La causa eficaz de la grandeza de Hispanoamérica

Alejandro Wiechers Rivero

La causa eficaz de la grandeza de Hispanoamérica
Los primeros 300 años de vida de los países que conforman Hispanoamérica transcurrieron en paz, con un gran desarrollo humano, económico y social que englobó a todos los estratos, órdenes e instituciones sociales, cívicas y políticas.

Esto no hubiera sido posible sin la intervención directa de la Virgen de Guadalupe en la historia de México y de Hispanoamérica. Gracias a ella la Iglesia Católica pudo operar con gran ahínco en libertad, que, junto con el gobierno de España durante el virreinato, éste gobernó con los valores y principios propios del Evangelio.

El Orden Social Cristiano, que se dio de manera excepcional en Hispanoamérica en los primeros 300 años de vida, no hubiera sido posible sin la acción de los pobladores mexicanos e hispanoamericanos -nuestros trastatarabuelos-, que vivieron durante el virreinato. La semilla de la Palabra, confiada a la acción y al cuidado de la Iglesia Católica pero impulsada firmemente por la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac, cayó en la “tierra buena” del naciente pueblo hispanoamericano, que, al conocer el acontecimiento Guadalupano y a la Virgen de Guadalupe, se convirtieron masivamente al catolicismo de manera voluntaria, adoptando con ello la fe, la moral y las buenas costumbres del Evangelio.

Para que el Bien Común pueda ser operable, se necesita del concurso de las dos sociedades perfectas, la Iglesia y el Estado, trabajando en estrecha colaboración, en donde el hombre, -con su dignidad infinita, con la vida humana, que es sagrada-, esté en el centro de todo, de acuerdo con una visión antropológica de la sociedad. Para ello es indispensable la acción “política”, entendida como la sublime vocación de servicio a todos los hombres para buscar su mayor bien, sin importar raza, color, religión, origen, cultura. La “política” así entendida, es el ejercicio más alto de la caridad. [1]

Durante estos primeros 300 años el gobierno de los países de Hispanoamérica estuvo a cargo de España, nación católica gobernada por reyes católicos, que cimentaron su acción y decisiones sociales cívicas y políticas en la fe, moral y buenas costumbres propias de la religión católica, dando por fruto una gran civilización. La acción del gobierno español en Hispanoamérica, durante el virreinato, tuvo enormes aciertos para el desarrollo de instituciones sociales, cívicas y políticas majestuosas, para la forja de un tejido social recio, y para una paz estable y duradera.

La Paz y el Orden

Santo Tomas de Aquino nos enseña: la paz es la tranquilidad en el orden. [2] Para que haya paz, se necesita que haya orden.

El orden a que se refiere Santo Tomas tiene tres dimensiones: Orden Natural, Orden Humano y Orden Sobrenatural, o sea, el Orden establecido por Dios y revelado paulatinamente al hombre a través de los siglos desde el Antiguo Testamento, y manifestado magistralmente por el mismo Dios Hijo hace 2 mil años, documentado admirablemente en el Evangelio.

Dios es creador de todo lo que existe, y por tanto es también Legislador Supremo de toda la creación. Dios no creó al hombre para dejarlo abandonado a su suerte en la búsqueda de su fin temporal y trascendente. Dios nos revela en qué consiste el Orden que puede llevar al hombre a la grandeza, a culminar su búsqueda en plenitud y felicidad estable y continuada, no solo personal, sino también social, que es la de todos los hombres conviviendo en armonía en el espacio y en el tiempo.

El Orden Sobrenatural es Revelado por Dios al hombre para que este pueda conocer la intimidad de Dios (vida divina ad-intra), ya que por la sola razón es imposible para el hombre percibirla. Gracias a la Revelación Divina sabemos que Dios Padre es creador, Dios Hijo es redentor y Dios Espitiru Santo es dador de Vida. Un solo Dios en tres personas distintas.

El hombre puede conocer el Orden Natural a través de la observación y la ciencia con la sola luz de la razón. Podemos conocer las leyes que rigen a la naturaleza, como la física, la química, la electricidad. Con este conocimiento estamos llamados y capacitados a “dominar la tierra” [c] para usar las cosas para nuestro bien y para nuestro servicio.

También con la razón podemos conocer el Orden Humano, pero de manera trunca, pues la Revelación Divina es fundamental para entender al hombre en todas sus dimensiones. Por ejemplo, Dios nos revela que el hombre tiene una naturaleza caída, afectada y debilitada por el pecado original, lo que se manifiesta en la conducta humana como una inclinación o tendencia al mal, -que se conoce como “concupiscencia”-. Somos “pecadores”, esto es, sujetos a caer en pensamientos, palabras, obras y omisiones perversas, que pueden dañarnos a nosotros mismos o al prójimo [3].

