Basta conocer un poco de historia para saber que las naciones que en un periodo han sido hegemónicas finalmente dejan de serlo; por ello no es difícil predecir que la hegemonía que ostentan los Estados Unidos de América, terminará.
Esa afirmación puede sostenerse y nadie la disputa; lo que es de gran interés -y provoca muchas especulaciones- es cómo se organizará el futuro en la medida que ese poder se deteriore, dado que no hay vacíos de poder.
Los análisis disponibles ofrecen, de forma general, diferentes posibilidades, lo cual está en alguna medida relacionado con la “rapidez” con que el poder norteamericano se deteriore: una nueva nación hegemónica a nivel mundial; fraccionamiento por posición geográfica y equilibrio con hegemonías regionales; conjunto de naciones complementarias que ejercen en una hegemonía mundial. Suenan razonables estas alternativas en lo que podemos imaginar otras.
En esta época de cambios podemos dirigir nuestra atención a diferentes síntomas y situaciones insinuantes, por ejemplo, las inocultables tensiones entre China e India.
China es considerada hoy la nación que reta a Estados Unidos por la hegemonía mundial, desafío que puede pulsarse en las tensiones económicas entre ambas naciones; los posicionamientos encontrados en las organizaciones de carácter mundial y en los conflictos internacionales como el de Rusia contra Ucrania; Israel contra Palestina. y la competencia tecnológica con perfil militar.
En el fondo de las tensiones comerciales se encuentran sus sistemas económicos. Mientras en una China doctrinalmente marxista hay una economía centralmente planificada, al menos formalmente, en los Estados Unidos la economía es capitalista. Esto hace que costos de producción sean diferentes.
Contar con más votos en las organizaciones que integran la ONU puede dar ventajas a China en algunas decisiones internacionales de importancia. Estos votos pueden ganarse, a través de países no desarrollados o en vías de desarrollo, mediante créditos blandos para el desarrollo.
La competencia en el terreno del desarrollo tecnológico es dispareja, pero China ha tomado algunas ventajas en las aplicaciones con fines militares.
Pero, China es una dictadura.
Y hasta ahora ninguna nación hegemónica que dure ha sido una tiranía, la ciudadanía romana era una honra y ventaja, igualmente hoy la ciudadanía norteamericana es codiciada.
Pues bien, es interesante notar que si India no está “retando” a la desafiante China, en su frontera, de 3,379 km, una de las más largas del mundo, tienen conflictos limítrofes.
Los conflictos no son recientes, los ha habido por años (1962) entre las dos potencias nucleares. Los últimos enfrentamientos que conocemos fueron en 2020, en los que se libraron combates cuerpo a cuerpo entre miembros de sus ejércitos.
Actualmente, el motivo de nuevas tensiones es la inauguración de un túnel en las montañas del Himalaya, llamado Sela, nada menos que a 3,900 metros sobre el nivel del mar. El túnel tiene ventajas tácticas para India, ya que le permite mover sus fuerzas armadas en los límites de esa frontera con rapidez; además el túnel se encuentra en un territorio en disputa entre las dos naciones.
India no es una nación que rete a la actual hegemónica, más bien ha cultivado una cierta amistad con Norteamérica con quien tiene negocios y afinidades. India es, hablando de población, la democracia más grande del mundo. Los indios no están huyendo de su país y sí son orgullosos de ser indios. Su conflicto con Pakistán les ha servido para exaltar su patriotismo y elevar su sentido pátrio.
Más bien, si miramos el caso con ojos geopolíticos podríamos considerar que la cada vez mejor colocación de India la hace aspirantes a ser una bien consolidada potencia hegemónica en Asia central, lo que coincidiría con uno de los pronósticos: potencias regionales sin retos incómodos.





