Atención a la salud y hospitales en la historia de México

Alejandro Cravioto Lebrija

Atención a la salud y hospitales en la historia de México
Terriblemente angustiados y desesperanzados, vemos a diario en los medios de comunicación y redes sociales, a familiares de enfermos -algunos terminales- en las salas de espera o literalmente muriendo sin atención, luego de horas de agonía en las banquetas de hospitales del sistema de salud del gobierno de México. Y la pregunta obligada brota para cuestionarnos, ya sea por compasión o por curiosidad: ¿Cómo es que llegamos a esta lacerante, lastimosa situación?

¿Siempre ha padecido México esta grave falta de servicios médicos?; ¿qué ha dispuesto el gobierno federal para resolver este atentado a uno de los derechos primordiales de todo ser humano, el derecho a la vida y el derecho a la salud?

Pareciera que hemos olvidado el gran pasado que tuvo la medicina en nuestro país, desde los profundos conocimientos de herbolaria que desarrollaron nuestros antepasados prehispánicos y que trascendieron tiempos y continentes, hasta la gran red hospitalaria virreinal que cubrió todo el territorio nacional, muy avanzada para su tiempo.

Una extraordinaria muestra de ello, es el famoso Códice De la Cruz-Badiano, joya literaria y muestra del enorme saber indígena, de hecho, fue el primer tratado médico de América editado en México en 1552. A manera de compendio fue realizado por el sabio médico indígena Martín De la Cruz, destacado alumno del colegio franciscano de la Santa Cruz de Tlatelolco, y traducido al latín por Juan Badiano. Este tratado de herbolaria y medicina indígena describe e ilustra más de 180 plantas medicinales mexicanas y su uso terapéutico, combinando el conocimiento centenario indígena y ciertos conceptos de medicina europea. Ha servido incluso, como base para estudios modernos de farmacología y muchas de las plantas ahí descritas aun se usan como remedio natural (Epazotl, achiote, Cacao, agave, etc.). Permaneció durante más de cuatro siglos en la Biblioteca Vaticana, y en 1990, San Jan Pablo II, lo reintegró al acervo de joyas de México.

Con la llegada de los misioneros a México-Texcoco en 1524, arribó también toda una tradición de la Europa cristiana -y particularmente de la hispana-: los hospitales. Espacios en los que, a decir del jesuita historiador Mariano Cuevas, se prodigó “la beneficencia cristiana en la Nueva España… sistema perfectamente organizado por la iglesia, de hospitales, que, como una red de amor al prójimo, extendíase por toda la parte ya pacificada del país, a finales del siglo XVI. Estaban vinculadas al orden sobrenatural: eran casas de Dios”.

En realidad, los misioneros franciscanos, dominicos, agustinos y mas tarde los jesuítas, no necesitaban una orden real para llevar a cabo esta labor, sin embargo, el 7 de octubre de 1541, apenas a veinte años de la conquista de México, el Emperador Carlos V emitió una Cedula Real que obligaba a “fundar ciudades y levantar sus hospitales respectivos”. Reforzó esta directriz el rey Felipe II al mandar: “cuando se fundare o poblare alguna ciudad, villas o lugares, se pongan los hospitales para pobres y enfermos… junto a las iglesias y por claustro de ellas”.

Vale la pena recordar el Hospital de Jesús, fundado en 1524 por Hernan Cortés como acto de expiación, recién concluida la conquista de la Gran Tenochtitlán, con el objetivo explícito de “atender lo mismo a indígenas, que españoles pobres y mestizos para proporcionar asistencia médica y caridad cristiana”, a la manera de los hospitales renacentistas europeos. Dicho hospital, con mas de 500 años de funcionar de manera ininterrumpida en el mismo sitio, es reconocido, sin lugar a dudas, como el más antiguo de América.

En la magnífica obra “Los Hospitales de la Nueva España”, bajo el auspicio del Instituto de investigaciones Históricas de la UNAM, realizada por la Dra. Josefina Muriel, en el cuadro sinóptico desglosa la siguiente cantidad: 31 hospitales fundados y funcionando en el siglo XVI; 25 durante el siglo XVII y 18 durante el siglo XVIII. Dando con ello una muestra clara de la titánica tarea realizada a lo largo de los siglos, ello además de las “casas de beneficencia”, hospicios, asilos, y pequeños sitios de “hospederia” en prácticamente todos los conventos de los religiosos.

Debemos a las órdenes hospitalarias el primer sistema organizado de salud hospitalaria en México. Eran órdenes religiosas cuyo carisma y vocación central era atender a enfermos pobres, peregrinos y marginados a manera de práctica de caridad cristiana organizada. Destacan por la magnitud de la obra realizada en México, los juaninos, de la Orden de San Juan de Dios; los betlemitas, de la Orden de N. S. del Belén, fundados en 1656 en Guatemala por el Hermano Pedro de Betancur; los camilos, fundados por San Camilo de Lelis, especialmente importantes durante las epidemias del siglo XVIII y los hipólitos, Orden Hospitalaria Mexicana, fundada por Fray Bernardino Álvarez en 1569, primera en América en atendieron principalmente a “enfermos mentales y agresivos”.