Sin la luz de Revelación Divina iluminando la razón humana, el hombre no puede llegar a la perfección personal ni a la perfección social. Prescindir de Dios creador nos lleva al vacío de la nada. Prescindir de Dios legislador, nos puede llevar a muchos lugares, pero no al Orden establecido por Él, que es el camino de la perfección del hombre redimido por Dios. Para la fe católica, la perfección consiste en ser misericordiosos como el padre celestial es misericordioso.

Ni la razón humana ni ninguna religión fuera de la única verdadera, pueden llegar a tan maravillosa visión del amor compasivo y misericordioso como centro de la convivencia humana.

La Santísima Virgen de Guadalupe se presenta a Juan Diego en el Tepeyac como nuestra Madre Compasiva y Misericordiosa [4]. La Virgen, con su presencia en el Tepeyac, nos acercó al cielo, a su Hijo, al Padre, al Espíritu Santo, que son el amor. Nos acercó a la Civilización del Amor aquí en la tierra.

Por eso es tan importante y fundamental entender que la labor de la sociedad perfecta de la Iglesia Católica –institución creada por el mismo Dios Hijo para perpetuar su presencia y acción redentora en el mundo-, juntamente con la labor de la sociedad perfecta del Estado, operando con los valores evangélicos en lo temporal, son necesarios, indispensables, para la construcción de una civilización acorde con el Orden establecido por Dios.

Esto explica en gran medida que la grandeza lograda por Mexico durante el virreinato, -desconocida para la gran mayoría de los mexicanos-, y la grandeza lograda por Hispanoamérica durante el virreinato, -desconocida por la gran mayoría de los hispanoamericanos-, se debió fundamentalmente a una búsqueda auténtica y afanosa, tanto de la población civil como de las autoridades, -de vivir de acuerdo a la fe, moral y buenas costumbres del Evangelio-, traducidas en vida social, cívica y política, traducidas en legislaciones, en constituciones, preceptos, mandatos, estatutos, códigos, ordenanzas, establecimientos. Traducidos en personas, familias, instituciones, y empresas con valores y principios evangélicos.

Debemos -en justicia-, reconocer que la acción social, cívica y política de España durante el Virreinato en Hispanoamérica es propia de gigantes, de innovadores y visionarios formidables, difíciles de entender en su tiempo, y difíciles de igualar en la historia.

Varios siglos después la Iglesia Católica empezaría a escribir las encíclicas sociales para educarnos –como Maestra– en lo que hoy conocemos como la Doctrina Social de la Iglesia, en donde se compendian con gran claridad los valores y principios fundamentales que habilitan a una sociedad a vivir y convivir en paz, de acuerdo con el Orden establecido por Dios, en su búsqueda por el desarrollo con justicia y libertad, en su búsqueda por construir la civilización del Amor.

La verdadera grandeza

La grandeza de un país no consiste solamente en su riqueza material y económica, en sus recursos naturales, en la fuerza física o militar, o en sus avances científicos o tecnológicos.

La verdadera grandeza de un país está en que, además de su prosperidad material, sus habitantes tengan una gran alma, en donde sus pensamientos, sus palabras, sus obras, mantengan un equilibrado amor a sí mismo a la par que un amor al prójimo, semejante al que se tienen a sí mismos.

Un amor que se traduce en “no hagas a otros lo que no quieras para ti” pero superado por un amor semejante al que Dios nos tiene, que nos amó hasta el extremo.

La verdadera grandeza de un país está en que sus habitantes tengan un amor preferencial -que se traduce en obras-, por los más débiles, los más pobres y necesitados, los que no pueden tener una vida digna por sí mismos. Los que necesitan ayuda para salir adelante pues tienen hambre y no tienen que comer. Están enfermos, son abusados, viven abandonados, no tienen dónde dormir ni cómo curarse: madres solteras que sufren al ver a sus pequeños desnutridos, son incapaces de alimentarlos y de darles una vida digna; ancianos condenados a vivir y morir en la calle; personas que sufren en soledad, depresión y desamparo.

El pecado social, la lepra de la sociedad actual

De que sirve que un país tenga una enorme riqueza económica y material, que tenga abundantes recursos naturales, si sus habitantes tienen pensamientos, palabras y obras perversas, orientadas al enriquecimiento personal -avaro y egoísta-, a costa del abuso de los demás o de nuestra casa común, ocasionando dolor e injusticia social, ante lo cual son indiferentes, apáticos, indolentes y fríos.

Una civilización no vive el orden establecido por Dios cuando las creencias y los sistemas están orientados a que unos cuantos vivan y coman lujuriosamente, mientras la gran mayoría vive indignamente y padece hambre, enfermedad, dolor, miseria. Esto constituye un verdadero pecado, en ocasiones no solo personal, sino crecido a pecado social. [5]

El pecado social es la lepra de la sociedad actual que, por desgracia, se ha extendido por todas partes, lugares, estratos sociales, ciudades y países. Es un pecado que mancha inclusive a muchos que se dicen católicos. Es una lepra alimentada por los pecados capitales: egoísmo, avaricia, soberbia, lujuria, gula, ira, envidia y pereza, los verdaderos enemigos del hombre y de la sociedad.

