Brevísimo ensayo sobre una ideología nacional

Gerardo Antonio López Hernández

Brevísimo ensayo sobre una ideología nacional
Necesitamos construir una ideología nacional que nos mueva a trascender, a practicar un ideario que nos permita construir una sociedad justa, mediante el esfuerzo honesto de los que integramos esta sociedad.

La conducta del ser humano debería regirse por principios y valores; sin embargo, si analizamos fríamente la circunstancia que vivimos en el país, algo en mi interior me mueve al pesimismo.

Tal parece que la mayoría de los mexicanos está en una actitud de extrema indiferencia, de una indolencia frente al porvenir que solo ve lo inmediato.

Es cierto que vivimos un cambio de época, la de los tiempos líquidos, donde todo es pasajero, donde se cuestiona todo lo que pudiera ser trascendente. Se vive al momento, cuesta trabajo hacer pensar en la construcción del futuro a base de un esfuerzo personal y colectivo, porque significa tener y practicar un entramado de ideas, principios y valores que nos guíen. En pocas palabras… practicar una ideología nacional.

No, no puedo pensar que este pueblo, viva conforme la práctica de una ideología nacional; si acaso vivimos bajo una serie de prácticas conductuales, que nos caracteriza como sociedad: fiesteros, con bajos niveles de sentido de responsabilidad y disciplina, con bajos niveles de honestidad en el uso de las palabras y los recursos ajenos. Por esos nos resistimos a pagar impuestos a cumplir reglamentos y normas esenciales de convivencia.

Esperamos que llegue alguien a corregir lo que creemos que está mal, pero nos exigimos muy poco para tratar de cambiar con nuestro esfuerzo las cosas; por eso una parte importante no vota; por eso somos tan dados a la credulidad de encantadores populistas; de los que nos ofrecen cambiar la realidad que sentimos injusta; por eso somos tan propensos a creer en esas y les damos la más calurosa de las bienvenidas y los que votan lo hacen por ellos; no pensamos con profundidad porque no tenemos raíces fuertes en principios y valores que nos guíen; porque somos un pueblo con muy bajos niveles de educación filosófica, cívica y técnica.

Esta circunstancia en que estamos inmersos es campo fértil para la instauración de gobiernos como el que actualmente tenemos. A sus líderes no les conviene construir un sistema educativo cuyo objetivo sea formar generaciones que les guste leer, analizar la situación en forma objetiva, orientados para obtener resultados que sigan una línea moral válida: la de hacer el bien y evitar el mal; formar niños y jóvenes que entiendan que todo ser humano tiene por el hecho de ser persona una dignidad intrínseca; que con base en su trabajo diario, responsable, bien hecho, construye con sus méritos su dignidad dinámica, que la hace distinguirse como persona humana y obtener una posición de orden moral entre sus semejantes; que lo haga sentirse parte solidaria para la construcción de una sociedad más justa; que exija sus derechos pero que también cumpla con sus obligaciones.

Personas que entiendan y acepten que esa distinción no será necesariamente económica, sino que pertenecería a la aristocracia de los mejores en la sociedad, aquellos que pueden ser tomados como ejemplo de vida.

Creo sinceramente que la crisis que estamos viviendo como sociedad, podrá ser superada, como siempre nos ha enseñado la historia, por aquellos que comprendemos la circunstancia, la gravedad del problema y que estamos dispuestos a hacer algo para cambiarla.

Los cambios sociales son siempre promovidos, porque primero se presenta una circunstancia grave, debemos entender que ésta es una oportunidad para lograr un cambio, tal y como la vivimos actualmente. Significa que debemos reconstruir o fortalecer las instituciones que nos hacen fuertes:

En primerísimo lugar el sentido de Dios y de trascendencia del ser humano, de que construimos una patria terrena, pero que nuestro verdadero premio por lo que hagamos en este orden temporal será recompensado en la patria celestial. Que nuestros hijos regresen a la práctica religiosa.

Cada uno con sus dones y carismas contribuir a reposicionar a la familia como la célula fundamental de la sociedad; tratar de influir en nuestros hijos, familiares y conocidos que el principal derecho que debemos cuidar es proteger la vida. Que nuestros jóvenes se orienten a formar una familia, que abandonen su posición hedonista de no compromiso para criar hijos.

Cada uno con sus dones y carismas, manifestar los hechos que hacen daño social, se requiere expresarlo en las calles, en los grupos en que participamos, en las redes sociales. Participar en la construcción de nuevas asociaciones políticas que se identifiquen con nuestras ideas, con nuestros principios y valores. Debemos predicar con el ejemplo.

Debemos impulsar actitudes básicas de convivencia basadas en la honestidad en el uso de la palabra y los recursos; responsabilidad individual para hacer bien nuestros deberes y disciplina para trabajar individual y colectivamente para construir el bien común.

Estas acciones se antojan como la actitud del Quijote de Cervantes; pero no debemos olvidar que las ideas son las que nos mueven, las que permiten trascender, las que dan sentido a nuestras vidas. Si, es necesario construir una ideología nacional que nos mueva a trascender, a practicar un ideario que nos permita construir una sociedad justa, mediante el esfuerzo honesto de los que integramos esta sociedad, debemos ser la levadura para un verdadero cambio social.

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