El Hospital de San Hipólito, fundado en Ciudad de Mexico en 1567 por Fray Bernardino Álvarez, es considerado el primer hospital psiquiátrico de América y con visión avanzada para su época, fundó una red hospitalaria a lo largo de la transitada ruta transoceánica, dejando sendos hospitales en Acapulco, Oaxtepec, Jalapa y Veracruz.

Muchos otros hospitales fueron creados y sostenidos por siglos gracias a las cofradías, como la Cofradía de Indios de Chiautla, que en 1553 fundó y mantuvo el Hospital de San Sebastián en Chiautla, Puebla, o el de la Limpia Concepción o de San Juan De Dios en Parral, Chihuahua, fundado y mantenido por los cofrades Pardos en 1687. El mantenimiento de todos los hospitales era gracias a limosnas, donación particular o de alguna cofradía o gremios (mineros, plateros, etc.), diezmos y solo en algunos casos Dotación Real, Virreinal o Arzobispal.

Caso verdaderamente excepcional es La Casa de Misericordia en la Nueva Galicia, concebida, financiada y regida por el magnífico Arzobispo de Guadalajara, México, Juan Ruíz de Cabañas y Crespo a finales del siglo XVIII e inaugurada inconclusa en 1809, víspera del arribo de Hidalgo a la ciudad. La Casa de Misericordia era un concepto integral para la práctica de las obras de misericordia, pensada para Niños huérfanos, ancianos pobres, viudas y desamparados, enfermos crónicos y personas con discapacidad. Era una auténtica “ciudad asistencial” que, con 23 mil metros cuadrados construidos, es de hecho el edificio virreinal de mayor extensión construido en toda America hispana en los tres siglos.

Proyectado por el arquitecto Valenciano Manuel Tolsá, es además un muestra acabada del neoclásico novohispano. En una ciudad que contaba apenas 25 mil habitantes, resulta inconcebible la visión trascendente de futuro del Arzobispo, al erigir un monumento a la caridad, que, en proporción, dedica un metro cuadrado a cada uno de los habitantes de la ciudad. Nunca más se ha visto algo ni remotamente parecido en todo el mundo.

¿Qué sucedió con todo este esfuerzo de la caridad cristiana en beneficio de los mas pobres y enfermos, de huérfanos y viudas? Con las Leyes de Reforma, en 1857 y la Ley Lerdo, al seculizar los bienes de la Iglesia, muchos de los cuales eran propiedad legitima y centenaria de comunidades indígenas, a través de las famosas cofradías, pasaron a manos del Estado y este acabó con la obra realizada, destruyó los edificios o los destinó a otros fines, como en el caso del “Hospicio Cabañas” inscrito en la Lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO.

Desde que el laicismo se impuso en México, nunca más el estado Mexicano ha podido dar respuesta integral a las dolencias y carencias de salud de la población más necesitada; de manera aislada y entre grandes sacrificios operan algunas dignísimas instituciones de salud administradas por ordenes religiosas, algunas femeninas, que nunca han abandonado su vocación y con gran empeño y enorme testimonio de caridad, realizan su tarea a pesar de los obstáculos y carencias, como el del Hospital Santa Margarita, en Guadalajara, animado a principios del siglo XX por la hoy Beata María Guadalupe García Zavala, fundadora de la Congragación de las Siervas de Santa Margarita y de los Pobres.

Si el liberalismo no dio respuesta, hoy el populismo tiene al Sistema de Salud en situación caótica, crítica, en agonía constante, sin medicamentos, sin operatividad, sin atención ni recursos. Es verdaderamente increíble la corrupción, desatención y falta de presupuesto destinado al área médica y de salud, mientras de despilfarran enormes cantidades en obras faraónicas, ocurrencias convertidas en barriles sin fondo y elefantes blancos, como el Tren Maya y Dos Bocas.

_________________________________

Imagen tomada de: https://www.xikoova.com/primeros-hospitales-de-mexico-y-america (Hospital del Amor de Dios, Ciudad de México)

Cita este artículo

Cravioto, A., (2026, 7 abril). Atención a la salud y hospitales en la historia de México. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/atencin-a-la-salud-y-hospitales-en-la-historia-de-mxico/

 

Enlace a edición mensual

Revista Forja para el Bien Común núm. 53, Febrero 2026

Autor

Suscríbete al canal de Revista Forja en WhatsApp

RECIBE GRATIS LA REVISTA

Suscríbete gratis a nuestro canal en WhatsApp y recibe la revista en PDF cada mes, además de artículos y reflexiones todos los días.

También síguenos en redes sociales y mantente al día con lo mejor de nuestra comunidad.

LEER MÁS

¿Cuidar o provocar la muerte?

¿Cuidar o provocar la muerte?

Cuando una sociedad comienza a llamar “derecho” a que el Estado provoque deliberadamente la muerte de uno de sus ciudadanos, conviene detenerse y preguntar algo previo: ¿qué entendemos por dignidad humana y cuál es realmente el deber de una comunidad política frente al sufrimiento?

leer más
Revista Forja para el Bien Común
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.