El impacto en lo social, cívico y político, resultado de la labor de la Iglesia Católica

Durante el Virreinato la Iglesia Católica gozaba de plena libertad, de manera que pudo contribuir significativamente en la configuración del alma del mexicano y del hispanoamericano. Sus habitantes y sus instituciones fueron cobijados con las virtudes fundamentales de justicia, verdad, libertad y caridad, a nivel personal como social, las virtudes cardinales propias de la Doctrina Social de la Iglesia para un buen gobierno, las cuales influyeron en todo el territorio.

La Iglesia Católica predica y busca que todos los seres humanos amen a Dios por encima de todas las cosas y amen al prójimo como Dios nos ama. El mundo sería otro muy distinto si los seres humanos viviéramos de acuerdo con estos dos mandamientos.

El lector puede deducir fácilmente el impacto social, cívico y político del Evangelio para el bien común, la paz, y el desarrollo con justicia social:

  • Los Mandamientos de la Ley de Dios están ordenados a honrar a Dios, a nuestros padres, a respetar la vida de todo ser humano desde la concepción a la muerte natural, a respetar el cuerpo y la sexualidad de acuerdo con el plan de Dios para su disfrute dentro del matrimonio y para la procreación, a respetar los bienes que le pertenecen al prójimo, a decir siempre la verdad y respetar la fama y el buen nombre de los demás.
  • Las obras de misericordia están ordenadas para atender las necesidades corporales y espirituales de los seres humanos que nos rodean: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, hospedar al peregrino, visitar al enfermo y a los presos, corregir al que se equivoca, enseñar al que no sabe, consolar al triste, perdonar las ofensas.
  • La Doctrina Social de la Iglesia Católica está ordenada para que se pueda edificar la Civilización del Amor con valores de justicia, verdad, libertad y caridad; con principios como solidaridad, subsidiariedad, bien común, destino universal de los bienes y participación, con una visión antropológica.

La Iglesia católica ha sido un factor social fundamental en la paz y el desarrollo de los pueblos con justicia social, en la educación, cultura y la promoción del ser humano en todos los órdenes.

A donde llega la Iglesia católica, llegan con ella múltiples beneficios sociales, muchas veces orientados a atender a los más pobres, enfermos, abandonados, descartados, desvalidos, miserables, a los que tienen hambre, a los huérfanos, a los ancianos, a las madres solteras, a los indefensos.

Mexico e Hispanoamericana nacieron bajo el amparo de la Santísima Virgen de Guadalupe y bajo el cobijo de un orden social cristiano procurado por la acción de la Iglesia Católica y el gobierno católico de España.

A ellos les debemos nuestra grandeza.

________________________________

BIBLIOGRAFÍA

[1] Encíclica Evangelii Gaudium, Papa Francisco. Num. 205. Evangelii Gaudium: Exhortación Apostólica sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual (24 de noviembre de 2013)

[2] Suma Teológica, Parte II-IIae, Cuestión 29. Santo Tomas de Aquino. Suma Teológica – II-IIae – Cuestión 29

[3] Biblia Latinoamericana, Editorial Verbo Divino, San Pablo, Edición revisada 2005, Primera Carta San Juan 2, 16-17

[4] Nican Mopohua, Knights Of Columbus. https://www.kofc.org/es/resources/our-lady-of-guadalupe/nican-mopohua.pdf, Num. 33

[5] He escuchado que existen pecados sociales, ¿cuáles son? Católico defiende tu Fe. CATÓLICO DEFIENDE TU FE: He escuchado que existen los «pecados sociales», ¿Cuáles son?

Cita este artículo

Wiechers, A., (2026, 7 abril). La causa de la grandeza de Hispanoamérica. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/la-causa-eficaz-de-la-grandeza-de-hispanoamerica/ 

 

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Autor

  • Maestro en Ciencias de Ingeniería Eléctrica por la Universidad de Austin, Tx, Ingeniero Mecánico Electricista por la UNAM, fundador de FUNDICE AC en Guadalajara, Jalisco, fundador del Instituto Feminatural AC en Guadalajara, Jalisco, autor de los libros “Desnudando el prodigio de la fertilidad humana” y “Todo sobre los métodos naturales y artificiales del siglo XXI”, 18 años en la empresa Hewlett Packard, 8 años en la empresa farmacéutica Probiomed. Inventor de 20 patentes, algunas de ellas en 6 países. Director y fundador de la empresa StepCleaner SA de CV. Inventor del Horno Solar Híbrido Multifuncional Evexia. Autor del libro “Construyendo la Ciudad del Amor”.

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