para lograr la permanencia en el tiempo (“experimento” le han llamado algunos autores por su originalidad) de un modelo de vida en comunidad, un auténtico modelo de orden social, económico y político cristiano. 

Iusnaturalista, reformador, visionario, transformador de la triste realidad que se encontró en su territorio episcopal, Don Vasco fue también un precursor de la Ciencia Social Cristiana, en su formulación y sobre todo en su puesta en práctica, con todas sus aplicaciones e implicaciones. ¿Quién como él dispuso subsidiariamente la interdependencia económica de las familias y comunidades? ¿Quién como él practicó la solidaridad con los más necesitados? ¿Quién como él ha buscado con férrea determinación el Bien Común?  Fue, sin duda alguna, uno de los más preclaros forjadores de la hispanidad, al haber incorporado al mundo hispánico tanto la sangre como la riqueza de los auténticos valores culturales del pueblo tarasco. 

El 14 de marzo de 1565, hace 460 años, murió Tata Vasco en la que sería su última Visita Pastoral. Murió con la conciencia tranquila y la satisfacción del deber cumplido, él, que vivió como cartujo, trabajó hasta el último aliento y pasó por la vida haciendo el bien, entregó su alma al creador para entrar a la eternidad a disfrutar del banquete divino.  

Don Vasco fue enterrado en Pátzcuaro y cuando en 1580 se traslada la sede episcopal a Valladolid-Morelia, quisieron llevar también los restos de Quiroga, pero sus fieles indios se opusieron con determinación, de ahí no saldría el fundador y padre espiritual de Michoacán; de esta manera hicieron cumplir su deseo de estar siempre junto a los que más le necesitaban. 

“Que importa, afirmará Agustín Basave, que su nombre no aparezca en las placas que escribe la adulación… Vasco de Quiroga hunde muy hondo sus raíces en suelo mexicano. Su voz la guardan los bosques, los vientos, las campanas. Español por sangre y nacimiento, pertenece a México por corazón y por destino… amó entrañablemente, con voluntad de perfección a este México nuestro”. 

Don Vasco no es solo una referencia histórica que recordar, Don Vasco vive, como viven sus olivos plantados hace cinco siglos en Tzintzuntzan, como vive el arte popular en los pueblos de Michoacán, como es viva su presencia en cada sacerdote al consagrar; vive también en las manos desgarradas del trabajador del campo y en el niño que aprende a cantar con una guitarra de Paracho, su presencia es constante, perenne y vigente en la oración de las familias del pueblo que él tanto amó. Tata Vasco, afirmará don Agustín Basave, es un referente espiritual y “un modelo perenne que implica un concepto de valor digno de ser seguido e imitado”. 

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